Nuestra influencia en América Latina IV
El lenguaje es uno de los primeros símbolos de la influencia estadounidense. Los carros se "parquean" (de parking), no se aparcan. En el restaurante se "ordena" (de order), no se pide. En la gasolinera a uno le "fulean" (de full) el carro, no se lo llenan. Así va modificándose el lenguaje... sin contar con gran cantidad de expresiones que se mezclan entre el inglés y el español: "Estoy full", para expresar que se ha comido demasiado. Eso ocurre en la mayoría de los países. Otros directamente mezclan el idioma, siendo el más flagrante el caso de la "nueva colonia" de EE UU: Puerto Rico.
Las expresiones comienzan a tomar giros que no corresponden al español, sino a traducciones literales del inglés, un idioma sin duda mucho menos rico y lleno de matices que el español. "Es prohibido fumar", ha sustituido a "Está prohibido fumar". O se dice que algo "no hace sentido" (it makes no sense)...
Más preocupante es que muchos países entiendan que lo correcto es el sistema de cobertura social de los EE UU. Contratos verbales, libertad de despido, inexistencia de cobertura social para los trabajadores, etc. Estos son temas que pueden estar funcionando muy bien en un país regido por el capitalismo duro desde su fundación, pero no en naciones que aún no cuentan con una capa social de clase media suficiente y cuyas economías son muy débiles y dependientes.
El paso de dictaduras a sistemas capitalistas ha sido dramático en muchos casos. Los dictadores se han convertido en empresarios. EE UU ha impuesto sistemas favorables para el aterrizaje de sus empresas en algunos casos. La brecha social continúa.
España como vengo diciendo ha permanecido muy al margen de todo este movimiento. No ha sabido promover la "europeización" de los sistemas políticos en América Latina. No ha sido capaz de ayudar en los procesos de democratización de forma consistente y prefiere enviar ayuda a ofrecer apoyo duradero que se traduzca en influencia.
Las expresiones comienzan a tomar giros que no corresponden al español, sino a traducciones literales del inglés, un idioma sin duda mucho menos rico y lleno de matices que el español. "Es prohibido fumar", ha sustituido a "Está prohibido fumar". O se dice que algo "no hace sentido" (it makes no sense)...
Más preocupante es que muchos países entiendan que lo correcto es el sistema de cobertura social de los EE UU. Contratos verbales, libertad de despido, inexistencia de cobertura social para los trabajadores, etc. Estos son temas que pueden estar funcionando muy bien en un país regido por el capitalismo duro desde su fundación, pero no en naciones que aún no cuentan con una capa social de clase media suficiente y cuyas economías son muy débiles y dependientes.
El paso de dictaduras a sistemas capitalistas ha sido dramático en muchos casos. Los dictadores se han convertido en empresarios. EE UU ha impuesto sistemas favorables para el aterrizaje de sus empresas en algunos casos. La brecha social continúa.
España como vengo diciendo ha permanecido muy al margen de todo este movimiento. No ha sabido promover la "europeización" de los sistemas políticos en América Latina. No ha sido capaz de ayudar en los procesos de democratización de forma consistente y prefiere enviar ayuda a ofrecer apoyo duradero que se traduzca en influencia.
Nuestra influencia en América Latina III
A pesar, como decía, de las grandes inversiones españolas en Latinoamérica, principalmente en la década de los 90, su importancia ha sido minimizada y España ha ido perdiendo terreno como país y cultura de referencia para la inmensa mayoría de los pueblos latinoamericanos.
España, inmersa en la transición política hacia la democracia, en los años 70, y posteriormente volcada en incorporarse a la Europa Comunitaria, en los 80, no ha tenido la fuerza y coraje suficientes por recuperar su espacio de influencia sobre América Latina, después de que el régimen franquista le diese la espalda.
Siempre ha habido en este período democrático mucho de complejo por la época de la Conquista. Nos hemos acercado en lo económico, sin embargo, en lo político y lo social, España ha permanecido en un segundo plano.
En tanto Estados Unidos ha ido ganando terreno. Implantando sus marcas, su estilo de vida, influyendo política, social y militarmente en estos países. La fuerte migración hacia América del Norte, ha sido uno de los grandes desencadenantes de esta influencia. El Salvador, como ejemplo más drástico, cuenta con las remesas de los inmigrantes a EE UU como principal fuente de ingresos del país. Ya existen casi tres generaciones de latinoamericanos emigrados, la última de ellas nacida en su práctica totalidad allí.
Este movimiento migratorio ha provocado que el "estilo de vida americano" penetre aún más en la sociedad latinoamericana.
