El mayor genocidia de la historia humana
Por: Iliana García Giraldino

Se cumplen 60 años del horrendo crimen en Hiroshima y Nagasaki que causó más de 240 mil muertos, ciudades arrasadas, secuelas de enfermedades, y trastornos síquicos, por efectos del terrorismo sobre la población civil en los finales de la Segunda Guerra Mundial. Era el holocausto provocado por dos bombas atómicas para que Estados Unidos implantara el chantaje nuclear, todo acompañado de la siempre presente desinformación y manipulación de la opinión pública estadounidense.
Engaños tras engaños llevaron a muchos norteamericanos a brindar por el éxito y sentirse orgullosos de las misiones de los B-29 que lanzaron sobre esas ciudades la siniestra carga de muerte y devastación.
Se aseguraba que la operación evitó la muerte de un millón de soldados; que sus objetivos eran militares, acelerar el fin de la guerra y salvar innumerables vidas de muchachos norteamericanos, como resultado de un gran triunfo tecnológico de Estados Unidos. Las justificaciones apuntaban también a contra-atacar el desarrollo de armas por parte de los alemanes y además a la revancha por el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941.
Pero nada se decía del lanzamiento de las bombas en el centro de las ciudades; de los más de 240 mil muertos civiles, niños, hombres, mujeres y ancianos indefensos e inocentes; de la inminencia de la rendición de Japón y lo innecesario de las explosiones nucleares; ni que el tenebroso acontecimiento desató la carrera armamentista nuclear en el planeta al que ha puesto en gravísimo peligro desde entonces.
En Washington, en una nota oficial se apuntaba que se habían gastado dos mil millones de dólares en la "mayor apuesta científica de la historia. Y la hemos ganado... Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda empresa productiva que Japón tenga en cualquier ciudad... Si no aceptan de inmediato nuestras condiciones, pueden esperar la lluvia más devastadora de la historia".
La mentalidad creada por el imperio llevó a William Lawrence, tripulante de uno de los aviones de apoyo al bombardeo de Nagasaki, a describir poéticamente la belleza del hongo nuclear y sus colores, sin hacer mínima alusión a los más de 70 mil muertos y a los cadáveres descompuestos y carbonizados que provocó la ‘’hermosa imagen’’ que tanto lo había conmovido.
Lawrence fue capaz de expresar ‘’…era algo vivo, como un ser de una nueva especie, que nacía ante nuestros ojos incrédulos... A medida que el hongo flotaba en el azul, cambiaba de forma adoptando la de una flor de gigantescos pétalos, de cremosa textura blanca y rosado interior…’’
Entre tanto, el coronel Paul Thibetts, comandante de la nave que lanzó la bomba atómica en Hiroshima, declaraba a la prensa : ‘'No tengo remordimientos... Miremos de frente la realidad: cuando se combate, se combate para vencer, usando todos los medios a nuestra disposición. No me plantea el más mínimo problema moral: hice lo que se me había ordenado y, en las mismas condiciones, volvería a hacerlo'’.
El presidente Harry Truman, quien decidió el ataque a Hiroshima y Nagasaki, al conocer el resultado se jactaba: "Éste es el suceso más grandioso de la historia", y afirmaba que "los japoneses empezaron la guerra por aire en Pearl Harbor. Pues bien: hemos replicado con creces"…. (la bomba) fue un regalo de Dios… "damos gracias a Dios porque haya llegado a nuestras manos en lugar de a las de nuestros enemigos. Que Él nos guíe para utilizarla de acuerdo con su voluntad".
Y añadía: "El mundo se enterará que se soltó la primera bomba atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima. Esto se hizo para evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles… ese ataque sólo es una advertencia de las cosas que vienen".
Ya el general Dwight D. Eisenhower se había preguntado "si realmente había sido necesario atacarlos con algo tan espantoso", consideración que en 1958, el mismo Truman confirmó en entrevista televisiva: "Admito que la guerra estaba casi terminada, pero habría sido tonto no usar la nueva arma mortal".
Años después del holocausto, Truman respondía a la pregunta de si se arrepentía de algo en su vida, a lo que respondió con un humorismo sórdido y macabro: "Me arrepiento de no haberme casado antes".
Mentiras entonces, mentiras hoy. Barbarie, terrorismo y desfachatez política, agresiones radiactivas, amenazas e invocaciones al Señor que se repiten.
