Ahora El Perú
En su tradicional discurso semanal, imitado de su idolatrado Fidel Castro, Hugo Chávez habló de sus inversiones y fichajes en la política continental sin pelos en la lengua. Amenazó: “Ahora en El Perú, en donde vamos a tener otra Bolivia”. Su patrocinado Ollanta Humala encabeza las “apuestas” –antes conocidas como encuestas- electorales frente a la conservadora Lourdes Flores. Humala como Daniel Ortega es un exmilitar cuya familia lidera un movimiento denominado “etnonacionalismo” y propugna la amnistía para Sendero Luminoso y la nacionalización de los medios de comunicación. Claro que Ollanta no ha tardado en renegar de su familia, a pesar de haber sido ferviente admirador de las ideas de los de su mismo apellido hasta hace algo más de un año.
El caso el que Chávez, con “z” de “zorro”, como él se autodenomina mientras llama “borracho” y “genocida” a George W. Bush por su cadena de televisión pública, no tiene reparos en indicar cuáles son sus “apuestas” electorales para el continente. En esta ocasión es Perú el país al que toca controlar por el neo-comunismo. Perú ha vivido cierto milagro económico en los últimos años y sus cifras macroeconómicas han mejorado muchísimo con el gobierno de Alejandro Toledo, al cual se pintaba como a un Evo Morales cualquiera hace una década, pero tras acceder al poder moderó su discurso y ha realizado una muy buena labor en materia económica. Una vez más insuficiente en materia de redistribución de la riqueza, lo cual motiva que el candidato “chavista” haya cambiado su discurso “etnonacionalista” por el “populista” al uso en el continente.
Chávez continúa su expansión política animado por los miles de millones de petrodólares que le están generando los elevadísimos precios del petróleo. Me cuentan que en Nicaragua ha comenzado la campaña y la “diplomacia” venezonalana ha puesto un helicóptero a disposición de Daniel Ortega para que lleve su mensaje populista hasta el más recóndito pueblo del país centroamericano. En Ecuador se alzan miles contra el TLC con EE UU, jaleados por los filibusteros chavistas, una nueva clase social latinoamericana en ebullición.
Que la Unión Europea y los EE UU sigan mirando para otro lado, cuando lleguen los “bomberos” el incendio será imposible de extinguir.
P.S.: Web recomendada: http://ollantaprensa.tripod.com.pe/
El caso el que Chávez, con “z” de “zorro”, como él se autodenomina mientras llama “borracho” y “genocida” a George W. Bush por su cadena de televisión pública, no tiene reparos en indicar cuáles son sus “apuestas” electorales para el continente. En esta ocasión es Perú el país al que toca controlar por el neo-comunismo. Perú ha vivido cierto milagro económico en los últimos años y sus cifras macroeconómicas han mejorado muchísimo con el gobierno de Alejandro Toledo, al cual se pintaba como a un Evo Morales cualquiera hace una década, pero tras acceder al poder moderó su discurso y ha realizado una muy buena labor en materia económica. Una vez más insuficiente en materia de redistribución de la riqueza, lo cual motiva que el candidato “chavista” haya cambiado su discurso “etnonacionalista” por el “populista” al uso en el continente.
Chávez continúa su expansión política animado por los miles de millones de petrodólares que le están generando los elevadísimos precios del petróleo. Me cuentan que en Nicaragua ha comenzado la campaña y la “diplomacia” venezonalana ha puesto un helicóptero a disposición de Daniel Ortega para que lleve su mensaje populista hasta el más recóndito pueblo del país centroamericano. En Ecuador se alzan miles contra el TLC con EE UU, jaleados por los filibusteros chavistas, una nueva clase social latinoamericana en ebullición.
Que la Unión Europea y los EE UU sigan mirando para otro lado, cuando lleguen los “bomberos” el incendio será imposible de extinguir.
P.S.: Web recomendada: http://ollantaprensa.tripod.com.pe/
RTVE lo que necesita es una privatización
Con sorpresa hemos recibido la noticia del tremendo recorte de plantilla de RTVE cifrado en torno al 44% de total de los empleados, incluidos los artistas con contrato mercantil -habitualmente bastante sustancioso-. En principio parece una buena noticia que nos llevará a reducir el tremendo déficit que pagamos entre todos para tener lo que los sindicatos denominaban hoy un "servicio público". Concretamente La Primera es un "servicio público" idéntico al que prestan otros cinco canales de televisión en nuestro país, amén de las autonómicas que crecen como hongos y se multiplican como conejos. A estas alturas de nuestra democracia los españoles ya reconocemos lo que es un servicio público de lo que es un instrumento de poder al servicio de los que gobiernan. Mande quien mande la televisión pública se utiliza como mecanismo de influencia en el electorado y como método para fomentar el clientelismo por vía de contrataciones y similares.
