Rodríguez en Ceuta y Melilla
Hoy Rodríguez ha realizado un acto de justicia histórica visitando, como prometió Ceuta y Melilla. Esas dos ciudades españolas un tanto olvidadas de los gobiernos y que saltaron este otoño a las portadas de los diarios por los incidentes en sus respectivas fronteras con Marruecos. El comportamiento entonces del Gobierno dejó mucho que desear ante la clara intromisión de los alauitas en nuestra soberanía nacional enviándonos contingentes de subsaharianos. Pero hoy Rodríguez ha estado con los melillenses y los ceutíes, lo cual no ha sentado nada bien a uno de los que se presentan como "aliados estratégicos" de nuestro país: el rey de Marruecos.
El monarca alauita ha criticado muy duramente la visita calificándola de "inoportuna" e insistiendo en la "marroquinidad" de las ciudades españolas. Algunos medios han hablado de posible distanciamiento entre ambas diplomacias y de las "presiones de la derecha" como origen de la vista de nuestro Presidente. El Gobierno a la fecha no ha hecho declaraciones y esperemos que no sienta la necesidad de enviar a Moratinos a "apagar fuegos" como viene siendo la tónica de Rodríguez para no enfadar a nuestros "aliados estratégicos".
El Gobierno español debe dejar claro que la llave de Marruecos hacia una posible negociación de acceso a la UE es España. Las relaciones entre ambos gobiernos no pueden continuar dando la impresión de que España tiene algún tipo de deuda con el reino norteafricano, el cual además de antidemocrático, tiene sobre su cabeza la espada de Damocles de una intervención internacional -que no se producirá- en el caso del Sáhara. Recordemos la innumerables delegaciones de políticos y periodistas españoles que no se han podido bajar del avión cuando han intentado revisar la situación del pueblo saharaui, así como la pasividad del Gobierno de Rodríguez ante tales hechos.
Confío en que el acto de hoy ponga de manifiesto una nueva etapa en las relaciones con Marruecos, las cuales deben ser inmejorables, pero en un plano de equidistancia y poniendo de manifiesto a la diplomacia alauita que la democracia es el primer paso hacia la concordia entre ambas naciones.
El monarca alauita ha criticado muy duramente la visita calificándola de "inoportuna" e insistiendo en la "marroquinidad" de las ciudades españolas. Algunos medios han hablado de posible distanciamiento entre ambas diplomacias y de las "presiones de la derecha" como origen de la vista de nuestro Presidente. El Gobierno a la fecha no ha hecho declaraciones y esperemos que no sienta la necesidad de enviar a Moratinos a "apagar fuegos" como viene siendo la tónica de Rodríguez para no enfadar a nuestros "aliados estratégicos".
El Gobierno español debe dejar claro que la llave de Marruecos hacia una posible negociación de acceso a la UE es España. Las relaciones entre ambos gobiernos no pueden continuar dando la impresión de que España tiene algún tipo de deuda con el reino norteafricano, el cual además de antidemocrático, tiene sobre su cabeza la espada de Damocles de una intervención internacional -que no se producirá- en el caso del Sáhara. Recordemos la innumerables delegaciones de políticos y periodistas españoles que no se han podido bajar del avión cuando han intentado revisar la situación del pueblo saharaui, así como la pasividad del Gobierno de Rodríguez ante tales hechos.
Confío en que el acto de hoy ponga de manifiesto una nueva etapa en las relaciones con Marruecos, las cuales deben ser inmejorables, pero en un plano de equidistancia y poniendo de manifiesto a la diplomacia alauita que la democracia es el primer paso hacia la concordia entre ambas naciones.
Las Naciones y su competitividad
Hoy los países son como grandes empresas. Salvando las distancias, claro está. Un país, al igual que una empresa, tiene competidores. Pero no competidores desde el punto de vista bélico, eso está muy superado. Aunque de vez en cuando algunos quieran dirimir conflictos fronterizos demostrando su debilidad interna. Un ejemplo un tanto baladí y minúsculo fue el ataque de Marruecos a la isla de Perejil. Ni para Marruecos ni para España significa nada ese peñón en mitad de la nada. Pero a Marruecos aquel incidente le sirvió para desviar la atención de la opinión pública en un momento delicado ante la boda de su monarca.
Un país tiene competidores sobre todo en lo económico. Sobre todo los países en desarrollo. En muchos países de América Latina la competencia por atraer inversiones estadounidenses es feroz. Los países saben que una multinacional instalada en el país significa empleo, exportaciones, impuestos, etc. Las naciones también compiten por colocar sus productos agrícolas en el exterior. Muchos países están librando una batalla en la competencia mundial del turismo. Los países más desarrollados luchan porque sus empresas sean cada día más internacionales y puedan vender sus productos en más mercados con menos trabas arancelarias. Y los grandes jugadores luchan por tener más influencia en el mundo: FMI, ONU, OMC, etc.
Sin embargo un país no puede luchar en todos los frentes que se le abren. Una nación no puede luchar por atraer empresas extranjeras, incrementar su turismo, aumentar las exportaciones agrícolas, fomentar la internacionalización de las empresas nacionales y a la vez convertirse en un país influyente en la esfera internacional. Cuando digo que no puede luchar por todo eso a la vez, no digo que físicamente no pueda hacerlo, el problema viene en la asignación de recursos. Si un Gobierno taciturno piensa que puede invertir en todos esos capítulos sin debilitar a ninguno de ellos, acabará dejando de ser competitivo en casi todos los frentes.
