Nuestra posición en el marco internacional I
Después de haber escrito mucho acerca del decreciente peso de España en Latinoamérica, sin duda, nuestro aliado internacional natural, considero la posición de mi Patria en el concierto mundial, después de los acontecimientos más recientes.
En primer lugar quiero poner de manifiesto la “fijación” de la diplomacia española por su vínculos especiales con tres países que, ni mucho menos, son países influyentes en lo político o lo económico en el panorama internacional: Marruecos, Cuba y Venezuela.
Marruecos, con el que nos unen, amén de una Historia llena de enfrentamientos, las fronteras de Ceuta y Melilla, es el país islámico más cercano a Europa Occidental, quizá sea este el motivo de nuestro creciente interés por incorporarlo al plano europeo. Recientemente, se han producido sangrientos sucesos en las fronteras de Ceuta y Melilla, en los que se disparó a personas por cometer una falta administrativa: traspasar indebidamente a territorio español. En un escenario de crisis nacional ante la avalancha masiva de subsaharianos que cruzaban Marruecos para “saltar la valla”, el Gobierno español solicita la ayuda del reino alauita para proceder a la expulsión automática de los inmigrantes ilegales. Así se produce la deportación de 73 subsaharianos con las consecuencias humanitarias conocidas. El “escarmiento” parece surtir efecto y frenan en seco los asaltos a las vallas de Ceuta y Melilla.
Como consecuencia del apoyo marroquí, en el que intercedió, parece ser, el Rey Juan Carlos I, nuestra diplomacia, con su Ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, a la cabeza, solicita a la Unión Europea que Marruecos se incorpore a las negociaciones de acceso al mismo nivel que lo está haciendo Turquía. La solicitud de Moratinos no sólo cae en saco roto, sino que la Unión Europea recrimina a la semana siguiente al régimen alauita por los abusos que está cometiendo en el Sahara Occidental y solicita una comisión para conocer la situación del pueblo saharaui.
Marruecos no es, hoy por hoy, un país democrático y sus servicios secretos parecen estar relacionados con los atentados del 11-M. Sin duda, para un Gobierno como el español que presume de ser uno de los más democráticos de Occidente, no es el aliado ideal.
Venezuela vive en un régimen un tanto gris que se mueve entre lo democrático y lo dictatorial. Su Presidente, Hugo Chávez, cuenta con el apoyo de gran parte del ejército y la población, a la que controla al estilo de los emperadores romanos: populismo y demagogia. Chávez es el único aliado del régimen dictatorial cubano. Se ha declarado enemigo de los Estados Unidos. El viejo sueño del guerrillero comunista Ernesto Ché Guevara ha sido resucitado por este atípico caudillo: unir Latinoamérica bajo una bandera socialista.
Los partidos radicales de izquierda de muchos países de América Latina, según diversas fuentes, están siendo patrocinados por Chávez, que cuenta con fuertes recursos económicos procedentes del petróleo que se extrae en Venezuela. Con ese capital acaba de poner en marcha un ambicioso proyecto televisivo vía satélite, Telesur, que pretende difundir la “doctrina” izquierdista por todo el continente. El pueblo venezolano vive entre la fe ciega hacia su líder y la diáspora que ha salido del país hacia otros países y, sobre todo, hacia España y los EE UU.
El Gobierno español ha dado muchas muestras de amistad al caudillo venezolano. Primero se alineó con él en la acusación hacia el exPresidente del Gobierno José María Aznar por su posible apoyo al golpe de Estado sufrido por Chávez en 2003. Una vergüenza nacional en la que los socialistas revelaron secretos oficiales para dar la razón al comandante. A continuación se ofrecieron contratos para la venta de material destinado al ejército venezolano, el cual, por cierto, participó en el desfile del Día de la Hispanidad en Madrid. Ambos acontecimientos han sido muy mal recibidos por la diplomacia estadounidense que considera a Chávez una amenaza.
El tercer país beneficiado de la diplomacia española es Cuba. El pueblo cubano vive en la más absoluta miseria y sus niveles de desarrollo humano han caído desde el año 1955 hasta hoy en todos los aspectos. La dictadura de Fidel Castro, empeñada en su enfrentamiento con los EE UU, sufre el embargo de la primera potencia, un embargo que es utilizado en Cuba como una poderosa arma propagandística.
A pesar de los esfuerzos de la Administración Clinton por acercar posturas con el dictador cubano, no se consiguió más que acentuar la posición de Fidel que impidió el levantamiento del embargo. Esta situación ha sido duramente criticada por el Gobierno español desde que Rodríguez alcanzase el poder, siendo todo muestras de buena sintonía con el dictador. El punto culminante fue la aprobación de un texto en la Cumbre Iberoamericana, celebrada en Salamanca, de condena al embargo estadounidense, lo cual tampoco fue bien visto por el Gobierno norteamericano.
En definitiva, una serie de esfuerzos diplomáticos mal encaminados y poco adecuados con dos países cuya democracia es más que dudosa y un tercero en dictadura, de izquierdas pero régimen totalitario al fin y al cabo. Un alineamiento con la izquierda radical que no está siendo la mejor carta de presentación de nuestra diplomacia. Y un apoyo desmesurado a un reino que comete graves atentados contra los derechos humanos y que España pretende incorporar a la Europa Unida.
En primer lugar quiero poner de manifiesto la “fijación” de la diplomacia española por su vínculos especiales con tres países que, ni mucho menos, son países influyentes en lo político o lo económico en el panorama internacional: Marruecos, Cuba y Venezuela.
Marruecos, con el que nos unen, amén de una Historia llena de enfrentamientos, las fronteras de Ceuta y Melilla, es el país islámico más cercano a Europa Occidental, quizá sea este el motivo de nuestro creciente interés por incorporarlo al plano europeo. Recientemente, se han producido sangrientos sucesos en las fronteras de Ceuta y Melilla, en los que se disparó a personas por cometer una falta administrativa: traspasar indebidamente a territorio español. En un escenario de crisis nacional ante la avalancha masiva de subsaharianos que cruzaban Marruecos para “saltar la valla”, el Gobierno español solicita la ayuda del reino alauita para proceder a la expulsión automática de los inmigrantes ilegales. Así se produce la deportación de 73 subsaharianos con las consecuencias humanitarias conocidas. El “escarmiento” parece surtir efecto y frenan en seco los asaltos a las vallas de Ceuta y Melilla.
Como consecuencia del apoyo marroquí, en el que intercedió, parece ser, el Rey Juan Carlos I, nuestra diplomacia, con su Ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, a la cabeza, solicita a la Unión Europea que Marruecos se incorpore a las negociaciones de acceso al mismo nivel que lo está haciendo Turquía. La solicitud de Moratinos no sólo cae en saco roto, sino que la Unión Europea recrimina a la semana siguiente al régimen alauita por los abusos que está cometiendo en el Sahara Occidental y solicita una comisión para conocer la situación del pueblo saharaui.
Marruecos no es, hoy por hoy, un país democrático y sus servicios secretos parecen estar relacionados con los atentados del 11-M. Sin duda, para un Gobierno como el español que presume de ser uno de los más democráticos de Occidente, no es el aliado ideal.
Venezuela vive en un régimen un tanto gris que se mueve entre lo democrático y lo dictatorial. Su Presidente, Hugo Chávez, cuenta con el apoyo de gran parte del ejército y la población, a la que controla al estilo de los emperadores romanos: populismo y demagogia. Chávez es el único aliado del régimen dictatorial cubano. Se ha declarado enemigo de los Estados Unidos. El viejo sueño del guerrillero comunista Ernesto Ché Guevara ha sido resucitado por este atípico caudillo: unir Latinoamérica bajo una bandera socialista.
Los partidos radicales de izquierda de muchos países de América Latina, según diversas fuentes, están siendo patrocinados por Chávez, que cuenta con fuertes recursos económicos procedentes del petróleo que se extrae en Venezuela. Con ese capital acaba de poner en marcha un ambicioso proyecto televisivo vía satélite, Telesur, que pretende difundir la “doctrina” izquierdista por todo el continente. El pueblo venezolano vive entre la fe ciega hacia su líder y la diáspora que ha salido del país hacia otros países y, sobre todo, hacia España y los EE UU.
El Gobierno español ha dado muchas muestras de amistad al caudillo venezolano. Primero se alineó con él en la acusación hacia el exPresidente del Gobierno José María Aznar por su posible apoyo al golpe de Estado sufrido por Chávez en 2003. Una vergüenza nacional en la que los socialistas revelaron secretos oficiales para dar la razón al comandante. A continuación se ofrecieron contratos para la venta de material destinado al ejército venezolano, el cual, por cierto, participó en el desfile del Día de la Hispanidad en Madrid. Ambos acontecimientos han sido muy mal recibidos por la diplomacia estadounidense que considera a Chávez una amenaza.
