Saber leer
Se que a veces tus ojos
se posan en mí como pájaros,
pequeños y prietos
aletean
y de pronto, se quedan quietos
calmos.
Con tiempo he aprendido
a sostenerte la mirada
como quien contempla
una foto sin fecha.
Anoche estaba en la cocina
preparando la cena,
de espaldas a la puerta
y tú, al entrar, dijiste:
Estás cansada.
Después de tantos años
anoche me di cuenta
que amar es también
saber leer la espalda.
No la frente, la mirada
ni el cuerpo desnudo:
una espalda
con el lazo del mandil
a medio hacer.
En la cocina,
bajo la demacrada luz
de un fluorescente.
* Contemplas... "Cocina" de MIGUEL MARAZUELA
...De dones y vacio
Las palabras no dicen lo que palpan los gritos.
Las palabras no dicen lo que dice el filo mordaz en la herida.
Las palabras no dicen lo que dice un cuerpo desatendido
en medio de una curva mal cerrada.
Las palabras no dicen lo que sostiene el eslabón
que remata una cadena.
Las palabras no dicen lo que dice la máscara pensante
de dones mezquinos, negando al pecho su tristeza.
Las palabras no dicen lo que con sibilino gesto
se vierte en un cáliz de falsos corales.
Las palabras no dicen lo que dicen los cabellos empapados
mar a mar en infinitas preñeces, de melancolía.
Las palabras no dicen lo que dice una mirada inmensa
como dos planetas de agua, del lento naufragio del deseo
y la insistente maldad de escribir.
Como no dice lo que siente un débil junco
fulminado por un rayo.
LOS CUATRO TIEMPOS
"No nos damos cuenta, Mariana, de lo maravilloso que es poderle preguntar a alguien: "¿Te acuerdas?", y notar que sí, que se acuerda"
Carmen Martín Gaite (de Nubosidad variable)
La letra grande se me hace menuda,
redondea cavilaciones.
Afanosa deletrea aguatinta,
letanías, borrones de ausencia
salpicada materia que trae tiempo
y trae recuerdo
junto a la rampa de un muelle.
Su dejo a mar interpreta
la estela que dibujan los cirros.
Cuando llueve,
el dolor es nube,
la nube ausencia,
la ausencia el huésped
cobijado en el alma del niño
como un arrimo.
Y en la mirada del viento
caligrafía de pausas arrebujadas,
embriagada de minucias
aquella conciencia del árbol y la braña,
del mar, la ruta y las estrellas.
Recuerda acordes de espumero,
al yacer de la siesta
perdida la cuenta de las campanas
soñar,
acostumbrar la vista a rozar con dulzura
la cabeza del monstruo.
Suena el restallar de una seda que se abre
página de un libro de destiempo,
la mirada se repliega
hasta apurar el aroma dócil a la boca,
luces rebañadas con pan sombrío
el decir espiral de los vapores
cuando el olvido ocupa a todas horas
y las voces no olvidadas
son presencia.
Y en cada renglón,
la última noche en que hizo frío…
retorna esa voz mimosa de arenas rubias
buscando un tiempo suyo entre dos olas.
Es entonces cuando el mirador
acerca todos los mares,
el cortejo de los miedos
la piel estremecida,
humedecido labio en la primera sed
apoyado en un platanero de sombra.
Y en los colores del viento,
se recuesta el canto que atesora
raíces desenredadas recuerdo…
Un mar viejo en la retina
la travesía descalza
el rompecabezas
de los días imprescindibles.
Luego de los años,
nostalgias paralelas
de un antiguo abrazo pendiente.
Se ilumina el instante que es asomo,
luz fundida a la canción verde del agua
que regresa con su equipaje mullido de sargazos
tremolando una resonancia inflamada,
blancor aupado el faro se dibuja
y en cada rincón de la memoria
mana un suspiro,
soledad acompañada
parpadeo de un tiempo
en que todo permanece
esperanza…
el tacto que te sostiene,
después de todo.
* Contemplas en primer lugar un óleo de ELENA KOSTENCO. El segundo cuadro se titula "El caminante" del pintor FERNANDO GALARZA.
** Escuchas "While thinking a out her again" interpretado por PHILIP AABERG.
VIVIR, SENTIR... SOBREVIVIR, SOBRESENTIR
¿Que qué me ronda?
Me ronda el fracaso,
la conmovedora conciencia
de estar viva, muriendo a la vez.
Me ronda el estrepitoso ruido de los días,
demencia agraz que combina
su envoltura intoxicada y su bajeza.
Me rondan grandes simplicidades confrontadas,
la suerte de su alivio
su cifrada semejanza al corazón en la mano,
al desorden redimido.
Me ronda el hilo elemental
en los infinitos dedos de los sauces
recamando vaivenes de cabo suelto.
¿Que qué me duele?
