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No me chinches que llevo chanclas!
aquí denuncio todo lo que me chincha
Sindicación
 
Pégame, pero no me dejes!
Cada vez que nos enteramos de que un hombre mata a su pareja, hacemos comentarios como: Qué barbaridad! Pero cómo está el patio! Qué cobarde! étc.

La situación es preocupante y requiere atención, sobre todo porque también las mujeres maltratan a los maridos, puede que no sea maltrato físico pero hay muchos otros métodos para lastimar.

Aquí el punto es, que escandalizarnos no es precisamente la solución, habrá que hacer más si queremos que esto se acabe.

Analizando el origen del problema, concluyo que todos somos responsables de estos comportamientos.

Hemos permitido que la violencia sea parte de nuestras vidas. De entrada educamos a los niños a base de gritos y tortazos, lógico que si uno de esos críos no madura con la edad, seguirá resolviendo sus asuntos con el mismo recurso.

También se debe tomar en cuenta que su segunda fuente de información después de los padres es la televisión, donde el 80% de los programas emitidos contienen al menos un incidente violento y los dibujos animados tienen la más alta frecuencia de actos violentos.

Eso sin contar que hay familias que tienen la costumbre de desayunar, comer y cenar viendo el telediario, donde lo que más abunda es precisamente el lado salvaje del ser humano, o que muchos están engachados a una variedad tremenda de programas dedicados al crimen, como CSI, En la mente del asesino, Crossing Jordan, Monk, étc.

De entrada la familia es el gérmen de estos maltratadores y maltratadoras, es un fábrica en potencia de individuos inmaduros, de dependientes emocionales, unos se convierten en verdugos y otros en víctimas.

Lo hacemos tan mal a la hora de educar a nuestros hijos, que en algunos países se pone al servicio de los padres un experto que los asesore de forma gratuita.

Por lo tanto hasta que no asumamos nuestra parte de responsabilidad en este tema, y hagamos algo, esto no va a terminar.

Tratemos a los niños con respeto, creemos una atmósfera adecuada, ya que ellos aprenden más de el ejemplo que de los sermones. Si hemos agotados nuestros recursos y no vemos otra opción que la de soltar un golpe, pidamos ayuda, leamos, hagamos lo que haga falta, que nadie nace sabiendo. Así nos aseguraremos de que en el futuro no se conviertan en maltratadores o maltratados.
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