El tercer país beneficiado de la diplomacia española es Cuba. El pueblo cubano vive en la más absoluta miseria y sus niveles de desarrollo humano han caído desde el año 1955 hasta hoy en todos los aspectos. La dictadura de Fidel Castro, empeñada en su enfrentamiento con los EE UU, sufre el embargo de la primera potencia, un embargo que es utilizado en Cuba como una poderosa arma propagandística.
A pesar de los esfuerzos de la Administración Clinton por acercar posturas con el dictador cubano, no se consiguió más que acentuar la posición de Fidel que impidió el levantamiento del embargo. Esta situación ha sido duramente criticada por el Gobierno español desde que Rodríguez alcanzase el poder, siendo todo muestras de buena sintonía con el dictador. El punto culminante fue la aprobación de un texto en la Cumbre Iberoamericana, celebrada en Salamanca, de condena al embargo estadounidense, lo cual tampoco fue bien visto por el Gobierno norteamericano.
En definitiva, una serie de esfuerzos diplomáticos mal encaminados y poco adecuados con dos países cuya democracia es más que dudosa y un tercero en dictadura, de izquierdas pero régimen totalitario al fin y al cabo. Un alineamiento con la izquierda radical que no está siendo la mejor carta de presentación de nuestra diplomacia. Y un apoyo desmesurado a un reino que comete graves atentados contra los derechos humanos y que España pretende incorporar a la Europa Unida.
Paradojas y sanidad pública
Hoy en mi tierra adoptiva, Málaga, a la que tanto añoro como a mi natal Granada, se desayunaban con la noticia del cambio de nombre de su más emblemático hospital público, Carlos Haya, por el del denominado "padre de la Patria andaluza", Blas Infante a propuesta de IU (http://www.diariosur.es/pg051027/prensa/noticias/Portada/200510/27/SUR-ACT-318.html). Como todos Vdes. sabrán, la sanidad andaluza, al igual que el empleo, es una de las mejores no ya de España (incluida Cataluña), sino del Europa y parte del extranjero. Los políticos "rojos" andaluces, extenuados en su resolución diaria de los cada día menos importantes problemas de la comunidad, han decidido cambiar el nombre del hospital malagueño para sorpresa de
propios y extraños.
Ante tan importante evento, que tenía terriblemente preocupados a los malagueños, dado que Carlos Haya era un "fascista" terrible premiado por Franco (Ver biografía del señor http://www.carlosdehaya.com/biografia.htm). Los malagueños han salido a las calles llenos de júbilo a celebrarlo. Sobre todo los médicos que trabajan allí que no soportaban la ignominia diaria de tener que ver el nombre de ese indeseable señor en su lugar de trabajo.
Como la sanidad pública andaluza carece de listas de espera u otros problemas graves, se debe destinar cierta parte del presupuesto al cambio de identidad corporativa del hospital. Para los que no recuerden su paso por la sanidad pública les recordaré: sábanas, toallas, formularios diversos, carteles, etc. Afortunadamente, el Gobierno de España concedió a las Comunidades Autónomas el denominado "céntimo sanitario" que grava los combustibles para financiar las maltrechas arcas de la sanidad, competencia cedida a los referidos entes de gestión territorial.
Sin duda un acto de justicia y una inversión absolutamente necesaria, no sólo la que conlleva el cambio de formularios y demás bienes fungibles, sino el de las horas que han dedicado los abnegados representantes del Pueblo Andaluz, tan "rojos" ellos y las que se necesitarán hasta que el cambio sea efectivo por parte de políticos con nómina y funcionarios de carrera.
propios y extraños.
Ante tan importante evento, que tenía terriblemente preocupados a los malagueños, dado que Carlos Haya era un "fascista" terrible premiado por Franco (Ver biografía del señor http://www.carlosdehaya.com/biografia.htm). Los malagueños han salido a las calles llenos de júbilo a celebrarlo. Sobre todo los médicos que trabajan allí que no soportaban la ignominia diaria de tener que ver el nombre de ese indeseable señor en su lugar de trabajo.
Como la sanidad pública andaluza carece de listas de espera u otros problemas graves, se debe destinar cierta parte del presupuesto al cambio de identidad corporativa del hospital. Para los que no recuerden su paso por la sanidad pública les recordaré: sábanas, toallas, formularios diversos, carteles, etc. Afortunadamente, el Gobierno de España concedió a las Comunidades Autónomas el denominado "céntimo sanitario" que grava los combustibles para financiar las maltrechas arcas de la sanidad, competencia cedida a los referidos entes de gestión territorial.
Sin duda un acto de justicia y una inversión absolutamente necesaria, no sólo la que conlleva el cambio de formularios y demás bienes fungibles, sino el de las horas que han dedicado los abnegados representantes del Pueblo Andaluz, tan "rojos" ellos y las que se necesitarán hasta que el cambio sea efectivo por parte de políticos con nómina y funcionarios de carrera.
Reforma del sistema electoral y división de poderes en España
Las últimas polémicas por la fuerte influencia de los partidos nacionalistas en la política estatal, han generado que muchos se planteen una reforma electoral que cierre las puertas a este tipo de balcanización de la representación formal de los ciudadanos.
No sé si incorporado a esta corriente o más bien fuera de ella, quiero hacer notar la elevadísima permeabilidad que existe ahora entre los tres poderes del Estado en España: legislativo, ejecutivo y judicial. Las elecciones generales realmente son el único referente para los ciudadanos como vehículo para elegir a sus representantes en la tradicional división de poderes. El Presidente del Gobierno, máximo representante del poder ejecutivo, es elegido por los diputados que forman el poder legislativo junto a los senadores, cuya figura en la práctica está totalmente eclipsada. El poder judicial, si bien está claramente diferenciado, sus órganos de Gobierno y las últimas instancias de su jerarquía son elegidos, de entre la profesión, por el poder legislativo. La politización de la judicatura ha sido una constante desde los primeros años de la democracia.
En definitiva, tres poderes que se eligen en una sola elección de representantes y que vienen a unificar el color de la papeleta que se eligió para el Congreso de los Diputados.
Por otra parte las listas cerradas de los partidos al Congreso no permiten a los ciudadanos elegir de entre varias opciones. El papel de los diputados individuales, incluidos en una papeleta más por estrategia de partido que por afinidad con la provincia que representarán, y sometidos a la “disciplina de partido” es totalmente irrelevante. Podría darse que un diputado del PSOE de Asturias vote a favor de que se le retiren todas las competencias a su comunidad autónoma, porque la propuesta viene del Gobierno que es del PSOE y tiene que cumplir con la disciplina de voto.
Las campañas electorales las hacen, no nos engañemos, los candidatos a la Presidencia del Gobierno, que son quiénes representan a todos los aspirantes a diputado incluidos en las candidaturas de su partido. Este sistema no ha dado mal resultado a lo largo de los 30 años de nuestra joven democracia. Pero tiene sus debilidades y podríamos corregirlas.
En primer lugar estimo que deberían existir las elecciones presidenciales. Independientes de las elecciones al Congreso de los Diputados y el Senado, aunque fuesen simultáneas, sobre todo por el ahorro que supone para el país. De las elecciones presidenciales se obtendría un ejecutivo, cuyo color parlamentario podría serle o no favorable. Pero voy más lejos, los diputados, elegidos con listas abiertas, deberían hacer campaña y demostrar, ante una posible reelección, que durante la legislatura han cumplido sus promesas por encima de lo que haya dictado su partido.
Pienso que este sistema puede ser más cercano para los electores. Dividiría más claramente los poderes del Estado. Aunque seguro que existen otras muchas propuestas que podrían perfeccionar nuestro sistema parlamentario.
No sé si incorporado a esta corriente o más bien fuera de ella, quiero hacer notar la elevadísima permeabilidad que existe ahora entre los tres poderes del Estado en España: legislativo, ejecutivo y judicial. Las elecciones generales realmente son el único referente para los ciudadanos como vehículo para elegir a sus representantes en la tradicional división de poderes. El Presidente del Gobierno, máximo representante del poder ejecutivo, es elegido por los diputados que forman el poder legislativo junto a los senadores, cuya figura en la práctica está totalmente eclipsada. El poder judicial, si bien está claramente diferenciado, sus órganos de Gobierno y las últimas instancias de su jerarquía son elegidos, de entre la profesión, por el poder legislativo. La politización de la judicatura ha sido una constante desde los primeros años de la democracia.
