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Soy antipática... ¿y qué?
algunos comentarios que no se dicen por los pasillos...
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Señor lector, esta es una advertencia, esto no es para leer, si usted decide hacer caso omiso, es su problema, no se responde por daños. Si me ves, no me mires... No querrás saber de mí.
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Hola, te acuerdas de mí?
Hola, te acuerdas de mí?, hace mucho que no me escribes, creo que tal vez ya no te acuerdes, prefiero pensar eso que pensar que no te quieres acordar de mí.
Soy yo, oye, la misma niña que te esperaba en el metro por las mañanas, ¿ahora si te acuerdas?, esa que te escribía cartas bien cursis (yo sabía que eran cursis, por eso escogí con pinzas cada palabra que iba a usar para que la hallaras bien cursi, como ninguna otra que te hayan escrito antes o que te fuesen a escribir, para que así me recordaras bien), que te cantaba una canción sobre amor, pero que no lo decía explícitamente, mientras estabas recostado sobre la cama. Soy a la que le robaste una foto donde salgo entre plantas, con una faldita escocesa roja y una blusa rosada, supongo que si has robado más fotos, no hay otra que salga vestida igual. ¿Te acuerdas?, soy a la que le prestaste una camisa celeste, con tu olor, durante las vacaciones para así poder recordarte y sentir que dormía contigo; supongo que fui a la única que le prestaste esa camisa. ¿No te suena?, pero si soy yo, esa que te pedía que le mintieras, que le dijeras te amo. Soy a la que cortaste unas tres veces mínimo, tal vez fueron cuatro veces, no llevaba la cuenta con exactitud, o acaso cortaste con tantas otras que yo pasé desapercibida. Mira, soy la muchacha que se sentía celosa de una gótica. ¿Tampoco te recuerda algo? Soy la que hice un “mini” cómic sobre tú y yo (nunca nosotros) y tus amigos con mis amigas. Te regalé un dibujo, era una niña que salía en la serie de Orphen, tú me hiciste a las nenas de Digi Charat. ¿Aún no te acuerdas de mí?, ¿pero cómo? Soy la que te mandaba mensajitos de texto como a las tres de la mañana, o las cuatro, ya que me quitabas el sueño y no podía dormirme hasta comunicarte que te extrañaba. Soy la que siempre te decía que olías rico, que no estaba segura, que tenías linda sonrisa y cachetes gordos. ¿Te acuerdas que me escribiste una nota en mi libreta amarilla, una noche en que te quedaste en mi casa, y que en una parte decía que me amabas con locura? Ya sé, con esto si que te acuerdas, soy la muchacha a la que le decías “te quiamo” porque me querías mucho, pero no llegabas a amarme aún. ¿Me recuerdas? Soy a la que le quitaste un llavero que tenía una ballenita azul que en verdad era celeste y que no me la devolviste nunca. Soy a la que le regalaste una cajita de bombones Privilegio de color azul, y que tú te compraste otra para ti porque amas los chocolates. Soy esa a la que le escribiste unas cartas con palabras como cuchillas. ¡Acuérdate! Soy la que te esperaba en el balcón como tal Julieta espera a su Romeo, a que llegaras a verme a casa. Soy la que lloré incontables veces en tus brazos, soy la nena que quería ser muy linda para ti, la que te obligó a sacarte fotos conmigo un día en que andabas con una polera roja con una estrella al centro, lo que hacía que te combinara con tus cachetes sonrojados. La que amaba tus grandes y brillantes ojos. ¿Te acuerdas que me gustaba leer y que quería escribir un libro? Pero si soy yo, la que te observó dormir, la que adoraba tu pelo, la que te contaba terribles cosas que te disgustaban mucho todas las mañanas; soy la que siempre discutía contigo porque siempre nos íbamos uno en contra del otro, la que te llamaba para saber de tu recuperación de tu apendicitis. Esa niña que andaba con una carpeta llena de guías, trabajos y pruebas. ¿No me recuerdas?... ¿en serio que no? Soy la niña a la que le agradaba tu mamá y conversábamos por teléfono, la que le gustaba otoño e invierno y chapotear en la lluvia igual que a ti, la que cortaste por última vez en Plaza de Armas y que me fui y me seguiste hasta la estación Santa Ana y me diste un beso al más puro estilo de película hollywoodense y donde nos separamos por siempre. No me digas que aún no te acuerdas de mí. Soy la que te entregó el alma y a la que se le rompió el corazón, la que te extraña cada día, la que corrió a los brazos de un buen hombre que no le hiciera daño, la que te desea lo mejor, la que te odia infinitamente, la que siempre piensa en ti, la que se acuerda de aquel 25 de diciembre en el parque O’higgins cuando volviste, la que recuerda ese año nuevo tipo cuatro de la mañana cuando llamaste medio ebrio para decirme lo que yo estaba esperando, lo que debiste decir mucho tiempo atrás.
Bueno, ya me olvidaste.

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