Un país tiene que definir una estrategia y elegir objetivos concretos, mesurables y realistas. Además el Gobierno tiene que cohesionar a todo el país para que todos persigan el mismo objetivo. Lógicamente por el camino hay deserciones y aquellos que dejan de formar parte de los objetivos principales se sentirán arrinconados y querrán boicotear al Gobierno o al país entero si hace falta. Es el precio que hay que pagar.
Hoy vemos en cómo en el mundo hay países que tienen muy claro lo que quieren ser y adónde quieren llegar. Como existe la democracia en casi todos ellos, los que no están de acuerdo, se sienten apartados o simplemente quieren tener más poder tienen oportunidad de cambiar el rumbo cada cierto período de tiempo, mediante las elecciones.
Otras naciones, sin embargo, sobre todo como consecuencia de la falta de cohesión interna, vagan sin rumbo por el mapamundi. Quieren competir en todo, porque quieren contentar internamente a todos. Eso, como podemos entender, es imposible. El Gobierno tiene encomendadas unas atribuciones y no puede huir de ellas. No se puede tener a todo el mundo nadando en el mar de la duda por apaciguar a las minorías, porque al final no se contenta a nadie.
Estas minorías perciben rápidamente que están ante un Gobierno débil, inconsistente, sin ideas y falto de autoridad. Entonces se ponen en marcha. Utilizan todos los medios a su alcance para conseguir sus objetivos y cuando los consiguen, continúan demandando más para sus intereses. Mientras la mayoría ve como el Gobierno que eligió les da de lado. Entonces aparecen las encuestas de popularidad y el gobernante débil toma medidas populistas. Así concluye sin pena ni gloria su legislatura, no sin antes asegurarse mediante un año de despilfarro su reelección o, en su caso, la de su sucesor en el partido.
(Publicado originalmente el 2 de noviembre de 2005).
Un país tiene competidores sobre todo en lo económico. Sobre todo los países en desarrollo. En muchos países de América Latina la competencia por atraer inversiones estadounidenses es feroz. Los países saben que una multinacional instalada en el país significa empleo, exportaciones, impuestos, etc. Las naciones también compiten por colocar sus productos agrícolas en el exterior. Muchos países están librando una batalla en la competencia mundial del turismo. Los países más desarrollados luchan porque sus empresas sean cada día más internacionales y puedan vender sus productos en más mercados con menos trabas arancelarias. Y los grandes jugadores luchan por tener más influencia en el mundo: FMI, ONU, OMC, etc.
Sin embargo un país no puede luchar en todos los frentes que se le abren. Una nación no puede luchar por atraer empresas extranjeras, incrementar su turismo, aumentar las exportaciones agrícolas, fomentar la internacionalización de las empresas nacionales y a la vez convertirse en un país influyente en la esfera internacional. Cuando digo que no puede luchar por todo eso a la vez, no digo que físicamente no pueda hacerlo, el problema viene en la asignación de recursos. Si un Gobierno taciturno piensa que puede invertir en todos esos capítulos sin debilitar a ninguno de ellos, acabará dejando de ser competitivo en casi todos los frentes.
Un país tiene que definir una estrategia y elegir objetivos concretos, mesurables y realistas. Además el Gobierno tiene que cohesionar a todo el país para que todos persigan el mismo objetivo. Lógicamente por el camino hay deserciones y aquellos que dejan de formar parte de los objetivos principales se sentirán arrinconados y querrán boicotear al Gobierno o al país entero si hace falta. Es el precio que hay que pagar.
Hoy vemos en cómo en el mundo hay países que tienen muy claro lo que quieren ser y adónde quieren llegar. Como existe la democracia en casi todos ellos, los que no están de acuerdo, se sienten apartados o simplemente quieren tener más poder tienen oportunidad de cambiar el rumbo cada cierto período de tiempo, mediante las elecciones.
Otras naciones, sin embargo, sobre todo como consecuencia de la falta de cohesión interna, vagan sin rumbo por el mapamundi. Quieren competir en todo, porque quieren contentar internamente a todos. Eso, como podemos entender, es imposible. El Gobierno tiene encomendadas unas atribuciones y no puede huir de ellas. No se puede tener a todo el mundo nadando en el mar de la duda por apaciguar a las minorías, porque al final no se contenta a nadie.
Estas minorías perciben rápidamente que están ante un Gobierno débil, inconsistente, sin ideas y falto de autoridad. Entonces se ponen en marcha. Utilizan todos los medios a su alcance para conseguir sus objetivos y cuando los consiguen, continúan demandando más para sus intereses. Mientras la mayoría ve como el Gobierno que eligió les da de lado. Entonces aparecen las encuestas de popularidad y el gobernante débil toma medidas populistas. Así concluye sin pena ni gloria su legislatura, no sin antes asegurarse mediante un año de despilfarro su reelección o, en su caso, la de su sucesor en el partido.
(Publicado originalmente el 2 de noviembre de 2005).