En definitiva, tres poderes que se eligen en una sola elección de representantes y que vienen a unificar el color de la papeleta que se eligió para el Congreso de los Diputados.
Por otra parte las listas cerradas de los partidos al Congreso no permiten a los ciudadanos elegir de entre varias opciones. El papel de los diputados individuales, incluidos en una papeleta más por estrategia de partido que por afinidad con la provincia que representarán, y sometidos a la “disciplina de partido” es totalmente irrelevante. Podría darse que un diputado del PSOE de Asturias vote a favor de que se le retiren todas las competencias a su comunidad autónoma, porque la propuesta viene del Gobierno que es del PSOE y tiene que cumplir con la disciplina de voto.
Las campañas electorales las hacen, no nos engañemos, los candidatos a la Presidencia del Gobierno, que son quiénes representan a todos los aspirantes a diputado incluidos en las candidaturas de su partido. Este sistema no ha dado mal resultado a lo largo de los 30 años de nuestra joven democracia. Pero tiene sus debilidades y podríamos corregirlas.
En primer lugar estimo que deberían existir las elecciones presidenciales. Independientes de las elecciones al Congreso de los Diputados y el Senado, aunque fuesen simultáneas, sobre todo por el ahorro que supone para el país. De las elecciones presidenciales se obtendría un ejecutivo, cuyo color parlamentario podría serle o no favorable. Pero voy más lejos, los diputados, elegidos con listas abiertas, deberían hacer campaña y demostrar, ante una posible reelección, que durante la legislatura han cumplido sus promesas por encima de lo que haya dictado su partido.
Pienso que este sistema puede ser más cercano para los electores. Dividiría más claramente los poderes del Estado. Aunque seguro que existen otras muchas propuestas que podrían perfeccionar nuestro sistema parlamentario.
Crispación y mal gobierno
Comentando con muchos amigos que viven en España y ojeando un poco la prensa de todas las opciones, colores y pedigríes, compruebo el alto grado de crispación que existe en la vida pública española.
Victoria Prego, en su blog en elmundo.es, opina que el motivo de esta tensión existente en la sociedad española y más aún en la política, se debe a la “maldición del 11-M”. Sin duda este acontecimiento y el vuelco electoral posterior causó un grave impacto en la sociedad, no obstante, aunque se siga escribiendo y hablando largo y tendido sobre éste tema, la sociedad española en general ha pasado página.
La tensión que vive nuestra Patria, a mi juicio, se debe a otros dos factores. El primero la desafortunadísima gestión del Gobierno Rodríguez. Un Gobierno soportado por partidos minoritarios regionales, que además pretende encarar grandes reformas institucionales sin el más mínimo acercamiento al partido de la oposición. Un Gobierno que comete error tras error y acusa a la oposición de poner de manifiesto los errores, si bien es cierto que ésta tampoco ha estado muy acertada en su gestión de la "minoría".
Por poner algunos ejemplos podemos hablar de la aprobación con los votos de los socialistas de una propuesta estatutaria catalana absolutamente inconstitucional y fuera de toda aceptación política lógica. La eliminación del objetivo “déficit cero” en la política económica, cuyas consecuencias aún desconocemos. El creciente problema de la inmigración, provocado por la regularización del ministro Caldera, y sus consecuencias: ¿qué hubiese ocurrido si un gobierno popular estableciese las devoluciones automáticas o hubiese muerto tan sólo un inmigrante en los asaltos a las fronteras de Ceuta y Melilla?. Podríamos continuar hasta llenar cinco folios acerca de los errores cometidos por el Gobierno Rodríguez sólo en política internacional.
El segundo factor es la radicalización de la vida pública en nuestro país. El principal culpable de este problema es el propio Presidente Rodríguez. El motivo es que está gobernando de forma parcial y sin mirar los intereses conjunto de la población. Un señor que no se cansa de hablar de diálogo, transparencia y talante, se ha dedicado a gobernar para las minorías. Ha provocado a muchísimos españoles dando la espalda al sentir mayoritario de la población o a una gran parte de los demócratas.
Como colofón a toda un serie de desatinos, comente el grave error de autodenominarse "rojo", imagino que esa "rojez" le lleva a no levantarse en el desfile del Día de la Hispanidad ante la bandera de EE UU e invitar a los dos años al ejercito dictatorial de Cuba. Ese izquierdismo palpitante es el que le hace iniciar un proceso de negociación con la banda terrorista ETA, en contra del sentir de la mayoría de los españoles. Por poner sólo un par ejemplos del "talante" del que se hace gala.
Esta radicalización ha sido alimentada por los medios de comunicación que se están alineando cada día más con los extremos políticos y usando sus poderosos espacios para atacar al contrario. Incluso vemos a los periodistas achacándose mutuamente los problemas de la Patria-
En definitiva, un panorama bastante negativo, con difícil solución y que desembocará en unas elecciones anticipadas en el momento en que el Gabinete, asesorado por sus expertos en marketing, estimen que la intención de voto les es favorable
Victoria Prego, en su blog en elmundo.es, opina que el motivo de esta tensión existente en la sociedad española y más aún en la política, se debe a la “maldición del 11-M”. Sin duda este acontecimiento y el vuelco electoral posterior causó un grave impacto en la sociedad, no obstante, aunque se siga escribiendo y hablando largo y tendido sobre éste tema, la sociedad española en general ha pasado página.
La tensión que vive nuestra Patria, a mi juicio, se debe a otros dos factores. El primero la desafortunadísima gestión del Gobierno Rodríguez. Un Gobierno soportado por partidos minoritarios regionales, que además pretende encarar grandes reformas institucionales sin el más mínimo acercamiento al partido de la oposición. Un Gobierno que comete error tras error y acusa a la oposición de poner de manifiesto los errores, si bien es cierto que ésta tampoco ha estado muy acertada en su gestión de la "minoría".
Por poner algunos ejemplos podemos hablar de la aprobación con los votos de los socialistas de una propuesta estatutaria catalana absolutamente inconstitucional y fuera de toda aceptación política lógica. La eliminación del objetivo “déficit cero” en la política económica, cuyas consecuencias aún desconocemos. El creciente problema de la inmigración, provocado por la regularización del ministro Caldera, y sus consecuencias: ¿qué hubiese ocurrido si un gobierno popular estableciese las devoluciones automáticas o hubiese muerto tan sólo un inmigrante en los asaltos a las fronteras de Ceuta y Melilla?. Podríamos continuar hasta llenar cinco folios acerca de los errores cometidos por el Gobierno Rodríguez sólo en política internacional.
El segundo factor es la radicalización de la vida pública en nuestro país. El principal culpable de este problema es el propio Presidente Rodríguez. El motivo es que está gobernando de forma parcial y sin mirar los intereses conjunto de la población. Un señor que no se cansa de hablar de diálogo, transparencia y talante, se ha dedicado a gobernar para las minorías. Ha provocado a muchísimos españoles dando la espalda al sentir mayoritario de la población o a una gran parte de los demócratas.
Como colofón a toda un serie de desatinos, comente el grave error de autodenominarse "rojo", imagino que esa "rojez" le lleva a no levantarse en el desfile del Día de la Hispanidad ante la bandera de EE UU e invitar a los dos años al ejercito dictatorial de Cuba. Ese izquierdismo palpitante es el que le hace iniciar un proceso de negociación con la banda terrorista ETA, en contra del sentir de la mayoría de los españoles. Por poner sólo un par ejemplos del "talante" del que se hace gala.
Esta radicalización ha sido alimentada por los medios de comunicación que se están alineando cada día más con los extremos políticos y usando sus poderosos espacios para atacar al contrario. Incluso vemos a los periodistas achacándose mutuamente los problemas de la Patria-
En definitiva, un panorama bastante negativo, con difícil solución y que desembocará en unas elecciones anticipadas en el momento en que el Gabinete, asesorado por sus expertos en marketing, estimen que la intención de voto les es favorable
El choque de culturas y III
No podemos abstraernos de la crudeza del choque cultural y de los desmanes cometidos a los largo del proceso. Muchas de esas atrocidades se mantuvieron en el tiempo por parte de los españoles que cedieron el testigo a los criollos. Sin duda fue una época obscura para nuestra Historia.
Esta barbarie fue contada por Fray Bartolomé de las Casas en varios libros, de los cuales destaca la “Brevísima historia de la destrucción de las Indias”. Su lectura es bastante pesada y repetitiva, pero no por ello menos interesante. No obstante, la veracidad de los textos de Fray Bartolomé de las Casas ha sido puesta en entredicho por numerosos historiadores, al entenderla excesivamente exagerada.
