DESLEÍDO EN ROJO
Quisiera persuadirte no sé de que alegría,
olvidarme
de marcar los días y sus noches.
Hoy necesito oírme el corazón adentro,
perderme un poco mía y otro poco
echarme a la locura
de tropezar desnuda contigo
y dar mi boca en la tuya
y a solas
en la tenaz esquina de tu mirada
escanciarnos la ternura
de una luz que duele, que depura.
Hoy necesito sentir que no se nublan las señales,
oírte jurar que no estoy muerta de pie
como un escombro,
acaso sin estar del todo enamorados
miénteme…
me muero de ganas del simple juego
de los labios.
Extraño
ese aroma que tiene mi cuerpo de tu cuerpo,
los gestos ondulantes
donde entrañamos años y abastecimos las venas
perfumando la tibieza elemental de la costumbre.
Quisiera persuadirte, amor, no sé de que alegría
donde muere el lugar y el tiempo se demora
en un seno erguido y dulce…
dame esa hermosura empinada del ocaso
yo te daré la manzana
quiero habitar tus brazos, el calor de la impaciencia
buscando el tesoro de tus manos
al abrigo de la sangre
volver,
quiero volver a escuchar
los cascos de caballos
por el pecho.
• Contemplas... “Fuego” de LINARES
IMPRESIÓN LENTICULAR
La lluvia ha terminado.
Asoma una hora sesgada,
de esas imprecisas
en los charcos,
brizada en veladuras,
exhala un viento ábrego
embetunando
afanoso el tegumento.
No llueve tanto
es que las lluvias traen tantas cosas
incubadas en las gotas
trazas
de cielo viejo
urdidos quebrantos
grises
de una luz macilenta.
A qué invocarla con signos
sobre el cristal tenue de la grieta,
no hay señales afables
ni ángeles azules que huyan
del país deshabitado.
Y se me antoja inédito el gesto,
lo que suspiran los labios
con avaricia de infinito,
el letargo
de un vacío cóncavo,
el miedo ingenuo
a los volúmenes convexos.
* Contemplas "Milano" de ALEJANDRO QUINCOCES
** Escuchas "August´s Rhapsody" de MARK MANCINA
HIJOS DE LA DIOSA ANA (ANOREXIA)
germinan almendros disciplinantes
de tronco casi carcomido en gris
y escuálidos brazos,
echados a la postrera suerte
de los campos baldíos.
Allozares tempranos
de frágiles flores escotadas,
mucílagos sugerentes
lubricados de un patrón de fruto estéril,
aniñados cálices de un codiciado veneno
para las aves suicidas.
A estas horas confiadas de abundancia,
doblegados a un viento inhumano
penden de un hilo de carne transparente,
como asta de médula póstuma
como disecados trofeos en raquítico solar
-los discípulos de la diosa-
mutilados por su propia sombra.
* Contemplas "Adolescente" de ARTURO RIVERA