Es muy curioso que este Gobierno haya logrado incrementar la competencia en el sector de la TV en abierto otorgando licencias a los amigos y ahora empiece el desmantelamiento o la reestructuración de algo que lleva muerto desde que accedió al poder el PSOE, momento en el que se inició la decadencia del "share" de La Primera. Visto esto creo que lo mejor y más coherente hubiera sido privatizar La Primera en vez de regalar licencias, pero resulta que ahora el PSOE tiene más resortes mediáticos favorables.
En cualquier caso la coherencia no es algo que rija las decisiones de este Gobierno y ahora vamos a asistir a un proceso en el que seguro que la competitividad de los medios del grupo RTVE continúa descendiendo. Con lo cual creo que lo mejor sería vender La Primera ahora que estamos a tiempo y mantener La 2 como un servicio público cultural y dejarnos de grandes producciones para los amiguetes.
Es muy curioso que este Gobierno haya logrado incrementar la competencia en el sector de la TV en abierto otorgando licencias a los amigos y ahora empiece el desmantelamiento o la reestructuración de algo que lleva muerto desde que accedió al poder el PSOE, momento en el que se inició la decadencia del "share" de La Primera. Visto esto creo que lo mejor y más coherente hubiera sido privatizar La Primera en vez de regalar licencias, pero resulta que ahora el PSOE tiene más resortes mediáticos favorables.
En cualquier caso la coherencia no es algo que rija las decisiones de este Gobierno y ahora vamos a asistir a un proceso en el que seguro que la competitividad de los medios del grupo RTVE continúa descendiendo. Con lo cual creo que lo mejor sería vender La Primera ahora que estamos a tiempo y mantener La 2 como un servicio público cultural y dejarnos de grandes producciones para los amiguetes.
Conflicto Uruguay-Argentina a cuenta de las plantas de celulosa
A continuación repoduzco artículo de Eduardo Caldarola sobre el conflicto, que va en espiral, entre los vecinos Argentina y Uruguay:
El proyecto de construir dos fábricas de celulosa (materia prima imprescindible para la fabricación de papel) por parte del Gobierno uruguayo en la localidad de Fray Bentos, sobre el río homónimo –al que Borges llamó “el río inmóvil”-, límite geográfico de ambas naciones del Plata, Argentina y Uruguay, ha desencadenado una tensión en la zona que no se vivía, si me permiten la licencia, desde que el Graf Spee, acorazado nazi de gran potencia mortífera, se ocultó en el puerto de Montevideo intentando escapar de la persecución de varios buques aliados. La historia concluyó con la autodestrucción del poderoso navío, ordenada por el capitán alemán para que no cayera en manos enemigas.
El conflicto suscitado es aparentemente medioambiental –las papeleras tienen muy mala prensa y suelen contaminar, en mayor o menor medida-, aunque ha traspasado estos límites y se ha convertido en un delicadísimo entuerto político y diplomático que afecta, nada más ni nada menos, que a la propia credibilidad del MERCOSUR. En los últimos días, el ex presidente argentino Raúl Alfonsín incluso ha llegado a manifestar que “si esta disputa no se resuelve adecuadamente, el propio MERCOSUR se encuentra en peligro”.
Veamos los antecedentes. Uruguay comenzó con el proceso de forestación en los años 80 –o sea, hace más de 20 años- con la convicción de que lograría, en el futuro, inversiones de papeleras. Por su parte, en Argentina, como recuerda en un magnífico artículo en “La Nación” Joaquín Morales Solá, uno de los mejores analistas argentinos, “el problema de esas fábricas sólo es importante para algunas ciudades del Litoral argentino”. La localización de las plantas de celulosa, sobre la parte uruguaya del río Uruguay, ha desatado, sobre todo en la provincia argentina de Entre Ríos, situada en el noreste argentino, el miedo ciudadano a una contaminación del citado curso fluvial. La situación ha llegado a tal extremo que vecinos argentinos de la zona y pequeños pero muy activos grupos de ecologistas han llegado a bloquear –desde hace casi 30 días- dos de los tres puentes que unen por carretera ambos países, lo que ha generado pérdidas económicas a ambos lados y un caos en las comunicaciones desconocido hasta el momento.