Me duele el tiempo,
tejer contra él una dermis
tintada de olvido,
abitar ramas lañadas
y con ellas, trenzar el nido
de las horas fallidas.
Me duele el dolor,
la carcoma complaciente,
el sonido del pánico,
el instante del destierro…
su golpe seco de tijeras en la rueca.
¿Que qué me falta?
Me falta con qué imaginar mañanas,
quien me escriba en el correo
el simulacro de una flor empurpurada
que asoma canto de húmeda penumbra
al filo de la luz
fundida sueños.
Me falta el fuego de los fuegos
la esperanza
los ojos que aguardan compartir
fulgores o privaciones
del ser
que apenas es,
huir de nada.
* Contemplas “La soledad del artista" de Ángel Revuelta
** Está sonando... “I am a legend” . Autor: James Newton Howard
MALOGROS Y OTRAS ANOMALÍAS
I.- De nada sirve vivir de lejos
te dicen
que has nacido
muerto
que no puedes morir
porque ni aún vives.
II.-
Dentro de la piel
me apretaban los zapatos.
Fuera de la piel
nadie me vio desnuda
atravesar la grieta que cierra los poros.
Y con la mirada esa de mirar imposibles fui,
ojos alerta, brazos extendidos
ademán, hacia lo que no estaba.
Alguien trajo
una manta piadosa
para cubrirme.
II.
No se cómo paso,
una fracción de segundo
sería anticipo
de una hemorragia penosa
como una piel que devorase
al propio cuerpo
Y allí resuena
un zumbido arúspice y caníbal,
tratando de arrancar música al metal
de extrañas oquedades
palabras en ayunas
hacer y deshacer
moler y demoler
sentir y resentir
el latido de las vísceras,
las secuelas terribles
de un arte asombroso:
Se cumpla el orden,
no deben infectarse
las marcas de la muerte,
no deben infectarse…
Ahí están,
palabras de sutura,
piel desollada
calavera desovando larvas
en el labio.
** Escuchas el tema "The scriptorium" perteneciente a la banda sonora de la película "El nombre de la rosa"
SER REBAÑO
Sin mucho esfuerzo
conseguí diplomarme,
en algo.
No era preciso que tuviera hambre.
Bastaba con obedecer.
No hay que darle más vueltas,
soy como los otros.
Nos enseñaron a tener pudor
de mirarnos largamente en los espejos
y del amor
y de la muerte.
Nos aconsejaron
envejecer sentados,
enfermar de cifras lisérgicas
rodeados de reliquias
entretenidos en olores rancios,
entontecer.
Y no crean que imagino
espumas de rebeldía
soy como los otros, diplomada,
con las esencias en regla
y cierto hedor
a victimismo generacional.
Si me hubieras visto …
orlada de mansedumbre,
con las arterias infartadas,
regurgitando el mismo paisaje fingidor,
narcotizada
de visión perenne.
Cántaro vacío
¡Alma de cántaro!
¡Plañidera de gesto perverso y virginal!
De qué edad robada,
de qué golpe de frío inmundo
uno piensa mármoles en vilo
densidad diferente de los otros
forzada a ser cuadro con leyenda
buscando un abrazo dormido,
incrustado
Pero no es eso…no lo se
Volvemos a la caricia desterrada
con la facilidad de las mansas bestias
que solazan su quietud.
Y sin embargo, algo falla…
Busco amor rugoso y fragmentado,
vida
en las hormonas del hielo
No se rezar,
se impostar una condena eterna de vanidad,
amor calcificado en los huesos.
Si me escucharas donde me tiembla la voz.
Si me encontraras baratija impar…
Sí, a veces pido cada cosa…
* Contemplas... "La aldea y yo" de Marck Chagall (1911)
TIBIO ESPACIO PARA GRANDES CALIGRAFÍAS
La luz filtrada por las nubes,
los árboles, el aire y otros cuerpos,
pero más aún filtrada por el pensamiento,
reconstruye el proyecto del día
y hace de la mañana
un protocolo de recuerdos.
Hay muchas luces en la luz,
muchos días en el día
y muchas zonas en el cristal de cada uno.
Pero la clave es el tamiz,
la sutileza combinatoria,
la inventiva del azar
para cernir las dosis de transparencia
y ajustar la estela de reflejos
que hacen de cada hora un tiempo único
en la supuestamente boba monotonía del tiempo.
La luz necesita siempre intermediarios,
como quizá todas las cosas.
Tal vez sea una clave de la realidad:
no hay mensajes directos.
Todo es mediación porque lo directo destruye.
¿Qué intercalar entonces entre la rosa y la luz,
entre la noche y el amor,
entre un hombre y la muerte,
entre la vida y esta mañana transmutada de recuerdos?
¿Qué poner entre lo que una cosa es
y aquello que no es,
para que pueda serlo?
¿Cómo tamizar la distancia
entre nosotros y la ausencia
para encontrar por fin nuestra presencia?
ROBERTO JUARROZ





