Más español que nunca
Se viven momentos convulsos en mi patria. Momentos por otra parte añorados por algunos. Porque hay quién insiste en que ahora hay diálogo y hay tolerancia y estamos haciendo una España más libre, más abierta, más justa... menos España, diría yo.
Porque claro que hay diálogo, pero siempre entre los mismos. Claro que hay tolerancia, hacia los votantes de uno o hacia los que queremos que lo sean. Por supuesto que estamos ante una España más abierta, pero a costa de destrozar el gran pacto que fue la Constitución de 1978. Una Carta Magna que ha sido marco de convivencia ideal y continúa siéndolo.
España es una nación única e indivisible, formada por distintos territorios que tienen su Historia, sus tradiciones, sus particularidades, como ocurre en cualquier gran país europeo.
España es un único mercado para las empresas, que en el mundo que vivimos es casi como decir que es una única tienda, un único cliente. Con esto quiero decir que intentamos hacer diferencias donde no las hay, que intentamos dividirnos aunque somos uno.
Si hemos de mirar atrás y hacer de la Historia nuestro sayo, para así reclamar hasta el infinito nuestra identidad es que no lo tenemos muy claro. Es que no somos nadie. Tampoco queremos ver que el mundo ha avanzado a lo largo de los siglos. Hace tan sólo cuatro siglos en España, una nación que apenas tenía un siglo de vida como tal, "nunca se ponía el sol". Tres siglos más tarde, España pertenecia al Imperio napoleónico y así se ha ido cincelando la Historia.
Por cierto que aquel Gran Imperio de nuestros antepasados, cimentado en el Nuevo Continente, tuvo a los andaluces y extremeños como grandes protagonistas.
No conozco la Historia de vuestras regiones, queridos compatriotas, pero no por eso dejo de reconocer que todos: vascos, andaluces, aragoneses, gallegos, murcianos, catalanes, madrileños... tenemos grandes diferencias dentro de una gran Unidad.
No nos dejemos llevar por el fragor de la batalla y por el clientelismo de los políticos. Seamos razonables, dialogantes y, sobre todo, seamos justos.
Porque claro que hay diálogo, pero siempre entre los mismos. Claro que hay tolerancia, hacia los votantes de uno o hacia los que queremos que lo sean. Por supuesto que estamos ante una España más abierta, pero a costa de destrozar el gran pacto que fue la Constitución de 1978. Una Carta Magna que ha sido marco de convivencia ideal y continúa siéndolo.
España es una nación única e indivisible, formada por distintos territorios que tienen su Historia, sus tradiciones, sus particularidades, como ocurre en cualquier gran país europeo.
España es un único mercado para las empresas, que en el mundo que vivimos es casi como decir que es una única tienda, un único cliente. Con esto quiero decir que intentamos hacer diferencias donde no las hay, que intentamos dividirnos aunque somos uno.
Si hemos de mirar atrás y hacer de la Historia nuestro sayo, para así reclamar hasta el infinito nuestra identidad es que no lo tenemos muy claro. Es que no somos nadie. Tampoco queremos ver que el mundo ha avanzado a lo largo de los siglos. Hace tan sólo cuatro siglos en España, una nación que apenas tenía un siglo de vida como tal, "nunca se ponía el sol". Tres siglos más tarde, España pertenecia al Imperio napoleónico y así se ha ido cincelando la Historia.
Por cierto que aquel Gran Imperio de nuestros antepasados, cimentado en el Nuevo Continente, tuvo a los andaluces y extremeños como grandes protagonistas.
No conozco la Historia de vuestras regiones, queridos compatriotas, pero no por eso dejo de reconocer que todos: vascos, andaluces, aragoneses, gallegos, murcianos, catalanes, madrileños... tenemos grandes diferencias dentro de una gran Unidad.
No nos dejemos llevar por el fragor de la batalla y por el clientelismo de los políticos. Seamos razonables, dialogantes y, sobre todo, seamos justos.