Tampoco hemos de abstraernos a la situación en Europa. A lo largo del siglo XVI con los Austrias al frente y tras la unificación de España y anexión de Alemania, nuestro país se convierte en la primera potencia europea y emprende campañas militares por doquier. Así, el dominio español se hace patente en Europa. Los países atacados no tardan en utilizar políticamente las conquistas americanas, iniciadas igualmente por los portugueses, considerando que los españoles son unos bárbaros. Los textos de Fray Bartolomé de las Casas son utilizados como arma arrojadiza contra la corona española.
Pasados los siglos aquel choque cultural sigue siendo revisado continuamente, tanto en España como en América y Europa.
Bajo mi punto de vista y sin restar importancia al hecho de que se cometieron auténticas atrocidades, como lo demuestra el descenso espectacular de la población indígena, no podemos continuar flagelándonos con el proceso conquistador. Se produjo el choque cultural más desequilibrado de la Historia, pero antes y después se han venido dando otros choques culturales que han destrozado sociedades y civilizaciones enteras.
El imperio romano destruyó casi todas las civilizaciones del Mediterráneo. Inglaterra y Francia estuvieron con España en la conquista de América del Norte y permanecieron allí por más tiempo que los españoles. A mediados del siglo XIX Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Bélgica y otros países europeos colonizaron África y gran parte de Europa en lo que se dio a conocer como el neocolonialismo, proceso que no finalizó hasta el último tercio del siglo XX.
Estos procesos neocolonialistas esquilmaron a un continente entero y aún se sufren sus consecuencias. En América, el paso colonial, acabó unificando una civilización que, aunque con mucho camino por recorrer, conforma una realidad social y una potencia en lo económico y lo político. Los grandes problemas que hoy vive América Latina, me atrevo a decir que no se deben al período colonial, sino a los procesos de independencia que trajeron más caos que soluciones.
Esta barbarie fue contada por Fray Bartolomé de las Casas en varios libros, de los cuales destaca la “Brevísima historia de la destrucción de las Indias”. Su lectura es bastante pesada y repetitiva, pero no por ello menos interesante. No obstante, la veracidad de los textos de Fray Bartolomé de las Casas ha sido puesta en entredicho por numerosos historiadores, al entenderla excesivamente exagerada.
Tampoco hemos de abstraernos a la situación en Europa. A lo largo del siglo XVI con los Austrias al frente y tras la unificación de España y anexión de Alemania, nuestro país se convierte en la primera potencia europea y emprende campañas militares por doquier. Así, el dominio español se hace patente en Europa. Los países atacados no tardan en utilizar políticamente las conquistas americanas, iniciadas igualmente por los portugueses, considerando que los españoles son unos bárbaros. Los textos de Fray Bartolomé de las Casas son utilizados como arma arrojadiza contra la corona española.
Pasados los siglos aquel choque cultural sigue siendo revisado continuamente, tanto en España como en América y Europa.
Bajo mi punto de vista y sin restar importancia al hecho de que se cometieron auténticas atrocidades, como lo demuestra el descenso espectacular de la población indígena, no podemos continuar flagelándonos con el proceso conquistador. Se produjo el choque cultural más desequilibrado de la Historia, pero antes y después se han venido dando otros choques culturales que han destrozado sociedades y civilizaciones enteras.
El imperio romano destruyó casi todas las civilizaciones del Mediterráneo. Inglaterra y Francia estuvieron con España en la conquista de América del Norte y permanecieron allí por más tiempo que los españoles. A mediados del siglo XIX Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Bélgica y otros países europeos colonizaron África y gran parte de Europa en lo que se dio a conocer como el neocolonialismo, proceso que no finalizó hasta el último tercio del siglo XX.
Estos procesos neocolonialistas esquilmaron a un continente entero y aún se sufren sus consecuencias. En América, el paso colonial, acabó unificando una civilización que, aunque con mucho camino por recorrer, conforma una realidad social y una potencia en lo económico y lo político. Los grandes problemas que hoy vive América Latina, me atrevo a decir que no se deben al período colonial, sino a los procesos de independencia que trajeron más caos que soluciones.
El choque de culturas II
En ese panorama, como digo cuasineolítico, hace su irrupción en el continente una cultura nueva para los habitantes del Nuevo Mundo, mucho más avanzada tecnológicamente y que cree llegar a un lugar diferente del que realmente alcanza. Los primeros contactos exploratorios son entendidos de forma muy distinta por una parte y otra. La hospitalidad local ante los desconocidos, contrasta con el ansia de riquezas de los españoles.
Las tribus son sometidas rápidamente. Muchas de ellas ven en los conquistadores a sus aliados para luchar contra las tribus enemigas, lo cual es utilizado como un ardid por parte de los españoles. Esto sucede primero en las islas caribeñas, Cuba y La Española, trasladándose posteriormente a tierra firme.
El paso desde las islas se inició por Panamá y se extendió rápidamente hacia Costa Rica y Nicaragua, por el norte y hacia Colombia por el sur. El panorama local en la América continental no era muy distinto del de las islas. No obstante, el conocimiento adquirido por los conquistadores les hizo ser más codiciosos y comenzaron muy pronto a recibir hostilidades de diversas tribus. Las rebeliones eran aplastadas, generalmente, sin mayor esfuerzo dada la diferencia tecnológica entre contendientes.
Los choques que más huella han dejado en la Historia, han sido aquellos que enfrentaron a los españoles con las culturas más avanzadas. Estas culturas imperialistas no creyeron en la bondad de los recién llegados y los combates, tras unas primeras fases de tanteo, se iniciaron pronto. La más épica de todas las contiendas fue la que libró Hernán Cortés contra el imperio mexica. Resulta evidente el dominio de la tecnología en esta conquista española que, con apenas un millar de efectivos, doblegó a un imperio con una población estimada superior al millón de habitantes.
Al igual que ocurriera en la antigua Roma. El poder tecnológico se imponía sobre las culturas menos avanzadas.
Las tribus son sometidas rápidamente. Muchas de ellas ven en los conquistadores a sus aliados para luchar contra las tribus enemigas, lo cual es utilizado como un ardid por parte de los españoles. Esto sucede primero en las islas caribeñas, Cuba y La Española, trasladándose posteriormente a tierra firme.
El paso desde las islas se inició por Panamá y se extendió rápidamente hacia Costa Rica y Nicaragua, por el norte y hacia Colombia por el sur. El panorama local en la América continental no era muy distinto del de las islas. No obstante, el conocimiento adquirido por los conquistadores les hizo ser más codiciosos y comenzaron muy pronto a recibir hostilidades de diversas tribus. Las rebeliones eran aplastadas, generalmente, sin mayor esfuerzo dada la diferencia tecnológica entre contendientes.
Los choques que más huella han dejado en la Historia, han sido aquellos que enfrentaron a los españoles con las culturas más avanzadas. Estas culturas imperialistas no creyeron en la bondad de los recién llegados y los combates, tras unas primeras fases de tanteo, se iniciaron pronto. La más épica de todas las contiendas fue la que libró Hernán Cortés contra el imperio mexica. Resulta evidente el dominio de la tecnología en esta conquista española que, con apenas un millar de efectivos, doblegó a un imperio con una población estimada superior al millón de habitantes.
Al igual que ocurriera en la antigua Roma. El poder tecnológico se imponía sobre las culturas menos avanzadas.
El choque de culturas I
Habiendo tenido ocasión en los últimos meses de estudiar la conquista española de América, me han asaltado una serie de reflexiones acerca de lo que fue aquel proceso y sobre el significado que hoy le atribuyo a lo que, sin duda, fue un gran choque de culturas.
Cuando Cristóbal Colón llega a la isla La Española, hoy República Dominicana, América se encuentra poblada por diversos pueblos que viven en distintos grados de avance tecnológico. En general todos están muy lejos del desarrollo alcanzado por Europa a finales del siglo XV.
Así, las islas y gran parte del continente están habitadas por tribus cuyo tipo de vida se acerca mucho a la del ser humano en la Europa neolítica. Subsistían de la caza, la pesca y la recolección y muy incipientemente la agricultura y la ganadería. La religión y la organización social era muy similar a la descubierta en los hallazgos arqueológicos de la primera Europa neolítica: enterramientos, sacrificios, liderazgo de los ancianos, etc.
