Nuestra posición en el marco internacional y III
Estamos asistiendo en el mundo a un marco político diferente, enrarecido, complejo. Los EE UU están asistiendo a la caída de su influencia, solidificada con la caída del Muro de Berlín a principios de los noventa, debido al ensimismamiento de su líder George W. Bush. En este momento se observa cómo ya comienzan a ser relativamente numerosos los países que dan la espalada al Imperio Estadounidense en distintos escenarios.
En donde la decadencia del vigor estadounidense más mella está haciendo es en América Latina. Comprobamos cómo las dictaduras cubana y venezolana extienden su influencia en Brasil, Argentina, Nicaragua y Bolivia, ésta última pronto caerá en un gobierno populista semidictatorial de izquierdas, similar al de Venezuela. En la Cumbre de las Américas estamos asistiendo a un espectáculo tremendo, en el que los líderes dictatoriales campan a sus anchas por Argentina y aglutinan el odio antigringo desde los movimientos antiglobalización hasta los indígenas americanos, que reclaman las tierras que perdieron en el siglo XVI (Ver serie El choque de culturas).
Ante este panorama que para España supondría una clara oportunidad de recuperar el terreno perdido, la posición del Gobierno Rodríguez está siendo la de alinearse con el radicalismo de izquierdas en una actitud casi de gregarismo. En Latinoamérica existen muchos países en los cuales preocupa el nacimiento de movimientos de extrema izquierda apoyados por gobiernos extranjeros. Muchas naciones necesitan de una consolidación clara de su democracia ante el surgimiento del populismo que se abre paso y amenaza con una nueva oleada de dictablandas esta vez de izquierdas.
Sin embargo, España no es capaz de dar respuesta a esta demanda latente. Es incapaz de recuperar el liderazgo y está poniendo en serio peligro la fortaleza de las multinacionales instaladas en América Latina, las cuales han dotado de fuertes infraestructuras a muchos países y colaborado en la estabilidad económica de la región.
España debe aportar a estos países en vías de desarrollo su experiencia en dos temas fundamentales. Primero el paso de un sistema autocrático dictatorial a una democracia abierta y moderna. Segundo la recuperación económica basada en los ideales de la economía social, frente al liberalismo implacable que ha venido promoviendo EE UU en la zona.
La tarea es inmensa y España debe aprovechar su oportunidad dejando claro que apoya la democracia y los valores de estado de derecho. Estableciendo fuertes lazos con TODOS los países de Latinoamérica, necesitados de nuevas referencias en el marco internacional. En Latinoamérica se encuentra nuestra fortaleza como potencia mundial y nuestros mejores aliados son aquellos con los que compartimos lengua, historia y tradiciones. Al fin y al cabo son países hermanos.
En donde la decadencia del vigor estadounidense más mella está haciendo es en América Latina. Comprobamos cómo las dictaduras cubana y venezolana extienden su influencia en Brasil, Argentina, Nicaragua y Bolivia, ésta última pronto caerá en un gobierno populista semidictatorial de izquierdas, similar al de Venezuela. En la Cumbre de las Américas estamos asistiendo a un espectáculo tremendo, en el que los líderes dictatoriales campan a sus anchas por Argentina y aglutinan el odio antigringo desde los movimientos antiglobalización hasta los indígenas americanos, que reclaman las tierras que perdieron en el siglo XVI (Ver serie El choque de culturas).
Ante este panorama que para España supondría una clara oportunidad de recuperar el terreno perdido, la posición del Gobierno Rodríguez está siendo la de alinearse con el radicalismo de izquierdas en una actitud casi de gregarismo. En Latinoamérica existen muchos países en los cuales preocupa el nacimiento de movimientos de extrema izquierda apoyados por gobiernos extranjeros. Muchas naciones necesitan de una consolidación clara de su democracia ante el surgimiento del populismo que se abre paso y amenaza con una nueva oleada de dictablandas esta vez de izquierdas.
Sin embargo, España no es capaz de dar respuesta a esta demanda latente. Es incapaz de recuperar el liderazgo y está poniendo en serio peligro la fortaleza de las multinacionales instaladas en América Latina, las cuales han dotado de fuertes infraestructuras a muchos países y colaborado en la estabilidad económica de la región.
España debe aportar a estos países en vías de desarrollo su experiencia en dos temas fundamentales. Primero el paso de un sistema autocrático dictatorial a una democracia abierta y moderna. Segundo la recuperación económica basada en los ideales de la economía social, frente al liberalismo implacable que ha venido promoviendo EE UU en la zona.
La tarea es inmensa y España debe aprovechar su oportunidad dejando claro que apoya la democracia y los valores de estado de derecho. Estableciendo fuertes lazos con TODOS los países de Latinoamérica, necesitados de nuevas referencias en el marco internacional. En Latinoamérica se encuentra nuestra fortaleza como potencia mundial y nuestros mejores aliados son aquellos con los que compartimos lengua, historia y tradiciones. Al fin y al cabo son países hermanos.
Comentario:
El problema no es sólo que tendremos represalias de los EE UU, sino que no estamos aprovechando su debilidad para conectar con los mercados latinoamericanos que tando dinero han dado ha nuestras multinacionales y tanto han ayudado a esos países.
Saludos.
Saludos.
Comentario:
Estoy de acuerdo con todo el artículo, pero no hay que olvidar que la pérdida de liderazgo USA en Latinoamérica no quita que sea, con diferencia ,la primera potencia mundial, y en economía significará una reacción contra todo aquello que suponga una oposición en la que, de una forma gregaria y sin objetivos claros se está significando España, por lo que será de preveer la reducción de mercado y por consiguiente un recorte al desarrollo económico español en el que indudablemente estamos inmersos así como el probable derrumbamiento de las inversiones españolas en la zona.





