LOS CINCO NO SON ESPÍAS
Néstor Núñez

Conocido el fallo de la Corte de Apelaciones de Atlanta
con respecto a René González, Ramón Labañino, Antonio
Guerrero, Gerardo Hernández y Fernando González, condenados
injustamente por su lucha antiterrorista dentro de la mafia
de Miami, medios informativos en Estados Unidos retoman el
calificativo de espías para calentar las mentes de forma
contraria en torno al caso.
Es la conocida fórmula, ya utilizada en tiempos del
Tercer Reich hitleriano, de repetir una mentira hasta
convertirla en creíble, solo que no estamos en el Berlín
de los años 30 ó 40, ni el episodio de estos luchadores
resulta ya desconocido para buena parte del mundo.
Hablar de espías, con toda la carga de sordidez que esa
palabra puede encerrar, no cabe para nada al referirse a
los Cinco Héroes cubanos, que han demostrado
fehacientemente que su única misión era poner coto a la
violencia contrarrevolucionaria y desmedida que la Casa
Blanca ha fomentado y tolerado en la Florida contra la mayor
de las Antillas a lo largo de varios decenios.
Ninguno de Los Cinco se dedicó a buscar los secretos
estratégicos del sistema defensivo norteamericano, ni
estuvo a la caza de documentos o informaciones en las
instancias del gobierno o el congreso.
Su desempeño se centró en conocer, eso sí, los
movimientos provocadores y agresivos de personajes de la
calaña de Orlando Bosch o Luis Posada Carriles, capaces de
ligarse a asesinatos políticos como el del presidente John
F. Kennedy, en Texas en 1963; matar con explosivos a ex
ministros de otras naciones en pleno Washington; balear
diplomáticos cubanos en las calles de Nueva York, o
destruir en pleno vuelo a naves aéreas civiles cargadas de
inocentes, entre otros hechos deleznables y criminales.
Y si Washington formó a estos terroristas, conoció de sus
planes, los toleró y hasta los protege contra la propia
justicia local, ?de qué se puede acusar a quienes actúan en
legítima defensa, no solo de su pueblo, sino de la propia
ciudadanía norteamericana?.
Por consiguiente, el título de espías y la idea de que Los
Cinco actuaban contra la seguridad nacional de Estados
Unidos, no puede ser más mal intencionada y absurda a la
vez.
Patriotas y combatientes por la justicia y la vida son los
grandes calificativos que adornan a estos hombres, que a la
altura de siete años de vejámenes y arbitrariedades,
mantienen su dignidad, integridad y el orgullo de saber
que han servido fielmente a la causa más digna y noble a
la que puede entregarse un ser humano.

Conocido el fallo de la Corte de Apelaciones de Atlanta
con respecto a René González, Ramón Labañino, Antonio
Guerrero, Gerardo Hernández y Fernando González, condenados
injustamente por su lucha antiterrorista dentro de la mafia
de Miami, medios informativos en Estados Unidos retoman el
calificativo de espías para calentar las mentes de forma
contraria en torno al caso.
Es la conocida fórmula, ya utilizada en tiempos del
Tercer Reich hitleriano, de repetir una mentira hasta
convertirla en creíble, solo que no estamos en el Berlín
de los años 30 ó 40, ni el episodio de estos luchadores
resulta ya desconocido para buena parte del mundo.
Hablar de espías, con toda la carga de sordidez que esa
palabra puede encerrar, no cabe para nada al referirse a
los Cinco Héroes cubanos, que han demostrado
fehacientemente que su única misión era poner coto a la
violencia contrarrevolucionaria y desmedida que la Casa
Blanca ha fomentado y tolerado en la Florida contra la mayor
de las Antillas a lo largo de varios decenios.
Ninguno de Los Cinco se dedicó a buscar los secretos
estratégicos del sistema defensivo norteamericano, ni
estuvo a la caza de documentos o informaciones en las
instancias del gobierno o el congreso.
Su desempeño se centró en conocer, eso sí, los
movimientos provocadores y agresivos de personajes de la
calaña de Orlando Bosch o Luis Posada Carriles, capaces de
ligarse a asesinatos políticos como el del presidente John
F. Kennedy, en Texas en 1963; matar con explosivos a ex
ministros de otras naciones en pleno Washington; balear
diplomáticos cubanos en las calles de Nueva York, o
destruir en pleno vuelo a naves aéreas civiles cargadas de
inocentes, entre otros hechos deleznables y criminales.
Y si Washington formó a estos terroristas, conoció de sus
planes, los toleró y hasta los protege contra la propia
justicia local, ?de qué se puede acusar a quienes actúan en
legítima defensa, no solo de su pueblo, sino de la propia
ciudadanía norteamericana?.
Por consiguiente, el título de espías y la idea de que Los
Cinco actuaban contra la seguridad nacional de Estados
Unidos, no puede ser más mal intencionada y absurda a la
vez.
Patriotas y combatientes por la justicia y la vida son los
grandes calificativos que adornan a estos hombres, que a la
altura de siete años de vejámenes y arbitrariedades,
mantienen su dignidad, integridad y el orgullo de saber
que han servido fielmente a la causa más digna y noble a
la que puede entregarse un ser humano.





