LA HISTORIA INTERMINABLE
Como cada noche antes de acostarse leía un poquito. Leer era su gran afición desde que su maestra Laura le enseñó. Era la hija única de una familia humilde de un pueblo muy pequeño, tan solo tenía treinta casas . Sus padres la adoraban y ella les correspondía, con la misma fuerza, con la misma intensidad,...Le encantaba jugar por las calles, por los campos, por las montañas, en el río,...En primavera, jugaba con las amapolas, intentaba adivinar de qué color sería la amapola que aún se escondía debajo de su capullo. Había todas las tonalidades, desde el blanco hasta el rojo pasando por el rosa. Una vez abiertos, los metía en un vaso de plástico con agua, lo metía al congelador, y cuando estaba helado, quitaba suavemente el vaso. Aparecía un iceberg adornado con capullos de amapola, y lo observaba, lentamente, hasta que el calor lo derritiera.
En verano iba a los conciertos que sus amigas las ranas le ofrecían cada día. Incluso, alguna vez, besó a una rana con la esperanza de encontrar a ese príncipe azul que siempre aparecía en los cuentos. En otoño, recogía las hojas de los árboles, las setas (las cocinaba imitando a su abuela)... recogía todos los regalos que la naturaleza le ofrecía. Bailaba la danza del otoño, alrededor de esos tres árboles que había junto a la carretera empezaba a dar saltos mirando al cielo, escuchando la musiquilla de las hojas, del viento, deseando evitar el suicidio de esas hojas que aún quedaban en el árbol. Ojalá, las pudiera salvar, con sus manos, con su cabeza, incluso con la chaqueta.
En invierno anhelaba la nieve, hacer ese muñeco de nieve que le llamaba Casimiro, utilizar los sacos de plástico del abono del campo, para deslizarse por la nieve como si de un trineo se tratara.
También le encantaba escribir. Se inventaba historias y las escribía en una libreta muy pequeña que siempre llevaba en su bolsillo, con una pegatina de esos pastelitos de chocolate (de los que no pienso decir su marca, evidentemente!).
A mil kilómetros de distancia, un niño de su misma edad, hijo también de una familia humilde pero que habitaba en una gran ciudad, le encantaba leer. Cada noche antes de acostarse leía un poquito. Era un muchacho soñador, no era un buen estudiante. Sus padres le ignoraban o al menos se sentía ignorado.
Esa noche, le pasó una cosa muy rara, notó como si ese libro que tenía en sus manos y que acababa de empezar, hablara. Sí, alguien de dentro del libro le estaba pidiendo ayuda. Pensó que era su imaginación, paso página, era la página 2, y una voz cada vez más fuerte, le decía: VEN, VEN, VEN, Veeeeeeeen,..Cautivado por la voz mágica, se tiró al vacío y sorprendentemente estaba dentro, ahí podía ver: silfos, gigantes comerrocas, espectros, tortugas, caballos voladores, brujas, magas,...
Pasaba por la página 7, cuando de repente la niña del pequeño pueblo que estaba leyendo el libro como de costumbre, empezó a oír una voz que le decía: VEN, VEN, VEN,.... cada vez más fuerte. De repente, estornudó y se encontró inmersa dentro del libro. Podía ver: silfos, gigantes comerrocas, espectros, tortugas, caballos voladores, brujas, magas,... Estaba en el país de la Fantasía y estaba ahí porque tenía una misión...
Salvar el reino de Fantasía, pero la única manera de salvar a Fantasía es darle un nombre a su princesa, o lo que es lo mismo, no permitir que los hombres la olviden. Él también tenía esta misión y al menos intentaría cumplirla.
Sus ropas habían cambiado, sus zapatos,...Ella, la niña, llevaba un vestido azul, con unos zapatos azules, incluso ahora su pelo era azul.
El niño, con sus nuevos pantalones y zapatos amarillos, andaba por Fantasía. Su pelo, ahora, amarillo fluorescente, le servía para iluminar el camino en la oscuridad. Tenía hambre, muchísima,...
.......
Casi a punto de cumplir su misión, la niña observó un pequeño detalle. El forro de su falda contenía un enorme número, el número 7. Se quitó los zapatos porque le dolían los pies y descubrió que también sus zapatos, por debajo contenían el número 7.
Casi a punto de cumplir su misión, el niño se cayó, se rompió los pantalones y se hizo un rasguño en la rodilla. En este preciso instante fue cuando se dio cuenta de un pequeño detalle. El forro de sus pantalones contenía un número, el 2 Se quitó los zapatos porque le dolían los pies y descubrió que también sus zapatos, por debajo contenían el número 2.
Y ahí llegó el final de esta historia interminable. Los destinos de esos niños separados por más de mil kilómetros, estaban unidos por un número, el 27 y por un libro, “la Historia Interminable”, de Michael Ende. Un libro que posiblemente marcaría sus vidas para siempre, nunca olvidarían los misterios y secretos que escondía el reino de Fantasía.
(Si alguna vez lo leíste o viste la película seguro que eres capaz de escuchar la música).

