El PP arrinconado
La estrategia del Gobierno de crear un absoluto vacío parlamentario y de opinión política en torno al principal partido de la oposición, el Partido Popular, con más de diez millones de votantes en las últimas elecciones generales está funcionando. En mi opinión, el propio PP no ha intentado evitarlo, sino más bien al contrario.
En el debate de admisión del Estatuto/Constitución de Cataluña se puso de manifiesto la soledad del PP, sin embargo, su criterio en aquella ocasión era compartido incluso dentro de las filas socialistas. El proyecto de Ley Orgánica de Educación ha seguido el mismo camino, el PP se abstuvo y en los medios afines al Gobierno no han tardado en dar la noticia: “se aprueba el texto de la LOE en la Comisión de Educación con el consenso de todos los partidos menos el PP”, relataba en La Primera Lorenzo Milá, del que me esperaba mucho más.
Si miramos el resto del arco parlamentario, salvando a la en peligro de extinción Izquierda Unida, estamos ante una serie de partidos nacionalistas con los que el PSOE, de una forma u otra se encuentra en alianzas autonómicas. La única excepción es el PNV y, hasta la propuesta de Estatuto/Constitución, CIU. A estas alturas sabemos que el PNV juega a alcanzar una tregua definitiva de ETA para apuntarse el tanto junto con el PSOE. Amén de que el PNV es hoy por hoy un partido sin ideología y dedicado a la política del “árbol y las nueces”, que ya anunciara su gurú Javier Arzallus. Pero lo de CIU no tiene nombre. Se supone que es un partido demócrata cristiano, defensor de muchas de las ideas, en sentido general, que defiende el PP, pero desde la llegada de Mas, CIU es un partido a la deriva que continuará perdiendo votos y no me extrañaría que desapareciese a la vuelta de unos años. La única explicación es que existe algún turbio interés, chantaje o prebenda que tiene a CIU al servicio del PSOE.
Con lo de Montilla se vuelve a repetir la historia. En esta ocasión ha sido vergonzoso. No sólo se ha negado la apertura de la comisión, sino que se han soltado lindezas contra el PP como que "No queremos apuntarnos a una ceremonia de la confusión, ni de la desmesura por la desmesura", aseguraba José Ramón Beloki, del PNV. Por encima del partidismo, de los acuerdos autonómicos y de los intereses espurios, los españoles queremos saber la verdad hasta el final. Me suscribo a las palabras de Rubalcaba el 13-M de marras: “… no queremos un gobierno que mienta”. Si no la querían sólo sobre el caso Montilla, que la hubiesen creado para investigar a todos los partidos.
A mi me gustaría saber, como español, cuánto nos está costando este apoyo ciego de tanto nacionalista. Como ya he comentado en alguna ocasión, el 38 por ciento de los votos del PP valen menos que el 2,54 por ciento de ERC. Con este sistema el PP no va a volver a gobernar hasta que saque mayoría absoluta., como lo demuestran los pactos autonómicos para desbancarlo pactando con quien haga falta.
Resulta curioso que cuando se habla de pacto entre los dos grandes partidos, los primeros que se echan las manos a la cabeza son los nacionalistas, seguidos de los simpatizantes de la prensa ultraconservadora. Esos son los bandos en oposición de verdad en este país. Pero esos, con el apoyo del Gobierno en un caso y con el seguidismo del PP en otro, se están llevando el gato al agua.
En el debate de admisión del Estatuto/Constitución de Cataluña se puso de manifiesto la soledad del PP, sin embargo, su criterio en aquella ocasión era compartido incluso dentro de las filas socialistas. El proyecto de Ley Orgánica de Educación ha seguido el mismo camino, el PP se abstuvo y en los medios afines al Gobierno no han tardado en dar la noticia: “se aprueba el texto de la LOE en la Comisión de Educación con el consenso de todos los partidos menos el PP”, relataba en La Primera Lorenzo Milá, del que me esperaba mucho más.
Si miramos el resto del arco parlamentario, salvando a la en peligro de extinción Izquierda Unida, estamos ante una serie de partidos nacionalistas con los que el PSOE, de una forma u otra se encuentra en alianzas autonómicas. La única excepción es el PNV y, hasta la propuesta de Estatuto/Constitución, CIU. A estas alturas sabemos que el PNV juega a alcanzar una tregua definitiva de ETA para apuntarse el tanto junto con el PSOE. Amén de que el PNV es hoy por hoy un partido sin ideología y dedicado a la política del “árbol y las nueces”, que ya anunciara su gurú Javier Arzallus. Pero lo de CIU no tiene nombre. Se supone que es un partido demócrata cristiano, defensor de muchas de las ideas, en sentido general, que defiende el PP, pero desde la llegada de Mas, CIU es un partido a la deriva que continuará perdiendo votos y no me extrañaría que desapareciese a la vuelta de unos años. La única explicación es que existe algún turbio interés, chantaje o prebenda que tiene a CIU al servicio del PSOE.
Con lo de Montilla se vuelve a repetir la historia. En esta ocasión ha sido vergonzoso. No sólo se ha negado la apertura de la comisión, sino que se han soltado lindezas contra el PP como que "No queremos apuntarnos a una ceremonia de la confusión, ni de la desmesura por la desmesura", aseguraba José Ramón Beloki, del PNV. Por encima del partidismo, de los acuerdos autonómicos y de los intereses espurios, los españoles queremos saber la verdad hasta el final. Me suscribo a las palabras de Rubalcaba el 13-M de marras: “… no queremos un gobierno que mienta”. Si no la querían sólo sobre el caso Montilla, que la hubiesen creado para investigar a todos los partidos.
A mi me gustaría saber, como español, cuánto nos está costando este apoyo ciego de tanto nacionalista. Como ya he comentado en alguna ocasión, el 38 por ciento de los votos del PP valen menos que el 2,54 por ciento de ERC. Con este sistema el PP no va a volver a gobernar hasta que saque mayoría absoluta., como lo demuestran los pactos autonómicos para desbancarlo pactando con quien haga falta.
Resulta curioso que cuando se habla de pacto entre los dos grandes partidos, los primeros que se echan las manos a la cabeza son los nacionalistas, seguidos de los simpatizantes de la prensa ultraconservadora. Esos son los bandos en oposición de verdad en este país. Pero esos, con el apoyo del Gobierno en un caso y con el seguidismo del PP en otro, se están llevando el gato al agua.
El "todo vale"
Hace unas semanas el diario El País publicaba una editorial en la que criticaba de forma contundente el posicionamiento político actual del PP. El País, como ocurre con muchos medios de comunicación, se cubre en demasiadas ocasiones con la bandera de la moderación y del sentido de Estado para atacar al bando contrario. En aquella editorial se denunciaba que “No todo vale para desgastar al Gobierno y volver a ocupar el poder”, ¡qué gran verdad!.
El problema de El País es la amnesia selectiva que demuestra en cada uno de sus llamamientos a la fidelidad democrática. Se han olvidado muy pronto estos señores de cuando ellos incendiaban desde sus páginas para arremeter gobierno anterior, que no era de su tendencia político-económica. Digo lo de “económica” por la defensa de los intereses del Grupo Prisa que se viene practicando desde los gobiernos socialista. Aunque hemos de aclarar Aznar no fue capaz de cambiar el panorama mediático a su favor y Rodríguez en menos de dos años ha destrozado el panorama el cual, si antes ya le era muy favorable, ahora está en mayoría aplastante.
