Busco al ladrón de mi corazón
Era una noche cálida de verano, la brisa húmeda iba impregnando cada célula de mi piel con minúsculas gotitas de agua. Mis pies descalzos iban acariciando la suave arena recién mojada por esas olas suicidas. Andando hipnotizada por el azar podía apreciar el olor a sal, presente en cada rincón de ese pueblo. Podía ver llena de estrellas, esa red de pescadores y poetas cosida con hilo transparente. Ahí, estaba colgada en el cielo.
De vez en cuando mis ojos se detenían contemplando la luz que desprendía tímidamente alguna vela. Fue entonces cuando mis pies tropezaron con un cuerpo, tumbado en la playa. Mi cuerpo cayó lentamente y sin pausa hasta que aterrizó suavemente en la cálida arena. Unas manos, muy suaves, me ayudaron a levantarme.
De repente, giré la mirada para conocer el dueño de esas manos. Mis ojos quedaron encarcelados en su mirada. Su boca no pronunció ninguna palabra pero sus ojos me pidieron perdón. Yo le dije: No te preocupes, no ha sido nada. Gracias por todo. Finalmente, y al cabo de unos minutos su mirada liberó a mis ojos encarcelados en ella y me fui.
Por la calle había gente sonriendo, celebrando el último fin de semana que les quedaba de vacaciones. Me senté en una terraza para tomarme un cóctel. Lo bebí sin prisas, sorbo a sorbo, pudiendo identificar cada uno de los ingredientes. En mi cabeza, sólo quedaban pensamientos prisioneros de esos ojos, de los ojos del dueño de esas manos. Pedí la cuenta al camarero, saqué el monedero para pagar y fue en ese preciso instante cuando me di cuenta que alguien había robado mi corazón.
Quizás el ladrón fue el dueño de esas manos, no lo sé. Esta noche estoy buscando a ese ladrón, al ladrón de mi corazón. Si alguien lo encuentra que me lo diga: Sin corazón es muy difícil vivir.
De vez en cuando mis ojos se detenían contemplando la luz que desprendía tímidamente alguna vela. Fue entonces cuando mis pies tropezaron con un cuerpo, tumbado en la playa. Mi cuerpo cayó lentamente y sin pausa hasta que aterrizó suavemente en la cálida arena. Unas manos, muy suaves, me ayudaron a levantarme.
De repente, giré la mirada para conocer el dueño de esas manos. Mis ojos quedaron encarcelados en su mirada. Su boca no pronunció ninguna palabra pero sus ojos me pidieron perdón. Yo le dije: No te preocupes, no ha sido nada. Gracias por todo. Finalmente, y al cabo de unos minutos su mirada liberó a mis ojos encarcelados en ella y me fui.
Por la calle había gente sonriendo, celebrando el último fin de semana que les quedaba de vacaciones. Me senté en una terraza para tomarme un cóctel. Lo bebí sin prisas, sorbo a sorbo, pudiendo identificar cada uno de los ingredientes. En mi cabeza, sólo quedaban pensamientos prisioneros de esos ojos, de los ojos del dueño de esas manos. Pedí la cuenta al camarero, saqué el monedero para pagar y fue en ese preciso instante cuando me di cuenta que alguien había robado mi corazón.
Quizás el ladrón fue el dueño de esas manos, no lo sé. Esta noche estoy buscando a ese ladrón, al ladrón de mi corazón. Si alguien lo encuentra que me lo diga: Sin corazón es muy difícil vivir.
Comentario:
No te imaginas la cantidad de "cacos" que hay..
Comentario:
Me ha gustado mucho. Suerte con tu búsqueda. un saludo ;)
Comentario:
Miguelito se tragó veinte bolas de alcanfor por si acaso las polillas se comían su corazón...
Noe... mmm... eso...
Noe... mmm... eso...
Comentario:
Estoy toatalmente segura que hallarás al ladrón no tardando. Pero prometo que si lo veo de inmediato te aviso, pero espera, que llegará.
Un beso.
Un beso.

CHOI