Hechos consumados y que ladren
Las negociaciones para sacar adelante la reforma del Estatuto de Cataluña contra viento y marea continúan su curso entre los actores de esta comedia romántica de segunda en la que lo único relevante son precisamente ellos, no por su nivel, sino por su perseverante mediocridad. Aunque en este “tejemaneje” estatutario aún no me queda claro si quién negocia es el Gobierno de la Nación –la única que hasta hoy existe- con los partidos proponentes de la reforma, o si es el partido que presuntamente ganó las elecciones. Que nadie me malinterprete ni piense que voy a sacar el 11-M de la hemeroteca, que de eso ya hay profesionales. A lo que me refiero es a que parece ser que estamos asistiendo a una negociación del PSOE con PSC, CiU, ERC e IU –lamento haber olvidado el nombre de la secuela catalana del partido tardocomunista-, entonces resulta que PSOE y PSC no son un mismo partido –como no se cansa de decir Maragall, a pesar de Rodríguez-. Por lo tanto, el vencedor de las últimas elecciones fue el PP. Perdón por usar el cinismo.
En cualquier caso a mi me gustaría que se dejase de confundir a la opinión pública y se dijese con rotundidad si quién negocia es el Gobierno o es el PSOE. Sobre todo para que queden claras dos cosas: ¿Cuál es el verdadero papel de un actor llamado Alfredo Pérez Rubalcaba –conocido en algunos círculos como el Goebbels del PSOE- en esta comedia romántica?. Si no está negociando el Gobierno, ¿por qué se ha excluido al PP de la negociación, rompiendo el acuerdo de los dos grandes para consensuar las reformas autonómicas?.
Pasando de la forma al fondo, creo que asistimos a un nuevo movimiento táctico de la estrategia central de Rodríguez –o sus asesores- para esta legislatura, la cual no me harto de repetir: aislar al PP a toda costa. Pero las estrategias resulta que dejan de tener validez cuando son descubiertas, a no ser que la torpeza del enemigo sea tal que no pueda defenderse ni aún conociendo las intenciones del agresor.
La evidencia que tenemos es que los negociantes alcanzarán, tarde o temprano, un acuerdo para sacar adelante un texto conjunto de reforma modificada. El nuevo Estatut estará escrito, decidido, materializado y virtualmente aprobado tras la negociación en curso. El PP puede tender todas la manos que quiera al PSOE para negociar o para unirse a las negociaciones, pero ya lo que le quedará será asumir el texto que le pongan por delante o quedarse una vez más solo, como la una, en el Parlamento.
Hoy Rodríguez lo dejaba bien claro en el Comité Federal del PSOE: “pido un último esfuerzo a los partidos catalanes para sacar adelante las negociaciones”. En unos días lo que narro serán hechos consumados. ¿Qué le quedará al PP?. Lo de siempre: ladrar. Pero ahí entra la consumación de la estrategia y escucharemos estas frases: “El PP no hace oposición responsable, sólo se opone sistemáticamente a todo”. “Se niegan a consensuar y no tienen talante”. “No quieren aceptar la voluntad del pueblo catalán”. Cuando en realidad deberían decir: “Ladran Sancho, luego cabalgamos”.
Ya lo dijo el actor de reparto más destacado de esta comedia romántica: “Los españoles quieren un gobierno que no les mienta”. Así que Rodríguez nunca mentirá porque como dijo Goebbels: “Una mentira adecuadamente repetida mil veces se convierte en una verdad”.
En cualquier caso a mi me gustaría que se dejase de confundir a la opinión pública y se dijese con rotundidad si quién negocia es el Gobierno o es el PSOE. Sobre todo para que queden claras dos cosas: ¿Cuál es el verdadero papel de un actor llamado Alfredo Pérez Rubalcaba –conocido en algunos círculos como el Goebbels del PSOE- en esta comedia romántica?. Si no está negociando el Gobierno, ¿por qué se ha excluido al PP de la negociación, rompiendo el acuerdo de los dos grandes para consensuar las reformas autonómicas?.
Pasando de la forma al fondo, creo que asistimos a un nuevo movimiento táctico de la estrategia central de Rodríguez –o sus asesores- para esta legislatura, la cual no me harto de repetir: aislar al PP a toda costa. Pero las estrategias resulta que dejan de tener validez cuando son descubiertas, a no ser que la torpeza del enemigo sea tal que no pueda defenderse ni aún conociendo las intenciones del agresor.
La evidencia que tenemos es que los negociantes alcanzarán, tarde o temprano, un acuerdo para sacar adelante un texto conjunto de reforma modificada. El nuevo Estatut estará escrito, decidido, materializado y virtualmente aprobado tras la negociación en curso. El PP puede tender todas la manos que quiera al PSOE para negociar o para unirse a las negociaciones, pero ya lo que le quedará será asumir el texto que le pongan por delante o quedarse una vez más solo, como la una, en el Parlamento.
Hoy Rodríguez lo dejaba bien claro en el Comité Federal del PSOE: “pido un último esfuerzo a los partidos catalanes para sacar adelante las negociaciones”. En unos días lo que narro serán hechos consumados. ¿Qué le quedará al PP?. Lo de siempre: ladrar. Pero ahí entra la consumación de la estrategia y escucharemos estas frases: “El PP no hace oposición responsable, sólo se opone sistemáticamente a todo”. “Se niegan a consensuar y no tienen talante”. “No quieren aceptar la voluntad del pueblo catalán”. Cuando en realidad deberían decir: “Ladran Sancho, luego cabalgamos”.
Ya lo dijo el actor de reparto más destacado de esta comedia romántica: “Los españoles quieren un gobierno que no les mienta”. Así que Rodríguez nunca mentirá porque como dijo Goebbels: “Una mentira adecuadamente repetida mil veces se convierte en una verdad”.