Las clases altas tampoco han sido ajenas a esta influencia. Miami, ciudad llamada por algunos latinoamericanos "la sucursal del cielo" (?), es sin duda la capital de América Latina. El gran centro comercial del continente. Decenas de miles de latinoamericanos de clases pudientes tienen una segunda vivienda en "la sucursal del cielo". Una visita al año a Miami es obligatoria.
Uno observa con perplejidad las jornadas de visita a los centros comerciales ("malls" tan inmitados a lo largo de la geografía centro y suramericana), una tras otra. Hoy a Aventura, mañana a Lincoln Mall, pasado a Dadeland... Una semana de compras compulsivas. Así el latinoamericano comienza a sentirse un poco más "americano".
España, inmersa en la transición política hacia la democracia, en los años 70, y posteriormente volcada en incorporarse a la Europa Comunitaria, en los 80, no ha tenido la fuerza y coraje suficientes por recuperar su espacio de influencia sobre América Latina, después de que el régimen franquista le diese la espalda.
Siempre ha habido en este período democrático mucho de complejo por la época de la Conquista. Nos hemos acercado en lo económico, sin embargo, en lo político y lo social, España ha permanecido en un segundo plano.
En tanto Estados Unidos ha ido ganando terreno. Implantando sus marcas, su estilo de vida, influyendo política, social y militarmente en estos países. La fuerte migración hacia América del Norte, ha sido uno de los grandes desencadenantes de esta influencia. El Salvador, como ejemplo más drástico, cuenta con las remesas de los inmigrantes a EE UU como principal fuente de ingresos del país. Ya existen casi tres generaciones de latinoamericanos emigrados, la última de ellas nacida en su práctica totalidad allí.
Este movimiento migratorio ha provocado que el "estilo de vida americano" penetre aún más en la sociedad latinoamericana.
Las clases altas tampoco han sido ajenas a esta influencia. Miami, ciudad llamada por algunos latinoamericanos "la sucursal del cielo" (?), es sin duda la capital de América Latina. El gran centro comercial del continente. Decenas de miles de latinoamericanos de clases pudientes tienen una segunda vivienda en "la sucursal del cielo". Una visita al año a Miami es obligatoria.
Uno observa con perplejidad las jornadas de visita a los centros comerciales ("malls" tan inmitados a lo largo de la geografía centro y suramericana), una tras otra. Hoy a Aventura, mañana a Lincoln Mall, pasado a Dadeland... Una semana de compras compulsivas. Así el latinoamericano comienza a sentirse un poco más "americano".
Nuestra influencia en América Latina II
Como digo los españoles no somos los grandes odiados de antaño, generalizando obviamente, ya que existen países en donde somos más queridos y otros en los que no lo somos nada.
Las clases medias están haciendo su aparición de forma importante en casi todos las naciones latinoamericanas. Como dije Costa Rica y Argentina cuentan con los estratos sociales de clase media más amplios, a mi juicio, pero otros países como Chile, Uruguay, Panamá o México están alcanzando unos niveles muy elevados de equiparación económica y social. Estas clases medias están naciendo al amparo de los grandes cambios políticos acaecidos en el continente. Las dictaduras están en franco declive, salvando el caso de Venezuela que va contracorriente. En su lugar podríamos decir que han aparecido "democracias limitadas". Digo ésto dado que si observamos el panorama los políticos son, en su inmensa mayoría, ciudadanos de clases pudientes.
Sin embargo, este cambio político ha permitido un avance muy importante. En lo económico las naciones han ganado en estabilidad, las tasas de inflación, aun siendo altas, se estabilizan. Los tipos de cambio, sobre todo frente al dólar, no sufren los vaivenes del pasado (siempre con excepciones puntuales, en este caso Argentina). La corrupción, aunque generalizada, no es tan evidente ni tan perniciosa, generalmente. Esto se ha venido a traducir en mejoras en la estabilidad política y social de los países.
Cierto es que muchas de estas nuevas democracias cuentan con la tutela de los Estados Unidos, que han derrocado dictadores y han colocado gobiernos fieles en muchos de estos territorios. La influencia española, a lo largo de este procedos, ha venido sobre todo en lo económico de mano de las privatizaciones, las concesiones de infraestructuras y la banca. Las multinacionales españolas han ejercido un papel muy beneficioso y muy poco reconocido, tanto en origen como en destino, para la salud económica y social de muchos países de América Latina.
Las grandes empresas españolas han invertido en infraestructuras, han posibilitado el acceso a las redes mundiales, han estabilizado los mercados financieros locales y con ello han colaborado en el progreso económico de muchas naciones. En ocasiones, esta apuesta ha resultado cara y casi siempre se ha visto este proceso como mero oportunismo o como una nueva conquista.