En el continente americano, sin embargo, existían tres grandes culturas, llamadas imperios por la mayoría de los historiadores: aztecas o mexicas, mayas e incas. Estas culturas se extendían por Mesoamérica las dos primeras y por la zona andina los incas. Eran culturas avanzadas y que se podría denominar que se encontraban en un nivel de civilización similar al de Mesopotamia o el primer Egipto.
La expansión de mayas, mexicas e incas se desarrolló a base del sometimiento de las tribus menos avanzadas. Aquí se producía continuamente un choque cultural entre civilizaciones que no se encontraban al mismo nivel de desarrollo humano. Algo similar a lo que ocurría continuamente en Europa y Asia desde tiempos de Alejandro Magno.
La más virulenta fue la cultura azteca o mexica que, a la llegada de Hernán Cortés al actual México, seguía enfrascada en guerras contra pequeñas civilizaciones locales como Txlacala.
En definitiva, América venía a ser, en esa época, como la Europa de los gloriosos tiempos del Imperio Griego.
Cuando Cristóbal Colón llega a la isla La Española, hoy República Dominicana, América se encuentra poblada por diversos pueblos que viven en distintos grados de avance tecnológico. En general todos están muy lejos del desarrollo alcanzado por Europa a finales del siglo XV.
Así, las islas y gran parte del continente están habitadas por tribus cuyo tipo de vida se acerca mucho a la del ser humano en la Europa neolítica. Subsistían de la caza, la pesca y la recolección y muy incipientemente la agricultura y la ganadería. La religión y la organización social era muy similar a la descubierta en los hallazgos arqueológicos de la primera Europa neolítica: enterramientos, sacrificios, liderazgo de los ancianos, etc.
En el continente americano, sin embargo, existían tres grandes culturas, llamadas imperios por la mayoría de los historiadores: aztecas o mexicas, mayas e incas. Estas culturas se extendían por Mesoamérica las dos primeras y por la zona andina los incas. Eran culturas avanzadas y que se podría denominar que se encontraban en un nivel de civilización similar al de Mesopotamia o el primer Egipto.
La expansión de mayas, mexicas e incas se desarrolló a base del sometimiento de las tribus menos avanzadas. Aquí se producía continuamente un choque cultural entre civilizaciones que no se encontraban al mismo nivel de desarrollo humano. Algo similar a lo que ocurría continuamente en Europa y Asia desde tiempos de Alejandro Magno.
La más virulenta fue la cultura azteca o mexica que, a la llegada de Hernán Cortés al actual México, seguía enfrascada en guerras contra pequeñas civilizaciones locales como Txlacala.
En definitiva, América venía a ser, en esa época, como la Europa de los gloriosos tiempos del Imperio Griego.
Libertad de expresión y cultura
La lectura de algunos comentarios o artículos aparecidos en varios foros o comunidades de weblogs, me hicieron pensar en la progresiva radicalización de la terminología y el fuerte enfrentamiento que vivimos entre nosotros por la defensa de algunas ideas. De esa lectura nació una reflexión sobre la necesidad de moderar el tono y evitar el "pensamiento único" como consecuencia del enfrentamiento visceral.
Intento insistir, sin suerte, en la necesidad de la moderación y el respeto, valores que confieso que, en alguna ocasión, he traicionado. Escuchar y respetar no me va a minar mi fe y mis ideales, antes al contrario.
Dos hechos me han venido hoy a dar la razón. El primero, los comentarios fuera de lugar de otros miembros del foro en el que publiqué mi opinión. Me llamaron "facha" y "anacrónico". Sin duda defender algunos ideales, hoy no está de moda y es más fácil insultar que razonar. El otro es la lectura de un artículo en el que el Presidente del Gobierno de mi país se define como "rojo". Creo que este adjetivo fue utilizado en un momento de distensión, porque de otra forma no lo puedo entender. No obstante, creo que está fuera de lugar. Si empezamos con los radicalismos, aunque estén de moda entre "los nuestros", estamos abocados al enfrentamiento gratuito. Leo igualmente muchos insultos contra el presidente y contra todos los que lo votaron. Mucho fanatismo en definitiva.
La libertad de expresión no está reñida con la educación de la que somos portadores, gracias a una extensa cultura como la que tenemos todos. Esto es consecuencia de haber nacido en un país libre, democrático y desarrollado. Oportunidad que nuestros padres no tuvieron.
No nos podemos dejar arrastrar por los políticos absolutistas, ni por los medios de comunicación partidistas. Hemos de crear nuestro propio juicio y defenderlo. Pero que la defensa no nos lleve a la ceguera de insultar al que no piensa como nosotros.
Intento insistir, sin suerte, en la necesidad de la moderación y el respeto, valores que confieso que, en alguna ocasión, he traicionado. Escuchar y respetar no me va a minar mi fe y mis ideales, antes al contrario.
Dos hechos me han venido hoy a dar la razón. El primero, los comentarios fuera de lugar de otros miembros del foro en el que publiqué mi opinión. Me llamaron "facha" y "anacrónico". Sin duda defender algunos ideales, hoy no está de moda y es más fácil insultar que razonar. El otro es la lectura de un artículo en el que el Presidente del Gobierno de mi país se define como "rojo". Creo que este adjetivo fue utilizado en un momento de distensión, porque de otra forma no lo puedo entender. No obstante, creo que está fuera de lugar. Si empezamos con los radicalismos, aunque estén de moda entre "los nuestros", estamos abocados al enfrentamiento gratuito. Leo igualmente muchos insultos contra el presidente y contra todos los que lo votaron. Mucho fanatismo en definitiva.
La libertad de expresión no está reñida con la educación de la que somos portadores, gracias a una extensa cultura como la que tenemos todos. Esto es consecuencia de haber nacido en un país libre, democrático y desarrollado. Oportunidad que nuestros padres no tuvieron.
No nos podemos dejar arrastrar por los políticos absolutistas, ni por los medios de comunicación partidistas. Hemos de crear nuestro propio juicio y defenderlo. Pero que la defensa no nos lleve a la ceguera de insultar al que no piensa como nosotros.
Nuestra influencia en América Latina y V
Como resumen a todo lo comentado en los artículos sobre España y su influencia en América Latina, tras haberlos leído nuevamente, entiendo que la influencia continúa pero con un menor grado de intensidad tras la "conquista" de la cultura norteamericana sobre todo el continente.
Sin embargo insisto y no me canso de repetir que España debe recuperar el pulso de Latinoamérica. Por el bien de ambas partes. Por España porque debe avanzar en el espacio internacional como nación que ofrece su cultura, su tradición y su idioma a decenas de países "hermanos", sin olvidar que Latinoamérica es el segundo mercado más importante del mundo y el más cercano al desarrollo económico.
Los países de América Latina encuentran en España un modelo de democracia joven pero poderosa, consolidada. Un modelo de cohesión social en continuo perfeccionamiento y lejos de los posicionamientos ultraliberales de una democracia basada en el capitalismo. Conste que me siento liberal y estimo que el capitalismo social es la única vía posible en el escenario actual. España representa, asimismo, la puerta de entrada en Europa para los productos latinoamericanos, que han encontrado importantes barreras arancelarias en el mercado de la UE.
España está siendo receptor, al igual que los EE UU, de millones de emigrantes latinoamericanos, de forma que se está trazando un nuevo puente y nexo de unión entre ambos continentes. España debe facilitar la inmigración latinoamericana razonable y ser receptor, no sólo de mano de obra barata, sino de talento, como lo está haciendo el gigante americano.
La historia, el pasado, la tradición, el idioma, nos unen, reforcemos nuestra influencia y apoyemos de manera sostenida la democracia y el progreso de nuestros países hermanos.
Sin embargo insisto y no me canso de repetir que España debe recuperar el pulso de Latinoamérica. Por el bien de ambas partes. Por España porque debe avanzar en el espacio internacional como nación que ofrece su cultura, su tradición y su idioma a decenas de países "hermanos", sin olvidar que Latinoamérica es el segundo mercado más importante del mundo y el más cercano al desarrollo económico.
Los países de América Latina encuentran en España un modelo de democracia joven pero poderosa, consolidada. Un modelo de cohesión social en continuo perfeccionamiento y lejos de los posicionamientos ultraliberales de una democracia basada en el capitalismo. Conste que me siento liberal y estimo que el capitalismo social es la única vía posible en el escenario actual. España representa, asimismo, la puerta de entrada en Europa para los productos latinoamericanos, que han encontrado importantes barreras arancelarias en el mercado de la UE.
España está siendo receptor, al igual que los EE UU, de millones de emigrantes latinoamericanos, de forma que se está trazando un nuevo puente y nexo de unión entre ambos continentes. España debe facilitar la inmigración latinoamericana razonable y ser receptor, no sólo de mano de obra barata, sino de talento, como lo está haciendo el gigante americano.
