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Soy antipática... ¿y qué?
algunos comentarios que no se dicen por los pasillos...
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Señor lector, esta es una advertencia, esto no es para leer, si usted decide hacer caso omiso, es su problema, no se responde por daños. Si me ves, no me mires... No querrás saber de mí.
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No bastan las palabras...
Esto va a dolerte...
me odio a mí misma por el hecho de sentir que tu amor en sí no me baste.
Me había prometido no hacerte daño porque no lo merecías, tiempo atrás me había prometido estar con el primer hombre bueno que no me hiciese daño y fue que apareciste tú precisamente, como caído del cielo.
Me es una tarea colosal, tremendamente difícil, dividir una vida juntos, deshacer el tejido. ¿Con qué recuerdos prefieres quedarte?
Siempre me dijiste que hubieses querido conocerme antes, antes de aquel hombre malo, para que de ese modo yo no hubiese sufrido. Te dije que no debía ser así, que todo debió ocurrir exactamente como ocurrió, de otro modo cómo hubiese sido la damisela en peligro? cómo hubiese saboreado la tranquilidad y seguridad que me brindabas? como hubiese sabido sobre cosas del amor? cómo te hubiese conocido sino en una fiesta de desquite?. Debía ser así, debía sentir ese sufrimiento a concho, debía cerrar ese capítulo, debí haber llorado lo que lloré para poder disfrutarte como lo hice. Me consuela pensar que tal vez te lo tomes de esta misma manera.
Recuerdas las muchas veces que lloraste y predecías el futuro, diciendo que te dejaría, que me aburriría de ti? fue como cavar la tumba. Siento que me la jugué por mantener lo que teníamos, las noches enteras de conversación, las que no conversábamos, los juegos por las tardes, los moretones que dejabas en mis brazos porque nunca aprendiste a medir tu fuerza al tomarme, al abrazarme. ¿Cuántas veces lloré en tus brazos? por qué motivos fue? pienso que la barriga se te infló de tanta lágrima que bebiste. Soy una llorona, lo sabes, sabes que lloraré, te lloraré.
No sé en qué punto exacto comenzó a fallar, tal vez diste por sentado que yo siempre estaría ahí, tal vez yo di por sentado que tú siempre estarías en torno a mí. Ambos nos equivocamos.
Recuerdas cuando llegaste con los hámster? no tenía dónde colocarlos, los dejé en una maceta. Eran infinitamente pequeños, nacientes, tal cual nosotros. Fu lindo criarlos juntos, aunque casi nunca les cambiaste la viruta.
Recuerdas la fiesta donde te conocí? siempre lo recordaré coqueto! mágicamente una semi desconocida te llevó a la fiesta, sólo para mí. Mi espalda arqueada dolía alejándose de tus labios. Amor a primera vista, y eso que estaba oscuro. Recuerdo haberte puesto contra un poste y haberte bailado, coqueteado. Todo ocurrió tan rápido. De ese a momento a cuando viniste a casa a quedarte es un tiempo relativo. Recuerdo en ese tiempo que te pregunté porqué no me pedías pololeo... te pusiste nervioso. Recuerdo la primera vez que viste aquellas fotos que no se deben ver... nervioso al cuadrado. Recuerdo haber tiritado en tus brazos. Te recuerdo enfurecido por las llamadas del pasado. Te recuerdo muy alegre en navidad, sonrojado por la mañana, cansado por las tardes.
