Epifanía (el rugido de la bestia)

Teórica Profunda
Y la calle es, nada menos, una total erección. La lujuria, hecha verdad, es la dueña de la situación. Míralas, tan contentas, tan semidesnudas… es la epifanía de la carne.
Todos los años, el mismo ritual: las mujeres se quitan los abrigos, las botas, las medias, los jerseys, las camisas, y salen a la luz los hombros, las rodillas, los tobillos, los ombligos y los pies de las reinas del mundo. Carne pálida aún, rosada, apetecible: siempre se ha dicho que la carne hay que tomarla poco hecha.
Uno va por la calle y, francamente, no sabe a dónde mirar. Aquí esta jovencita con el ombligo al aire, allí esa señora de pantorrillas mordisqueables, allá esa joven que no puede contener la abundancia de sus sagradas tetas en una camiseta intravenosa. Y, en todas partes, hombres que miran al cielo para salvaguardar su dignidad y otros, a quienes la dignidad les trae al fresco, babeando penosamente.
Yo babeo. Pertenezco a la pléyade que no puede evitar que este festín libidinoso le afecte, convirtiéndome en una especie de lobo estepario que busca al tran-tran, desconsolado, el desahogo del achuchón rápido y el retoce anónimo.
Empírica cotidiana
Cierto día, mientras esperaba a un amigo en el intercambiador de Moncloa, a pie de escalera mecánica, me entretuve en un sondeo lujurioso cuyo trabajo de campo arrojó las siguientes cifras:
- Mujeres sometidas al salidómetro: 282
- Mujeres, digamos, revolcables: 230
- Mujeres que ni de coña: 52
Los porcentajes que los saque alguien con un poco más de rigor científico que yo.
Acotaciones técnicas:
- Entraban en estudio todas las mujeres que bajaran por la escalera mecánica, sin distinción por edad, credo, raza, tamaño de nalgas, etc.
- Incluidas menores (unas 3, dos de ellas revolcables) y ancianas (mayores, o con aspecto de ser mayores de 65 años, unas 40, todas ellas ni de coña)
- Entendemos por mujeres revolcables aquéllas con las que uno se daría un revolcón, tan a gusto, si ello no implicara ni cortejo previo ni, claro, amabilidad posterior, ni siquiera conocimiento mutuo de nombres.
Pragmática plausible
¿Soy un salido? Puede que sí, tengo pocas dudas al respecto, pero me gustaría que alguno de vosotros hiciérais la prueba y me comentáseis los resultados. También sería interesante la prueba vicevérsica, es decir, de alguna mujer con respecto a los hombres. Con sinceridad, claro. No sé si debo preocuparme por mi estado de permanente disponibilidad o, simplemente, celebrar la llegada de esta tardoprimavera lujuriosa y cantarina como hacen las fieras en todos los bosques del mundo, especialmente bien descrita por Kippling en el recurrente “Libro de las tierras vírgenes”, concretamente en el capítulo “La canción de primavera”.
Poética oratoria
Escuha, amigo, esta Oda de poético final, lleno de esperanza.
Oración Vulgar al Muslo de Mujer
Oh, muslo carnoso, pálido y frondoso
Oh, piel chupeteable, resbaladiza y franca
Oh, dedos saltarines, dedos peligrosos,
Oh, colinas añoradas por mi garganta
(aquí, en realidad, lo que pegaba era “tranca” en lugar de “garganta”, pero no lo he puesto en atención a las mentes impresionables)
Oh, sombría llanura, blanca, pura, arabesca,
Oh, puertas que se abren, entrada que promete
Oh, quisiera ser el que en tu selva se mete
Te ví a meter un viaje, que te ví a dejar fresca.
Ea, ya’sstá.
(Que no sólo es primavera en El Corte Inglés...)
She
Casi nadie sabía que el 27 de abril de 1990 iba a cambiar mi vida para siempre. Ni siquiera yo. Aunque sospechaba que ese día la cosa empezaba a ser distinta, no imaginaba hasta qué punto.