La historia, el pasado, la tradición, el idioma, nos unen, reforcemos nuestra influencia y apoyemos de manera sostenida la democracia y el progreso de nuestros países hermanos.
El embargo de Cuba en la Cumbre
Me extraña mucho, en primer lugar, que países como Costa Rica, El Salvador, Honduras o Colombia hayan decidido apoyar la resolución de la Cumbre Iberoamericana exigiendo a los EE UU el final del bloqueo a Cuba, así como la extradición del disidente cubano al que se acusa de derribar un avión de Cubana de Aviación. Me extraña también, sobremanera, que este sea un tema importante en la agenda de los países de América Latina y de España.
Desde luego para España no es un buen síntoma dedicarse a reforzar la dictadura cubana, ni creo que para muchos países que se están viendo presionados por grupúsculos de extrema izquierda apoyados económicamente desde Venezuela.
Lo del embargo a Cuba es pura palabrería. En La Habana se vende Cola-Cola, el producto más simbólico del poder de las multinacionales "imperialistas" que les llamaría el Comandante. Cuba vive en la miseria, salvada porque los cubanos se pasan el día "resolviendo" y así ven la carne, el pesado y la leche en sus hogares. Ese "resolver" es la economía subterránea cubana permitida desde el poder. Mientras el Estado dedica su esfuerzo y presupuesto a fortalecer la dictadura y a enriquecer a los dirigentes del régimen.
Lo que la Cumbre Iberoamericana debería haber condenado es la dictadura, no ese embargo de papel que favorece más al propio régimen castrista, que lo aprovecha propagandísticamente, como se puede comprobar.
Pero gracias a la espectacular diplomacia española, aquí lo tienen, señores, nos dedicamos a defender las dictaduras y a darles cobertura internacional. Para colmo Fidel ni siquiera se ha querido hacer en Salamanca la foto que más desea el presidente Rodríguez.
Desde luego para España no es un buen síntoma dedicarse a reforzar la dictadura cubana, ni creo que para muchos países que se están viendo presionados por grupúsculos de extrema izquierda apoyados económicamente desde Venezuela.
Lo del embargo a Cuba es pura palabrería. En La Habana se vende Cola-Cola, el producto más simbólico del poder de las multinacionales "imperialistas" que les llamaría el Comandante. Cuba vive en la miseria, salvada porque los cubanos se pasan el día "resolviendo" y así ven la carne, el pesado y la leche en sus hogares. Ese "resolver" es la economía subterránea cubana permitida desde el poder. Mientras el Estado dedica su esfuerzo y presupuesto a fortalecer la dictadura y a enriquecer a los dirigentes del régimen.
Lo que la Cumbre Iberoamericana debería haber condenado es la dictadura, no ese embargo de papel que favorece más al propio régimen castrista, que lo aprovecha propagandísticamente, como se puede comprobar.
Pero gracias a la espectacular diplomacia española, aquí lo tienen, señores, nos dedicamos a defender las dictaduras y a darles cobertura internacional. Para colmo Fidel ni siquiera se ha querido hacer en Salamanca la foto que más desea el presidente Rodríguez.
Día de la Raza
Sí, hoy en América Latina es el Día de la Raza. Aunque en ese país tan maravilloso como es Venezuela, de donde viene una diáspora de amigos que han tenido que abandonarlo gracias a la democracia que tanto apoya nuestro presidente y su Alianza de Civilizaciones (que no de civilizados), le llamen el Día de la Resistencia Indígena. Seguramente si en España, en donde no nos atrevemos a llamarle Día de la Hispanidad, le llamásemos Día de la Raza…se lía la mundial. No digamos si la idea se le ocurre al PP, entonces manifestaciones y el líder del PSOE no se levantaría ni para saludar a su propio ejército.
En cualquier caso, la fiesta patria es una conmemoración muy especial en cualquier país del mundo. En el lugar en el que vivo, Costa Rica, ese día todo se llena de banderas nacionales. Cada casa en su balcón, cada niño en su mano o con la cara pintada, cada mayor en su coche lleva una enseña de su país. Pobre del que ponga una bandera en el balcón de su casa hoy. A no ser que esté en el recorrido oficial del desfile. Porque un tipo con una bandera de España en el balcón “es un facha de la peor calaña”. Mejor poner una arco iris al lado, por si acaso. Que me cuentan que esa sí que está bien vista en los Madriles. ¡Qué suerte tienen todos mis amigos gay!.
Se llame como se llame, hoy es el Día de España y de América Latina. Es un día para reflexionar quién somos y adónde vamos como Nación. Varios son los frentes que tenemos abiertos.
El más flagrante es el que nos trae de cabeza estos días y del que sólo voy a repetir que creo que se acabaría con una reforma constitucional que deje claro “hasta dónde” de una vez por todas.
Este tema de los nacionalismos radicales no es más que el reflejo de la falta absoluta de cualquier tipo de liderazgo, exceptuado el de “inventores” de la Alianza de Civilizaciones (que no de civilizados), que nuestro país tiene en el mundo. Ayer leíamos un contundente artículo escrito desde Miami por un disidente cubano, líder de opinión, entre la comunidad latinoamericana, Carlos Alberto Montaner, en el que se pone de manifiesto la pésima imagen internacional de España.
No os imagináis cómo se sienten cientos de miles de latinoamericanos cuando ven cómo nuestro país ha dejado de ser lo que ellos pensaban que era su cultura, su tradición, su “Madre Patria”. Sobre todo cuando nuestro Gobierno se posiciona más cerca de las dictaduras cubana y venezolana que de las democracias moderadas que están comenzando a imperar en este continente tan revuelto por guerras e invasiones.
Mientras nosotros nos dedicamos a vender material militar a Venezuela y a echar “pelillos a la mar” con el régimen dictatorial cubano, Chaves se dedica a financiar a los partidos de izquierda de todo el continente. ¿Es que no se da cuenta el iluminado de nuestro presidente de que la única alianza que buscan Castro y Chaves es la de revivir el sueño guevariano de una Latinoamérica comunista?.
Ojalá se den cuenta antes de que me tenga que volver a España porque esto se ha convertido en una Comunidad Autónoma de la República Bolivariana de Venezuela o de la República Democrática de Cuba.
En cualquier caso, la fiesta patria es una conmemoración muy especial en cualquier país del mundo. En el lugar en el que vivo, Costa Rica, ese día todo se llena de banderas nacionales. Cada casa en su balcón, cada niño en su mano o con la cara pintada, cada mayor en su coche lleva una enseña de su país. Pobre del que ponga una bandera en el balcón de su casa hoy. A no ser que esté en el recorrido oficial del desfile. Porque un tipo con una bandera de España en el balcón “es un facha de la peor calaña”. Mejor poner una arco iris al lado, por si acaso. Que me cuentan que esa sí que está bien vista en los Madriles. ¡Qué suerte tienen todos mis amigos gay!.
Se llame como se llame, hoy es el Día de España y de América Latina. Es un día para reflexionar quién somos y adónde vamos como Nación. Varios son los frentes que tenemos abiertos.
El más flagrante es el que nos trae de cabeza estos días y del que sólo voy a repetir que creo que se acabaría con una reforma constitucional que deje claro “hasta dónde” de una vez por todas.
Este tema de los nacionalismos radicales no es más que el reflejo de la falta absoluta de cualquier tipo de liderazgo, exceptuado el de “inventores” de la Alianza de Civilizaciones (que no de civilizados), que nuestro país tiene en el mundo. Ayer leíamos un contundente artículo escrito desde Miami por un disidente cubano, líder de opinión, entre la comunidad latinoamericana, Carlos Alberto Montaner, en el que se pone de manifiesto la pésima imagen internacional de España.
No os imagináis cómo se sienten cientos de miles de latinoamericanos cuando ven cómo nuestro país ha dejado de ser lo que ellos pensaban que era su cultura, su tradición, su “Madre Patria”. Sobre todo cuando nuestro Gobierno se posiciona más cerca de las dictaduras cubana y venezolana que de las democracias moderadas que están comenzando a imperar en este continente tan revuelto por guerras e invasiones.
Mientras nosotros nos dedicamos a vender material militar a Venezuela y a echar “pelillos a la mar” con el régimen dictatorial cubano, Chaves se dedica a financiar a los partidos de izquierda de todo el continente. ¿Es que no se da cuenta el iluminado de nuestro presidente de que la única alianza que buscan Castro y Chaves es la de revivir el sueño guevariano de una Latinoamérica comunista?.
