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Ni conmigo ni sin mi
Ideas sobre España, su posición en el Mundo. Nuestra relación histórica con Latinoamérica.
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Occidente es una entelequia I
Al socaire de las declaraciones malinterpretadas –como de costumbre- del máximo pontífice de la iglesia católica, uno de los inestimables foristas de Tercera Vía sacó a relucir la reacción de “Occidente” ante la violencia desatada en el mundo fundamentalista islámico. No es el objetivo de estas líneas realizar mayor análisis o referencia a la sobredimensionada ocurrencia papal, sino centrarse en ese término empleado, en este caso, como referencia a una realidad distorsionada, difuminada, casi invisible: Occidente.

¿Qué es “Occidente”?. Se habla de “cultura occidental” como contraparte de la “cultura oriental”, pero ya las latitudes no existen en un mundo globalizado. El origen parece encontrarse en la Edad Media y los grandes enfrentamientos de tinte religioso. Si hoy hablamos de religión, encontramos más población cristiana en el Líbano, en términos relativos, de la que pueda haber en muchos barrios de las grandes metrópolis europeas, como Paris, Londres o Berlín. Incluso el catolicismo se encuentra en franco retroceso en todo el mundo frente a otrora religiones minoritarias y sectas, cuando no en contrapartida de un ateísmo militante.

Si hacemos referencia a parámetros de desarrollo, sería difícil encontrar en las latitudes similitudes en los niveles de renta o industrialización de los países, salvando Europa y África, en los extremos opuestos. Porque América, salvo lo que existe al norte de México, tiene una amalgama de tercermundismo y países de desarrollo intermedio difícil de definir. Sin hablar de Asia, con sus “tigres” y sus paraísos de desarrollo financiero como Taiwán o Singapur. ¿Dónde ubicar a Sudáfrica o a los Emiratos Árabes Unidos?.

De costumbres antagónicas no podemos hablar. Hoy el costumbrismo es cada día más local y el consumismo más universal. Se venden más bolsos Louis Vuitton en Beijing que en Paris, en Hong Kong que en Roma. Hay más estatuas budistas en los hoteles de Nueva York que en Birmania. Ni hablar de la cultura, hoy sería imposible distinguir en una galería de arte la obra de un pakistaní de la de un costarricense.

Pero el ser humano gusta de acogerse a viejos paradigmas y además si éstos le proporcionan seguridad. Seguridad, para unos, de pertenencia a un ente poderoso, definido como un mundo en el que el bien es lo cotidiano, siendo el bien esos grandes valores universales teóricamente compartidos: democracia, paz, libertad… Seguridad, por qué no, de un enemigo común, para otros, aquel que nos olvidó o nos subyugó en el pasado, aquel que con su mera presencia nos facilita el opio que el pueblo –ese ente intangible y volátil- necesita para seguir ciegamente los pasos de los líderes fanáticos. Esos líderes que sí que tienen claro qué es “Occidente”: la muleta sobre la que se asientan todos sus intereses, presuntamente compartidos con la masa, metafóricamente denominada “el pueblo”.

Hace unas horas el presidente/dictador de Venezuela se subía al estrado principal de las Naciones Unidas, cual si de uno de sus púlpitos nacionales se tratase, uno de esos cortijos establecidos por la dictadura en ciernes como el canal satélite Telesur –creado por él mismo- o el programa semanal de la televisión pública venezolana, para lanzar una de sus histriónicas peroratas sobre el imperialismo y las pretensiones “hegemónicas” de George W. Bush. Ese parece ser el representante de ese “Occidente” difuminado. El único hacia el que se vuelcan las miradas, el enemigo común, en cuyo “tonel” nos incluyen a todos los “occidentales”.

¿Acaso son los EE UU la viva imagen de “Occidente”?. No hay más que ver las últimas encuestas sobre la animadversión que genera el país más industrializado del mundo entre la población de países como España, Alemania o China para tirar por tierra la pretensión “hegemónica” de una y otra parte. Sin embargo, como ya se ha dicho, el ser humano busca de esa homogeneidad para sentirse seguro.

Cuando un dictadorzuelo plantea un discurso pretendidamente incendiario en el plenario de la ONU o cuando una banda de fundamentalistas islámicos queman crucifijos en las calles de Estambul, no cabe duda de que para ellos da igual lo que un español, un estadounidense, un italiano o un británico piensen o sean. Católico, judío, musulmán sunita o evangélico. Empleado de banca, obrero de la construcción, magnate de los medios de comunicación, político corrupto o funcionario de prisiones. Al fin y al cabo un miembro más de esa entelequia conocida como “Occidente”.

(Siga el debate abierto en Tercera Vía)
 
Asumiendo los errores en el problema de la inmigración
Desafortunadamente, con demasiada frecuencia tienen que suceder tragedias humanas para que los políticos tomen conciencia de sus acciones, o más bien de sus inacciones.

Hace ahora un año vivíamos asaltos diarios a las fronteras alambradas de Ceuta y Melilla. La historia se saldó con unos cuantos innmigrantes muertos y algunos policías heridos. Políticamente, lo de siempre, paños calientes para una situación que se creía coyuntural. Aún recuerdo a Moratinos reuniéndose con las autoridades marroquíes, país al que se le dio categoría de "aliado estratégico". Mohamed VI aprovechó la circunstancia para solicitar ayudas a la UE y España fue su avalista.