Por contra las empresas norteamericanas han invertido en implantar sus redes comerciales, sus marcas y su estilo de vida. Han copado los mercados con sus productos de consumo masivo. En algunos casos han aprovechado, y continúan haciéndolo, el bajo coste de la mano de obra para instalar factorías cuasi portátiles. Muchas de ellas ya "volaron" a China y al sudeste de Asia. Estos procesos de inversión no han generado distribución de la riqueza, en general, en los países en vías de desarrollo, sino que han permitido a los oligarcas locales mantener y acrecentar sus fortunas. Las empresas norteamericanas han sabido "respetar" los monopolios y oligopolios locales y apenas han incursionado en sectores dominados generalmente por las grandes fortunas regionales, como la banca.
Las clases medias están haciendo su aparición de forma importante en casi todos las naciones latinoamericanas. Como dije Costa Rica y Argentina cuentan con los estratos sociales de clase media más amplios, a mi juicio, pero otros países como Chile, Uruguay, Panamá o México están alcanzando unos niveles muy elevados de equiparación económica y social. Estas clases medias están naciendo al amparo de los grandes cambios políticos acaecidos en el continente. Las dictaduras están en franco declive, salvando el caso de Venezuela que va contracorriente. En su lugar podríamos decir que han aparecido "democracias limitadas". Digo ésto dado que si observamos el panorama los políticos son, en su inmensa mayoría, ciudadanos de clases pudientes.
Sin embargo, este cambio político ha permitido un avance muy importante. En lo económico las naciones han ganado en estabilidad, las tasas de inflación, aun siendo altas, se estabilizan. Los tipos de cambio, sobre todo frente al dólar, no sufren los vaivenes del pasado (siempre con excepciones puntuales, en este caso Argentina). La corrupción, aunque generalizada, no es tan evidente ni tan perniciosa, generalmente. Esto se ha venido a traducir en mejoras en la estabilidad política y social de los países.
Cierto es que muchas de estas nuevas democracias cuentan con la tutela de los Estados Unidos, que han derrocado dictadores y han colocado gobiernos fieles en muchos de estos territorios. La influencia española, a lo largo de este procedos, ha venido sobre todo en lo económico de mano de las privatizaciones, las concesiones de infraestructuras y la banca. Las multinacionales españolas han ejercido un papel muy beneficioso y muy poco reconocido, tanto en origen como en destino, para la salud económica y social de muchos países de América Latina.
Las grandes empresas españolas han invertido en infraestructuras, han posibilitado el acceso a las redes mundiales, han estabilizado los mercados financieros locales y con ello han colaborado en el progreso económico de muchas naciones. En ocasiones, esta apuesta ha resultado cara y casi siempre se ha visto este proceso como mero oportunismo o como una nueva conquista.
Por contra las empresas norteamericanas han invertido en implantar sus redes comerciales, sus marcas y su estilo de vida. Han copado los mercados con sus productos de consumo masivo. En algunos casos han aprovechado, y continúan haciéndolo, el bajo coste de la mano de obra para instalar factorías cuasi portátiles. Muchas de ellas ya "volaron" a China y al sudeste de Asia. Estos procesos de inversión no han generado distribución de la riqueza, en general, en los países en vías de desarrollo, sino que han permitido a los oligarcas locales mantener y acrecentar sus fortunas. Las empresas norteamericanas han sabido "respetar" los monopolios y oligopolios locales y apenas han incursionado en sectores dominados generalmente por las grandes fortunas regionales, como la banca.
Nuestra influencia en América Latina I
Como previo advierto que mis comentarios se basan en una visión personal, casi intuitiva, muy poco fundamentada desde el punto de vista histórico. El fundamento es la vivencia personal de alguien que cumple ahora un año de vivir en estas tierras "bendecidas de Dios", más concretamente en uno de los países menos comunes de América Latina: Costa Rica. Nace por tanto la reflexión de la opinión, seguramente especulativa e intuitiva.
Hace ya más de 500 años que nuestros antepasados pisaron por primera vez la isla caribeña conocida como La Española y que hoy alberga a la convulsa Haití, abandonada por los franceses, y a la renaciente República Dominicana, recolonizada por los españoles en lo económico y recientemente "descubierta" por los Estados Unidos. Salvo en algunos casos muy puntuales, la huella de aquella invasión, choque de culturas, conquista o como quiera llamarse de la época del renacimiento, es mínima. Me refiero a que no existe un sentimiento antiespañol o de rencor hacia aquella época, sin duda dorada para nuestra recién unificada nación: España.
Una época en la que se cometieron grandes desmanes de parte de los conquistadores, seres hambrientos de riquezas y posición social, los cuales en gran medida murieron en la pobreza en su vuelta a España.
Aunque Hernán Cortés sea considerado un villano en México o en Guatemala exista cierta rencilla social hacia los "blancos", lo cierto es que fueron las guerras o revoluciones (como se prefiere llamarlas en este continente americano que me alberga) independentistas, en su práctica totalidad guerras civiles, las que marcaron los grandes "odios" injustificados de Latinoamérica hacia España. Pero ya digo que aparentemente esa hispanofobia ha desaparecido.