Dos empresas, la española Ence –denunciada en otras ocasiones por contaminar-, y la finlandesa Botnia, que poseen algo más de 110.000 hectáreas de plantaciones, son las promotoras de ambas plantas. Hasta ahora habían estado calladas, aunque en los últimos días han salido a la palestra para defender el proyecto a través de solicitadas pagadas en los principales periódicos, especialmente argentinos.
Dicen que las disputas entre hermanos pueden ser terribles, y ésta va camino de convertirse en un drama con secuelas irreparables. Los uruguayos aseguran que las fábricas tienen una tecnología muy avanzada, que las plantas cumplen los requisitos ecológicos internacionales, y que no contaminarán. Ante esta opinión, los argentinos afirman que sus vecinos uruguayos deberían detenerse un momento –no avanzar con las obras, Kirchner pidió que se paralizaran durante 90 días-, mostrar las comprobaciones que dejan clara la no contaminación, y acordar con ellos las inspecciones y controles futuras. Todo ello a cambio de liberar los puentes ahora “tomados”. También aseguran que el accionar de los uruguayos viola el tratado internacional del río Uruguay, que obliga a una gestión compartida.
Lo cierto es que hasta un presidente considerado un hombre moderado, amable, con cintura política y alejado de protagonismos innecesarios, como el uruguayo Tabaré Vázquez, ha perdido su proverbial tranquilidad. Le va mucho en el envite, porque en Uruguay este tema ha calado en toda la sociedad, que considera una intolerable intromisión argentina –el hermano mayor al que hay que aguantar, a veces muy a pesar nuestro- en el manejo de asuntos internos uruguayos.
Moratinos ha estado hace poco mediando por allí. No se conocen los resultados, pero parece que no ha logrado mucho. El nivel de discordia es tal que, hacia finales de marzo o principios de abril, se espera la visita en la zona de Tarja Halonen, jefa del Estado finlandés. Desde luego, no es Finlandia un país considerado poco respetuoso con el medio ambiente, pero esta visita tendrá como objetivo, sin duda, apuntalar el proyecto tal como lo defienden los uruguayos, los más interesados en el desarrollo del mismo. No obstante, y como afirma el citado Morales Solá, “la mancha del conflicto se extiende peligrosamente. Brasil acaba de anunciar la posible construcción de otra papelera en el río compartido. Paraguay está a punto de reclamar por una papelera argentina en Puerto Piray, sobre el río también compartido. Y Chile comenzó a usar barcos para su relación comercial con Uruguay, porque el corredor bioceánico seco –en que une Chile, la Argentina y Uruguay- está obturado en Gualeguaychú y en Colón”. O sea, esta tensión bien podría contaminar, nunca mejor dicho, a todo el Cono Sur.
Discursos belicosos no escuchados en los últimos decenios, pérdida de la moderación en todos lo sentidos, poco ánimo de conciliación, y, sobre todo, ver quién da el primer paso para comenzar a destrabar una disputa en la que ha intervenido hasta el reconocido escritor uruguayo Mario Benedetti, apoyando a su Gobierno e incluso llegando a afirmar que “el gobernador de la provincia de Entre Ríos, Busti, había solicitado importantes +coimas+ a las empresas responsables de las obras para poder continuar con los trabajos”. Jorge Busti le respondió afirmando que “leían mucho por aquellos pagos a Benedetti, pero que en esta cuestión la razón no estaba de su parte”.
Algunos analistas, como el propio Solá y otros, afirman que el primer paso lo debe dar “el más grande, al menos en tamaño de país”. Y éste es Argentina. “No se trata”, afirman, “de ver quién tiene la razón. Se trata de la generosidad que obliga al más grande y de la situación social y política interna”.
