Nuestra influencia en América Latina I
Como previo advierto que mis comentarios se basan en una visión personal, casi intuitiva, muy poco fundamentada desde el punto de vista histórico. El fundamento es la vivencia personal de alguien que cumple ahora un año de vivir en estas tierras "bendecidas de Dios", más concretamente en uno de los países menos comunes de América Latina: Costa Rica. Nace por tanto la reflexión de la opinión, seguramente especulativa e intuitiva.
Hace ya más de 500 años que nuestros antepasados pisaron por primera vez la isla caribeña conocida como La Española y que hoy alberga a la convulsa Haití, abandonada por los franceses, y a la renaciente República Dominicana, recolonizada por los españoles en lo económico y recientemente "descubierta" por los Estados Unidos. Salvo en algunos casos muy puntuales, la huella de aquella invasión, choque de culturas, conquista o como quiera llamarse de la época del renacimiento, es mínima. Me refiero a que no existe un sentimiento antiespañol o de rencor hacia aquella época, sin duda dorada para nuestra recién unificada nación: España.
Una época en la que se cometieron grandes desmanes de parte de los conquistadores, seres hambrientos de riquezas y posición social, los cuales en gran medida murieron en la pobreza en su vuelta a España.
Aunque Hernán Cortés sea considerado un villano en México o en Guatemala exista cierta rencilla social hacia los "blancos", lo cierto es que fueron las guerras o revoluciones (como se prefiere llamarlas en este continente americano que me alberga) independentistas, en su práctica totalidad guerras civiles, las que marcaron los grandes "odios" injustificados de Latinoamérica hacia España. Pero ya digo que aparentemente esa hispanofobia ha desaparecido.
Las nuevas generaciones casi no conocen las contiendas civiles de sus naciones y menos el proceso de conquista con el que no se sienten ni mucho menos "dolidos". En primer lugar, porque en contra de lo que se supone, muchos de los pueblos americanos sometidos fueron abandonados a su arbitrio o al de los descendientes de españoles ya nacidos en América hace siglos. Sin duda las clases medias y altas de los países Latinoamericanos ni siquiera tienen antepasados indígenas. Este hecho es especialmente significativo en los países con una mayor capa social de clase media: Argentina, Costa Rica, Chile, etc. Ha sido en el siglo XX con la gran migración hacia el continente americano tras las hambrunas en nuestro país y la Guerra Civil, cuando muchos de ellos llegaron. Italianos, alemanes y holandeses son otros de los grandes colonizadores de "segunda vuelta" de América Latina. De todos es conocido cómo estos otros europeos casi no intervinieron en el proceso de Conquista, sino que más bien lo aprovecharon para atacar al floreciente Imperio Español que dominiaba Europa a lo largo del siglo XVI.
Como digo, las clases medias y sobre todo las dominantes y oligárquicas clases altas latinoamericanas, en su mayor parte, ni siquiera se sienten "hijos verdaderos de su patria", sino europeos emigrados o latinoamericanos no indígenas.
Hace ya más de 500 años que nuestros antepasados pisaron por primera vez la isla caribeña conocida como La Española y que hoy alberga a la convulsa Haití, abandonada por los franceses, y a la renaciente República Dominicana, recolonizada por los españoles en lo económico y recientemente "descubierta" por los Estados Unidos. Salvo en algunos casos muy puntuales, la huella de aquella invasión, choque de culturas, conquista o como quiera llamarse de la época del renacimiento, es mínima. Me refiero a que no existe un sentimiento antiespañol o de rencor hacia aquella época, sin duda dorada para nuestra recién unificada nación: España.
Una época en la que se cometieron grandes desmanes de parte de los conquistadores, seres hambrientos de riquezas y posición social, los cuales en gran medida murieron en la pobreza en su vuelta a España.
Aunque Hernán Cortés sea considerado un villano en México o en Guatemala exista cierta rencilla social hacia los "blancos", lo cierto es que fueron las guerras o revoluciones (como se prefiere llamarlas en este continente americano que me alberga) independentistas, en su práctica totalidad guerras civiles, las que marcaron los grandes "odios" injustificados de Latinoamérica hacia España. Pero ya digo que aparentemente esa hispanofobia ha desaparecido.
Las nuevas generaciones casi no conocen las contiendas civiles de sus naciones y menos el proceso de conquista con el que no se sienten ni mucho menos "dolidos". En primer lugar, porque en contra de lo que se supone, muchos de los pueblos americanos sometidos fueron abandonados a su arbitrio o al de los descendientes de españoles ya nacidos en América hace siglos. Sin duda las clases medias y altas de los países Latinoamericanos ni siquiera tienen antepasados indígenas. Este hecho es especialmente significativo en los países con una mayor capa social de clase media: Argentina, Costa Rica, Chile, etc. Ha sido en el siglo XX con la gran migración hacia el continente americano tras las hambrunas en nuestro país y la Guerra Civil, cuando muchos de ellos llegaron. Italianos, alemanes y holandeses son otros de los grandes colonizadores de "segunda vuelta" de América Latina. De todos es conocido cómo estos otros europeos casi no intervinieron en el proceso de Conquista, sino que más bien lo aprovecharon para atacar al floreciente Imperio Español que dominiaba Europa a lo largo del siglo XVI.
Como digo, las clases medias y sobre todo las dominantes y oligárquicas clases altas latinoamericanas, en su mayor parte, ni siquiera se sienten "hijos verdaderos de su patria", sino europeos emigrados o latinoamericanos no indígenas.