Las nuevas generaciones casi no conocen las contiendas civiles de sus naciones y menos el proceso de conquista con el que no se sienten ni mucho menos "dolidos". En primer lugar, porque en contra de lo que se supone, muchos de los pueblos americanos sometidos fueron abandonados a su arbitrio o al de los descendientes de españoles ya nacidos en América hace siglos. Sin duda las clases medias y altas de los países Latinoamericanos ni siquiera tienen antepasados indígenas. Este hecho es especialmente significativo en los países con una mayor capa social de clase media: Argentina, Costa Rica, Chile, etc. Ha sido en el siglo XX con la gran migración hacia el continente americano tras las hambrunas en nuestro país y la Guerra Civil, cuando muchos de ellos llegaron. Italianos, alemanes y holandeses son otros de los grandes colonizadores de "segunda vuelta" de América Latina. De todos es conocido cómo estos otros europeos casi no intervinieron en el proceso de Conquista, sino que más bien lo aprovecharon para atacar al floreciente Imperio Español que dominiaba Europa a lo largo del siglo XVI.
Como digo, las clases medias y sobre todo las dominantes y oligárquicas clases altas latinoamericanas, en su mayor parte, ni siquiera se sienten "hijos verdaderos de su patria", sino europeos emigrados o latinoamericanos no indígenas.
Hace ya más de 500 años que nuestros antepasados pisaron por primera vez la isla caribeña conocida como La Española y que hoy alberga a la convulsa Haití, abandonada por los franceses, y a la renaciente República Dominicana, recolonizada por los españoles en lo económico y recientemente "descubierta" por los Estados Unidos. Salvo en algunos casos muy puntuales, la huella de aquella invasión, choque de culturas, conquista o como quiera llamarse de la época del renacimiento, es mínima. Me refiero a que no existe un sentimiento antiespañol o de rencor hacia aquella época, sin duda dorada para nuestra recién unificada nación: España.
Una época en la que se cometieron grandes desmanes de parte de los conquistadores, seres hambrientos de riquezas y posición social, los cuales en gran medida murieron en la pobreza en su vuelta a España.
Aunque Hernán Cortés sea considerado un villano en México o en Guatemala exista cierta rencilla social hacia los "blancos", lo cierto es que fueron las guerras o revoluciones (como se prefiere llamarlas en este continente americano que me alberga) independentistas, en su práctica totalidad guerras civiles, las que marcaron los grandes "odios" injustificados de Latinoamérica hacia España. Pero ya digo que aparentemente esa hispanofobia ha desaparecido.
Las nuevas generaciones casi no conocen las contiendas civiles de sus naciones y menos el proceso de conquista con el que no se sienten ni mucho menos "dolidos". En primer lugar, porque en contra de lo que se supone, muchos de los pueblos americanos sometidos fueron abandonados a su arbitrio o al de los descendientes de españoles ya nacidos en América hace siglos. Sin duda las clases medias y altas de los países Latinoamericanos ni siquiera tienen antepasados indígenas. Este hecho es especialmente significativo en los países con una mayor capa social de clase media: Argentina, Costa Rica, Chile, etc. Ha sido en el siglo XX con la gran migración hacia el continente americano tras las hambrunas en nuestro país y la Guerra Civil, cuando muchos de ellos llegaron. Italianos, alemanes y holandeses son otros de los grandes colonizadores de "segunda vuelta" de América Latina. De todos es conocido cómo estos otros europeos casi no intervinieron en el proceso de Conquista, sino que más bien lo aprovecharon para atacar al floreciente Imperio Español que dominiaba Europa a lo largo del siglo XVI.
Como digo, las clases medias y sobre todo las dominantes y oligárquicas clases altas latinoamericanas, en su mayor parte, ni siquiera se sienten "hijos verdaderos de su patria", sino europeos emigrados o latinoamericanos no indígenas.
Continuamos
Continuamos resistiendo, avanzando, restrasando, demorando, regresando, cincelando al final. Continuamos escribiendo líneas que no son líneas sino dibujos efímeros, gastados, ciegos.
Miro hacia adelante. Busco hacia atrás. Continuo buscando. No me canso nunca de encontrar. Antepasados, historias, verdades, medias mentiras. Locura en fin de todo un ser, de todo un pueblo. En fin... de toda la Humanidad.
Miro hacia adelante. Busco hacia atrás. Continuo buscando. No me canso nunca de encontrar. Antepasados, historias, verdades, medias mentiras. Locura en fin de todo un ser, de todo un pueblo. En fin... de toda la Humanidad.





