Asumiendo los errores en el problema de la inmigración
Desafortunadamente, con demasiada frecuencia tienen que suceder tragedias humanas para que los políticos tomen conciencia de sus acciones, o más bien de sus inacciones.
Hace ahora un año vivíamos asaltos diarios a las fronteras alambradas de Ceuta y Melilla. La historia se saldó con unos cuantos innmigrantes muertos y algunos policías heridos. Políticamente, lo de siempre, paños calientes para una situación que se creía coyuntural. Aún recuerdo a Moratinos reuniéndose con las autoridades marroquíes, país al que se le dio categoría de "aliado estratégico". Mohamed VI aprovechó la circunstancia para solicitar ayudas a la UE y España fue su avalista.
En agosto de este año la historia se repite -realmente nunca se interrumpió la situación- y en Canarias se ha vivido una avalancha de inmigrantes subsaharianos que pretendían alcanzar las costas en embarcaciones ligeras. Muchos muertos de por medio y los campamentos destinados a acoger a los ilegales colapsados. Con la inactividad de agosto nada sucedió. Reuniones, palabras, buenas intenciones... pero con la llegada de septiembre el Gobierno ha tenido de aceptar, con dos años de retraso, la cruda realidad. No ha sido por voluntad propia, sino que de nuevo hemos acudido a la UE como si de un padre bondadoso se tratase. En esas un ministro francés le dijo a los nuestros las verdades a la cara: "Si no compartieron con nosotros la decisión de realizar regularizaciones masivas, ¿por qué nos piden ayuda ahora?". Y es que ya Europa no tiene fronteras y los que entran por Canarias, Granada o Melilla, acaban en Amsterdam o en Paris.
El Gobierno se ha tenido que tragar el sapo, incluidas las durísimas críticas del PP, el único que desde un primer momento adviritió de la situación, siendo así que fue tachado de "intolerante" y otros adjetivos al uso entre la coalición social-nacionalista en el poder. Rechazar las regularizaciones masivas era de "fachas", lo contrario era lo "progre", lo "rojo". Pero ahora no tienen pelos en la lengua nuestros gobernantes para hablar de "mano dura". Tanto es así que hoy la vicepresidenta ha propuesto un pacto de Estado, algo que obviaron hace dos años, pero que ahora reclaman. Se trata de una nueva oportunidad para el PP de demostrar que está por construir el país no por dividirlo, esperemos que esta vez sí sepan aprovechar la ocasión y ponga las cosas en sus sitio.
(Para debatir sobre este tema: http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=721)
Hace ahora un año vivíamos asaltos diarios a las fronteras alambradas de Ceuta y Melilla. La historia se saldó con unos cuantos innmigrantes muertos y algunos policías heridos. Políticamente, lo de siempre, paños calientes para una situación que se creía coyuntural. Aún recuerdo a Moratinos reuniéndose con las autoridades marroquíes, país al que se le dio categoría de "aliado estratégico". Mohamed VI aprovechó la circunstancia para solicitar ayudas a la UE y España fue su avalista.
En agosto de este año la historia se repite -realmente nunca se interrumpió la situación- y en Canarias se ha vivido una avalancha de inmigrantes subsaharianos que pretendían alcanzar las costas en embarcaciones ligeras. Muchos muertos de por medio y los campamentos destinados a acoger a los ilegales colapsados. Con la inactividad de agosto nada sucedió. Reuniones, palabras, buenas intenciones... pero con la llegada de septiembre el Gobierno ha tenido de aceptar, con dos años de retraso, la cruda realidad. No ha sido por voluntad propia, sino que de nuevo hemos acudido a la UE como si de un padre bondadoso se tratase. En esas un ministro francés le dijo a los nuestros las verdades a la cara: "Si no compartieron con nosotros la decisión de realizar regularizaciones masivas, ¿por qué nos piden ayuda ahora?". Y es que ya Europa no tiene fronteras y los que entran por Canarias, Granada o Melilla, acaban en Amsterdam o en Paris.
El Gobierno se ha tenido que tragar el sapo, incluidas las durísimas críticas del PP, el único que desde un primer momento adviritió de la situación, siendo así que fue tachado de "intolerante" y otros adjetivos al uso entre la coalición social-nacionalista en el poder. Rechazar las regularizaciones masivas era de "fachas", lo contrario era lo "progre", lo "rojo". Pero ahora no tienen pelos en la lengua nuestros gobernantes para hablar de "mano dura". Tanto es así que hoy la vicepresidenta ha propuesto un pacto de Estado, algo que obviaron hace dos años, pero que ahora reclaman. Se trata de una nueva oportunidad para el PP de demostrar que está por construir el país no por dividirlo, esperemos que esta vez sí sepan aprovechar la ocasión y ponga las cosas en sus sitio.
(Para debatir sobre este tema: http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=721)





