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Ni siento ni padezco
La página de Samuel Baldeón
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MÍSTICA CALLEJERA
Me acaba de llamar mi prima Ita, está en Madrid y quedamos para comer. Ella y su novio ya están en el restaurante, así que tengo que darme un poco de prisa. Cuando estoy a la altura de los jardines de Sabatini, una mujer, en la que no había reparado, con gafas negras y vestida como una maruja inofensiva cualquiera, me pregunta: -¿Tu crees en dios?

-No precisamente
-Sí si, dios existe
-Me parece muy bien.

En la última frase ya había puesto tres metros de distancia con ella. Me había hecho gracia, más que nada porque incluso mi aspecto era más amenazante que el suyo. Pero tenía prisa. Me doy cuenta de que mi respuesta primera ha sido un poco absurda. Se puede entender que no creo en dios de una manera precisa. Y no es eso lo que tenía en mente. Ideo una mejor.

-¿Tu crees en dios?
-Eso a usted no le importa.

Bastante mejor, pero aún no me siento contento con mi ingenio. Prosigo la búsqueda de la respuesta ideal. Mi siguiente idea me deja más satisfecho, pero tiene el inconveniente de que debo añadirle una línea de diálogo a mi increpadora.

-¿Tu crees en dios?
-Por supuesto, soy yo –Sorpresa, vacilación (me gusta imaginar esta reacción)
-No creo que seas dios
-Eso es una cuestión de fe.

Me gusta. Claro que imaginar esta conversación no deja un gusto del todo dulce. No he sido capaz de formularla a la primera, mi ingenio y mi verbo no son demasiado rápidos. Entonces llegó al restaurante y me reúno con mi prima y su novio. Hablamos de la familia, que es un tema que suele surgir con ella. Es una comida agradable aunque tengo un poco de prisa porque debo ir al trabajo. Al acabar me acompañan. Poco antes de separarnos recuerdo el incidente, pero al contarlo solo menciono su frase inicial. El resto no se lo cuento. Quedaría como un imbécil. Lo que más me sorprende es que casi olvido mencionarlo.

 
La verdad sobre Samuel Baldeón
Después de semejante título, este solo puede ser un post decepcionante, diga lo diga. En fin, les prometo que el próximo será mejor, se llamará ¿Soy de fiar?

Desde que empecé a enseñar las cosas que me daba por escribir me hacen siempre la misma pregunta:

¿Es autobiográfico?

Y la respuesta es siempre la misma:

No

Lo que no deja de ser curioso es que me preguntaron lo mismo cuando les enseñé un cuento sobre una emigrante checa, o cuando escribí sobre un tipo que quema un bar. Si yo fuera alguna de las dos cosas, creo que me habría dado cuenta. Pues nada ¿Es autobiográfico? ¿Acaso la gente cree que mi vida es como la escribo? ¿Qué ocurrirá si me decido a escribir todos los días lo que me gustaría que me pasase? Les juro que si empieza a ocurrirme lo que escriba, me vuelvo tan loco que empezaría a relatar desgracias. Pero bueno, creo que me estoy desviando. Al fin y al cabo ustedes leen esto para saber la verdad sobre mí. La verdad no, solo lo que les gustaría saber y no saben sobre mí.

¿Qué saben ustedes realmente de mí? Saben que aparezco en momentos más o menos insospechados. Y que la relevancia de mis apariciones nunca es previsible. A lo mejor acabo durmiendo en un rincón. A lo mejor me convierto en el elemento descabellado de la reunión. He de reconocer que generalmente pasa lo primero.

Pero lo que de verdad les gustaría saber es ¿Qué hace cuando no está con nosotros? ¿Por qué cuándo se le pregunta que qué tal está, siempre responde que bien? ¿Aunque esté tumbado en la cama, pálido como una lápida? ¿Cómo puede ir o venir del trabajo siempre que lo vemos? Si solo trabaja cuatro días a la semana. ¿Hay un motivo para llevar con tanto misterio el resto de su vida?

Claro joder.

¿O no?
 
Esas cosas que hago por los amigos.
Por fin se he hecho público, perdonen que no me hubiera adelantado, pero prefería que Nacho tuviera la exclusiva. El Making of literario de "7:35 de la mañana" se puede leer aquí:

http://www.nachovigalondo.com/makingliterario.pdf
 
Cómo te pasas
-¿Me eres fiel?
-Pero si no te conozco de nada
-No te metas en detalles ¿Me eres fiel?
-Pues claro que no, pero si no te conozco
-¿Lo ves? Todas las mujeres sois unas zorras.
-¿Y tu? ¿Me eres fiel a mí?
-No estamos hablando de mí, y lo sabes.
-Yo no te soy fiel porque tú tampoco lo eres
-Eso es la excusa de siempre, me la ponéis todas
-Tú eres imbécil.
-Ya era hora de que fueras sincera conmigo
 
Hasta aquí he llegado
La verdad es que hablar de películas es un horror. Sobre todo si hablas por escrito y lo haces en un blog. Es como de mal gusto. Y si pones la película de la que hablas bien, aún peor. Como si alguien leyera el blog de otro para conocer sus opiniones. En el fondo le importan una mierda sus sesudas disquisiciones fílmicas y aún más los instantes que le producen emoción. La única opinión que le interesa al lector de un blog es la opinión que se tiene de él. Y si no se habla de él, por lo menos quiere echarse unas risas.