Ese es otro “todo vale”, el que anuncia que “todo vale para mantenerse en el poder”. Este es mucho más peligroso, traidor y deshonesto, porque se suele hacer con el dinero de todos los españoles.
El caso es que los medios que acosaron de forma inaudita al Gobierno Aznar, ahora llaman a la cordura y al consenso institucional. ¿Qué pronto se les ha olvidado su campaña del 13-M?. ¿Por qué no criticaron a Rubalcaba cuando en plena jornada de reflexión salió a decir “los españoles quieren un Gobierno que no les mienta?”. Curiosamente los que salían todos los domingos a caminar pacíficamente por el Paseo de la Castellana con pancartas hace apenas veinte meses, ahora no ven con buenos ojos que salgan los demás.
Ahora se nos olvidan aquellos días del Prestige en los que parecía que Aznar había mandado el dichoso barco a las costas de Galicia y había enviado a unos amigos a dispersar la marea negra.
Todo esto no significa que la línea actual del principal partido de la oposición sea, a mi juicio, la correcta. Ni para el país ni para sus intereses electorales. Instalado en el “todo vale” y en el rechazo sistemático a todo lo que suponga sumar votos en el Congreso. Tampoco coincido con la línea radical de algunos medios antiPSOE, aunque respeto su libertad de expresión, como respeto la del Grupo Prisa, no como otros que sólo son partidarios de la libertad de expresión en beneficio propio.
En este país cuando se está en la oposición, desgraciadamente, todo vale para conseguir el Gobierno, que nunca se consigue por méritos propios sino por deméritos del gobernante. Incluso vale apoyarse de los votos del contrario para subir al poder, como ha sucedido en el onubense ayuntamiento de Gibraleón, ofreciendo prebendas a los tránsfugas.
Los dos grandes partidos deberían reflexionar sobre su actuación el su ámbito actual. No creo que el camino sea el NO sistemático del PP, ni tampoco la estrategia del aislamiento de 10 millones de votantes que sigue el PSOE.
No todo vale, señores, ni para subir al poder, ni para mantenerse en él.
El problema de El País es la amnesia selectiva que demuestra en cada uno de sus llamamientos a la fidelidad democrática. Se han olvidado muy pronto estos señores de cuando ellos incendiaban desde sus páginas para arremeter gobierno anterior, que no era de su tendencia político-económica. Digo lo de “económica” por la defensa de los intereses del Grupo Prisa que se viene practicando desde los gobiernos socialista. Aunque hemos de aclarar Aznar no fue capaz de cambiar el panorama mediático a su favor y Rodríguez en menos de dos años ha destrozado el panorama el cual, si antes ya le era muy favorable, ahora está en mayoría aplastante.
Ese es otro “todo vale”, el que anuncia que “todo vale para mantenerse en el poder”. Este es mucho más peligroso, traidor y deshonesto, porque se suele hacer con el dinero de todos los españoles.
El caso es que los medios que acosaron de forma inaudita al Gobierno Aznar, ahora llaman a la cordura y al consenso institucional. ¿Qué pronto se les ha olvidado su campaña del 13-M?. ¿Por qué no criticaron a Rubalcaba cuando en plena jornada de reflexión salió a decir “los españoles quieren un Gobierno que no les mienta?”. Curiosamente los que salían todos los domingos a caminar pacíficamente por el Paseo de la Castellana con pancartas hace apenas veinte meses, ahora no ven con buenos ojos que salgan los demás.
Ahora se nos olvidan aquellos días del Prestige en los que parecía que Aznar había mandado el dichoso barco a las costas de Galicia y había enviado a unos amigos a dispersar la marea negra.
Todo esto no significa que la línea actual del principal partido de la oposición sea, a mi juicio, la correcta. Ni para el país ni para sus intereses electorales. Instalado en el “todo vale” y en el rechazo sistemático a todo lo que suponga sumar votos en el Congreso. Tampoco coincido con la línea radical de algunos medios antiPSOE, aunque respeto su libertad de expresión, como respeto la del Grupo Prisa, no como otros que sólo son partidarios de la libertad de expresión en beneficio propio.
En este país cuando se está en la oposición, desgraciadamente, todo vale para conseguir el Gobierno, que nunca se consigue por méritos propios sino por deméritos del gobernante. Incluso vale apoyarse de los votos del contrario para subir al poder, como ha sucedido en el onubense ayuntamiento de Gibraleón, ofreciendo prebendas a los tránsfugas.
Los dos grandes partidos deberían reflexionar sobre su actuación el su ámbito actual. No creo que el camino sea el NO sistemático del PP, ni tampoco la estrategia del aislamiento de 10 millones de votantes que sigue el PSOE.
No todo vale, señores, ni para subir al poder, ni para mantenerse en él.
Los buenos asesores de Rodríguez
No podemos negar que el Presidente Rodríguez cuenta con muy buenos asesores de estrategia y táctica política. El señor de la eterna sonrisa cuenta con un elenco de profesionales a su servicio, seguramente pagados por los impuestos de todos los españoles, de muy alta calidad. En la sesión de control al Gobierno, Rodríguez se ausentó cuando tocaba el turno del primer posible escándalo de corrupción de su Gobierno, el de Montilla y La Caixa. Aunque, a mi juicio, el primer caso de corrupción ha sido la adjudicación directa al Grupo Prisa de un canal analógico. Y es que Prisa no tiene que condonar créditos, día a día demuestra su fidelidad.
Volviendo al tema, los asesores del Presidente le han recomendado que el caso Montilla mejor “no meneallo” y apartarse de él al máximo. Así lo demostró ayer, cuando se marchó a su despacho en el Congreso para ver el tercio de varas que le tocó lidiar a su subalterna: María Teresa Fernández de la Vega.
Los asesores presidenciales le escribieron un discurso imposible a Rodríguez para el día del debate del Estatuto/Constitución de Cataluña. Cuando había que hablar del tema del pleno, Rodríguez se salió por la tangente con un discurso casi aznariano que nos recordó el “España va bien”, que tanto criticó él mismo cuando estaba en la oposición. En los turnos de réplicas, con otros 13 oradores de su lado, ni se despeinó: café para todos y al día siguiente vino con las declaraciones recortando el Estatuto/Constitución por la mitad.
Para el asunto de la OPA gubernamental, algo inaudito en la democracia española, Rodríguez ya ha mandado al segundo subalterno Pedro Solbes, porque el mozo de espadas, el cordobés afincado en Madrid José Montilla, mejor que ni aparezca en esta historia. Solbes se pasa el día, como si fuera el presidente de la plaza, amonestando a Caruana y a Conthe, del Banco de España y la CNMV, pero no se entera que lo suyo es hacer el paseillo detrás de Rodríguez y estar al quite porque el diestro se lesiona mucho y hay tardes en las que los toros no se dejan.
En lo de la LOE más de lo mismo. “Calladito -le dijeron los asesores- hasta que pase la manifestación”. Después se descolgó con la llamada al diálogo y la recepción de las huestes manifestantes, aunque luego, para compensar, recibió a los partidarios. Pasado el tercio de muleta para entrar a matar ya se ha quitado de en medio y los que rompen el diálogo los monosabios, porque aquí hasta los subalternos han dejado de lado la faena.
En definitiva un Rodríguez muy bien asesorado que se pone delante del toro cuando ve que no va a tener percance, pero cuando se pone la cosa fea se quita. Las encuestas le daban la razón hasta la semana pasada, veremos a ver qué le recomiendan ahora los asesores. Por cierto, que tome nota Rajoy si quiere tomar la alternativa.