A eso de las cinco de la tarde, sin levantar la voz más que lo justo para que supiésemos que estaba viva, Leticia venía al mundo liviana, y con esa mirada inteligente que me hizo comprender, al instante, que apuntaba alto.
Hoy Leticia cumple 15 años. Y en quince años le ha dado tiempo a tantas cosas...

Mírala.
Tiene su sonrisa un nosequé que me hace perder los nervios, se me caen al suelo, me desarma, me acaricia y me arrulla, me hace bendecir mil veces todo que hay en el mundo capaz de provocar ese maravilloso gesto de sus labios.
Y nunca grita.
Leticia lleva sobre sus hombros el peso de mis errores y nunca me los echa en cara, bendita sea, y cumple quince años y despunta ya en sus ojos la mujer que, si se lo propone, va a dejar con la boca abierta al mundo. No por mujer, sino por Leticia.
Es, creedme, extraordinaria.
Leticia ya ha partido camino de mañana. Ya ha estudiado la ruta, sabe cuáles son los atajos, cuáles las paradas y cuáles los tramos en los que toca correr. Pero no sabe que lo sabe. Eso es lo extraordinario. Leticia, lo sé, canta sus penas y sus glorias cada mañana, ante un asombrado público, compuesto a partes iguales de dudas y certezas, de luces y de sombras, de antes y despueses, de gritos y silencios.
Ella será lo que quiera la vida que sea, pero no la zarandearán. Ella ha tomado el timón. Marca su rumbo. Y se deja aconsejar. Pero late en el centro de su intrépida mirada una determinación lúcida y alegre del sentido de la vida.
En realidad, todo lo que quiere Leticia, como todas las personas inteligentes, es que la quieran bien. Y todo el mundo empieza a quererte, Leticia.
Y yo te quiero que me rompo, niña, que doblo mi alma en cuatro esquinas para taparte mientras duermes, que nublan mi razón los ecos de tus risas, que resuenan en mi pecho tus quejas y tus llantos, que siento como míos tus tropiezos y tus logros y que siempre me tendrás detrás para empujarte.
Ahora Leticia está en esa edad en la que sólo cuentan sus amigos y la gente como yo le aburre soberanamente. Pero, a veces, cuando nadie la ve, se acerca a mí por detrás y, sin preámbulos, me abraza; y sin palabras, me pide que la abrace y la acune como cuando bebé, aplastada sobre mi pecho, su cabecita bajo mi barbilla y le cantaba, entre susurros, una y otra vez, la misma canción:
Is there anybody going to listen to my story
all about a girl who came to stay
She’s the kind of girl you want so much it makes you sorry
still you don’t regret a single day.
Oh, girl…
Chica…
Felices 15, Leticia.
(este va sin título)
... y de una patada, fuerte y seca, la moto arrancó. Subí al asiento, detrás de él, y partimos. Cabrera pilotaba deprisa, conocía muy bien aquel camino. Los árboles que flanqueaban el camino estaban inclinados sobre ellos mismos, como queriendo ver en la lejanía; luego, según nos acercábamos a ellos parecían erguirse, para volver a su pleitesía cuando los dejábamos atrás. Eran bonitos, y eran corteses.
Enseguida dejamos la espesura del bosque, para seguir paralelamente el curso de un río mal encarado. El agua era sucia, pero llevaba su poca higiene con una dignidad encomiable. Su mal humor, me explicó Cabrera, era debido a que al río no le gustaba la tierra que regaba, por eso almacenaba allí todas sus miserias, todas sus basurillas. Más adelante, me aseguró, el río es una maravilla.
Yo miraba el río y vi nuestra silueta motera reflejada en él. Al verme un perfil tan inclinado y vago, me deprimí un poco, y corregí mi postura, ganando en prestancia y verticalidad, y juré a los dioses ser digno de su atención, y hacer de mi vida la búsqueda de mí mismo, y un diosecillo menor, que andaba por ahí recogiendo madreselvas, asomó su cara cómica y albinamente barbada y me sonrió.