En verano iba a los conciertos que sus amigas las ranas le ofrecían cada día. Incluso, alguna vez, besó a una rana con la esperanza de encontrar a ese príncipe azul que siempre aparecía en los cuentos. En otoño, recogía las hojas de los árboles, las setas (las cocinaba imitando a su abuela)... recogía todos los regalos que la naturaleza le ofrecía. Bailaba la danza del otoño, alrededor de esos tres árboles que había junto a la carretera empezaba a dar saltos mirando al cielo, escuchando la musiquilla de las hojas, del viento, deseando evitar el suicidio de esas hojas que aún quedaban en el árbol. Ojalá, las pudiera salvar, con sus manos, con su cabeza, incluso con la chaqueta.
En invierno anhelaba la nieve, hacer ese muñeco de nieve que le llamaba Casimiro, utilizar los sacos de plástico del abono del campo, para deslizarse por la nieve como si de un trineo se tratara.
También le encantaba escribir. Se inventaba historias y las escribía en una libreta muy pequeña que siempre llevaba en su bolsillo, con una pegatina de esos pastelitos de chocolate (de los que no pienso decir su marca, evidentemente!).
A mil kilómetros de distancia, un niño de su misma edad, hijo también de una familia humilde pero que habitaba en una gran ciudad, le encantaba leer. Cada noche antes de acostarse leía un poquito. Era un muchacho soñador, no era un buen estudiante. Sus padres le ignoraban o al menos se sentía ignorado.
Esa noche, le pasó una cosa muy rara, notó como si ese libro que tenía en sus manos y que acababa de empezar, hablara. Sí, alguien de dentro del libro le estaba pidiendo ayuda. Pensó que era su imaginación, paso página, era la página 2, y una voz cada vez más fuerte, le decía: VEN, VEN, VEN, Veeeeeeeen,..Cautivado por la voz mágica, se tiró al vacío y sorprendentemente estaba dentro, ahí podía ver: silfos, gigantes comerrocas, espectros, tortugas, caballos voladores, brujas, magas,...
Pasaba por la página 7, cuando de repente la niña del pequeño pueblo que estaba leyendo el libro como de costumbre, empezó a oír una voz que le decía: VEN, VEN, VEN,.... cada vez más fuerte. De repente, estornudó y se encontró inmersa dentro del libro. Podía ver: silfos, gigantes comerrocas, espectros, tortugas, caballos voladores, brujas, magas,... Estaba en el país de la Fantasía y estaba ahí porque tenía una misión...
Salvar el reino de Fantasía, pero la única manera de salvar a Fantasía es darle un nombre a su princesa, o lo que es lo mismo, no permitir que los hombres la olviden. Él también tenía esta misión y al menos intentaría cumplirla.
Sus ropas habían cambiado, sus zapatos,...Ella, la niña, llevaba un vestido azul, con unos zapatos azules, incluso ahora su pelo era azul.
El niño, con sus nuevos pantalones y zapatos amarillos, andaba por Fantasía. Su pelo, ahora, amarillo fluorescente, le servía para iluminar el camino en la oscuridad. Tenía hambre, muchísima,...
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Casi a punto de cumplir su misión, la niña observó un pequeño detalle. El forro de su falda contenía un enorme número, el número 7. Se quitó los zapatos porque le dolían los pies y descubrió que también sus zapatos, por debajo contenían el número 7.
Casi a punto de cumplir su misión, el niño se cayó, se rompió los pantalones y se hizo un rasguño en la rodilla. En este preciso instante fue cuando se dio cuenta de un pequeño detalle. El forro de sus pantalones contenía un número, el 2 Se quitó los zapatos porque le dolían los pies y descubrió que también sus zapatos, por debajo contenían el número 2.
Y ahí llegó el final de esta historia interminable. Los destinos de esos niños separados por más de mil kilómetros, estaban unidos por un número, el 27 y por un libro, “la Historia Interminable”, de Michael Ende. Un libro que posiblemente marcaría sus vidas para siempre, nunca olvidarían los misterios y secretos que escondía el reino de Fantasía.
(Si alguna vez lo leíste o viste la película seguro que eres capaz de escuchar la música).

Comentario:
Comentario:
A ver, sí que he visto la película y también me leí el libro!!
Lo que has leído es una narración inventada por mi.
Lo único que hace referencia a la película es la imagen que he puesto y esa imagen evoca en mi mente la canción de la película.
Saludos :)
Lo que has leído es una narración inventada por mi.
Lo único que hace referencia a la película es la imagen que he puesto y esa imagen evoca en mi mente la canción de la película.
Saludos :)
Comentario:
Has visto tu la película?? Esta es mi pregunta, porque si la hubieras visto, que no lo se, sabrías que el protagonista es un niño no una niña... =S Es Bastian, la niña que sale es la emperatriz de Fantasía, Hija de La Luna... No se, pero por lo que he leído parece que no la hayas visto...
Comentario:
Claro que recuerdo esa película.. aqui en Chile se le llamóla Histora sin fin y recuerdo qe fue odo un fenómeno, incluso con el tiempo la transmitieron en la tele y también la vi.. demasiado buena y mágia sobre todo para una edad en que alucinaba con mi imaginación.. por cierto tiempo después dieron una segunda parte.. pero sin duda me quedo con la primera... sobre todo con la imagen del niño sobre el perro. genial.
Saludos desde Chile.
Saludos desde Chile.
Comentario:
la historia interminable...me gustó esa pelicula
q pasaría si nuestars historias fueran interminables??
Un saludo
q pasaría si nuestars historias fueran interminables??
Un saludo
Comentario:
Por mi parte... espero que sea interminable tu presencia en mi vida :). Muchas gracias por las cosas que sueltas, así, de golpe... Porque la vida te va dando cosas, te da gentes, te da razones, a veces las quita, a veces te callas, a veces me hablas...

CHOI