De discursos grandilocuentes y promesas incumplidas
El domingo comentábamos la demoledora editorial de Pedro J. Ramírez en la que enfrentaba a José Luis Rodríguez con los postulados del gurú político del Presidente. Aunque el artículo me pareció brillante, no nos resulta fácil contrastarlo dado que el común de los españoles desconocemos hasta qué punto Rodríguez es un fiel seguidor de Pettit. No obstante, lo que sí conocemos la generalidad de nosotros son las promesas electorales y el discurso de Rodríguez en la campaña electoral que lo llevó a Moncloa y en los momentos iniciales de su mandato presidencial.
Por significar algunos precedentes, en la España aznariana de 2004 vivíamos una mayoría absoluta que había creado importantes fracturas en la sociedad como consecuencia de la toma de algunas decisiones en contra de lo que era el sentir general de la población. Al menos esa era la interpretación asumida por muchos y cacareada desde Ferraz y su cohorte mediática. El Gobierno de Aznar basaba su éxito en un período de crecimiento económico y prosperidad de las variables macroeconómicas del cual no se tenían antecedentes en la reciente Historia de España. Desde las tribunas de oradores, los líderes del PSOE con su candidato a la cabeza, minimizaban los datos económicos, atribuyéndolos al entorno internacional –a pesar de la severa crisis que soportaban Francia y Alemania, por citar dos ejemplos-. La estrategia era otra. Había que hablar de grandes ideas, de libertades, de política social, de vivienda. Sobre todo se hablaba de diálogo, frente al “rodillo” de la mayoría absoluta, surgiendo la manoseada palabreja “talante”.
El mensaje del PSOE se inició con motivo del apoyo español a la intervención de EE UU y Reino Unido en Irak. Fue un acoso sistemático, bien diseñado y estratégicamente coordinado. El PP por su parte lo asumió y fue incapaz de contrarrestarlo, seguro de volver a renovar mandato aunque fuese por mayoría simple. Así se fraguó esa opinión generalizada, sobre todo por parte de las generaciones más jóvenes de votantes, de que el PP era un buen partido para lidiar con los temas económicos y el PSOE era el partido que promovía las libertades y el aspecto social. Disculpas por la reducción de los términos al cuasi-simplismo.
En ese escenario se producen los acontecimientos por todos conocidos y el vuelco electoral pretendido. Rodríguez llega a la presidencia y, cautivo por su propio mensaje, inicia la legislatura a base de golpes de efecto: gabinete paritario, vuelta de las tropas de Irak, acuerdos con los socios del PSC, etc. Pero la realidad se impuso a las palabras en pocos meses. Recuerdo que el propio Pedro J. Ramírez pedía margen para Rodríguez, aunque ese discurso duró muy poco porque los hechos ya golpeaban con dureza.
Rodríguez ha decidido continuar con su discurso del talante y el diálogo, aunque cada día lo emplea menos, a pesar de la tozudez con que se presenta la realidad. El alejamiento entre las posturas electorales y los actos de gobierno comenzó cuando Rodríguez decidió sacar adelante una ley de uniones entre personas del mismo sexo –la cual aplaudí en su concepción y necesidad- en la que se intentó ir más lejos que nadie y se puso por delante la palabra “matrimonio”, a pesar de que una parte muy importante de la sociedad, me atrevería a decir la gran mayoría de los españoles, no estaba de acuerdo. El desencuentro llevó a un buen número de españoles a tomar la calle por primera vez en su vida, emulando el estilo que previamente había establecido el propio Rodríguez cuando era oposición. La ley siguió su curso y los manifestantes tuvieron que conformarse con la adrenalina de su “aventura pancartista”.
Aquella primera yuxtaposición entre discursos y hechos se entendió por gran parte de la sociedad como una manipulación del PP. Al fin y al cabo “qué más da una palabra que otra”. El PP reaccionó tarde y llevó la ley ante el Constitucional, con lo cual vinieron a iniciar la consumación del aislamiento pretendido desde el PSOE. En el asunto de la LOE se repite la escena, pero en esta ocasión ya no es “una palabra” es un modelo de formación que no termina de convencer a millones de españoles que se echaron nuevamente a la calle. ¿Dónde quedó el consenso y el diálogo?.
Posteriormente vimos cómo el Gobierno reposicionaba el panorama televisivo español. Canal en abierto para Prisa que convirtió Canal+ en Cuatro, a pesar de que el motivo para adjudicar el canal de pago en tiempos de Felipe González fue la necesidad de una opción de televisión no abierta. Siguiendo en el tema de los medios en Cataluña se impone un modelo de control de contenidos que Montilla quiere extrapolar al resto de España. En el Gobierno las libertades y la transparencia ya no tienen tanta importancia, es más, parece que molestan.
El ejemplo más claro del alejamiento de las promesas con las acciones de Rodríguez lo estamos viendo estos días en la negociación de la reforma estatutaria catalana. Después de muchas equivocaciones el PP tiende la mano al PSOE para consensuar la reforma, pero el principal partido de la oposición continúa esperando mientras se suceden las reuniones con los partidos proponentes. El que no cesaba de hablar de diálogo, de consenso, de talante ahora se ha acostumbrado a esa mayoría absoluta de facto que ejerce con sus socios de legislatura y ha roto el acuerdo existente entre los dos grandes de acordar de forma conjunta los cambios en el esquema autonómico.
En definitiva, la economía nos sigue sonriendo y las grandilocuentes promesas quedaron en el tintero. Los discursos continúan siendo macro y las libertades quedan para la campaña electoral que viene, a ver si renovamos mayoría absoluta.
