Katrina: …y los ricos volaron mientras los pobres morían
Katrina: …y otra vez las cosas no serán como fueron

Los ricos volaron mientras los pobres morían, me escribió el poeta Álvaro Leiva –desde La Florida– que le escribieron, y aquellos dejados atrás, dijo, quedaron en el confinamiento de su propia mala suerte, hambreados al sol sobre los tejados. Quienes podían haberlos socorrido habían sido enviados a Iraq.
Piensa uno: ¿Y si los hubieran socorrido como salvan a Iraq?. Pero la pregunta es obscena. La vida produce el dolor por el que culpamos a la muerte. El cineasta Michael Moore inquiere si saben –allá, en EEUU– dónde están los helicópteros que pudieron haber ayudado en la evacuación que no fue –al quinto día del paso del huracán–. Los helicópteros están en Iraq.
El 80 por ciento de los abandonados por el huracán en Nueva Orleans corresponden al 35 por ciento de la población de esa ciudad y sus alrededores. Habló el mercado.

Los ricos volaron mientras los pobres morían, me escribió el poeta Álvaro Leiva –desde La Florida– que le escribieron, y aquellos dejados atrás, dijo, quedaron en el confinamiento de su propia mala suerte, hambreados al sol sobre los tejados. Quienes podían haberlos socorrido habían sido enviados a Iraq.
Piensa uno: ¿Y si los hubieran socorrido como salvan a Iraq?. Pero la pregunta es obscena. La vida produce el dolor por el que culpamos a la muerte. El cineasta Michael Moore inquiere si saben –allá, en EEUU– dónde están los helicópteros que pudieron haber ayudado en la evacuación que no fue –al quinto día del paso del huracán–. Los helicópteros están en Iraq.
El 80 por ciento de los abandonados por el huracán en Nueva Orleans corresponden al 35 por ciento de la población de esa ciudad y sus alrededores. Habló el mercado.





