Aquellas noches de Cierre
¿Y todavía te preguntas qué es la Arcadia?
Acerca de
Me encantan cuando me preguntan quién soy. Tengo millones de respuestas preparadas y otras que están por venir...mientras que me decido por una digamos que soy El Buen Bardo...
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Sindicación
 
Einauldi, Siles y Stevens
Decía Kandisky que la música tiene el poder de mezclar todos los sentidos en uno sólo. Así, el goteo de una guitarra te transporta a una tarde de julio que huele a humo de tren, sentado en un bello puente de Florencia, mientras los colores de la luz y la noche se funden sobre las ondas de un río que se agita al vaivén de unos remeros.

Ludovico Einauldi, Carlos Siles y Sufjan Stevens. A ellos les debo un mundo. El silencio es terrible, es mudo y adormece la vida. La música te hace soñar y, como decía Kandisky, te hace volar. El piano de Einauldi acompañaba mis épicos paseos a la tienda de cómics y me reconfortaba después de un duro día de tazas y cafés. Sufjan fue la persona con la que compartí sonrisas y lagrimas -como un imbécil- delante de la pantalla del ordenador, en la biblioteca, mientras chateaba con el resto de la Arcadia. Y Carlos, esa voz por descubrir, se convirtió en una religiosa costumbre para entretener a las musas antes de ponerme a escribir.

Ayer no podía dormir. Tumbado en mi cama, puse el portátil sobre mis piernas, como solía hacerlo en Londres, y dejé sonar las canciones de una época. Y juro que el escalofrío que sentí al cerrar los ojos hizo que el vello de mi cuerpo se erizase. Y juro que mis manos olían a café. Juro que noté los pies cansados y saboreé el perfume de las culturas que paseaban por Swaton Road. Y juro, a todos vosotros y a mí mismo, que por un momento, por un solo instante, no recordaba dónde quería estar.
 
Así, como un caracol
Dicen que la vida es una enorme y kilométrica línea dibujada en nuestra mano izquierda y que la felicidad, ese suspiro que da sentido a la historia, aparece en pequeñas ocasiones ocupando diminutos centímetros de esa línea. Por eso, los caracoles, aunque tarde, cuando llegan, lo disfrutan mucho más. Lo aprecian. Lo saborean. Y cada paso tiene sentido... Entonces, ¿por qué arrepentirse de ser caracol?


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