Los uruguayos ya han solicitado, y conseguido, la mediación de la OEA (Organización de Estados Americanos), para que se termine el corte de las estratégicas rutas desde Argentina, a lo que los ciudadanos de aquel país en la zona se oponen rotundamente. Desde luego, los gobiernos deberían reanudar el diálogo prácticamente interrumpido, y las propias empresas aportar pistas para la solución (puede que sea el motivo de la visita de la Jefa del Estado finlandés). Lo otro es la disputa en La Haya, el larguísimo “camino de la Ley”, con asfixias económicas, nuevas alianzas políticas poco beneficiosas para alguna de las partes, desinversiones y parálisis del MERCOSUR. O sea, casi un proceso de autodestrucción, como sucedió con el legendario Graf Spee.
Eduardo Caldarola de Bello
El proyecto de construir dos fábricas de celulosa (materia prima imprescindible para la fabricación de papel) por parte del Gobierno uruguayo en la localidad de Fray Bentos, sobre el río homónimo –al que Borges llamó “el río inmóvil”-, límite geográfico de ambas naciones del Plata, Argentina y Uruguay, ha desencadenado una tensión en la zona que no se vivía, si me permiten la licencia, desde que el Graf Spee, acorazado nazi de gran potencia mortífera, se ocultó en el puerto de Montevideo intentando escapar de la persecución de varios buques aliados. La historia concluyó con la autodestrucción del poderoso navío, ordenada por el capitán alemán para que no cayera en manos enemigas.
El conflicto suscitado es aparentemente medioambiental –las papeleras tienen muy mala prensa y suelen contaminar, en mayor o menor medida-, aunque ha traspasado estos límites y se ha convertido en un delicadísimo entuerto político y diplomático que afecta, nada más ni nada menos, que a la propia credibilidad del MERCOSUR. En los últimos días, el ex presidente argentino Raúl Alfonsín incluso ha llegado a manifestar que “si esta disputa no se resuelve adecuadamente, el propio MERCOSUR se encuentra en peligro”.
Veamos los antecedentes. Uruguay comenzó con el proceso de forestación en los años 80 –o sea, hace más de 20 años- con la convicción de que lograría, en el futuro, inversiones de papeleras. Por su parte, en Argentina, como recuerda en un magnífico artículo en “La Nación” Joaquín Morales Solá, uno de los mejores analistas argentinos, “el problema de esas fábricas sólo es importante para algunas ciudades del Litoral argentino”. La localización de las plantas de celulosa, sobre la parte uruguaya del río Uruguay, ha desatado, sobre todo en la provincia argentina de Entre Ríos, situada en el noreste argentino, el miedo ciudadano a una contaminación del citado curso fluvial. La situación ha llegado a tal extremo que vecinos argentinos de la zona y pequeños pero muy activos grupos de ecologistas han llegado a bloquear –desde hace casi 30 días- dos de los tres puentes que unen por carretera ambos países, lo que ha generado pérdidas económicas a ambos lados y un caos en las comunicaciones desconocido hasta el momento.
Dos empresas, la española Ence –denunciada en otras ocasiones por contaminar-, y la finlandesa Botnia, que poseen algo más de 110.000 hectáreas de plantaciones, son las promotoras de ambas plantas. Hasta ahora habían estado calladas, aunque en los últimos días han salido a la palestra para defender el proyecto a través de solicitadas pagadas en los principales periódicos, especialmente argentinos.
Dicen que las disputas entre hermanos pueden ser terribles, y ésta va camino de convertirse en un drama con secuelas irreparables. Los uruguayos aseguran que las fábricas tienen una tecnología muy avanzada, que las plantas cumplen los requisitos ecológicos internacionales, y que no contaminarán. Ante esta opinión, los argentinos afirman que sus vecinos uruguayos deberían detenerse un momento –no avanzar con las obras, Kirchner pidió que se paralizaran durante 90 días-, mostrar las comprobaciones que dejan clara la no contaminación, y acordar con ellos las inspecciones y controles futuras. Todo ello a cambio de liberar los puentes ahora “tomados”. También aseguran que el accionar de los uruguayos viola el tratado internacional del río Uruguay, que obliga a una gestión compartida.
Lo cierto es que hasta un presidente considerado un hombre moderado, amable, con cintura política y alejado de protagonismos innecesarios, como el uruguayo Tabaré Vázquez, ha perdido su proverbial tranquilidad. Le va mucho en el envite, porque en Uruguay este tema ha calado en toda la sociedad, que considera una intolerable intromisión argentina –el hermano mayor al que hay que aguantar, a veces muy a pesar nuestro- en el manejo de asuntos internos uruguayos.