Por significar algunos precedentes, en la España aznariana de 2004 vivíamos una mayoría absoluta que había creado importantes fracturas en la sociedad como consecuencia de la toma de algunas decisiones en contra de lo que era el sentir general de la población. Al menos esa era la interpretación asumida por muchos y cacareada desde Ferraz y su cohorte mediática. El Gobierno de Aznar basaba su éxito en un período de crecimiento económico y prosperidad de las variables macroeconómicas del cual no se tenían antecedentes en la reciente Historia de España. Desde las tribunas de oradores, los líderes del PSOE con su candidato a la cabeza, minimizaban los datos económicos, atribuyéndolos al entorno internacional –a pesar de la severa crisis que soportaban Francia y Alemania, por citar dos ejemplos-. La estrategia era otra. Había que hablar de grandes ideas, de libertades, de política social, de vivienda. Sobre todo se hablaba de diálogo, frente al “rodillo” de la mayoría absoluta, surgiendo la manoseada palabreja “talante”.
El mensaje del PSOE se inició con motivo del apoyo español a la intervención de EE UU y Reino Unido en Irak. Fue un acoso sistemático, bien diseñado y estratégicamente coordinado. El PP por su parte lo asumió y fue incapaz de contrarrestarlo, seguro de volver a renovar mandato aunque fuese por mayoría simple. Así se fraguó esa opinión generalizada, sobre todo por parte de las generaciones más jóvenes de votantes, de que el PP era un buen partido para lidiar con los temas económicos y el PSOE era el partido que promovía las libertades y el aspecto social. Disculpas por la reducción de los términos al cuasi-simplismo.
En ese escenario se producen los acontecimientos por todos conocidos y el vuelco electoral pretendido. Rodríguez llega a la presidencia y, cautivo por su propio mensaje, inicia la legislatura a base de golpes de efecto: gabinete paritario, vuelta de las tropas de Irak, acuerdos con los socios del PSC, etc. Pero la realidad se impuso a las palabras en pocos meses. Recuerdo que el propio Pedro J. Ramírez pedía margen para Rodríguez, aunque ese discurso duró muy poco porque los hechos ya golpeaban con dureza.
Rodríguez ha decidido continuar con su discurso del talante y el diálogo, aunque cada día lo emplea menos, a pesar de la tozudez con que se presenta la realidad. El alejamiento entre las posturas electorales y los actos de gobierno comenzó cuando Rodríguez decidió sacar adelante una ley de uniones entre personas del mismo sexo –la cual aplaudí en su concepción y necesidad- en la que se intentó ir más lejos que nadie y se puso por delante la palabra “matrimonio”, a pesar de que una parte muy importante de la sociedad, me atrevería a decir la gran mayoría de los españoles, no estaba de acuerdo. El desencuentro llevó a un buen número de españoles a tomar la calle por primera vez en su vida, emulando el estilo que previamente había establecido el propio Rodríguez cuando era oposición. La ley siguió su curso y los manifestantes tuvieron que conformarse con la adrenalina de su “aventura pancartista”.
Aquella primera yuxtaposición entre discursos y hechos se entendió por gran parte de la sociedad como una manipulación del PP. Al fin y al cabo “qué más da una palabra que otra”. El PP reaccionó tarde y llevó la ley ante el Constitucional, con lo cual vinieron a iniciar la consumación del aislamiento pretendido desde el PSOE. En el asunto de la LOE se repite la escena, pero en esta ocasión ya no es “una palabra” es un modelo de formación que no termina de convencer a millones de españoles que se echaron nuevamente a la calle. ¿Dónde quedó el consenso y el diálogo?.
Posteriormente vimos cómo el Gobierno reposicionaba el panorama televisivo español. Canal en abierto para Prisa que convirtió Canal+ en Cuatro, a pesar de que el motivo para adjudicar el canal de pago en tiempos de Felipe González fue la necesidad de una opción de televisión no abierta. Siguiendo en el tema de los medios en Cataluña se impone un modelo de control de contenidos que Montilla quiere extrapolar al resto de España. En el Gobierno las libertades y la transparencia ya no tienen tanta importancia, es más, parece que molestan.
El ejemplo más claro del alejamiento de las promesas con las acciones de Rodríguez lo estamos viendo estos días en la negociación de la reforma estatutaria catalana. Después de muchas equivocaciones el PP tiende la mano al PSOE para consensuar la reforma, pero el principal partido de la oposición continúa esperando mientras se suceden las reuniones con los partidos proponentes. El que no cesaba de hablar de diálogo, de consenso, de talante ahora se ha acostumbrado a esa mayoría absoluta de facto que ejerce con sus socios de legislatura y ha roto el acuerdo existente entre los dos grandes de acordar de forma conjunta los cambios en el esquema autonómico.
En definitiva, la economía nos sigue sonriendo y las grandilocuentes promesas quedaron en el tintero. Los discursos continúan siendo macro y las libertades quedan para la campaña electoral que viene, a ver si renovamos mayoría absoluta.
¿Hay mar de fondo en el asunto del teniente general Mena?