-Guerra en Afganistán para buscar al jefe de la organización Al Qaeda, entrenado por la CIA y que nunca ha aparecido o aparece curiosamente de vez en vez con sus mensajes.
-Guerra en Iraq en busca de armas de destrucción masiva que no existían.
-Manipulación de la lucha contra el terrorismo y del miedo de la población estadounidense después del 11/9.
-Desinformación sobre la invasión a Iraq, las bajas norteamericanas y de la población civil, y acerca de la resistencia iraquí.
-Terrorismo contra civiles, torturas, bombardeos a ciudades, destrucciones masivas, tierra arrasada. Se afirma que la radiación en Iraq a causa de la invasión es igual a la de 250 mil bombas de Nagasaki.
Se suma la proclamación del Presidente W. Bush de ser ‘’ungido’’ por el Señor para decidir sus políticas guerreristas o en cuáles ‘’rincones oscuros’’ del mundo EE.UU. va a desatar ‘’guerras preventivas’’ para llevar la ‘’libertad’’ y la ‘’democracia’’. Solo le faltaría, para seguir a su antecesor de 1945, declarar en la televisión ‘’ Admito que no había en Iraq armas de destrucción masiva ‘’pero habría sido tonto’’ no invadir a ese país productor de petróleo’’.
No es de asombrarse que aún en la actualidad hay estadounidenses que ignoran el espeluznante y mortal resultado de las bombas lanzadas por su país sobre Hiroshima y Nagasaki, aunque se ufanan de que su gran nación fue primera en lograr la bomba atómica y crean en verdad que EE.UU. está ’’librando’’ al mundo del terrorismo.
Pero la verdad siempre se abre paso y vence. No hay arma nuclear ni terrorismo de estado capaz de desaparecer a las ideas justas, la valentía y el perseverante espíritu de lucha de los hombres; ni a la nobleza del pueblo norteamericano ni a la esperanza de todos de lograr un mundo mejor.
Fuentes:
-Joanna Bourke, "Hiroshima", en La segunda guerra mundial. Un historia de las víctimas
-Bob Nichols: Radiación en Iraq es Igual a 250 mil Bombas de Nagasaki
-Waging Peace
-Elperiodico.com

Se cumplen 60 años del horrendo crimen en Hiroshima y Nagasaki que causó más de 240 mil muertos, ciudades arrasadas, secuelas de enfermedades, y trastornos síquicos, por efectos del terrorismo sobre la población civil en los finales de la Segunda Guerra Mundial. Era el holocausto provocado por dos bombas atómicas para que Estados Unidos implantara el chantaje nuclear, todo acompañado de la siempre presente desinformación y manipulación de la opinión pública estadounidense.
Engaños tras engaños llevaron a muchos norteamericanos a brindar por el éxito y sentirse orgullosos de las misiones de los B-29 que lanzaron sobre esas ciudades la siniestra carga de muerte y devastación.
Se aseguraba que la operación evitó la muerte de un millón de soldados; que sus objetivos eran militares, acelerar el fin de la guerra y salvar innumerables vidas de muchachos norteamericanos, como resultado de un gran triunfo tecnológico de Estados Unidos. Las justificaciones apuntaban también a contra-atacar el desarrollo de armas por parte de los alemanes y además a la revancha por el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941.
Pero nada se decía del lanzamiento de las bombas en el centro de las ciudades; de los más de 240 mil muertos civiles, niños, hombres, mujeres y ancianos indefensos e inocentes; de la inminencia de la rendición de Japón y lo innecesario de las explosiones nucleares; ni que el tenebroso acontecimiento desató la carrera armamentista nuclear en el planeta al que ha puesto en gravísimo peligro desde entonces.
En Washington, en una nota oficial se apuntaba que se habían gastado dos mil millones de dólares en la "mayor apuesta científica de la historia. Y la hemos ganado... Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda empresa productiva que Japón tenga en cualquier ciudad... Si no aceptan de inmediato nuestras condiciones, pueden esperar la lluvia más devastadora de la historia".
La mentalidad creada por el imperio llevó a William Lawrence, tripulante de uno de los aviones de apoyo al bombardeo de Nagasaki, a describir poéticamente la belleza del hongo nuclear y sus colores, sin hacer mínima alusión a los más de 70 mil muertos y a los cadáveres descompuestos y carbonizados que provocó la ‘’hermosa imagen’’ que tanto lo había conmovido.