Ojalá se den cuenta antes de que me tenga que volver a España porque esto se ha convertido en una Comunidad Autónoma de la República Bolivariana de Venezuela o de la República Democrática de Cuba.
El modelo a seguir
Como insisto con profusión en los artículos sobre la absoluta pérdida de influencia de España en Latinoamérica, el referente para todos estos países, en mayor o menor medida, son los EE UU. No hay más que echar una ojeada a los periódicos de los últimos días para darse cuenta que las consecuencias del huracán Katrina que arrasó Nueva Orleans ha ocupado 10 veces más páginas que lo sucedido en Guatemala y El Salvador tras el paso del Stan. No hablo sólo de periódicos españoles, sino de los diarios del resto de América Latina que suelo ver desde internet o los de Costa Rica que leo diariamente.
La crisis de Nueva Orleans puso muy a las claras qué son los EE UU. Un país que deja sumida en el caos una ciudad durante cuatro días. Que permite que una banda tome el palacio de congresos de la ciudad con todos los refugiados que había dentro para cometer robos, violaciones, asesinatos, etc. ¡Qué pocas imágenes hemos visto de eso!. Vimos a los EE UU pidiendo ayuda a toda la comunidad internacional, como si de Pakistán u Honduras se tratase. Mientras México, España y otros países enviábamos comida, en los restaurantes de Nueva York se tiraba comida para alimentar a Malí. Curiosidades de la vida. Como anécdota curiosa destaco que Perú (¡imagínese!) envió 80 médicos a Nueva Orleans con su propia comida.
Nueva Orleans era una ciudad llena de negros e inmigrantes latinoamericanos, sobre todo salvadoreños y peruanos. ¿A quién le importa ese tipo de gente en los EE UU?. Esa es la triste realidad.
Sin embargo, los aviones continuaban y continúan saliendo llenos de ciudadanos pudientes desde México a Tierra de Fuego hacia "la sucursal del cielo". Esa es la cruda realidad.
EE UU se ha convertido en el modelo a seguir para cientos de millones de Lationamericanos que ven cómo el Primer Mundo cobra vida en las series de televisión, en los logos de ropa deportiva y en las latas de bebida refrescante. Un Primer Mundo que los deja morir cuando llega una catástrofe.
Pero España no sabe, no quiere acercarse aquí a esta tierra prometida que fue El Dorado durante cuatro siglos. Y lo peor de todo es que España no es el modelo a seguir.
La crisis de Nueva Orleans puso muy a las claras qué son los EE UU. Un país que deja sumida en el caos una ciudad durante cuatro días. Que permite que una banda tome el palacio de congresos de la ciudad con todos los refugiados que había dentro para cometer robos, violaciones, asesinatos, etc. ¡Qué pocas imágenes hemos visto de eso!. Vimos a los EE UU pidiendo ayuda a toda la comunidad internacional, como si de Pakistán u Honduras se tratase. Mientras México, España y otros países enviábamos comida, en los restaurantes de Nueva York se tiraba comida para alimentar a Malí. Curiosidades de la vida. Como anécdota curiosa destaco que Perú (¡imagínese!) envió 80 médicos a Nueva Orleans con su propia comida.
Nueva Orleans era una ciudad llena de negros e inmigrantes latinoamericanos, sobre todo salvadoreños y peruanos. ¿A quién le importa ese tipo de gente en los EE UU?. Esa es la triste realidad.
Sin embargo, los aviones continuaban y continúan saliendo llenos de ciudadanos pudientes desde México a Tierra de Fuego hacia "la sucursal del cielo". Esa es la cruda realidad.
EE UU se ha convertido en el modelo a seguir para cientos de millones de Lationamericanos que ven cómo el Primer Mundo cobra vida en las series de televisión, en los logos de ropa deportiva y en las latas de bebida refrescante. Un Primer Mundo que los deja morir cuando llega una catástrofe.
Pero España no sabe, no quiere acercarse aquí a esta tierra prometida que fue El Dorado durante cuatro siglos. Y lo peor de todo es que España no es el modelo a seguir.
España ante el verdadero reto
Alguien tiene que tomar el timón de una forma seria en nuestra Patria. Los nacionalismos no pueden emponzoñarnos a todos y sumirnos en una crisis interna, como si fuésemos la extinta Yugoslavia o algo así.
Lo primero que tenemos que hacer es quitarnos los miedos, las vergüenzas y los sentimientos de culpabilidad inútiles. Dejar de ir pidiendo perdón aquí y allá. Retractándonos de nuestros actos, de nuestro pasado, de nuestra Historia en definitiva. Hemos sido la primera potencia de este Planeta. No han sido todo obras de caridad, pero tampoco franceses, holandeses, ingleses, alemanes, italianos, rusos, japoneses o norteamericanos pueden hablar muy fuerte. Quitémonos la "pelusa" del pasado. Somos un país único en el mundo. Con una identidad cultural, una Historia y unos atributos valorados y queridos en casi toda la Tierra.
Somos la "Madre Patria" de decenas de países a los que damos la espalda continuamente. Nuestra cultura está difundida a lo largo de un continente entero y nuestro idioma es cada día más apreciado (y también modificado) en todo el mundo. No podemos continuar siendo la frontera del G-7.
España tiene que reforzar su identidad y dejar de lamentarse para salir fuera y convertirse en una potencia, no en un país seguidor del eje franco-alemán o de los EE UU.
España más que el reto de mantener su cohesión como país, tiene ante sí el reto de recuperar su influencia como país clave del escenario internacional. Miren cómo Japón compra influencias en Latinoamérica para sentarse en el Consejo de Seguridad de la ONU. Miren cómo Canadá patrocina cada día a más países en vías de desarrollo para que sus multinacionales se establezcan en ellos y vender así sus productos. El caso de EE UU es aparte. Ellos ya tienen influencia en todo el mundo, América es su continente y cuando se habla de "América" todo el mundo (incluido el resto de los americanos) sabe que se está citando a los EE UU.
Fortalezcámonos como nación dentro y salgamos fuera. Dejemos ya los regionalismos, los provincianismos, los localismos. Centrémonos en lo que de verdad importa.
Lo primero que tenemos que hacer es quitarnos los miedos, las vergüenzas y los sentimientos de culpabilidad inútiles. Dejar de ir pidiendo perdón aquí y allá. Retractándonos de nuestros actos, de nuestro pasado, de nuestra Historia en definitiva. Hemos sido la primera potencia de este Planeta. No han sido todo obras de caridad, pero tampoco franceses, holandeses, ingleses, alemanes, italianos, rusos, japoneses o norteamericanos pueden hablar muy fuerte. Quitémonos la "pelusa" del pasado. Somos un país único en el mundo. Con una identidad cultural, una Historia y unos atributos valorados y queridos en casi toda la Tierra.
Somos la "Madre Patria" de decenas de países a los que damos la espalda continuamente. Nuestra cultura está difundida a lo largo de un continente entero y nuestro idioma es cada día más apreciado (y también modificado) en todo el mundo. No podemos continuar siendo la frontera del G-7.
España tiene que reforzar su identidad y dejar de lamentarse para salir fuera y convertirse en una potencia, no en un país seguidor del eje franco-alemán o de los EE UU.
España más que el reto de mantener su cohesión como país, tiene ante sí el reto de recuperar su influencia como país clave del escenario internacional. Miren cómo Japón compra influencias en Latinoamérica para sentarse en el Consejo de Seguridad de la ONU. Miren cómo Canadá patrocina cada día a más países en vías de desarrollo para que sus multinacionales se establezcan en ellos y vender así sus productos. El caso de EE UU es aparte. Ellos ya tienen influencia en todo el mundo, América es su continente y cuando se habla de "América" todo el mundo (incluido el resto de los americanos) sabe que se está citando a los EE UU.
Fortalezcámonos como nación dentro y salgamos fuera. Dejemos ya los regionalismos, los provincianismos, los localismos. Centrémonos en lo que de verdad importa.
España sumida en sí misma
Quiero unir aquí, aunque parezca complicado, mi "pretenciosa" serie de artículos sobre Latinoamérica y el creciente alejamiento de España, que algún día terminaré, con la situación actual de mi patria. Unirlos porque creo que nos estamos aferrando a una pretendida tragedia nacional, a un mirarse el ombligo, forzados quizá por el oportunismo político de algunos y por las ansias de poder de muchos.
Ya a principios del siglo XIX, mientras manteníamos y ampliábamos a duras penas nuestras fronteras, principalmente en América del Norte. Sí, dentro de nuestras fronteras se encontraba un buen pedazo de los actuales EE UU. En casa nos invadían los franceses, bastante bien acogidos, por cierto en algunas regiones del Norte.