La polvareda que ha levantado el teniente general Mena no es tan fácil de analizar como yo pensaba al principio. Cuando escuché la noticia en TVE tuve claro que al militar se le había ido un poco la mano. Poner en tela de juicio una posible intervención militar si el Estatuto de Cataluña que finalmente se apruebe rompe con la unidad de España, convendréis conmigo en que es un poco fuerte. Nuestra democracia tiene sobrados caminos para garantizar la unidad de España y ni tan siquiera nuestro infortunado Presidente del Gobierno nos conduciría a una situación tan delicada. Siempre he dicho que su lógica es la de las encuestas -y os aseguro que este incidente le ha hecho subir algunos enteros a Rodríguez- por lo que cualquier desestabilización del régimen daría con su imagen y la de su partido por tierra.
Por otra parte, las interpretaciones de su discurso en plan "él sólo citó la Constitución" y, a partir de ahí, el reguero de descalificaciones del tipo "La Constitución arrestada" y similares, no me parecen las más adecuadas. Ningún medio escrito en sus editoriales ha aplaudido ni dado respaldo al teniente general. Es más, la crítica contundente ha sido unánime y les invito a leer el nada sospechoso diario ABC.
En cuanto a la reacción del Gobierno, he de decir que no me la esperaba, aunque me gustaría que la nota del Ministerio de Defensa hubiese sido más explícita. Apoyo la solicitud de comparecencia de Bono por parte del PP. Entiendo que sólo algún tipo de amenaza por parte del militar, provoca una medida de este tipo. La destitución la entiendo debido a la falta de confianza.
Leyendo los comentarios de los foristas de www.terceravia.com, en donde hay de todos los gustos, reflexiono acerca de algunos temas colaterales que se vienen dando. Por una parte el miedo escénico que personas de cierta edad continúan teniendo a todo lo que tenga uniforme. Señal inequívoca de que nuestra Transición continúa abierta hasta que las generaciones que crecimos en plena democracia tomemos el relevo, para lo cual deben faltar como 20 años. Era de esperar la reacción, por tanto de una parte imporante de la población, ante la toma de protagonismo de un militar en materia política.
Por otro lado, la lectura de un comentario del Gabinete de Estudios estratégicos (reproducido en Tercera Vía: http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=132) me hace reflexionar acerca del papel de José Bono como Ministro de Defensa. ¿Qué está ocurriendo dentro del Ejército?. ¿Es realmente el discurso de Mena el sentir generalizado entre los mandos del garante de nuestra soberanía?. ¿Es esta una reacción hacia las actitudes del Gobierno hacia el Ejército?. Esas dudas deben ser aclaradas a la opinión pública y no podemos quedarnos en la superficie del tema ni decir que con esta excepcional medida gubernamental el tema está resuelto.
Rechazo de plano el planteamiento del discurso del teniente general Mena, pero tengo un retrogusto amargo, ¿hay mar de fondo?.
Saludos desde la Tercera Vía.
http://www.terceravia.com
Por otra parte, las interpretaciones de su discurso en plan "él sólo citó la Constitución" y, a partir de ahí, el reguero de descalificaciones del tipo "La Constitución arrestada" y similares, no me parecen las más adecuadas. Ningún medio escrito en sus editoriales ha aplaudido ni dado respaldo al teniente general. Es más, la crítica contundente ha sido unánime y les invito a leer el nada sospechoso diario ABC.
En cuanto a la reacción del Gobierno, he de decir que no me la esperaba, aunque me gustaría que la nota del Ministerio de Defensa hubiese sido más explícita. Apoyo la solicitud de comparecencia de Bono por parte del PP. Entiendo que sólo algún tipo de amenaza por parte del militar, provoca una medida de este tipo. La destitución la entiendo debido a la falta de confianza.
Leyendo los comentarios de los foristas de www.terceravia.com, en donde hay de todos los gustos, reflexiono acerca de algunos temas colaterales que se vienen dando. Por una parte el miedo escénico que personas de cierta edad continúan teniendo a todo lo que tenga uniforme. Señal inequívoca de que nuestra Transición continúa abierta hasta que las generaciones que crecimos en plena democracia tomemos el relevo, para lo cual deben faltar como 20 años. Era de esperar la reacción, por tanto de una parte imporante de la población, ante la toma de protagonismo de un militar en materia política.
Por otro lado, la lectura de un comentario del Gabinete de Estudios estratégicos (reproducido en Tercera Vía: http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=132) me hace reflexionar acerca del papel de José Bono como Ministro de Defensa. ¿Qué está ocurriendo dentro del Ejército?. ¿Es realmente el discurso de Mena el sentir generalizado entre los mandos del garante de nuestra soberanía?. ¿Es esta una reacción hacia las actitudes del Gobierno hacia el Ejército?. Esas dudas deben ser aclaradas a la opinión pública y no podemos quedarnos en la superficie del tema ni decir que con esta excepcional medida gubernamental el tema está resuelto.
Rechazo de plano el planteamiento del discurso del teniente general Mena, pero tengo un retrogusto amargo, ¿hay mar de fondo?.
Saludos desde la Tercera Vía.
http://www.terceravia.com
España Año Cero
Hoy dos de enero se cumplen 514 años de las Capitulaciones de Santa Fe, acuerdo forzado por los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, con Boabdil de Granada por el que la España Peninsular se reunifica y se conforma como el reino que llega hasta nuestros días. El acuerdo de entrega de Granada fue bastante bueno para los granadinos de entonces, ya que los Reyes Católicos aceptaron mantener gran parte de la cultura, religión y economía musulmanas intactas. Fue una negociación dirigida por el rey Fernando muy innovadora para la época. Bien es cierto que no tardarían en modificarse las condiciones tras la salida de la Península de Boabdil, pero se produjo una convivencia entre las dos culturas bastante interesante por largo tiempo.