En agosto de este año la historia se repite -realmente nunca se interrumpió la situación- y en Canarias se ha vivido una avalancha de inmigrantes subsaharianos que pretendían alcanzar las costas en embarcaciones ligeras. Muchos muertos de por medio y los campamentos destinados a acoger a los ilegales colapsados. Con la inactividad de agosto nada sucedió. Reuniones, palabras, buenas intenciones... pero con la llegada de septiembre el Gobierno ha tenido de aceptar, con dos años de retraso, la cruda realidad. No ha sido por voluntad propia, sino que de nuevo hemos acudido a la UE como si de un padre bondadoso se tratase. En esas un ministro francés le dijo a los nuestros las verdades a la cara: "Si no compartieron con nosotros la decisión de realizar regularizaciones masivas, ¿por qué nos piden ayuda ahora?". Y es que ya Europa no tiene fronteras y los que entran por Canarias, Granada o Melilla, acaban en Amsterdam o en Paris.

El Gobierno se ha tenido que tragar el sapo, incluidas las durísimas críticas del PP, el único que desde un primer momento adviritió de la situación, siendo así que fue tachado de "intolerante" y otros adjetivos al uso entre la coalición social-nacionalista en el poder. Rechazar las regularizaciones masivas era de "fachas", lo contrario era lo "progre", lo "rojo". Pero ahora no tienen pelos en la lengua nuestros gobernantes para hablar de "mano dura". Tanto es así que hoy la vicepresidenta ha propuesto un pacto de Estado, algo que obviaron hace dos años, pero que ahora reclaman. Se trata de una nueva oportunidad para el PP de demostrar que está por construir el país no por dividirlo, esperemos que esta vez sí sepan aprovechar la ocasión y ponga las cosas en sus sitio.

(Para debatir sobre este tema: http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=721)
 
Pacto antinatural de la oposición en Costa Rica
Hace unos días contemplábamos con perplejidad como los tres partidos opositores con mayor representación en la Asamblea Legislativa costarricense, se unían en su "labor" para detener los planes de la bancada oficialista de agilizar el Poder Legislativo y así permitir al Gobierno aplicar su ambicioso programa electoral. Aparentemente este tipo de pactos se dan en casi cualquier país, sobre todo de cara a un próximo enfrentamiento electoral, no hay más que ver el caso de Venezuela o la unión de partidos de izquierdas en México en torno a López Obrador. Pero en Costa Rica este tipo de pactos no son nada habituales, sobre todo cuando los dos primeros partidos de la oposición son tan dispares en sus puntos de partida ideológicos.

El Movimiento Libertario (ML) es un partido de corte liberal, con un programa económico claramente orientado hacia los postulados neoliberales: cero impuestos, cero intervención estatal, privatizaciones, apertura comercial, etc. Por contra el Partido Acción Ciudadana (PAC) fundamenta sus bases en la izquierda, con un discurso populista que busca en las clases medias su fuerza electoral. Su programa económico pasa por el control absoluto del Estado, la no apertura comercial y la planificación y determinacion de los factores productivos nacionales, amén de la animadversión absoluta por la liberalización de sectores estratégicos o la privatización de cualquier monopolio del Estado. El tercero en discordia es la Unidad Social Cristiana (PUSC), partido absolutamente fracturado tras la debacle electoral de febrero, pero que intenta resurgir realizando una oposición firme contra el Gobierno... y contra su propia propuesta electoral.

Ambas posiciones ideológicas han encontrado un punto en común: bloquear la acción legislativa del partido en el Gobierno. Eso sí, han intentado revestir de victimismo y de "amor a la democracia" su pacto contranatura. Se quejan del ritmo de aprobaciones puesto por los oficialistas y de que tratan de imponer la agenda del Congreso, y aquí en Costa Rica eso de las imposiciones está muy mal visto. El "espejismo de la unanimidad" lo llamó Arias en su toma de posesión. Olvidan los líderes de ambas formaciones que la anterior legislatura fue de una inactividad parlamentaria pasmosa a la hora de tomar decisiones y votar. Olvidan sus discursos en plena campaña electoral: "queremos una Asamblea que asuma el liderazgo". La realidad se acaba imponiendo a los panfletos y cuando llega la hora de sentarse en la curul el país es lo de menos, lo importante es que nos den el lugar que nos merecemos, que para eso he conseguido el puesto.

Pero el tortuguismo legislativo que se intenta lograr con esta unión izquierda-derecha tiene sus réditos electorales, los únicos que interesan a los políticos oportunistas, nacidos de aquel refrán tan sabio: "A río revuelto ganancia de pescadores". ML y PAC son formaciones lideradas por dos oportunistas que, con mano férrea, tienen absoluto poder sobre sus formaciones, pero las urnas aún no les han sonreido. No estaban las aguas tan revueltas.

Ahora, de cara a los comicios de diciembre para las alcaldías, han decidido unir esfuerzos, como ya advertíamos en su momento, y hoy hemos sabido que presentan candidatura común para la alcaldía de Escazú, "El Pueblo de los Ricos", que diría un amigo mío. Las ansias de poder en ambos partidos no se contienen. Mandar a cualquier precio. Son ya muchos -no tantos- los años que llevan ambos partidos sin poder dar de comer -poder, por supuesto- a sus respectivas parroquias y el desánimo se hace evidente. Unos por el "casi" de febrero y otros porque las encuestas les daban mucho más.

El peor parado en este sainete vergonzante va a ser el ML. Su electorado -mayoritariamente empresarios y profesionales libres- no está viendo con buenos ojos este acuerdo para bloquear la mayoría parlamentaria y menos aún que se alíen con la izquierda populista en unas elecciones para alcaldes. En el PAC el electorado tiene que "tragar hondo" después de tanta consigna anti-neoliberal, pero todo sea por unas alcadías que nos premien tanto esfuerzo.

(Para debatir sobre este tema: http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=716)