Moratinos ha estado hace poco mediando por allí. No se conocen los resultados, pero parece que no ha logrado mucho. El nivel de discordia es tal que, hacia finales de marzo o principios de abril, se espera la visita en la zona de Tarja Halonen, jefa del Estado finlandés. Desde luego, no es Finlandia un país considerado poco respetuoso con el medio ambiente, pero esta visita tendrá como objetivo, sin duda, apuntalar el proyecto tal como lo defienden los uruguayos, los más interesados en el desarrollo del mismo. No obstante, y como afirma el citado Morales Solá, “la mancha del conflicto se extiende peligrosamente. Brasil acaba de anunciar la posible construcción de otra papelera en el río compartido. Paraguay está a punto de reclamar por una papelera argentina en Puerto Piray, sobre el río también compartido. Y Chile comenzó a usar barcos para su relación comercial con Uruguay, porque el corredor bioceánico seco –en que une Chile, la Argentina y Uruguay- está obturado en Gualeguaychú y en Colón”. O sea, esta tensión bien podría contaminar, nunca mejor dicho, a todo el Cono Sur.
Discursos belicosos no escuchados en los últimos decenios, pérdida de la moderación en todos lo sentidos, poco ánimo de conciliación, y, sobre todo, ver quién da el primer paso para comenzar a destrabar una disputa en la que ha intervenido hasta el reconocido escritor uruguayo Mario Benedetti, apoyando a su Gobierno e incluso llegando a afirmar que “el gobernador de la provincia de Entre Ríos, Busti, había solicitado importantes +coimas+ a las empresas responsables de las obras para poder continuar con los trabajos”. Jorge Busti le respondió afirmando que “leían mucho por aquellos pagos a Benedetti, pero que en esta cuestión la razón no estaba de su parte”.
Algunos analistas, como el propio Solá y otros, afirman que el primer paso lo debe dar “el más grande, al menos en tamaño de país”. Y éste es Argentina. “No se trata”, afirman, “de ver quién tiene la razón. Se trata de la generosidad que obliga al más grande y de la situación social y política interna”.
Los uruguayos ya han solicitado, y conseguido, la mediación de la OEA (Organización de Estados Americanos), para que se termine el corte de las estratégicas rutas desde Argentina, a lo que los ciudadanos de aquel país en la zona se oponen rotundamente. Desde luego, los gobiernos deberían reanudar el diálogo prácticamente interrumpido, y las propias empresas aportar pistas para la solución (puede que sea el motivo de la visita de la Jefa del Estado finlandés). Lo otro es la disputa en La Haya, el larguísimo “camino de la Ley”, con asfixias económicas, nuevas alianzas políticas poco beneficiosas para alguna de las partes, desinversiones y parálisis del MERCOSUR. O sea, casi un proceso de autodestrucción, como sucedió con el legendario Graf Spee.
Eduardo Caldarola de Bello
El PP a la deriva a pesar de la Convención
A nadie se le escapan los tremendos errores de gestión perpetrados por Rodríguez desde que llegó al poder aquel marzo terrorista de 2004. Desde la érratica política internacional, a la reforma del modelo de Estado de forma unilateral o con el apoyo de grupos nacionalistas minoritarios, pasando por diversas leyes que no han satisfecho a sectores muy amplios de la población que se han echado a la calle en repetidas ocasiones.
Pero el Partido Popular no sólo no ha sacado clara ventaja del mal gobierno de los socialistas, sino que las encuestas le dan ventaja al PSOE y Rodríguez está muy por encima en valoración frente a Rajoy. El PP no termina de superar el síndrome del 11-M y son muchos los seguidores populares que hablan de agotamiento de las ideas y las personas en el seno del segundo partido de España. La sombra de Aznar es alargada y su protagonismo no ha cesado dentro del partido y en la política nacional.