Qué tormenta.
El buen humor empezó a caer a cántaros, pero Cabrera llevaba casco y no le afectaba. Nos detuvimos y le destoqué y, en seguida, empezó a reir también. Yo saludé a los Duendes del Álamo, cuyas tierras estropeábamos con los tacos de la moto. Pero, como no podían enfadarse a causa de la tormenta, nos invitaron a una fiesta demencial, en la que el vino silbaba en las gargantas y los clérigos levantaban sus faldones para esconder su pudor, dejando al aire sus vergüenzas. Cabrera yació con tres duendecillas y yo y otros cuatro duendes de la Cofradía de Contables cantamos madrigales hasta el amanecer. Con el alba, llegó el ocaso de la tormenta, y con éste, la hospitalidad de los duendes desapareció y nos echaron a pedradas.

A quienes no conozcan a los Duendes del Alamo les diré que no son gnomos ni nada por el estilo. Se hacen llamar duendes porque son bajitos, pero no mucho, como Torrebruno o así, y tienen unos bíceps nada tranquilizadores si les da truculenta. Los habitantes de este entrañable pueblo, se caracterizan por unas orejas puntiagudas y desproporcionadamente grandes y una nariz chata y supurante; no existe un censo de población fiable, pero las estimaciones van desde los que dicen que son pocos, porque si no se les vería más, hasta los observadores que afirman que son muchos, pero muy tímidos; políticamente, no lo tienen muy claro, pero tienen un Parlamento precioso que goza de muy buenas vistas y en cuyo bar se comen unas albóndigas que, a decir de los analistas, están de miedo; su economía se basa en la agricultura (cereales, hortalizas y lentejas biónicas), la industria (orfebrería de pego, chalecos de pana sintética y videoconsolas) y una combinación de turismo y mala leche, que usan para desplumar a los viajeros desavisados. En este sentido, es un pueblo muy acogedor. Acogen todo lo que el viajero no tenga bien vigilado.
Bien, los Duendes nos echaron, y Cabrera y yo les escupimos. Es reconfortante escupir en una moto en marcha. Tiras el lapillo con la cabeza vuelta hacia atrás, tiene que ser con sustancia, si no no va, y te parece que eres campeón de jabalina. El pollo vuela que da gusto.
Después de unos minutos de huida, paramos en un claro de película, nos reímos un rato mientras encendíamos un fueguecillo, pues la rasca del amanecer era notable; nos acomodamos y pasamos la media hora más deliciosa de mi vida al calor de la hoguera, recordando todo lo que acabábamos de vivir; pero, aunque jóvenes, estábamos cansados, y nos quedamos dormidos en un pispás.
En esta ocasión, no me importó el olor de los pies de Cabrera.
Era un magnífico somnífero.
Zzzzzzzzzzzzzz...
(esto es un fragmento de una novela maravillosa; un libro de viaje en el que el viajero, como en toda road movie que se precie, viaja por el mundo y por dentro de sí, buscando amor y buscándose en los barrios periféricos de su desconsolada alma)
(el autor es, faltaría menos, aún más maravilloso; al que adivine quién es, se le premia con unos huevos fritos con migas –extremeñian style-)
Algunas cosas sobre algunas personas. Las primeras personas.
Esto de escribir.
Hay gente maravillosa en esto de escribir. Empiezas a rebotar de blog en blog y si eres capaz de separar el heno de la paja, encuentras, de tarde en tarde, gente maravillosa.
Es decir, está esto de la comunidad blogger que está muy bien, yo te leo, tú me lees, te digo algo y tú a mí, busco y rebusco, me llevas, sin saberlo, de habitación en habitación, y he descubierto que duermes del lado derecho. Pero yo digo la gente, no lo que escriben. Pero ojo: gente que es, también, lo que escribe... y lo que no escribe.