España repelió una nueva invasión de su país –no la última que la protagonizaron los franceses-, aunque esta costó casi 800 años y marcó el carácter patrio para lo que serían los siglos venideros. La reconquista del territorio se ejecutó a base de someter a la población local mediante la repoblación y la exigencia de tributos a los perdedores. Ese fue el modus operandi de las posteriores conquistas en Canarias, América y Asia, dado que las europeas fueron más complejas y menos duraderas.
En los aledaños de la Corte de Isabel y Fernando, trasladada para el asedio granadino a Santa Fe, se encontraba un genovés de extraño acento que insistía ante los monarcas en iniciar una aventura que marcaría la Historia de la Humanidad. Pero eso es harina de otro costal, aunque supone el inicio del Imperio Español y la supremacía mundial durante dos siglos. A partir de la unión entre las coronas de Castilla y Aragón, el país quedó reunificado y se inició la expansión exterior. Las Canarias fueron las primeras, casi arrebatadas a los portugueses con los que tuvimos que firmar sucesivos tratados para repartirnos el Atlántico –la mar océana-.
¡Qué lejos queda todo aquello!. Otras épocas sin duda. Para los que dicen que no existe una imaginería colectiva hoy casi hemos de darles la razón. Un día como hoy sólo es festividad local en Granada, además durante años ha sido polémica porque los señores de la izquierda decían que aquello fue casi un genocidio. La Historia de España siempre juega a favor del que la mienta. Para los que quieren atacar al sentimiento patriótico, nuestros antepasados fueron unos bárbaros, más salvajes que los musulmanes que invadieron nuestro país, casi tan despiadados como los franceses que hicieron lo propio a principios de XIX.
En cualquier país civilizado y no tan civilizado del planeta se celebra el día de la independencia frente a la metrópoli europea, en unos casos, o a la invasión vecina, en otros. Aquí en España casi nos avergonzamos de haber sido la primera potencia mundial de la era moderna durante más años que ningún otro imperio y todo comenzó tal día como hoy con la recuperación de nuestra propia tierra.
Seguramente habrá quien piense que he soltado un discurso patriotero españolista, pero yo me pregunto ¿qué significan ser un patriotero españolista?, ¿acaso es malo amar a la Patria?, ¿acaso británicos, estadounidenses, franceses, japoneses, mexicanos o cubanos no veneran a su país?. Pero sigo preguntándome ¿será hemos de volver a reconquistar nuestro propio país, esta vez con las ideas, para levantar cabeza?.
España repelió una nueva invasión de su país –no la última que la protagonizaron los franceses-, aunque esta costó casi 800 años y marcó el carácter patrio para lo que serían los siglos venideros. La reconquista del territorio se ejecutó a base de someter a la población local mediante la repoblación y la exigencia de tributos a los perdedores. Ese fue el modus operandi de las posteriores conquistas en Canarias, América y Asia, dado que las europeas fueron más complejas y menos duraderas.
En los aledaños de la Corte de Isabel y Fernando, trasladada para el asedio granadino a Santa Fe, se encontraba un genovés de extraño acento que insistía ante los monarcas en iniciar una aventura que marcaría la Historia de la Humanidad. Pero eso es harina de otro costal, aunque supone el inicio del Imperio Español y la supremacía mundial durante dos siglos. A partir de la unión entre las coronas de Castilla y Aragón, el país quedó reunificado y se inició la expansión exterior. Las Canarias fueron las primeras, casi arrebatadas a los portugueses con los que tuvimos que firmar sucesivos tratados para repartirnos el Atlántico –la mar océana-.
¡Qué lejos queda todo aquello!. Otras épocas sin duda. Para los que dicen que no existe una imaginería colectiva hoy casi hemos de darles la razón. Un día como hoy sólo es festividad local en Granada, además durante años ha sido polémica porque los señores de la izquierda decían que aquello fue casi un genocidio. La Historia de España siempre juega a favor del que la mienta. Para los que quieren atacar al sentimiento patriótico, nuestros antepasados fueron unos bárbaros, más salvajes que los musulmanes que invadieron nuestro país, casi tan despiadados como los franceses que hicieron lo propio a principios de XIX.
En cualquier país civilizado y no tan civilizado del planeta se celebra el día de la independencia frente a la metrópoli europea, en unos casos, o a la invasión vecina, en otros. Aquí en España casi nos avergonzamos de haber sido la primera potencia mundial de la era moderna durante más años que ningún otro imperio y todo comenzó tal día como hoy con la recuperación de nuestra propia tierra.
Seguramente habrá quien piense que he soltado un discurso patriotero españolista, pero yo me pregunto ¿qué significan ser un patriotero españolista?, ¿acaso es malo amar a la Patria?, ¿acaso británicos, estadounidenses, franceses, japoneses, mexicanos o cubanos no veneran a su país?. Pero sigo preguntándome ¿será hemos de volver a reconquistar nuestro propio país, esta vez con las ideas, para levantar cabeza?.
Propósitos de enmienda
Empieza un nuevo año. Una nueva ilusión. Una nueva esperanza. A las tradicionales propuestas en el ámbito personal, cargadas de propósitos de enmienda, quiero sumar las que espero de los demás, los políticos españoles, para este nuevo año que lleva unas horas alumbrándonos. Seguramente les va a sonar repetido, porque uno ya tiene sus puntos de inflexión, sus latiguillos, sus manías, como si de un político se tratase. ¡Dios guarde!, que dicen por estas latitudes.