El hombre del "cuaderno azul" al igual que su antecesor en el cargo de ex-presidente no ve el momento de marcharse. Dejó a su perro fiel de candidato, como lo hizo Felipe, éste después de quitarse de enmedio al incómodo Borrell, en el primer atisbo de democracia interna, fallido con estrépito, dentro del bipartidismo. Pero Aznar no sólo dejó a Rajoy, sino a todo el aparato que él mismo instaló intacto. De modo que cada vez que existen algunos "barones intocables" como Acebes o Zaplana. Ahora cada vez que vemos a Acebes en la tele nos acordamos de ese ministro del Interior demacrado y con la barba cerrada que repetía sin cesar: "Ha sido ETA". Ahora Acebes es ese portavoz-doberman de verbo fácil pero labio complicao que diría Alejandro Sanz. Es el Pepiño Blanco -mejor vestido- del PP. Mucho más implecable en la vestimenta y el verbo Zaplana que cansa, agota verlo y ha dejado de ser creíble.
Rajoy se cree lo que le dice Aznar y piensa que tiene opciones para la siguiente contienda electoral. Pero no las tiene porque necesita muchos más votos para ganar que en aquel fatídico 14-M y el personal no está por la labor. Necesita dar un vuelco electoral que hoy las encuestas -casi en empate técnico- no vislumbran. Una victoria contundente que no permita al PSOE jugar a crear mayorías ficticias pactando con dos o tres partidos nacionalistas y con los "a extinguir" -por las urnas y las disputas internas- comunistas.
El otro día en una entrevista decía Rajoy que de caras nuevas "res de res", pero su público se lo pide, salvo los jimenezlosantianos que están encantados con el exministro derrotado y el rottwailer valenciano vestido de sastre. Eso es mirar para otro lado. Como cuando la periodista le pregunto por sus errores en la oposción y salió por los Cerros de Úbeda. El discurso cada vez más tardoaznariano.
Al PP sólo le queda que Ruiz-Gallardón deje Madrid empantanado en obras y opte a quitar a Rodríguez de la escena, lo otro son cuatro años chupando banquillo, al estilo de los malcriados del Real Madrid.
Pero el Partido Popular no sólo no ha sacado clara ventaja del mal gobierno de los socialistas, sino que las encuestas le dan ventaja al PSOE y Rodríguez está muy por encima en valoración frente a Rajoy. El PP no termina de superar el síndrome del 11-M y son muchos los seguidores populares que hablan de agotamiento de las ideas y las personas en el seno del segundo partido de España. La sombra de Aznar es alargada y su protagonismo no ha cesado dentro del partido y en la política nacional.
El hombre del "cuaderno azul" al igual que su antecesor en el cargo de ex-presidente no ve el momento de marcharse. Dejó a su perro fiel de candidato, como lo hizo Felipe, éste después de quitarse de enmedio al incómodo Borrell, en el primer atisbo de democracia interna, fallido con estrépito, dentro del bipartidismo. Pero Aznar no sólo dejó a Rajoy, sino a todo el aparato que él mismo instaló intacto. De modo que cada vez que existen algunos "barones intocables" como Acebes o Zaplana. Ahora cada vez que vemos a Acebes en la tele nos acordamos de ese ministro del Interior demacrado y con la barba cerrada que repetía sin cesar: "Ha sido ETA". Ahora Acebes es ese portavoz-doberman de verbo fácil pero labio complicao que diría Alejandro Sanz. Es el Pepiño Blanco -mejor vestido- del PP. Mucho más implecable en la vestimenta y el verbo Zaplana que cansa, agota verlo y ha dejado de ser creíble.
Rajoy se cree lo que le dice Aznar y piensa que tiene opciones para la siguiente contienda electoral. Pero no las tiene porque necesita muchos más votos para ganar que en aquel fatídico 14-M y el personal no está por la labor. Necesita dar un vuelco electoral que hoy las encuestas -casi en empate técnico- no vislumbran. Una victoria contundente que no permita al PSOE jugar a crear mayorías ficticias pactando con dos o tres partidos nacionalistas y con los "a extinguir" -por las urnas y las disputas internas- comunistas.
El otro día en una entrevista decía Rajoy que de caras nuevas "res de res", pero su público se lo pide, salvo los jimenezlosantianos que están encantados con el exministro derrotado y el rottwailer valenciano vestido de sastre. Eso es mirar para otro lado. Como cuando la periodista le pregunto por sus errores en la oposción y salió por los Cerros de Úbeda. El discurso cada vez más tardoaznariano.
Al PP sólo le queda que Ruiz-Gallardón deje Madrid empantanado en obras y opte a quitar a Rodríguez de la escena, lo otro son cuatro años chupando banquillo, al estilo de los malcriados del Real Madrid.