Volviendo al tema, los asesores del Presidente le han recomendado que el caso Montilla mejor “no meneallo” y apartarse de él al máximo. Así lo demostró ayer, cuando se marchó a su despacho en el Congreso para ver el tercio de varas que le tocó lidiar a su subalterna: María Teresa Fernández de la Vega.
Los asesores presidenciales le escribieron un discurso imposible a Rodríguez para el día del debate del Estatuto/Constitución de Cataluña. Cuando había que hablar del tema del pleno, Rodríguez se salió por la tangente con un discurso casi aznariano que nos recordó el “España va bien”, que tanto criticó él mismo cuando estaba en la oposición. En los turnos de réplicas, con otros 13 oradores de su lado, ni se despeinó: café para todos y al día siguiente vino con las declaraciones recortando el Estatuto/Constitución por la mitad.
Para el asunto de la OPA gubernamental, algo inaudito en la democracia española, Rodríguez ya ha mandado al segundo subalterno Pedro Solbes, porque el mozo de espadas, el cordobés afincado en Madrid José Montilla, mejor que ni aparezca en esta historia. Solbes se pasa el día, como si fuera el presidente de la plaza, amonestando a Caruana y a Conthe, del Banco de España y la CNMV, pero no se entera que lo suyo es hacer el paseillo detrás de Rodríguez y estar al quite porque el diestro se lesiona mucho y hay tardes en las que los toros no se dejan.
En lo de la LOE más de lo mismo. “Calladito -le dijeron los asesores- hasta que pase la manifestación”. Después se descolgó con la llamada al diálogo y la recepción de las huestes manifestantes, aunque luego, para compensar, recibió a los partidarios. Pasado el tercio de muleta para entrar a matar ya se ha quitado de en medio y los que rompen el diálogo los monosabios, porque aquí hasta los subalternos han dejado de lado la faena.
En definitiva un Rodríguez muy bien asesorado que se pone delante del toro cuando ve que no va a tener percance, pero cuando se pone la cosa fea se quita. Las encuestas le daban la razón hasta la semana pasada, veremos a ver qué le recomiendan ahora los asesores. Por cierto, que tome nota Rajoy si quiere tomar la alternativa.
Fracasados y fracasos
Ayer la “fracasada” política alemana Angela Merkel tomaba posesión como primer ministro de su país. Nuestros “aliados naturales” del eje franco-alemán son dos demócrata-cristianos, uno de ellos acosado por los problemas internos y otra estrenando mandato tras el fracaso, este sí, de un lagrimoso Schröder, hoy Chirac y Merkel ya están reunidos para fortalecer el eje. Pero esta vez la alemana tiene claro que hay que contar con Reino Unido, segundo día de trabajo de la Merkel. España se tiene que conformar con el ministro de asuntos exteriores que será recibido por Moratinos.
El eje franco-alemán tiene muy claro que su supremacía en la Europa Unida pende de un hilo, a pesar de la devoción ciega de Rodríguez. Para empezar vendrán los recortes de los fondos de cohesión, a los cuales España comienza a no tener casi derecho. Los fondos se derivarán hacia los países de reciente entrada, capitaneados por Polonia que tiene el mismo peso que España en la UE. El revés económico para las arcas del Estado puede ser grande.
Ahora que a Rodríguez sólo le queda enarbolar la bandera de la bonanza económica, en un nuevo “España va bien”, el panorama se tinta gris. Los tipos de interés al alza, con un Euribor a niveles similares a los de hace tres años y el euro a la baja, lo cual forzará una subida de tipos a corto. Los tipos de interés son el mayor culpable del mantenimiento del sector de la construcción en España y si el Euribor sobrepasa los 3,5 puntos vamos a empezar a sufrir una recesión.
Al más que probable recorte de los fondos de cohesión hemos de sumar la política emprendida por el Gobierno Rodríguez de incrementar el déficit público. El efecto combinado de ambos factores puede generar las tensiones monetarias que vivimos en los primeros 90 y tendríamos la crisis económica servida.
Confiemos en que al menos Rodríguez no convierta la economía en un nuevo “fracaso”, pero este de verdad y no como el que le puso en la frente a la nueva jefa del ejecutivo alemán.
El eje franco-alemán tiene muy claro que su supremacía en la Europa Unida pende de un hilo, a pesar de la devoción ciega de Rodríguez. Para empezar vendrán los recortes de los fondos de cohesión, a los cuales España comienza a no tener casi derecho. Los fondos se derivarán hacia los países de reciente entrada, capitaneados por Polonia que tiene el mismo peso que España en la UE. El revés económico para las arcas del Estado puede ser grande.
Ahora que a Rodríguez sólo le queda enarbolar la bandera de la bonanza económica, en un nuevo “España va bien”, el panorama se tinta gris. Los tipos de interés al alza, con un Euribor a niveles similares a los de hace tres años y el euro a la baja, lo cual forzará una subida de tipos a corto. Los tipos de interés son el mayor culpable del mantenimiento del sector de la construcción en España y si el Euribor sobrepasa los 3,5 puntos vamos a empezar a sufrir una recesión.
Al más que probable recorte de los fondos de cohesión hemos de sumar la política emprendida por el Gobierno Rodríguez de incrementar el déficit público. El efecto combinado de ambos factores puede generar las tensiones monetarias que vivimos en los primeros 90 y tendríamos la crisis económica servida.
Confiemos en que al menos Rodríguez no convierta la economía en un nuevo “fracaso”, pero este de verdad y no como el que le puso en la frente a la nueva jefa del ejecutivo alemán.
Paso al centro
Con este eslogan se dirigió la formación fundada por Adolfo Suárez a los votantes en la campaña electoral de 1986. Hoy ese espacio político se encuentra perdido. Sé que muchos no estarán de acuerdo con esta afirmación porque tanto PSOE como PP han defendido su postura centrista en las últimas contiendas electorales. La situación actual nos hace ver a muchos que el bipartidismo tiene la partida ganada.
Por un lado nos encontramos al presidente Rodríguez autodenominándose “rojo” en un intento claro por aniquilar de una vez por todas a Izquierda Unida, una formación en descomposición tras la marcha de su carismático líder y fundador, Julio Anguita. De esta posición ha renacido la vieja moda de llamar “facha” a todo el que no comulga con la posición del Gobierno y sus aliados. Esta corriente se encuentra alimentada por los medios de Grupo Prisa, con la SER a la cabeza como medio que más castiga a la oposición conservadora.
En contraposición nos encontramos con un PP algo desmembrado tras la derrota electoral y queriendo aglutinar un centro-derecha que va desde la posición moderada del Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, hasta la conservadora Esperanza Aguirre, valor en alza para los seguidores de Federico Jiménez Losantos. Hablando de éste último, su éxito entre los sectores más beligerantes con el Gobierno del PSOE ha engendrado una tipología de seguidores radicalizados del PP.
Este panorama de polarización está desencadenando, a mi juicio, la consolidación definitiva del bipartidismo en España. Por eso no nos extraña ver que ambos partidos alimentan el radicalismo y la división de los españoles en dos grandes bandos. En esta división el PP tiene las de perder. Ha quedado muy claro, con el debate reciente de aceptación a trámite de la propuesta de Estatuto/Constitución de Cataluña, que los populares tienen muy complicado volver al poder si no obtienen la mayoría absoluta. La práctica totalidad de los partidos nacionalistas, única alternativa al bipartidismo existente en algunas comunidades autónomas, se ha posicionado exageradamente enfrentadas al PP. En Galicia, Cataluña y Aragón lo han manifestado en los gobiernos autonómicos.
