Amira
“Pensaba que hoy ya no ibas a venir”, le dijo con una de esas sonrisas con las que tantas veces había soñado. Pero esta vez era para ella, y sólo para ella. Quiso querido detener el tiempo, congelar esa imagen.
Como cada día, Amira salía a pasear con su perro. Estos paseos tenían un sabor especial, porque sabía que se encontraría con aquel hombre. Desconocía su nombre, su edad, y también a qué podría dedicarse. Pero sabía muy bien que cada anochecer lo encontraría en el parque junto a su perra. Y así pasaban los días.
Los minutos que duraban su encuentro lejano le daban la oportunidad de volar y escapar a mundos que sólo había conocido en sus sueños. Amira había dejado de soñar desde hacía mucho tiempo. En casa sólo le esperaba la soledad, el vacío...y su marido, un desconocido del que creía recordar que alguna vez fue lo que más quiso en el mundo.
Como cada día, Amira salía a pasear con su perro. Estos paseos tenían un sabor especial, porque sabía que se encontraría con aquel hombre. Desconocía su nombre, su edad, y también a qué podría dedicarse. Pero sabía muy bien que cada anochecer lo encontraría en el parque junto a su perra. Y así pasaban los días.
Los minutos que duraban su encuentro lejano le daban la oportunidad de volar y escapar a mundos que sólo había conocido en sus sueños. Amira había dejado de soñar desde hacía mucho tiempo. En casa sólo le esperaba la soledad, el vacío...y su marido, un desconocido del que creía recordar que alguna vez fue lo que más quiso en el mundo.