A partir de ahí llegó la gran Revolución Social que se estaba dando en toda Europa. En ese momento también comenzó nuestro declive imparable colonial que finalizó en 1898 con la pérdida de Cuba y Filipinas. A lo largo del XIX el continente que dominamos a lo largo del XVI se "independizó" o pasó a manos de otras potencias.
En esos momentos España deja, para siempre, su estatus de potencia mundial. Los problemas internos nos consumen. Comienzan los nacionalismos, los fascismos, los anarquismos, se suceden repúblicas, monarquías y una dictadura que marcará nuestro país por cerca de cuarenta años.
A estas alturas, superada la dictadura, la transición, la segunda transición, la incorporación a Europa, etc continuamos siendo un país de segunda. Preocupado por nuestros asuntos domésticos. Ocupado en localismos, regionalismos. Sacando lustre a la Historia parcial de nuestras regiones, de nuestras provincias y, algún día, comenzaremos con las ciudades. Granada fue un reino y como tal, tiene su identidad nacional propia... y así se escribirá la Constitución de la Ciudad-Estado de Granada.
Otros países, además de preocuparse por sus elecciones generales y sus cantones, regiones, lands o como se llamen en cada sitio, miran hacia el mundo entero. Se dan cuenta de que un país es como una gran empresa. Algo más que un lugar. Una identidad con reflejo en todo el Planeta. Quieren que esa identidad, su cultura, su idioma, sus empresas, etc tengan una presencia cada día más viva en el mundo.
Aprovechan sus oportunidades. Tienen poderosos cuerpos diplomáticos que generan influencias en los países más remotos. Ese es el mundo real para un país como el nuestro.
Míremos Alemania o Francia, ejemplos a seguir para lo que nos interesa, fijémonos en EE UU, Canadá o Japón, o incluso en Taiwán.
La guerra no está en casa, la guerra está ahí fuera.
Vamos a poner las cosas en perspectiva. Situar a los nacionalismos localistas en su sitio. Cerremos las puertas a conflictos que no existen y a fronteras que desaparecieron hace muchos muchos años. Centrémonos en poner nuestra patria en el lugar que se merece en este planeta convulso.
Ya a principios del siglo XIX, mientras manteníamos y ampliábamos a duras penas nuestras fronteras, principalmente en América del Norte. Sí, dentro de nuestras fronteras se encontraba un buen pedazo de los actuales EE UU. En casa nos invadían los franceses, bastante bien acogidos, por cierto en algunas regiones del Norte.
A partir de ahí llegó la gran Revolución Social que se estaba dando en toda Europa. En ese momento también comenzó nuestro declive imparable colonial que finalizó en 1898 con la pérdida de Cuba y Filipinas. A lo largo del XIX el continente que dominamos a lo largo del XVI se "independizó" o pasó a manos de otras potencias.
En esos momentos España deja, para siempre, su estatus de potencia mundial. Los problemas internos nos consumen. Comienzan los nacionalismos, los fascismos, los anarquismos, se suceden repúblicas, monarquías y una dictadura que marcará nuestro país por cerca de cuarenta años.
A estas alturas, superada la dictadura, la transición, la segunda transición, la incorporación a Europa, etc continuamos siendo un país de segunda. Preocupado por nuestros asuntos domésticos. Ocupado en localismos, regionalismos. Sacando lustre a la Historia parcial de nuestras regiones, de nuestras provincias y, algún día, comenzaremos con las ciudades. Granada fue un reino y como tal, tiene su identidad nacional propia... y así se escribirá la Constitución de la Ciudad-Estado de Granada.
Otros países, además de preocuparse por sus elecciones generales y sus cantones, regiones, lands o como se llamen en cada sitio, miran hacia el mundo entero. Se dan cuenta de que un país es como una gran empresa. Algo más que un lugar. Una identidad con reflejo en todo el Planeta. Quieren que esa identidad, su cultura, su idioma, sus empresas, etc tengan una presencia cada día más viva en el mundo.
Aprovechan sus oportunidades. Tienen poderosos cuerpos diplomáticos que generan influencias en los países más remotos. Ese es el mundo real para un país como el nuestro.
Míremos Alemania o Francia, ejemplos a seguir para lo que nos interesa, fijémonos en EE UU, Canadá o Japón, o incluso en Taiwán.
La guerra no está en casa, la guerra está ahí fuera.
Vamos a poner las cosas en perspectiva. Situar a los nacionalismos localistas en su sitio. Cerremos las puertas a conflictos que no existen y a fronteras que desaparecieron hace muchos muchos años. Centrémonos en poner nuestra patria en el lugar que se merece en este planeta convulso.
Más español que nunca
Se viven momentos convulsos en mi patria. Momentos por otra parte añorados por algunos. Porque hay quién insiste en que ahora hay diálogo y hay tolerancia y estamos haciendo una España más libre, más abierta, más justa... menos España, diría yo.
Porque claro que hay diálogo, pero siempre entre los mismos. Claro que hay tolerancia, hacia los votantes de uno o hacia los que queremos que lo sean. Por supuesto que estamos ante una España más abierta, pero a costa de destrozar el gran pacto que fue la Constitución de 1978. Una Carta Magna que ha sido marco de convivencia ideal y continúa siéndolo.
España es una nación única e indivisible, formada por distintos territorios que tienen su Historia, sus tradiciones, sus particularidades, como ocurre en cualquier gran país europeo.
España es un único mercado para las empresas, que en el mundo que vivimos es casi como decir que es una única tienda, un único cliente. Con esto quiero decir que intentamos hacer diferencias donde no las hay, que intentamos dividirnos aunque somos uno.
Si hemos de mirar atrás y hacer de la Historia nuestro sayo, para así reclamar hasta el infinito nuestra identidad es que no lo tenemos muy claro. Es que no somos nadie. Tampoco queremos ver que el mundo ha avanzado a lo largo de los siglos. Hace tan sólo cuatro siglos en España, una nación que apenas tenía un siglo de vida como tal, "nunca se ponía el sol". Tres siglos más tarde, España pertenecia al Imperio napoleónico y así se ha ido cincelando la Historia.
Por cierto que aquel Gran Imperio de nuestros antepasados, cimentado en el Nuevo Continente, tuvo a los andaluces y extremeños como grandes protagonistas.
No conozco la Historia de vuestras regiones, queridos compatriotas, pero no por eso dejo de reconocer que todos: vascos, andaluces, aragoneses, gallegos, murcianos, catalanes, madrileños... tenemos grandes diferencias dentro de una gran Unidad.
No nos dejemos llevar por el fragor de la batalla y por el clientelismo de los políticos. Seamos razonables, dialogantes y, sobre todo, seamos justos.
Porque claro que hay diálogo, pero siempre entre los mismos. Claro que hay tolerancia, hacia los votantes de uno o hacia los que queremos que lo sean. Por supuesto que estamos ante una España más abierta, pero a costa de destrozar el gran pacto que fue la Constitución de 1978. Una Carta Magna que ha sido marco de convivencia ideal y continúa siéndolo.
España es una nación única e indivisible, formada por distintos territorios que tienen su Historia, sus tradiciones, sus particularidades, como ocurre en cualquier gran país europeo.
España es un único mercado para las empresas, que en el mundo que vivimos es casi como decir que es una única tienda, un único cliente. Con esto quiero decir que intentamos hacer diferencias donde no las hay, que intentamos dividirnos aunque somos uno.
Si hemos de mirar atrás y hacer de la Historia nuestro sayo, para así reclamar hasta el infinito nuestra identidad es que no lo tenemos muy claro. Es que no somos nadie. Tampoco queremos ver que el mundo ha avanzado a lo largo de los siglos. Hace tan sólo cuatro siglos en España, una nación que apenas tenía un siglo de vida como tal, "nunca se ponía el sol". Tres siglos más tarde, España pertenecia al Imperio napoleónico y así se ha ido cincelando la Historia.
Por cierto que aquel Gran Imperio de nuestros antepasados, cimentado en el Nuevo Continente, tuvo a los andaluces y extremeños como grandes protagonistas.
No conozco la Historia de vuestras regiones, queridos compatriotas, pero no por eso dejo de reconocer que todos: vascos, andaluces, aragoneses, gallegos, murcianos, catalanes, madrileños... tenemos grandes diferencias dentro de una gran Unidad.
No nos dejemos llevar por el fragor de la batalla y por el clientelismo de los políticos. Seamos razonables, dialogantes y, sobre todo, seamos justos.





