Teoría de la relatividad: Paradoja del helado.
Acabo de entrar en el portal, junto a los ascensores está mi vecino de abajo, que tendrá como setenta u ochenta años. Hasta hoy no nos habíamos cruzado, ni mucho menos dirigido unas palabras. Mi anciano vecino abre la puerta del ascensor. Como hay dos, muchos vecinos, con la puerta abierta, ni se molestan en esperar a quién acabe de entrar en el portal, aunque el otro ascensor esté en el séptimo. Pero mi vecino espera. Creo que se ha corrido la voz de que soy el chico educado ese del quinto.
-¿A qué piso va?
-Al quinto
-Entonces pase usted primero
-Gracias.
Hay un detalle que debo mencionar. Me estoy comiendo un helado, no de los empaquetados, uno de cucurucho, y está casi entero cuando entro en el ascensor. Es un helado de dos bolas. De trufa y de tiramisú. Me lo estoy comiendo rápidamente por el calor ayudado por una minicuchara de plástico. De color verde.
Mi vecino aprieta el botón del cuarto. –Sí, he calculado bien, aunque con lo de la relatividad de Einstein ya no se puede saber en que dirección se va ¿Verdad? –Me sonrío, emito un “jum” con la boca cerrada. Cerrada porque estoy saboreando el helado. –Nosotros si lo podemos ver por el empuje ¿comprende?- Me hace un gesto como de mutuo entendimiento. Yo estoy recortando mi helado con la cucharilla para evitar que se desmorone. Afirmo repetidamente con la cabeza. Sonrío, estoy chupando la cucharilla.
-Todo eran problemas matemáticos ¿sabe?, todo con la cabeza, no era hombre de experimentos- Vuelve a pedirme retroalimentación, comunicación con la mirada. Yo vuelvo a sonreír y a afirmar con la cabeza. El helado está estupendo. Se me hace la boca agua.
Estamos casi llegando al cuarto. Mi vecino mira al helado. Hace un último esfuerzo, hace un chascarrillo -¡No creo que hubiera pisado un laboratorio en su vida!,- suelta una risa cómplice. Yo sonrío y meneo la cabeza. Sigo con el helado. No lo puedo dejar, si no, se derrite. Entonces me doy cuenta de que mi vecino quería que la conversación no fuera unilateral. Decido hacer otro chascarrillo cómplice, cuando el sale de la caja del ascensor -¡En algo tenía que pasar el rato!
Llego al quinto. Aun queda mucho helado. Estoy contento. Me ha dado la impresión de que mi vecino tenía la cara un poco más triste cuando se bajó del ascensor. Pero yo no estoy triste. Tengo helado. De trufa y Tiramisú. Que rico.
-¿A qué piso va?
-Al quinto
-Entonces pase usted primero
-Gracias.
Hay un detalle que debo mencionar. Me estoy comiendo un helado, no de los empaquetados, uno de cucurucho, y está casi entero cuando entro en el ascensor. Es un helado de dos bolas. De trufa y de tiramisú. Me lo estoy comiendo rápidamente por el calor ayudado por una minicuchara de plástico. De color verde.
Mi vecino aprieta el botón del cuarto. –Sí, he calculado bien, aunque con lo de la relatividad de Einstein ya no se puede saber en que dirección se va ¿Verdad? –Me sonrío, emito un “jum” con la boca cerrada. Cerrada porque estoy saboreando el helado. –Nosotros si lo podemos ver por el empuje ¿comprende?- Me hace un gesto como de mutuo entendimiento. Yo estoy recortando mi helado con la cucharilla para evitar que se desmorone. Afirmo repetidamente con la cabeza. Sonrío, estoy chupando la cucharilla.
-Todo eran problemas matemáticos ¿sabe?, todo con la cabeza, no era hombre de experimentos- Vuelve a pedirme retroalimentación, comunicación con la mirada. Yo vuelvo a sonreír y a afirmar con la cabeza. El helado está estupendo. Se me hace la boca agua.
Estamos casi llegando al cuarto. Mi vecino mira al helado. Hace un último esfuerzo, hace un chascarrillo -¡No creo que hubiera pisado un laboratorio en su vida!,- suelta una risa cómplice. Yo sonrío y meneo la cabeza. Sigo con el helado. No lo puedo dejar, si no, se derrite. Entonces me doy cuenta de que mi vecino quería que la conversación no fuera unilateral. Decido hacer otro chascarrillo cómplice, cuando el sale de la caja del ascensor -¡En algo tenía que pasar el rato!
Llego al quinto. Aun queda mucho helado. Estoy contento. Me ha dado la impresión de que mi vecino tenía la cara un poco más triste cuando se bajó del ascensor. Pero yo no estoy triste. Tengo helado. De trufa y Tiramisú. Que rico.