El espacio perdido
En conversación virtual con un añorado amigo, se puso de manifiesto la falta de una alternativa seria y sólida al bipartidismo, pero sobre todo la pérdida del espacio de centro que tuvo el CDS, un partido que aspiró en un momento dado a los 50 escaños. En varios foros he visto a mucha gente bastante moderada que es tachada de “facha” por unos y de “roja” por otros. He comprobado que existen personas que no se sienten representadas por ninguna de las dos opciones principales. Observo que otros se acercan a los nacionalismos y los abrazan ante la falta de un discurso centrado por parte de los partidos mayoritarios.
Algunos me han hablado de los líderes menos radicalizados de PSOE y PP. Me refiero al ministro José Bono por los socialistas y al alcalde Ruiz-Gallardón por los populares. Sin duda muchos era el duelo que esperábamos en las anteriores generales, pero ambos han sido, en cierta manera, arrinconados por sus compañeros de filas. Aunque en el caso de Bono creo que más bien ha sido contentado para evitar una dura oposición al gobierno de su partido desde Castilla La Mancha.
A mi no me importaría ver a estos dos señores juntos luchando por una causa común, menos radical, menos polarizada, más plural y más abierta. En la que no existan los apelativos “facha” ni “rojo” y con la que nos sintamos representados muchos, aunque no seamos mayoría.
Nuestra clase política está en decadencia y sus máximos representantes son dos segundones rodeados de limpiachaquetas. Desde aquí grito por que vuelva la calidad a la escena política. La necesitamos y mucho.
(Se aceptan comentarios y adhesiones).
Por un lado nos encontramos al presidente Rodríguez autodenominándose “rojo” en un intento claro por aniquilar de una vez por todas a Izquierda Unida, una formación en descomposición tras la marcha de su carismático líder y fundador, Julio Anguita. De esta posición ha renacido la vieja moda de llamar “facha” a todo el que no comulga con la posición del Gobierno y sus aliados. Esta corriente se encuentra alimentada por los medios de Grupo Prisa, con la SER a la cabeza como medio que más castiga a la oposición conservadora.
En contraposición nos encontramos con un PP algo desmembrado tras la derrota electoral y queriendo aglutinar un centro-derecha que va desde la posición moderada del Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, hasta la conservadora Esperanza Aguirre, valor en alza para los seguidores de Federico Jiménez Losantos. Hablando de éste último, su éxito entre los sectores más beligerantes con el Gobierno del PSOE ha engendrado una tipología de seguidores radicalizados del PP.
Este panorama de polarización está desencadenando, a mi juicio, la consolidación definitiva del bipartidismo en España. Por eso no nos extraña ver que ambos partidos alimentan el radicalismo y la división de los españoles en dos grandes bandos. En esta división el PP tiene las de perder. Ha quedado muy claro, con el debate reciente de aceptación a trámite de la propuesta de Estatuto/Constitución de Cataluña, que los populares tienen muy complicado volver al poder si no obtienen la mayoría absoluta. La práctica totalidad de los partidos nacionalistas, única alternativa al bipartidismo existente en algunas comunidades autónomas, se ha posicionado exageradamente enfrentadas al PP. En Galicia, Cataluña y Aragón lo han manifestado en los gobiernos autonómicos.
El espacio perdido
En conversación virtual con un añorado amigo, se puso de manifiesto la falta de una alternativa seria y sólida al bipartidismo, pero sobre todo la pérdida del espacio de centro que tuvo el CDS, un partido que aspiró en un momento dado a los 50 escaños. En varios foros he visto a mucha gente bastante moderada que es tachada de “facha” por unos y de “roja” por otros. He comprobado que existen personas que no se sienten representadas por ninguna de las dos opciones principales. Observo que otros se acercan a los nacionalismos y los abrazan ante la falta de un discurso centrado por parte de los partidos mayoritarios.
Algunos me han hablado de los líderes menos radicalizados de PSOE y PP. Me refiero al ministro José Bono por los socialistas y al alcalde Ruiz-Gallardón por los populares. Sin duda muchos era el duelo que esperábamos en las anteriores generales, pero ambos han sido, en cierta manera, arrinconados por sus compañeros de filas. Aunque en el caso de Bono creo que más bien ha sido contentado para evitar una dura oposición al gobierno de su partido desde Castilla La Mancha.
A mi no me importaría ver a estos dos señores juntos luchando por una causa común, menos radical, menos polarizada, más plural y más abierta. En la que no existan los apelativos “facha” ni “rojo” y con la que nos sintamos representados muchos, aunque no seamos mayoría.
Nuestra clase política está en decadencia y sus máximos representantes son dos segundones rodeados de limpiachaquetas. Desde aquí grito por que vuelva la calidad a la escena política. La necesitamos y mucho.
(Se aceptan comentarios y adhesiones).
Inmigración y violencia. Justificar lo injustificable.
He comenzado a sentir cierta preocupación por los intentos de justificación hacia los altercados diarios que se producen en nuestra vecina Francia. Algunos sectores de la prensa y de la propia sociedad analizan los hechos como una consecuencia de la marginación y falta de políticas sociales hacia los inmigrantes. Me preocupa que se intente justificar la violencia. No comprendo los motivos ni las razones y creo excesivas algunas afirmaciones acerca de la "opresión" que sufren estos jóvenes violentos.
En esa justificación aparecen voces, a mi juicio trasnochadas, que hablan de lucha de clases y de nueva revolución. Gente que habla de las clases “desprotegidas y humilladas”, condescendientes con los criminales y acusando a las víctimas.
Recordemos que todo comenzó porque murieron dos jóvenes al resguardarse en una caseta que albergaba un transformador eléctrico cuando se creían perseguidos por la policía gala. Los padres ya han llamado a la tranquilidad por el accidente, pero la violencia callejera no ha cesado. El desencadenante es simplemente incomprensible, pero los hechos están ahí. Se ha aprovechado un hecho lamentable y accidental para provocar una oleada de violencia sin comparación alguna en Europa. Lógicamente hemos de pensar que existía un ambiente previo que ha propiciado la situación.
El caso es que Francia ha mantenido una de las políticas más suaves y respetuosas hacia la inmigración, mayoritariamente de origen musulmán. La inmigración francesa cuenta con una experiencia mucho más amplia que la nuestra y los que ahora parecen estar organizando estos incidentes son la segunda generación. En España empezamos a llegar a este momento del fenómeno pero sobre todo por parte de los latinoamericanos, los cuales comparten cultura y valores con nosotros. De hecho ya existen ciertos movimientos importados como las maras que podrían causar ciertos problemas.
Se trata de un problema muy complejo al que los gobiernos de los países desarrollados han dado diferentes tipos de soluciones. El caso anglosajón, representado en Reino Unido y los EE UU, parece estar dando mejores resultados, aunque está por ver qué sucederá con el fenómeno hispano en Norteamérica. Su modelo ha sido el de la multiculturalidad y ha sido relativamente más sencillo al existir una mayor variedad en la inmigración.
En cualquier caso, Francia es un estado de derecho absolutamente democrático y su gobierno no puede ser tachado de represor, sino más bien de socialdemócrata, aunque gobierne la derecha teórica. Las luchas de clases pasaron hace muchos años y la democracia impera en Occidente. Los descontentos se muestran en las elecciones o, si falta mucho para las elecciones, se convocan manifestaciones en contra de la política del gobierno de turno. Ese es el camino y no se puede justificar, de ninguna de las maneras, tanta violencia.
