Una caja fuerte debes abrir si me quieres ayudar
Barcelona, 7 de enero de 2005
Después de un largo día de compras, estaba agotadísima. Había estado toda la mañana y parte de la tarde buscando las mejores ofertas: esos pantalones negros, ese jersey naranja, esas deportivas, ...
Pero las compras y haberme recorrido casi toda Barcelona en 12 horas no era el único motivo de mi cansancio. Me quedaban muchas cosas por hacer y esto me agotaba, además no lo podía dejar para mañana, porque mañana ya no estaba en Barcelona. Meor iba, lejos, muy lejos, al otro lado del charco, como algunos dicen.
Ahí, me esperaba una nueva familia, un nuevo trabajo, y una nueva cultura.
Mi nuevo hogar estaba en el Estado de Conetica, más o menos entre Boston y Nueva York. Me había planteado muchas preguntas antes de irme, algunas incluso las había respondido aunque nadie me aseguraba que mis respuestas fueran correctas. Otras, las dejé sin responder, siempre me había cautivado la incertidumbre innata de determinados aspectos.
Tenía que hacer la maleta, ir a buscar los dólares a casa de Elena, una amiga que tenía una caja fuerte y despedirme de mis amigos Juan y Pablo. Había quedado delante de mi portal con David y Eva que me acompañaban al aeropuerto a las 4:30h. Estaba un poco inquieta y estresada, así que decidí llamar a Eva para que me ayudara con todo.
Escogimos la ropa, los libros, la música y otros utensilios que podían ser de utilidad: la depiladora, el cepillo de dientes eléctrico que me habían traído los Reyes,...., y mi inseparable portátil y todo lo íbamos metiendo dentro de mi maleta nueva. La verdad es que Eva me ayudó muchísimo, cuando terminamos de meter todas las cosas, Eva cerró la maleta.
Después llamé a Elena pero no respondió. Mi corazón empezaba a palpitar cada vez más deprisa. Pero, no, tenía que ser optimista y pensar que no le podía haber pasado nada.
Llegué a su casa, pero no estaba. Cogí la copia de la llave que estaba escondida al mismo sitio y abrí la puerta. Tan sólo entrar me di cuenta que la casa olía, pero olía a perfume. Era un perfume muy fuerte, cuya marca francesa, empieza por C termina con L y tiene un número impar que está entre 3 y 7.
Me acerqué hasta su habitación y descubrí, al lado de su cama, el cuerpo de una muchacha, Elena. Chillé muy fuerte. En su pecho vi una mancha de sangre. “Un disparo”, pensé.
No podía llamar a la policía porque seguramente sospecharían de mi y no podría irme a los EEUU.
Tenía que abrir la caja fuerte. Pero ¿qué combinación podía ser? Nunca me confesó ese secreto. Además quien podía imaginar que esa noche fuera asesinada. Pues ahí estaban los dólares que me tenía que llevar esa madrugada a EEUU.
Estuve buscando en cada uno de los rincones de ese perfumado piso, pero ¿qué buscaba? Me senté en su sillón azul y pensé :”Tranquila, eres una mujer con suerte, todo se solucionará”. Intenté recordar sus aficiones, sus amigos, la fecha de nacimiento,... y entonces me acordé que Elena era una chica casi adicta a las matemáticas, a los acertijos, a los palíndromos, ...., incluso a la numerología.
Busqué en su escritorio, en la mesita de noche, en el armario, debajo de la cama, debajo del colchón, debajo de la almohada, en su bolsillo, en el joyero por si encontraba algún papel o algo.
Como si un rayo de luz fuera, tuve una idea, y me fui corriendo a la papelera. Allí me encontré una servilleta de papel y un paquete de tabaco. Justo dentro del paquete de tabaco había este dibujo.