El primer propósito de enmienda es el empleo del menos común de los sentidos, el sentido común, como mecanismo de actuación en el ámbito político. Cabeza fría y pies calientes para andar el camino. Las vísceras para las parrilladas argentinas. Que nuestros políticos sientan que a sus espaldas cargan, sólo los dos primeros, 21 millones de votos, de almas que les concedieron su confianza. Que piensen en los 11 y 10 millones de españoles que transitaron de su casa al colegio electoral aquel famoso 14-M. Porque somos muchos, muchísimos, infinitamente más numerosos que los cuatro instigadores que desde sus tribunas de opinión pretenden marcar el rumbo de nuestra Patria. Claro que la culpa no es de éstos, si a mi me hiciesen caso Rodríguez y Rajoy sería un instigador con patente de corso, ¿quién puede evitar caer en tal pecado?.
Mi siguiente propósito de enmienda ajeno es la toma de conciencia acerca del sentido de Estado, frente a la conciencia de comunidad de propietarios que embarga el panorama patrio. Somos un país, queridos políticos, a ver si se van enterando de que la comunidad de propietarios es otra cosa, otra figura del ordenamiento jurídico que no alcanza el grado suficiente para estar presente en las Naciones Unidas. A ver si nuestros representantes de la soberanía popular se dan cuenta de que aquí no estamos votando si se construye o no la piscina de los niños y para que me apoyes en las elecciones siguientes te dejo hacer reformas en la terraza. Y luego llegan las conversaciones de patio de comunidad:
– ¿Qué tiene de malo que yo quiera hacer reformas en la terraza?.
– ¡Coño! es que si tu haces reformas, también las va a hacer el del tercero y la fachada va a parecer la del hotel ese nuevo de Madrid que es una bandera de Corea de 80 metros de alta.
– ¡Mira vecino, yo en mi casa hago lo que me da la gana, que para eso pago la hipoteca!.
Cuando tomen conciencia de que España es un país, lo siguiente que pido, y creo que ya entro en el terreno de los Reyes Magos de Oriente, es que luchen por el lugar en el mundo que nos corresponde. Somos el octavo país más rico del planeta. ¿Lo sabían?. ¿Lo sabe Rodríguez?. No podemos seguir de cenicientas en los organismos internacionales, siendo los grandes aliados de las dictaduras y pseudodemocracias del escenario internacional. Entre unos y otros nos condenamos solitos al desagravio mundial, a la segunda división de los países.
Podría relatar otros muchos propósitos de enmienda en pellejo ajeno, pero creo que con esas tres, cumplidas en un cincuenta por ciento, el año que empieza finalizaría bastante mejor que el que acabamos de despedir.
El primer propósito de enmienda es el empleo del menos común de los sentidos, el sentido común, como mecanismo de actuación en el ámbito político. Cabeza fría y pies calientes para andar el camino. Las vísceras para las parrilladas argentinas. Que nuestros políticos sientan que a sus espaldas cargan, sólo los dos primeros, 21 millones de votos, de almas que les concedieron su confianza. Que piensen en los 11 y 10 millones de españoles que transitaron de su casa al colegio electoral aquel famoso 14-M. Porque somos muchos, muchísimos, infinitamente más numerosos que los cuatro instigadores que desde sus tribunas de opinión pretenden marcar el rumbo de nuestra Patria. Claro que la culpa no es de éstos, si a mi me hiciesen caso Rodríguez y Rajoy sería un instigador con patente de corso, ¿quién puede evitar caer en tal pecado?.
Mi siguiente propósito de enmienda ajeno es la toma de conciencia acerca del sentido de Estado, frente a la conciencia de comunidad de propietarios que embarga el panorama patrio. Somos un país, queridos políticos, a ver si se van enterando de que la comunidad de propietarios es otra cosa, otra figura del ordenamiento jurídico que no alcanza el grado suficiente para estar presente en las Naciones Unidas. A ver si nuestros representantes de la soberanía popular se dan cuenta de que aquí no estamos votando si se construye o no la piscina de los niños y para que me apoyes en las elecciones siguientes te dejo hacer reformas en la terraza. Y luego llegan las conversaciones de patio de comunidad:
– ¿Qué tiene de malo que yo quiera hacer reformas en la terraza?.
– ¡Coño! es que si tu haces reformas, también las va a hacer el del tercero y la fachada va a parecer la del hotel ese nuevo de Madrid que es una bandera de Corea de 80 metros de alta.
– ¡Mira vecino, yo en mi casa hago lo que me da la gana, que para eso pago la hipoteca!.
Cuando tomen conciencia de que España es un país, lo siguiente que pido, y creo que ya entro en el terreno de los Reyes Magos de Oriente, es que luchen por el lugar en el mundo que nos corresponde. Somos el octavo país más rico del planeta. ¿Lo sabían?. ¿Lo sabe Rodríguez?. No podemos seguir de cenicientas en los organismos internacionales, siendo los grandes aliados de las dictaduras y pseudodemocracias del escenario internacional. Entre unos y otros nos condenamos solitos al desagravio mundial, a la segunda división de los países.
Podría relatar otros muchos propósitos de enmienda en pellejo ajeno, pero creo que con esas tres, cumplidas en un cincuenta por ciento, el año que empieza finalizaría bastante mejor que el que acabamos de despedir.