Así que lo lógico sería que los blogs sirviesen para la propagación de chistes. Pues no. Al final uno cede a la tentación de decir que le parece tal o cual película. Incluso a tratar de convencer a los demás de que es una obra maestra. ¿Por qué? Porque la única opinión que me interesa a mí, autor del blog, es la mía.

Y ahora llega la verdad. No se me ocurre de que escribir. Lo anterior es como escritura automática. Llevo dándole vueltas a varios títulos geniales durante dos horas: “Como te pasas” “Porque me hago el imbécil” pero ninguno de ellos me lleva a ninguna parte. Justo en el último punto y seguido me he sentido tentado de borrar todo el texto. No voy a hacerlo. Voy a seguir con este inconducible post hasta el final. A ver que pasa. Lo hago por irresponsabilidad, y por que no ser sinceros: Porque me dicen que por qué no posteo más a menudo, y esto me sienta bien. Salvo cuando tengo que pensar en algo nuevo para postear. Y es que a mí no se me ocurre casi nunca nada. Y lo que es peor casi nunca me ocurre nada a mí. Aunque creo que no le doy importancia a las cosas que me suceden. Suelo responder que no hay nada nuevo en mi vida, aunque haya descubierto al asesino de Kennedy esa misma semana.

Pues está semana me ha pasado...
Esperen ayer fui a una fiesta. No era una fiesta, era una clausura de un festival de cortos. Pero yo no estaba invitado. Pero trabajo en ese cine. Y había amigos míos allí, alternando con el futuro del cine nacional. Total que me emborraché. Carece de importancia porque todo el mundo también se emborrachaba, como gente civilizada. Luego acabamos en un karoke. Es perfectamente prescindible esta información. Pues esto me parece lo más interesante que me ha ocurrido esta semana.

Claro que haciendo memoria, esta misma semana le he pegado un empujón a Javier Marías en la Fnac y me he cruzado con Emma Suárez vestida como una Hippy adolescente. Pero esto no me parece ni mencionable. Y ahora recuerdo haber estado en otra fiesta el domingo pasado. Era una fiesta de actores. Peor, de actrices. De actrices que cumplían años y habían convencido a mucha gente para vestirse como en los años 20. Y ponían, muy de vez en cuando, temas de chárleston. Y bailaban coreografiadas (un poco al estilo 7:35 de la mañana) encima de una tarima. Y al final hacían una escena lésbica, aunque sin quitarse la ropa.
En la misma fiesta me presentan a un tipo que se llamaba Samuel, que reaccionó como lo hacemos todos los que nos llamamos Samuel. Nos cuesta creer que haya otra persona que se llame como nosotros en los mismos 200 metros cuadrados. Yo me siento muy incomodo, porque Samuel soy siempre yo. Si hay otro es como si aumentase la confusión en el mundo. Nos llaman a uno y respondemos los dos. Es muy irritante. En esa fiesta solo conocía bien a quien me invitó: Pilar, que es actriz. No tenía ni idea de quienes eran los demás. Salvo de uno de las homenajeadas. Pero era un conocimiento superficial.

Bueno hasta aquí he llegado.

Saquen lo que puedan sacar y el resto tírenlo.
 
Articulo para listos
En el año 1957 Miguel de la Cuadra Salcedo bate el record mundial de lanzamiento de jabalina en 13 metros. Una barbaridad. Meses después es desposeído de ese record. ¿Había hecho trampa? Pues no. La federación internacional de atletismo estimó que su estilo era “demasiado heterodoxo”, porque no la lanzaba recto y por encima de la cabeza, sino desde la cadera e imprimiéndole un giro, a la manera de las aspas de un helicóptero, lo que permitía una mayor sustentación en el aire. Al parecer, el luego osado reportero había desarrollado ese estilo observando la forma de lanzar la vara de sus paisanos vascuences.

En el año 1968 Dick Fosbury gana la medalla de oro en las olimpiadas de Mexico con un estilo diferente al de todos los demás atletas. Salta de espaldas y arquea el cuerpo sobre el listón. Con ello conseguía que su centro de masa quedara siempre por debajo del listón aunque su cuerpo pasase por encima. Esto no ocurría en el tradicional rodillo ventral y le otorgaba una ventaja de al menos 20 centímetros sobre sus oponentes. Pero nunca batió el record del mundo. Sin embargo su estilo se generalizó sin problemas. Y aún conserva la medalla.

En el año 2005 Nacho Vigalondo compite en la categoría de mejor cortometraje en los oscar con un corto heterodoxo respecto a sus rivales. Dura aproximadamente la mitad y difiere tanto en género (comedia) como en temática (amor llevado al absurdo). Vigalondo no gana.

Miguel de la Cuadra se pasó al campo del periodismo, como tantos otros deportistas. Y al final su record quedó en una más de las múltiples anécdotas, que jalonan su imprevisible destino. Tanto que al final parece haberse convertido en la encarnación de un viejo chiste: ¿Quién es ese de blanco, con parkinson y babeante que está al lado de Miguel?

Dick Fosbury se retiró sin mayores tropiezos. Se dedica a dar cursillos de verano sobre salto de altura.

Nacho Vigalondo acaba de aterrizar en Barajas

¿Qué se puede deducir de esto?

Yo creo que nada.

So listos.