No recuerdo la noche en que pediste matrimonio y no acepté, tampoco recuerdo la vez que me lo repetiste y sonreí diciendo que en diciembre, cuando cumpliéramos 40 años, para estar juntos en la vejez. Recuerdo muy bien la noche en que te lo pedí yo, llevada por un instinto extraño. Acordamos tener una casita en el campo, con cinco gatos y dos perros, un Hurón que se llamaría Juanín, avecillas pequeñitas que hacen un ruidito muy lindo, muchos hámster... Ese recuerdo me hace retroceder y caer a las infinitas noches de llanto cuando te decía que yo no era para ti, que eras demasiado bueno para mí, que debías buscar una mujer que te llenara de felicidad, sin trancas, que te diera los hijos que querías, que te esperara siempre alegre... Aún no me cabe en la cabeza como el amor puede hacer ceder. Abandonaste a tu familia, a tus amigos, a tus futuros hijos, a tu país, a tu barrio, a tu cultura y lenguaje por venirte a mi mundo, mi burbuja llena de parches, con mi familia, mis ideales, mis sueños. Quiero que pienses que el mundo te da otra oportunidad para recuperarlos. Esto no es una pérdida, es una ganancia.
Recuerdas cuando fuimos a Chillán? conocí a tu abuela que me hizo engordar, la que pensaba que volveríamos al año próximo con nuestro primer hijo. Comí las mejores trufas allí, quizá el mote con huesillo más grande! La papas fritas de trasnoche.
Recuerdas cuando fuiste a conocer a mi familia? la pasamos bien, les encantaste y una prima me envidió muchísimo, pues su novio no te llegaba ni a los talones.
Recuerdas cuando te ganaste el premio del mejor de los mejores? celebramos mucho, que orgullosa me sentía de ti. Eres un gran hombre, decidido y esforzado. Fuimos a Frutillar en los buses más cómodos, estábamos muy felices! mi mamá, mi hermano y mi primo no paraban de reír, nosotros íbamos juntos y era lo importante. Era santa Beatriz y llegaríamos a destino el día de los enamorados. Llovía en Osorno. Dejaba de llover en frutillar. Cuántas fotos saqué? teníamos una pieza matrimonial y una vista maravillosa. No sabía para dónde era el este y para dónde el oeste. Fuimos a Chiloé a ver los palafitos. Fuimos al volcán en donde terminé muy mareada. Habías estado así de feliz antes? quedamos de regresar algún día...
Recuerdas cuando fuimos a Viña? primero nos perdimos en Valparaíso. Caminamos toda la costa de Viña porque yo no quería una playa con chicas guapas y delgadas y teams de verano. Tú tenías hambre y querías comer pan. Estábamos solo tú y yo.
Recuerdas cuando fuimos a escoger un armario? no me gustaba ninguno, ninguno combinaba con mi pieza, con nuestro nido. Te guardé la ropa muy ordenada, en el primer cajón iría la ropa interior y los secretos, en el segundo las poleras y camisas, en el tercero los pantalones, busos y pijamas, en el último irían tus cuadernos y archivadores. En la parte de arriba, las sábanas.
Fuste el mejor amigo de mi computador, lo defendiste de mis patadas. Me fuiste a buscar a mi trabajo, porque tenía miedo de esperar la micro sola a las once y media de la noche. Me preparaste la chorrillana más abundante, con el mejor traje que podías ponerte. Me llevaste al restaurant que quería. Me dejaste chocolates bajo la almohada. Hiciste la cama un millón de veces, la desarmaste unas cuantas. Fuimos todos los días, en fiestas patrias, al parquesito, sólo porque me hacía inmensamente feliz el ambiente, se volvió un ritual. Luego llegábamos a casa a comer más aún, vimos "Bienvenidos a Belleville" en la televisión. Fuimos una vez al cine en que ni siquiera sé que película era, porque sólo fuimos a besarnos en la parte de atrás, como los chicos malos. ¿Cuántas veces te dormiste viendo una película y yo me enojé? ¿Cuántas veces me abrazaste mientras yo lloraba viendo una película?
Son casi cuatro años de infinitos recuerdos, de tiempos difíciles, de desafíos, de fotografías tuyas en mi pared, de usar tus pantunflas, de darte tus remedios, de saltar en la cama grande, de despertar observándote, de gritarte, de tomar el desayuno, de ir al supermercado, al matadero; de viajar, de cocinar, de pintar mis uñas, de depilarme, de socorrerme cuando tengo pesadillas, de usar la misma pasta de dientes, de buenas noches y que te vaya bien...

Que te vaya bien...

No