En esa justificación aparecen voces, a mi juicio trasnochadas, que hablan de lucha de clases y de nueva revolución. Gente que habla de las clases “desprotegidas y humilladas”, condescendientes con los criminales y acusando a las víctimas.
Recordemos que todo comenzó porque murieron dos jóvenes al resguardarse en una caseta que albergaba un transformador eléctrico cuando se creían perseguidos por la policía gala. Los padres ya han llamado a la tranquilidad por el accidente, pero la violencia callejera no ha cesado. El desencadenante es simplemente incomprensible, pero los hechos están ahí. Se ha aprovechado un hecho lamentable y accidental para provocar una oleada de violencia sin comparación alguna en Europa. Lógicamente hemos de pensar que existía un ambiente previo que ha propiciado la situación.
El caso es que Francia ha mantenido una de las políticas más suaves y respetuosas hacia la inmigración, mayoritariamente de origen musulmán. La inmigración francesa cuenta con una experiencia mucho más amplia que la nuestra y los que ahora parecen estar organizando estos incidentes son la segunda generación. En España empezamos a llegar a este momento del fenómeno pero sobre todo por parte de los latinoamericanos, los cuales comparten cultura y valores con nosotros. De hecho ya existen ciertos movimientos importados como las maras que podrían causar ciertos problemas.
Se trata de un problema muy complejo al que los gobiernos de los países desarrollados han dado diferentes tipos de soluciones. El caso anglosajón, representado en Reino Unido y los EE UU, parece estar dando mejores resultados, aunque está por ver qué sucederá con el fenómeno hispano en Norteamérica. Su modelo ha sido el de la multiculturalidad y ha sido relativamente más sencillo al existir una mayor variedad en la inmigración.
En cualquier caso, Francia es un estado de derecho absolutamente democrático y su gobierno no puede ser tachado de represor, sino más bien de socialdemócrata, aunque gobierne la derecha teórica. Las luchas de clases pasaron hace muchos años y la democracia impera en Occidente. Los descontentos se muestran en las elecciones o, si falta mucho para las elecciones, se convocan manifestaciones en contra de la política del gobierno de turno. Ese es el camino y no se puede justificar, de ninguna de las maneras, tanta violencia.
Nuestra posición en el marco internacional y III
Estamos asistiendo en el mundo a un marco político diferente, enrarecido, complejo. Los EE UU están asistiendo a la caída de su influencia, solidificada con la caída del Muro de Berlín a principios de los noventa, debido al ensimismamiento de su líder George W. Bush. En este momento se observa cómo ya comienzan a ser relativamente numerosos los países que dan la espalada al Imperio Estadounidense en distintos escenarios.
En donde la decadencia del vigor estadounidense más mella está haciendo es en América Latina. Comprobamos cómo las dictaduras cubana y venezolana extienden su influencia en Brasil, Argentina, Nicaragua y Bolivia, ésta última pronto caerá en un gobierno populista semidictatorial de izquierdas, similar al de Venezuela. En la Cumbre de las Américas estamos asistiendo a un espectáculo tremendo, en el que los líderes dictatoriales campan a sus anchas por Argentina y aglutinan el odio antigringo desde los movimientos antiglobalización hasta los indígenas americanos, que reclaman las tierras que perdieron en el siglo XVI (Ver serie El choque de culturas).
Ante este panorama que para España supondría una clara oportunidad de recuperar el terreno perdido, la posición del Gobierno Rodríguez está siendo la de alinearse con el radicalismo de izquierdas en una actitud casi de gregarismo. En Latinoamérica existen muchos países en los cuales preocupa el nacimiento de movimientos de extrema izquierda apoyados por gobiernos extranjeros. Muchas naciones necesitan de una consolidación clara de su democracia ante el surgimiento del populismo que se abre paso y amenaza con una nueva oleada de dictablandas esta vez de izquierdas.
Sin embargo, España no es capaz de dar respuesta a esta demanda latente. Es incapaz de recuperar el liderazgo y está poniendo en serio peligro la fortaleza de las multinacionales instaladas en América Latina, las cuales han dotado de fuertes infraestructuras a muchos países y colaborado en la estabilidad económica de la región.
España debe aportar a estos países en vías de desarrollo su experiencia en dos temas fundamentales. Primero el paso de un sistema autocrático dictatorial a una democracia abierta y moderna. Segundo la recuperación económica basada en los ideales de la economía social, frente al liberalismo implacable que ha venido promoviendo EE UU en la zona.
La tarea es inmensa y España debe aprovechar su oportunidad dejando claro que apoya la democracia y los valores de estado de derecho. Estableciendo fuertes lazos con TODOS los países de Latinoamérica, necesitados de nuevas referencias en el marco internacional. En Latinoamérica se encuentra nuestra fortaleza como potencia mundial y nuestros mejores aliados son aquellos con los que compartimos lengua, historia y tradiciones. Al fin y al cabo son países hermanos.
En donde la decadencia del vigor estadounidense más mella está haciendo es en América Latina. Comprobamos cómo las dictaduras cubana y venezolana extienden su influencia en Brasil, Argentina, Nicaragua y Bolivia, ésta última pronto caerá en un gobierno populista semidictatorial de izquierdas, similar al de Venezuela. En la Cumbre de las Américas estamos asistiendo a un espectáculo tremendo, en el que los líderes dictatoriales campan a sus anchas por Argentina y aglutinan el odio antigringo desde los movimientos antiglobalización hasta los indígenas americanos, que reclaman las tierras que perdieron en el siglo XVI (Ver serie El choque de culturas).
Ante este panorama que para España supondría una clara oportunidad de recuperar el terreno perdido, la posición del Gobierno Rodríguez está siendo la de alinearse con el radicalismo de izquierdas en una actitud casi de gregarismo. En Latinoamérica existen muchos países en los cuales preocupa el nacimiento de movimientos de extrema izquierda apoyados por gobiernos extranjeros. Muchas naciones necesitan de una consolidación clara de su democracia ante el surgimiento del populismo que se abre paso y amenaza con una nueva oleada de dictablandas esta vez de izquierdas.
Sin embargo, España no es capaz de dar respuesta a esta demanda latente. Es incapaz de recuperar el liderazgo y está poniendo en serio peligro la fortaleza de las multinacionales instaladas en América Latina, las cuales han dotado de fuertes infraestructuras a muchos países y colaborado en la estabilidad económica de la región.
España debe aportar a estos países en vías de desarrollo su experiencia en dos temas fundamentales. Primero el paso de un sistema autocrático dictatorial a una democracia abierta y moderna. Segundo la recuperación económica basada en los ideales de la economía social, frente al liberalismo implacable que ha venido promoviendo EE UU en la zona.
La tarea es inmensa y España debe aprovechar su oportunidad dejando claro que apoya la democracia y los valores de estado de derecho. Estableciendo fuertes lazos con TODOS los países de Latinoamérica, necesitados de nuevas referencias en el marco internacional. En Latinoamérica se encuentra nuestra fortaleza como potencia mundial y nuestros mejores aliados son aquellos con los que compartimos lengua, historia y tradiciones. Al fin y al cabo son países hermanos.
Aclaraciones sobre el debate de admisión del Estatuto/Constitución de Cataluña
La primera aclaración es poner de manifiesto que la propuesta estatutaria vasca presentada por el Gobierno Ibarretxe no fue admitida a trámite hace tan solo unos meses. El parlamento vasco, tan soberano como el catalán, emitió una propuesta de Estatuto que no gustó a ninguno de los partidos mayoritarios y fue rechazada de plano. En aquel entonces no se tachó a ninguna fuerza política de “querer secuestrar el debate” o de “menoscabar la soberanía del pueblo vasco representado en su parlamento autónomo”. Sin embargo, en este caso, todo han sido descalificaciones, algunas muy excedidas en el debate de admisión, para el único partido que ha pretendido repetir lo que se hizo en febrero con el denominado “Plan Ibarretxe”.