y en la servilleta manchada de tomate decía:
Poner en orden ascendente los números que faltan
Me puedes ayudar a encontrar la combinación para abrir la caja fuerte?
Continuará….
Después de un largo día de compras, estaba agotadísima. Había estado toda la mañana y parte de la tarde buscando las mejores ofertas: esos pantalones negros, ese jersey naranja, esas deportivas, ...
Pero las compras y haberme recorrido casi toda Barcelona en 12 horas no era el único motivo de mi cansancio. Me quedaban muchas cosas por hacer y esto me agotaba, además no lo podía dejar para mañana, porque mañana ya no estaba en Barcelona. Meor iba, lejos, muy lejos, al otro lado del charco, como algunos dicen.
Ahí, me esperaba una nueva familia, un nuevo trabajo, y una nueva cultura.
Mi nuevo hogar estaba en el Estado de Conetica, más o menos entre Boston y Nueva York. Me había planteado muchas preguntas antes de irme, algunas incluso las había respondido aunque nadie me aseguraba que mis respuestas fueran correctas. Otras, las dejé sin responder, siempre me había cautivado la incertidumbre innata de determinados aspectos.
Tenía que hacer la maleta, ir a buscar los dólares a casa de Elena, una amiga que tenía una caja fuerte y despedirme de mis amigos Juan y Pablo. Había quedado delante de mi portal con David y Eva que me acompañaban al aeropuerto a las 4:30h. Estaba un poco inquieta y estresada, así que decidí llamar a Eva para que me ayudara con todo.
Escogimos la ropa, los libros, la música y otros utensilios que podían ser de utilidad: la depiladora, el cepillo de dientes eléctrico que me habían traído los Reyes,...., y mi inseparable portátil y todo lo íbamos metiendo dentro de mi maleta nueva. La verdad es que Eva me ayudó muchísimo, cuando terminamos de meter todas las cosas, Eva cerró la maleta.
Después llamé a Elena pero no respondió. Mi corazón empezaba a palpitar cada vez más deprisa. Pero, no, tenía que ser optimista y pensar que no le podía haber pasado nada.
Llegué a su casa, pero no estaba. Cogí la copia de la llave que estaba escondida al mismo sitio y abrí la puerta. Tan sólo entrar me di cuenta que la casa olía, pero olía a perfume. Era un perfume muy fuerte, cuya marca francesa, empieza por C termina con L y tiene un número impar que está entre 3 y 7.
Me acerqué hasta su habitación y descubrí, al lado de su cama, el cuerpo de una muchacha, Elena. Chillé muy fuerte. En su pecho vi una mancha de sangre. “Un disparo”, pensé.
No podía llamar a la policía porque seguramente sospecharían de mi y no podría irme a los EEUU.
Tenía que abrir la caja fuerte. Pero ¿qué combinación podía ser? Nunca me confesó ese secreto. Además quien podía imaginar que esa noche fuera asesinada. Pues ahí estaban los dólares que me tenía que llevar esa madrugada a EEUU.
Estuve buscando en cada uno de los rincones de ese perfumado piso, pero ¿qué buscaba? Me senté en su sillón azul y pensé :”Tranquila, eres una mujer con suerte, todo se solucionará”. Intenté recordar sus aficiones, sus amigos, la fecha de nacimiento,... y entonces me acordé que Elena era una chica casi adicta a las matemáticas, a los acertijos, a los palíndromos, ...., incluso a la numerología.
Busqué en su escritorio, en la mesita de noche, en el armario, debajo de la cama, debajo del colchón, debajo de la almohada, en su bolsillo, en el joyero por si encontraba algún papel o algo.
Como si un rayo de luz fuera, tuve una idea, y me fui corriendo a la papelera. Allí me encontré una servilleta de papel y un paquete de tabaco. Justo dentro del paquete de tabaco había este dibujo.

y en la servilleta manchada de tomate decía:
Poner en orden ascendente los números que faltan
Me puedes ayudar a encontrar la combinación para abrir la caja fuerte?
Continuará….
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¿1379?

CHOI