Lawrence fue capaz de expresar ‘’…era algo vivo, como un ser de una nueva especie, que nacía ante nuestros ojos incrédulos... A medida que el hongo flotaba en el azul, cambiaba de forma adoptando la de una flor de gigantescos pétalos, de cremosa textura blanca y rosado interior…’’
Entre tanto, el coronel Paul Thibetts, comandante de la nave que lanzó la bomba atómica en Hiroshima, declaraba a la prensa : ‘'No tengo remordimientos... Miremos de frente la realidad: cuando se combate, se combate para vencer, usando todos los medios a nuestra disposición. No me plantea el más mínimo problema moral: hice lo que se me había ordenado y, en las mismas condiciones, volvería a hacerlo'’.
El presidente Harry Truman, quien decidió el ataque a Hiroshima y Nagasaki, al conocer el resultado se jactaba: "Éste es el suceso más grandioso de la historia", y afirmaba que "los japoneses empezaron la guerra por aire en Pearl Harbor. Pues bien: hemos replicado con creces"…. (la bomba) fue un regalo de Dios… "damos gracias a Dios porque haya llegado a nuestras manos en lugar de a las de nuestros enemigos. Que Él nos guíe para utilizarla de acuerdo con su voluntad".
Y añadía: "El mundo se enterará que se soltó la primera bomba atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima. Esto se hizo para evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles… ese ataque sólo es una advertencia de las cosas que vienen".
Ya el general Dwight D. Eisenhower se había preguntado "si realmente había sido necesario atacarlos con algo tan espantoso", consideración que en 1958, el mismo Truman confirmó en entrevista televisiva: "Admito que la guerra estaba casi terminada, pero habría sido tonto no usar la nueva arma mortal".
Años después del holocausto, Truman respondía a la pregunta de si se arrepentía de algo en su vida, a lo que respondió con un humorismo sórdido y macabro: "Me arrepiento de no haberme casado antes".
Mentiras entonces, mentiras hoy. Barbarie, terrorismo y desfachatez política, agresiones radiactivas, amenazas e invocaciones al Señor que se repiten.
-Guerra en Afganistán para buscar al jefe de la organización Al Qaeda, entrenado por la CIA y que nunca ha aparecido o aparece curiosamente de vez en vez con sus mensajes.
-Guerra en Iraq en busca de armas de destrucción masiva que no existían.
-Manipulación de la lucha contra el terrorismo y del miedo de la población estadounidense después del 11/9.
-Desinformación sobre la invasión a Iraq, las bajas norteamericanas y de la población civil, y acerca de la resistencia iraquí.
-Terrorismo contra civiles, torturas, bombardeos a ciudades, destrucciones masivas, tierra arrasada. Se afirma que la radiación en Iraq a causa de la invasión es igual a la de 250 mil bombas de Nagasaki.
Se suma la proclamación del Presidente W. Bush de ser ‘’ungido’’ por el Señor para decidir sus políticas guerreristas o en cuáles ‘’rincones oscuros’’ del mundo EE.UU. va a desatar ‘’guerras preventivas’’ para llevar la ‘’libertad’’ y la ‘’democracia’’. Solo le faltaría, para seguir a su antecesor de 1945, declarar en la televisión ‘’ Admito que no había en Iraq armas de destrucción masiva ‘’pero habría sido tonto’’ no invadir a ese país productor de petróleo’’.
No es de asombrarse que aún en la actualidad hay estadounidenses que ignoran el espeluznante y mortal resultado de las bombas lanzadas por su país sobre Hiroshima y Nagasaki, aunque se ufanan de que su gran nación fue primera en lograr la bomba atómica y crean en verdad que EE.UU. está ’’librando’’ al mundo del terrorismo.
Pero la verdad siempre se abre paso y vence. No hay arma nuclear ni terrorismo de estado capaz de desaparecer a las ideas justas, la valentía y el perseverante espíritu de lucha de los hombres; ni a la nobleza del pueblo norteamericano ni a la esperanza de todos de lograr un mundo mejor.
Fuentes:
-Joanna Bourke, "Hiroshima", en La segunda guerra mundial. Un historia de las víctimas
-Bob Nichols: Radiación en Iraq es Igual a 250 mil Bombas de Nagasaki
-Waging Peace
-Elperiodico.com