¿Por qué?. Seguramente porque el PNV no era el socio que soportaba la mayoría parlamentaria del Gobierno Rodríguez. Ni tampoco el PSE-PSOE gobierna en Euskadi con los votos del PNV, o viceversa, como lo hace el PSC-PSOE junto con ERC en Cataluña. Simple matemática electoral.
En segundo lugar, quiero señalar que todos los defensores del trámite aprobado en la Cámara Baja han hablado del 90 por ciento de apoyo que tuvo la propuesta en el Parlamento de Cataluña. Haciendo creer de forma demagógica que el apoyo popular de la propuesta es el mismo. Nada más lejos de la realidad. En la encuesta realizada por la Generalidad de Cataluña, tras dos semanas de estar la propuesta rodando por las Cortes y, sobre todo, por los medios de comunicación, ninguno de los ítems tuvo un apoyo de la población de esa magnitud. Incluso el que más apoyo tuvo, la pregunta sobre la oportunidad de la reforma fue de un 71,8 por ciento. Hasta el polémico término “nación” cuenta con un 60,4 por ciento de apoyo, lejos del tan cacareado 90 por ciento. Una cosa es el apoyo político y otra el apoyo del pueblo.
El siguiente aspecto que me resulta curioso es el empeño en acusar a una fuerza política de intentar “pelear al resto de España contra los catalanes”. Unido a esto, el continuo ataque contra este partido por “radicalizar” las posiciones. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que se han producido posiciones muy radicales de una parte de la sociedad, pero no necesariamente se trata de dirigentes políticos, sino de periodistas y opinadores profesionales de un lado y de otro.
Tampoco estoy de acuerdo con la satanización de la postura mantenida por la única fuerza política discrepante. Se trata de un partido con más de nueve millones de votantes, con suficiente capacidad y autoridad democrática como para defender una posición política, por otra parte bastante coherente.
Creo que todos los españoles tenemos claro que nuestra Patria se forma de diferentes regiones, comunidades, nacionalidades o como se les quiera llamar. Con rasgos diferenciados, pero también unidas por la mezcla de los siglos de convivencia. No olvidemos que España, como tal, nació allá por la última década del siglo XV. En el respeto de las diferencias está la democracia, en el respeto de las opiniones también.
¿Por qué?. Seguramente porque el PNV no era el socio que soportaba la mayoría parlamentaria del Gobierno Rodríguez. Ni tampoco el PSE-PSOE gobierna en Euskadi con los votos del PNV, o viceversa, como lo hace el PSC-PSOE junto con ERC en Cataluña. Simple matemática electoral.
En segundo lugar, quiero señalar que todos los defensores del trámite aprobado en la Cámara Baja han hablado del 90 por ciento de apoyo que tuvo la propuesta en el Parlamento de Cataluña. Haciendo creer de forma demagógica que el apoyo popular de la propuesta es el mismo. Nada más lejos de la realidad. En la encuesta realizada por la Generalidad de Cataluña, tras dos semanas de estar la propuesta rodando por las Cortes y, sobre todo, por los medios de comunicación, ninguno de los ítems tuvo un apoyo de la población de esa magnitud. Incluso el que más apoyo tuvo, la pregunta sobre la oportunidad de la reforma fue de un 71,8 por ciento. Hasta el polémico término “nación” cuenta con un 60,4 por ciento de apoyo, lejos del tan cacareado 90 por ciento. Una cosa es el apoyo político y otra el apoyo del pueblo.
El siguiente aspecto que me resulta curioso es el empeño en acusar a una fuerza política de intentar “pelear al resto de España contra los catalanes”. Unido a esto, el continuo ataque contra este partido por “radicalizar” las posiciones. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que se han producido posiciones muy radicales de una parte de la sociedad, pero no necesariamente se trata de dirigentes políticos, sino de periodistas y opinadores profesionales de un lado y de otro.
Tampoco estoy de acuerdo con la satanización de la postura mantenida por la única fuerza política discrepante. Se trata de un partido con más de nueve millones de votantes, con suficiente capacidad y autoridad democrática como para defender una posición política, por otra parte bastante coherente.
Creo que todos los españoles tenemos claro que nuestra Patria se forma de diferentes regiones, comunidades, nacionalidades o como se les quiera llamar. Con rasgos diferenciados, pero también unidas por la mezcla de los siglos de convivencia. No olvidemos que España, como tal, nació allá por la última década del siglo XV. En el respeto de las diferencias está la democracia, en el respeto de las opiniones también.
La monarquía en España, un debate pendiente
Seguramente el revuelo formado con la propuesta de Estatuto/Constitución de Cataluña, hace que no sea lo más recomendable abrir ahora un debate sobre la continuidad del sistema político de monarquía parlamentaria existente en España. Sin embargo, al entrelazarse el nacimiento de la nieta de don Juan Carlos con los acontecimientos políticos, no podemos obviar unos comentarios, dado que antes o después el debate se abrirá en la sociedad española.
Mi primer comentario va destinado a todos aquellos que tienen un mal entendido temor por el término república, que viene a definir el más antiguo de los modelos de democracia, existente ya en tiempos de la Antigua Grecia. Salvando las distancias. Hoy ya no se entiende la antigua terminología postfranquista, dilatada en el tiempo tras el pretendido golpe de Estado de 1981, que designaba como republicanos a los contrarios a los designios del dictador, ni mucho menos. A mi juicio, hoy en día en todo el arco parlamentario español existen, en mayor o menor medida, republicanos. Por tanto, el término republicano, aunque no guste en ciertos ambientes, ha dejado de tener los tintes stalinistas y peyorativos de épocas pasadas.
Por otro lado es cierto que el papel histórico de la monarquía en nuestro país ha sido fundamental como unificador de la Patria. Desde los Reyes Católicos, pioneros en la unificación y creación de lo que hoy entendemos por España, hasta el desatinado e indolente Fernando VII El Desedado, que acabó siendo un fraude pero su figura unió a los españoles frente a la invasión napoleónica. Otra cosa bien distinta es que aquellos reyes vivían situaciones bien distintas, al ser sus gobiernos fruto de la monarquía absoluta, lo cual les permitía soportar todo el poder del Estado. En la actualidad el concepto de monarquía parlamentaria está muy lejos de otorgar ningún papel en la división de poderes al rey, siendo su figura meramente representativa.
A continuación quiero poner de manifiesto la gran distancia que existe entre el sentimiento monárquico de los españoles y el denominado juancarlista. Sin lugar a dudas la figura de nuestro actual rey, don Juan Carlos I, despierta un fuerte nexo de unión entre todos los españoles. Su papel a lo largo de la Transición fue clave y su intervención en el fallido golpe de Estado en los inicios de los 80, le ha valido el respeto absoluto de toda la sociedad española. Dicho en términos coloquiales “se ha ganado el puesto”.
Nuestros actuales reyes se “ganan el puesto” casi a diario, dado que su fuerte carisma, cincelado por una disciplina férrea y el apego a las tradiciones, principalmente por parte de doña Sofía, les han convertido en la mejor imagen que España proyecta hacia el exterior. Esta imagen es especialmente envidiada en Hispanoamérica en donde los reyes de España son amados y respetados por todo el pueblo de nuestros países hermanos.
