Nuestra posición en el marco internacional II
En Europa la posición de España se ha modificado con la victoria socialista. Hemos pasado del triángulo Reino Unido - Italia – España a seguir fielmente los dictados del eje franco-alemán. Curiosamente Francia y Alemania siempre fueron dos de los países más beligerantes con la España en declive del felipismo, cuando aquellos famosos requisitos de entrada de Maastrich. Ahora los que no cumplen los requisitos y se encuentran en plena crisis económica desde hace más de cuatro años son ellos.
Tanto Francia como Alemania han sido los dos países europeos más reacios a la intervención de EE UU en Irak. Lógico el tema de Francia que es un país que, como la mayoría de las grandes potencias, mezcla los intereses de sus multinacionales con los del Estado. Las empresas petroleras francesas eran las principales perjudicadas con la entrada de EE UU a Irak, como lo ha venido a demostrar el informe de la ONU sobre la corrupción en el programa Petróleo por Alimentos.
Continuando con Irak, la retirada de las tropas españolas, tan cacareada por el Presidente Rodríguez, supuso un varapalo para nuestra diplomacia que dejaba a otros 52 países con tropas desplegadas, incluyendo los contingentes centroamericanos bajo órdenes de nuestra Armada. EE UU entendió que España se plegaba a los intereses de los terroristas después del atentado que aupó al Gobierno de Rodríguez.
El distanciamiento con los EE UU ha sido la principal estrategia política de la diplomacia española desde en inicio de la legislatura. A la salida de las tropas de Irak de forma precipitada y a bombo y platillo, la cual venía precedida del descortés acto de Rodríguez al no levantarse ante la bandera gringa en el desfile del 12 de octubre de 2003, le siguió el apoyo a la candidatura del demócrata Kerry.
Nuestro actual Gobierno se ha caracterizado por entrometerse en las elecciones nacionales de diversos países teóricamente aliados, uno de los más graves errores que se pueden cometer en materia de política internacional. Así Rodríguez mostraba, seguro de su victoria, su apoyo a John Kerry y las elecciones norteamericanas de dieron un varapalo. No contento con eso, en las recientes elecciones alemanas, tras conocerse los resultados provisionales, el Presidente del Gobierno felicitó a Schröder y ante la pírrica victoria de Angela Merkel la llamó “fracasada”. Un gesto que le valió la crítica de personajes tan moderados como Antonio Durán y Lleida. Hoy la “fracasada” es jefa del Gobierno alemán.
Pero si algo ha caracterizado al Gobierno de Rodríguez es su idea de convertirse en Premio Nobel de la Paz mediante la promoción de la denominada Alianza de Civilizaciones. Este delirio de grandeza a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado es una entelequia en la que nadie cree. Algunos países han suscrito la idea para obtener ventajas del Estado español, pero la gran mayoría de las naciones no han respaldado la idea o lo han hecho de forma testimonial.
El grandilocuente invento provoca incredulidad e incluso hilaridad entre propios y extraños. Pero nuestra diplomacia tiene como una de sus principales tareas difundir el mensaje. No corren buenos tiempos para la influencia de España en el exterior como para que cale la ocurrencia.
Tanto Francia como Alemania han sido los dos países europeos más reacios a la intervención de EE UU en Irak. Lógico el tema de Francia que es un país que, como la mayoría de las grandes potencias, mezcla los intereses de sus multinacionales con los del Estado. Las empresas petroleras francesas eran las principales perjudicadas con la entrada de EE UU a Irak, como lo ha venido a demostrar el informe de la ONU sobre la corrupción en el programa Petróleo por Alimentos.
Continuando con Irak, la retirada de las tropas españolas, tan cacareada por el Presidente Rodríguez, supuso un varapalo para nuestra diplomacia que dejaba a otros 52 países con tropas desplegadas, incluyendo los contingentes centroamericanos bajo órdenes de nuestra Armada. EE UU entendió que España se plegaba a los intereses de los terroristas después del atentado que aupó al Gobierno de Rodríguez.
El distanciamiento con los EE UU ha sido la principal estrategia política de la diplomacia española desde en inicio de la legislatura. A la salida de las tropas de Irak de forma precipitada y a bombo y platillo, la cual venía precedida del descortés acto de Rodríguez al no levantarse ante la bandera gringa en el desfile del 12 de octubre de 2003, le siguió el apoyo a la candidatura del demócrata Kerry.
Nuestro actual Gobierno se ha caracterizado por entrometerse en las elecciones nacionales de diversos países teóricamente aliados, uno de los más graves errores que se pueden cometer en materia de política internacional. Así Rodríguez mostraba, seguro de su victoria, su apoyo a John Kerry y las elecciones norteamericanas de dieron un varapalo. No contento con eso, en las recientes elecciones alemanas, tras conocerse los resultados provisionales, el Presidente del Gobierno felicitó a Schröder y ante la pírrica victoria de Angela Merkel la llamó “fracasada”. Un gesto que le valió la crítica de personajes tan moderados como Antonio Durán y Lleida. Hoy la “fracasada” es jefa del Gobierno alemán.
Pero si algo ha caracterizado al Gobierno de Rodríguez es su idea de convertirse en Premio Nobel de la Paz mediante la promoción de la denominada Alianza de Civilizaciones. Este delirio de grandeza a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado es una entelequia en la que nadie cree. Algunos países han suscrito la idea para obtener ventajas del Estado español, pero la gran mayoría de las naciones no han respaldado la idea o lo han hecho de forma testimonial.
El grandilocuente invento provoca incredulidad e incluso hilaridad entre propios y extraños. Pero nuestra diplomacia tiene como una de sus principales tareas difundir el mensaje. No corren buenos tiempos para la influencia de España en el exterior como para que cale la ocurrencia.





