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Soy antipática... ¿y qué?
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Señor lector, esta es una advertencia, esto no es para leer, si usted decide hacer caso omiso, es su problema, no se responde por daños. Si me ves, no me mires... No querrás saber de mí.
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Virgen?
Estaba el otro día sentada en el metro haciendo hora cuando escuché sin querer la conversación de tres amigas. Que digo que fue sin querer! era difícil no oírlas si con el ruido de la estación las muchachas gritaban a pulmón para oírse entre ellas. Claro que no les importaba porque la gente iba y venía con una rapidez, muy a lo zombie a esas horas de la tarde en donde sólo quieren llegar a casa, sacarse los zapatos, desabrocharse el pantalón y la camisa y tirarse en el sofá o comer algo rico o simplemente dormir. La gente se vuelve menos persona y más animal, que va a estar interesada en las conversaciones de unas muchachitas que tienen todo el tiempo del mundo para ponerse a hablar en la estación del metro.
Estas muchachas gritaban así como así sobre la serie de eventos ocurridas a la muchacha 1, que nada más ni nada menos había perdido su virginidad. Las otras dos estaban con cara de emoción, digamos que la muchacha 2 parecía querer saberlo todo, con lujos y detalles, mientras que la muchacha 3 parecía alegre por su amiga la 1 y al mismo tiempo parecía realizar una comparación con la vez en que ella perdió la suya.
Fíjense en lo gracioso, cuando uno habla de pérdida lo tomamos como “ya no tengo algo que era mío y ahora padezco de su ausencia, lo extraño, o me daña su ausencia; no puede ser que lo haya perdido”, es como cuando se muere alguien cercano y te dicen “es que sufrió una pérdida” o “perdió en la lotería”, “se le perdió su mp3”, “perdió su oportunidad”, etc. Perder siempre nos significa una carencia, algo malo, jamás significa ganancia. Es decir, culturalmente perdemos algo al entrar a una nueva etapa en donde realmente experimentamos algo nuevo… Para mí fue una ganancia, es decir, siempre me gustaron los chocolates, comer cosas ricas, disfrutar ese placer gastronómico; también disfruté de bailar, de ir al baño justo justo cuando creía que ya no iba a aguantar más, placeres!! (oiga si ir al baño cuando uno no da más es un placer, o acaso usted no se a sentado en el baño y a dicho ahhhhh… a medio suspiro?), esa sensación de satisfacción de comprar algo lindo, de experimentar emociones nuevas como con el deporte: algo así sentí y experimente cuando paradójicamente “perdí” mi virginidad… gané un nuevo placer. Y por Dios que me sentí culpable, casi me autocensuro, me sentí fuera de lugar y con ganas de castigarme por mis propios pensamientos… sensación que aumentó cuando prosiguió la conversación.
1- es que yo tenía muchas ganas, muchas ganas, pero en verdad tenía miedo; él me encanta, es adorable, muy tierno, pero vive muy lejos y no lo conozco bien.
2- pero cómo! si él hasta te pidió tener una relación más formal y tú no quisiste!
1- es que por lo mismo, vive muy lejos!
3- pero igual! si él te quiere, él te lo propuso, él te vendría a ver.
2- ya pero cuenta, cuenta que pasó!
1- que él me preguntó porqué no quería y yo le expliqué que sí quería pero que tenía miedo porque yo era virgen
2- uuuu y qué pasó?, qué te dijo?
1- que nunca se le había pasado por la cabeza que yo fuera virgen. Le expliqué mis miedos, que a parte de tener miedo de quedar embarazada, que a él no lo conocía desde mucho, que lo iba a recordar por siempre, que sería el primero…

Evidentemente la conversación fluyó de otra manera, no la recuerdo textual, ni menos pienso mencionar los detalles que contó o las preguntas que sus amigas le hicieron.
Y me sentí culpable por todo ese romanticismo. Entonces tal vez la culpa no es de los hombres, sino de nosotras, que le pones a las cosas tanto romanticismo a estas cosas… entonces cuando les decimos: es que vas a ser el primero y te recordaré por siempre, se les infla el pecho… tal vez, es una hipótesis… yo tuve miedo, pero tuve miedo en primera circunstancia porque con quién quería ganar placer, le interesaba sólo eso, ganar placer, entonces yo me iba a “enganchar”, me iba a prendar de él y éste no parecía tener las mismas intenciones, o tal vez las tenía, pero nunca me las hizo saber (obvio, si es hombre!). Decidí no poner en juego mis sentimientos, porque ya estaba enamorada, pero aún tenía tiempo de retirar mi apuesta de la mesa y salir con medio corazón ileso. Segundo, yo obviamente no me estaba cuidando, no tenía preservativos y él menos. Entonces, si ya no era posible ganar placer (que libera no sé qué hormonas en el cerebro que hace que uno experimente lo que se llama “enamoramiento” y entonces se puede confundir el amor con el placer o bien incrementar ese sentimiento) con la persona que yo quería, ya la cosa perdió toda esa magia y romanticismo que esparcen las madres y otras mujeres a modo de leyenda épica, de cómo debe ser. Ok, tenemos que no lo haría con quién tenía lazos afectivos y además que la primera vez duele… Para qué sobrevalorar tanto ese momento entonces? pensé en que muchas tienen sentimientos encontrados, es decir, lo hicieron y les dolió y fue todo muy bruto; o con miedo porque las iban a pillar, o rapidito, etc. Creo entonces que la segunda o tercera vez son más memorables… También pienso en que es verdad que te vas a acordar de la persona con quién lo hiciste (bueno, hasta que estés viejo y alguna enfermedad haga que se te olvide…), pero no por ello tiene que ser tan dramática la elección… ojo, que no digo que esté bien que las nenitas de 13 se anden acostando con el primer chico de la fiesta que se pasó de listo (o viceversa), no encuentro que estén preparadas para diferenciar hormonas, sentimientos, sensaciones, diversión, responsabilidad, respeto, etc.
Yo me acuerdo y pese a que en ese momento me sentí culpable de mi falta de romanticismo, estoy feliz de que haya decidido que fuese así, si no había amor de por medio y además si se portó tan bien conmigo (soy muy exigente y le conversé con anterioridad que nada de cosas bruscas y que quería aprender a conocerme bien para más adelante poder disfrutar como corresponde), no le veo el drama.

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