Ahora bien, salvo que los acontecimientos que se están desarrollando en España, con motivo de la excesiva debilidad institucional en el plano nacional e internacional que está demostrando el actual Gobierno, se tornen amenazantes, el papel de la Corona será cada día menos importante. Y será de menor calado aún cuando se produzca el cambio, bien por abdicación de don Juan Carlos o por sucesión natural, pasando don Felipe a ocupar la corona.
¿Se extinguirá el juancarlismo?. ¿Tienen los Príncipes de Asturias capacidad, no sólo por su formación tan dispar, sino por su liderazgo, para asumir el reto de “ganarse el puesto?. ¿Continuará siendo necesario el papel unificador de la Corona en una democracia madura como la española?. ¿Merece la pena la inversión anual por parte de todos los españoles en la figura de la monarquía?. A todos estos interrogantes hay que sumar la denostada imagen de doña Letizia en muchos sectores de la opinión pública española.
El nacimiento de la infanta Leonor, promete debate. Aunque se quiera ceñir todo al discurso populista y demagógico de la necesidad de eliminar la Ley Sálica, la monarquía podría someterse a plebiscito en breve. Hablo de discurso populista y demagógico porque se habla de “equipar la Constitución a los tiempos que corren”, que argumentó don Felipe de Borbón a los minutos del nacimiento de su hija, pero ¿qué ocurre con la Infanta Elena, postergada por la misma ley que se quiere modificar ahora a bombo y platillo?.
Sin lugar a dudas el debate está latente y su reapertura será encarnizada en los próximos años. Se admiten opiniones.
Mi primer comentario va destinado a todos aquellos que tienen un mal entendido temor por el término república, que viene a definir el más antiguo de los modelos de democracia, existente ya en tiempos de la Antigua Grecia. Salvando las distancias. Hoy ya no se entiende la antigua terminología postfranquista, dilatada en el tiempo tras el pretendido golpe de Estado de 1981, que designaba como republicanos a los contrarios a los designios del dictador, ni mucho menos. A mi juicio, hoy en día en todo el arco parlamentario español existen, en mayor o menor medida, republicanos. Por tanto, el término republicano, aunque no guste en ciertos ambientes, ha dejado de tener los tintes stalinistas y peyorativos de épocas pasadas.
Por otro lado es cierto que el papel histórico de la monarquía en nuestro país ha sido fundamental como unificador de la Patria. Desde los Reyes Católicos, pioneros en la unificación y creación de lo que hoy entendemos por España, hasta el desatinado e indolente Fernando VII El Desedado, que acabó siendo un fraude pero su figura unió a los españoles frente a la invasión napoleónica. Otra cosa bien distinta es que aquellos reyes vivían situaciones bien distintas, al ser sus gobiernos fruto de la monarquía absoluta, lo cual les permitía soportar todo el poder del Estado. En la actualidad el concepto de monarquía parlamentaria está muy lejos de otorgar ningún papel en la división de poderes al rey, siendo su figura meramente representativa.
A continuación quiero poner de manifiesto la gran distancia que existe entre el sentimiento monárquico de los españoles y el denominado juancarlista. Sin lugar a dudas la figura de nuestro actual rey, don Juan Carlos I, despierta un fuerte nexo de unión entre todos los españoles. Su papel a lo largo de la Transición fue clave y su intervención en el fallido golpe de Estado en los inicios de los 80, le ha valido el respeto absoluto de toda la sociedad española. Dicho en términos coloquiales “se ha ganado el puesto”.
Nuestros actuales reyes se “ganan el puesto” casi a diario, dado que su fuerte carisma, cincelado por una disciplina férrea y el apego a las tradiciones, principalmente por parte de doña Sofía, les han convertido en la mejor imagen que España proyecta hacia el exterior. Esta imagen es especialmente envidiada en Hispanoamérica en donde los reyes de España son amados y respetados por todo el pueblo de nuestros países hermanos.
Ahora bien, salvo que los acontecimientos que se están desarrollando en España, con motivo de la excesiva debilidad institucional en el plano nacional e internacional que está demostrando el actual Gobierno, se tornen amenazantes, el papel de la Corona será cada día menos importante. Y será de menor calado aún cuando se produzca el cambio, bien por abdicación de don Juan Carlos o por sucesión natural, pasando don Felipe a ocupar la corona.
¿Se extinguirá el juancarlismo?. ¿Tienen los Príncipes de Asturias capacidad, no sólo por su formación tan dispar, sino por su liderazgo, para asumir el reto de “ganarse el puesto?. ¿Continuará siendo necesario el papel unificador de la Corona en una democracia madura como la española?. ¿Merece la pena la inversión anual por parte de todos los españoles en la figura de la monarquía?. A todos estos interrogantes hay que sumar la denostada imagen de doña Letizia en muchos sectores de la opinión pública española.
El nacimiento de la infanta Leonor, promete debate. Aunque se quiera ceñir todo al discurso populista y demagógico de la necesidad de eliminar la Ley Sálica, la monarquía podría someterse a plebiscito en breve. Hablo de discurso populista y demagógico porque se habla de “equipar la Constitución a los tiempos que corren”, que argumentó don Felipe de Borbón a los minutos del nacimiento de su hija, pero ¿qué ocurre con la Infanta Elena, postergada por la misma ley que se quiere modificar ahora a bombo y platillo?.
Sin lugar a dudas el debate está latente y su reapertura será encarnizada en los próximos años. Se admiten opiniones.
Nuestra posición en el marco internacional II
En Europa la posición de España se ha modificado con la victoria socialista. Hemos pasado del triángulo Reino Unido - Italia – España a seguir fielmente los dictados del eje franco-alemán. Curiosamente Francia y Alemania siempre fueron dos de los países más beligerantes con la España en declive del felipismo, cuando aquellos famosos requisitos de entrada de Maastrich. Ahora los que no cumplen los requisitos y se encuentran en plena crisis económica desde hace más de cuatro años son ellos.
Tanto Francia como Alemania han sido los dos países europeos más reacios a la intervención de EE UU en Irak. Lógico el tema de Francia que es un país que, como la mayoría de las grandes potencias, mezcla los intereses de sus multinacionales con los del Estado. Las empresas petroleras francesas eran las principales perjudicadas con la entrada de EE UU a Irak, como lo ha venido a demostrar el informe de la ONU sobre la corrupción en el programa Petróleo por Alimentos.
Continuando con Irak, la retirada de las tropas españolas, tan cacareada por el Presidente Rodríguez, supuso un varapalo para nuestra diplomacia que dejaba a otros 52 países con tropas desplegadas, incluyendo los contingentes centroamericanos bajo órdenes de nuestra Armada. EE UU entendió que España se plegaba a los intereses de los terroristas después del atentado que aupó al Gobierno de Rodríguez.
El distanciamiento con los EE UU ha sido la principal estrategia política de la diplomacia española desde en inicio de la legislatura. A la salida de las tropas de Irak de forma precipitada y a bombo y platillo, la cual venía precedida del descortés acto de Rodríguez al no levantarse ante la bandera gringa en el desfile del 12 de octubre de 2003, le siguió el apoyo a la candidatura del demócrata Kerry.
