Propósitos de enmienda
Empieza un nuevo año. Una nueva ilusión. Una nueva esperanza. A las tradicionales propuestas en el ámbito personal, cargadas de propósitos de enmienda, quiero sumar las que espero de los demás, los políticos españoles, para este nuevo año que lleva unas horas alumbrándonos. Seguramente les va a sonar repetido, porque uno ya tiene sus puntos de inflexión, sus latiguillos, sus manías, como si de un político se tratase. ¡Dios guarde!, que dicen por estas latitudes.
El primer propósito de enmienda es el empleo del menos común de los sentidos, el sentido común, como mecanismo de actuación en el ámbito político. Cabeza fría y pies calientes para andar el camino. Las vísceras para las parrilladas argentinas. Que nuestros políticos sientan que a sus espaldas cargan, sólo los dos primeros, 21 millones de votos, de almas que les concedieron su confianza. Que piensen en los 11 y 10 millones de españoles que transitaron de su casa al colegio electoral aquel famoso 14-M. Porque somos muchos, muchísimos, infinitamente más numerosos que los cuatro instigadores que desde sus tribunas de opinión pretenden marcar el rumbo de nuestra Patria. Claro que la culpa no es de éstos, si a mi me hiciesen caso Rodríguez y Rajoy sería un instigador con patente de corso, ¿quién puede evitar caer en tal pecado?.
Mi siguiente propósito de enmienda ajeno es la toma de conciencia acerca del sentido de Estado, frente a la conciencia de comunidad de propietarios que embarga el panorama patrio. Somos un país, queridos políticos, a ver si se van enterando de que la comunidad de propietarios es otra cosa, otra figura del ordenamiento jurídico que no alcanza el grado suficiente para estar presente en las Naciones Unidas. A ver si nuestros representantes de la soberanía popular se dan cuenta de que aquí no estamos votando si se construye o no la piscina de los niños y para que me apoyes en las elecciones siguientes te dejo hacer reformas en la terraza. Y luego llegan las conversaciones de patio de comunidad:
– ¿Qué tiene de malo que yo quiera hacer reformas en la terraza?.
– ¡Coño! es que si tu haces reformas, también las va a hacer el del tercero y la fachada va a parecer la del hotel ese nuevo de Madrid que es una bandera de Corea de 80 metros de alta.
– ¡Mira vecino, yo en mi casa hago lo que me da la gana, que para eso pago la hipoteca!.
Cuando tomen conciencia de que España es un país, lo siguiente que pido, y creo que ya entro en el terreno de los Reyes Magos de Oriente, es que luchen por el lugar en el mundo que nos corresponde. Somos el octavo país más rico del planeta. ¿Lo sabían?. ¿Lo sabe Rodríguez?. No podemos seguir de cenicientas en los organismos internacionales, siendo los grandes aliados de las dictaduras y pseudodemocracias del escenario internacional. Entre unos y otros nos condenamos solitos al desagravio mundial, a la segunda división de los países.
Podría relatar otros muchos propósitos de enmienda en pellejo ajeno, pero creo que con esas tres, cumplidas en un cincuenta por ciento, el año que empieza finalizaría bastante mejor que el que acabamos de despedir.
El primer propósito de enmienda es el empleo del menos común de los sentidos, el sentido común, como mecanismo de actuación en el ámbito político. Cabeza fría y pies calientes para andar el camino. Las vísceras para las parrilladas argentinas. Que nuestros políticos sientan que a sus espaldas cargan, sólo los dos primeros, 21 millones de votos, de almas que les concedieron su confianza. Que piensen en los 11 y 10 millones de españoles que transitaron de su casa al colegio electoral aquel famoso 14-M. Porque somos muchos, muchísimos, infinitamente más numerosos que los cuatro instigadores que desde sus tribunas de opinión pretenden marcar el rumbo de nuestra Patria. Claro que la culpa no es de éstos, si a mi me hiciesen caso Rodríguez y Rajoy sería un instigador con patente de corso, ¿quién puede evitar caer en tal pecado?.
Mi siguiente propósito de enmienda ajeno es la toma de conciencia acerca del sentido de Estado, frente a la conciencia de comunidad de propietarios que embarga el panorama patrio. Somos un país, queridos políticos, a ver si se van enterando de que la comunidad de propietarios es otra cosa, otra figura del ordenamiento jurídico que no alcanza el grado suficiente para estar presente en las Naciones Unidas. A ver si nuestros representantes de la soberanía popular se dan cuenta de que aquí no estamos votando si se construye o no la piscina de los niños y para que me apoyes en las elecciones siguientes te dejo hacer reformas en la terraza. Y luego llegan las conversaciones de patio de comunidad:
– ¿Qué tiene de malo que yo quiera hacer reformas en la terraza?.
– ¡Coño! es que si tu haces reformas, también las va a hacer el del tercero y la fachada va a parecer la del hotel ese nuevo de Madrid que es una bandera de Corea de 80 metros de alta.
– ¡Mira vecino, yo en mi casa hago lo que me da la gana, que para eso pago la hipoteca!.
Cuando tomen conciencia de que España es un país, lo siguiente que pido, y creo que ya entro en el terreno de los Reyes Magos de Oriente, es que luchen por el lugar en el mundo que nos corresponde. Somos el octavo país más rico del planeta. ¿Lo sabían?. ¿Lo sabe Rodríguez?. No podemos seguir de cenicientas en los organismos internacionales, siendo los grandes aliados de las dictaduras y pseudodemocracias del escenario internacional. Entre unos y otros nos condenamos solitos al desagravio mundial, a la segunda división de los países.
Podría relatar otros muchos propósitos de enmienda en pellejo ajeno, pero creo que con esas tres, cumplidas en un cincuenta por ciento, el año que empieza finalizaría bastante mejor que el que acabamos de despedir.





