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Cuba amiga
Notas sobre diversas facetas de la realidad cubana e intrnacional
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Mi nombre es Nayda Sanzo Romero. Soy periodista cubana. Me gustaría compartir con ustedes mis criterios sobre la realidad cubana y recibir sus respuestas.
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Defenderse es también un derecho humano

Por Nayda Sanzo

Por ser lunes, se había acumulado una buena cantidad de correspondencia en el despacho del embajador de Cuba en Perú. Para su secretaria, Pilar Ramírez, eso constituía algo común, puesto que Antonio Núñez Jiménez era un prestigioso espeleólogo que mantenía intercambios con científicos de todo el mundo.
Ella no titubeó en abrir aquel pesado libro, de carátula roja, con una envoltura tan ajustada que debió emplear una tijera para zafarla.
Poco antes, había llegado un alerta de la cancillería cubana acerca del peligro de paquetes que pudieran contener explosivos, a partir de recientes experiencias sufridas por varias sedes diplomáticas. Como prevención, se prohibía a los porteros admitir la entrada de cartas y bultos; mas, cuando se dio esa instrucción, ya aquel libro pesado y de ajustada envoltura estaba dentro del inmueble y no se sometió a las reforzadas medidas de seguridad.
Ese fue el que Pilar, bonita mujer de 33 años, abrió confiadamente a las 4:45 de la tarde del cuatro de febrero de 1974.
Logró ver el filo de las hojas. Entonces la sacudió todo. Volaron los cristales, se destruyeron el buró, la máquina de escribir, los muebles. Entre los destrozos, aparecerían restos del texto ditado por la casa Aguilar, remitido por Fernández Editores S.A. y con matasellos indicativos de su expedición en Chihuahua, México. También, indicios del dispositivo criminal.
Una de las personas que penetraron de inmediato a la oficina llena de humo y polvo : "Vimos a Pilar tirada para atrás, nos abalanzamos hacia ella pero no sabíamos cómo la íbamos a cargar, ¡tan lacerada estaba!. En el viaje en auto hasta el Hospital Militar, Pilar recobró el conocimiento. Yo la sostenía por el torso, me dijo que le ardía mucho y que había algo que le hincaba. Poco a poco se lo fui extrayendo: era una esquina del buró. Tenía uno de los brazos con un hueco enorme lleno de fragmentos de papel. También me pidió que le quitara el reloj porque era un recuerdo de su mamá. Estaba incrustado entre los nervios y tendones".
Transcurrido el tiempo, Pilar rememoró aquellos momentos cruciales:
"Cuando llegamos al hospital, yo no estaba consciente de mi gravedad, aunque me sentía muy mal. Caí en cuenta cuando escuché: "Quiten de la camilla al de la granada y pongan a la cubana". Entonces pensé: Si hay que atenderme a mí primero... y perdí el conocimiento.
“Tenía dos fracturas en el brazo izquierdo y en cuatro dedos de la mano derecha; el impacto de una esquirla en la mandíbula; lesión en el ojo izquierdo y heridas y quemaduras en el pecho, el abdomen y el muslo izquierdo.
“Un cirujano peruano, el doctor Tello, se portó de modo excelente; sin perder tiempo, entró directamente con ropa de calle al salón de operaciones. Oyó la palabra amputar y cuando le explicaron que era una mujer joven, ordenó: "No amputen". El salvó mi brazo.
"Mi gran preocupación era mi hijita de cuatro años. Ella estaba muy pegadita a mí, porque mi esposo permanecía en Cuba. Fue quien más sufrió. Pasado un mes, el doctor Tello recomendó que la llevaran a verme. La niña creía que yo había perdido un ojo y eso la entristecía mucho, porque siempre había querido heredar mis ojos azules".
La prensa del país sudamericano se hizo eco de lo acontecido. "Paquete explosivo estalla y hiere a funcionaria cubana en Lima", escribía uno en su primera plana; "Bonita postal estalló ayer en la embajada cubana", comentaba otro. El Comercio publicaba un editorial bajo el título “Repudiable atentado terrorista”.
El hecho relatado no es excepcional, sino uno más en la cadena de agresiones de todo tipo que Cuba sufre desde el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, y de la cual han sido víctimas no solo la población dentro de la Isla, sino también diplomáticos, funcionarios, técnicos en misión en el exterior e, incluso, ciudadanos de otros países, entre ellos de los Estados Unidos.
Brazo ejecutor es la extrema derecha de origen cubano, fundamentalmente asentada en el sur de la Florida, y que ha contado con la connivencia, respaldo y financiamiento de las administraciones norteamericanas.
Autores intelectuales –y no pocas veces materiales- de tales hechos son individuos como Orlando Bosch, quien se pasea por las calles de Miami, y Luis Posada Carriles, considerado uno de los más sanguinarios terroristas del hemisferio occidental y cuyo destino permanece desconocido (aunque presumible), luego que a mediados de 2004 la entonces mandataria istmeña Mireya Moscoso lo indultara, junto a otros tres cómplices, cuando cumplían sanciones tras planear un frustrado magnicidio al presidente Fidel Castro en el Paraninfo de la Universidad de Panamá.
Es una realidad con la cual generación tras generación ha aprendido a vivir en las cuatro últimas décadas del siglo XX y que, en el XXI, se torna aún más peligrosa, con el riesgo de una agresión militar directa, dejada entrever por voces autorizadas del gobierno de George W. Bush.
Ante esa política de hostilidad, los cubanos se han visto obligados a defenderse penetrando a las organizaciones contrarrevolucionarias y juzgando y sancionando, con estricto apego a la ley, a quienes se ponen al servicio de una potencia extranjera para tratar de recolonizar a la nación mediante los métodos más execrables.
Pero esa propia potencia, transgresora ella misma de los más elementales principios éticos y morales, emplea sus poderosos recursos para presentar a la víctima como victimaria ante los ojos del mundo.
Por eso, contradictoriamente, es Cuba la que aparece en la lista (made in USA) de países terroristas, el blanco de prefabricadas resoluciones plagadas de mentiras para condenarla en la Comisión de Derechos Humanos.

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