Nuestro actual Gobierno se ha caracterizado por entrometerse en las elecciones nacionales de diversos países teóricamente aliados, uno de los más graves errores que se pueden cometer en materia de política internacional. Así Rodríguez mostraba, seguro de su victoria, su apoyo a John Kerry y las elecciones norteamericanas de dieron un varapalo. No contento con eso, en las recientes elecciones alemanas, tras conocerse los resultados provisionales, el Presidente del Gobierno felicitó a Schröder y ante la pírrica victoria de Angela Merkel la llamó “fracasada”. Un gesto que le valió la crítica de personajes tan moderados como Antonio Durán y Lleida. Hoy la “fracasada” es jefa del Gobierno alemán.
Pero si algo ha caracterizado al Gobierno de Rodríguez es su idea de convertirse en Premio Nobel de la Paz mediante la promoción de la denominada Alianza de Civilizaciones. Este delirio de grandeza a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado es una entelequia en la que nadie cree. Algunos países han suscrito la idea para obtener ventajas del Estado español, pero la gran mayoría de las naciones no han respaldado la idea o lo han hecho de forma testimonial.
El grandilocuente invento provoca incredulidad e incluso hilaridad entre propios y extraños. Pero nuestra diplomacia tiene como una de sus principales tareas difundir el mensaje. No corren buenos tiempos para la influencia de España en el exterior como para que cale la ocurrencia.
Tanto Francia como Alemania han sido los dos países europeos más reacios a la intervención de EE UU en Irak. Lógico el tema de Francia que es un país que, como la mayoría de las grandes potencias, mezcla los intereses de sus multinacionales con los del Estado. Las empresas petroleras francesas eran las principales perjudicadas con la entrada de EE UU a Irak, como lo ha venido a demostrar el informe de la ONU sobre la corrupción en el programa Petróleo por Alimentos.
Continuando con Irak, la retirada de las tropas españolas, tan cacareada por el Presidente Rodríguez, supuso un varapalo para nuestra diplomacia que dejaba a otros 52 países con tropas desplegadas, incluyendo los contingentes centroamericanos bajo órdenes de nuestra Armada. EE UU entendió que España se plegaba a los intereses de los terroristas después del atentado que aupó al Gobierno de Rodríguez.
El distanciamiento con los EE UU ha sido la principal estrategia política de la diplomacia española desde en inicio de la legislatura. A la salida de las tropas de Irak de forma precipitada y a bombo y platillo, la cual venía precedida del descortés acto de Rodríguez al no levantarse ante la bandera gringa en el desfile del 12 de octubre de 2003, le siguió el apoyo a la candidatura del demócrata Kerry.
Nuestro actual Gobierno se ha caracterizado por entrometerse en las elecciones nacionales de diversos países teóricamente aliados, uno de los más graves errores que se pueden cometer en materia de política internacional. Así Rodríguez mostraba, seguro de su victoria, su apoyo a John Kerry y las elecciones norteamericanas de dieron un varapalo. No contento con eso, en las recientes elecciones alemanas, tras conocerse los resultados provisionales, el Presidente del Gobierno felicitó a Schröder y ante la pírrica victoria de Angela Merkel la llamó “fracasada”. Un gesto que le valió la crítica de personajes tan moderados como Antonio Durán y Lleida. Hoy la “fracasada” es jefa del Gobierno alemán.
Pero si algo ha caracterizado al Gobierno de Rodríguez es su idea de convertirse en Premio Nobel de la Paz mediante la promoción de la denominada Alianza de Civilizaciones. Este delirio de grandeza a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado es una entelequia en la que nadie cree. Algunos países han suscrito la idea para obtener ventajas del Estado español, pero la gran mayoría de las naciones no han respaldado la idea o lo han hecho de forma testimonial.
El grandilocuente invento provoca incredulidad e incluso hilaridad entre propios y extraños. Pero nuestra diplomacia tiene como una de sus principales tareas difundir el mensaje. No corren buenos tiempos para la influencia de España en el exterior como para que cale la ocurrencia.
Reforma constitucional para acabar con las pretensiones separatistas
Con la reforma del Estatuto/Constitución de Cataluña estamos ante una ocasión histórica para cerrar, de una vez por todas, el capítulo abierto con la Constitución Española de 1978. Está claro que la Constitución ha sido un elemento clave como marco de referencia institucional y de convivencia durante los últimos 27 años. Sin embargo, una Ley Electoral aprovechada hasta sus últimas consecuencias por los partidos regionales y una balcanización progresiva de la política en nuestro país, unido a la no obtención de mayorías absolutas en tres de las cuatro últimas elecciones generales, han permitido que el marco de referencia quede fuera de juego.
Sí, creo que hemos de reformar la Constitución. Hemos de cambiar las reglas de la convivencia porque para muchos no son válidas o, aún siéndolo, quieren jugar con los vacíos legales de una Carta Magna como la nuestra. Porque la Constitución de 1978, nacida del consenso, estaba más orientada a establecer el marco democrático general que a regular el nivel de independencia o autogobierno de las regiones españolas.
Es una oportunidad histórica para cerrar un debate que cada día se recrudece y se lleva a límites insospechados, aprovechando la debilidad institucional del Gobierno como está ocurriendo en estos momentos. La Constitución debe fijar, de una vez por todas el marco, no de referencia, sino institucional definitivo en el que deben moverse las competencias autonómicas. Este proceso de reforma de la Carta Magna debería llevar aparejado otro de adaptación de todos los estatutos autonómicos al nuevo sistema y zanjar en dos o tres años el problema autonomista abierto de forma encarnizada desde 1993. Que se realicen de una vez por todas, con un consenso constitucional y entre los dos partidos mayoritarios, las reformas constitucionales pertinentes, incluida la cesión de competencias de acuerdo a un calendario congruente.
Este gran pacto político debe desembocar en una consolidación de nuestra Patria frente a los intereses locales o regionales y el fortalecimiento de las instituciones y de nuestra posición ante la comunidad internacional. Abogo por suspender todas las reformas actuales de los estatutos autonómicos, estén o no en trámite en las cámaras nacionales o en los parlamentos autónomos. Que se reinicien todos con unas nuevas reglas de juego claras y concisas.
Radical, sin duda. Efectivo, mucho más.
Sí, creo que hemos de reformar la Constitución. Hemos de cambiar las reglas de la convivencia porque para muchos no son válidas o, aún siéndolo, quieren jugar con los vacíos legales de una Carta Magna como la nuestra. Porque la Constitución de 1978, nacida del consenso, estaba más orientada a establecer el marco democrático general que a regular el nivel de independencia o autogobierno de las regiones españolas.
Es una oportunidad histórica para cerrar un debate que cada día se recrudece y se lleva a límites insospechados, aprovechando la debilidad institucional del Gobierno como está ocurriendo en estos momentos. La Constitución debe fijar, de una vez por todas el marco, no de referencia, sino institucional definitivo en el que deben moverse las competencias autonómicas. Este proceso de reforma de la Carta Magna debería llevar aparejado otro de adaptación de todos los estatutos autonómicos al nuevo sistema y zanjar en dos o tres años el problema autonomista abierto de forma encarnizada desde 1993. Que se realicen de una vez por todas, con un consenso constitucional y entre los dos partidos mayoritarios, las reformas constitucionales pertinentes, incluida la cesión de competencias de acuerdo a un calendario congruente.
Este gran pacto político debe desembocar en una consolidación de nuestra Patria frente a los intereses locales o regionales y el fortalecimiento de las instituciones y de nuestra posición ante la comunidad internacional. Abogo por suspender todas las reformas actuales de los estatutos autonómicos, estén o no en trámite en las cámaras nacionales o en los parlamentos autónomos. Que se reinicien todos con unas nuevas reglas de juego claras y concisas.
Radical, sin duda. Efectivo, mucho más.