Llevo por aquí unos 3 meses, en los que, caramba, he econtrado de todo. Hace un par de días, una chica que firma Nana, me puso delante de la cara un espejo y lo que vi no me gustó. No era el alegre Wolffo, aunque tenga sus días, que todos, yo también, conocemos. Era un capullo que también habita en mí, y que de vez en cuando sale a dar una vuelta a dar la tabarra y a fastidiar al personal.
Fue una sensación extraña. Yo no sé si os pasa a vosotros, pero hay gente (en mi caso, Nana) que tiene la facultad de señalarte con el dedo, de decir, sí, sí, eso está muy bien, pero ¿y eso? y sacar a relucir el rincón más escondido. También debo decir que Nana me permitió disculparme y que en todo esto, el idiota fui yo. sin ninguna duda. Nana es un amor.
Hay otras dos personas capaces de sacar a pasear el cretino que, por días, también soy: Yambra y Roberto Zucco. Por razones bien distintas, que conste.
De Yambra me acomplejan su inteligencia, su cultura y su claridad conceptual. Me gusta como dice las cosas y las cosas que dice en sus “Te lo digo a la cara”, y me encantan sus “Te doy una canción”: y no son las canciones lo que me gusta (no siempre, quiero decir), sino que el tío ponga una canción, con 2 pelotas, y un texto, se moleste en transcribir la letra y la traducción si es en extranjero y... no sé, alucino. Yambra siempre tiene una canción y eso me encanta. Me lo imagino en el curro, tamborileando y tarareando todo el rato. Yambra es el único en esta tierra que me hace pensar tres veces antes de comentar en sus posts (normalmente escribo la primera majadería que se me ocurre), y la mitad de las veces, desisto. Yambra es, con mucho, mucho más listo que yo.
Roberto Zucco es los dos extremos. Representa, él solito, muchas cosas que me gustaría ser y, al tiempo, casi todo lo que detesto en el mundo. Le adoro y le odio; a veces le admiro, otras sólo sonrío condescendiente; a veces me parece que se mueve como un verdadero príncipe, casi flotando y otras, que se pasea por el mundo como una reina madre desfasada hasta de sí misma. Le envidio y me da risa. Si fuéramos amigos, un día le besaría y al siguiente, le estrangularía. Pero yo creo que seríamos buenos amigos. Toooodo el día reconciliándonos. Zucco, Zucco... buen tipo, el Zucco, pero también un cabroncete, no os vayáis a creer.
Otro que me acompleja es Javierdebe. Creo que, sencillamente, es la mente más explosiva que he conocido desde Tip. Como con Yambra, me cuesta muchísimo comentar sus posts porque son tan ricos, tienen tal densidad de gags por línea, que cualquier aproximación que intento está abocada al ridículo. Pero creo que he empezado mal. No me acompleja. Porque Javier posee una cercanía, una amabilidad, un rostro cálido (sobre todo en los comentarios) que lo humanizan un montón. Adoro a Javierdebe y desde que devoraba las novelas de Jardiel, no recuerdo haberme reído tanto nunca con un escrito. Brindo por ti.
Está Des. Mi dulce amiga desordenada que, cuando está en vena, produce a un ritmo tan rápido que yo no podía seguir sus sagas. Des, La Desordenada, debe tener el corazón más suave de la tierra. Des es pura pasión, sangre desbocada y, al tiempo, contenida, y yo, desde que la conozco, siempre he pensado que es incapaz de dos cosas: mentir y hacer daño a sabiendas. Un besito, Des.
Mi amigo Doc. Dockof, el jefe. Un hombre de los pies a la cabeza. De toda la gente que voy conociendo (utlizo el verbo conocer en ese plan...) yo creo que a Doc lo conservaré años. Creo que llegaré a tratarle, sin prisas, esto va así, un día nos veremos y ya no dejaremos de hacerlo. Eso es lo que creo, Doc. Doc ha ido, poco a poco, paso a paso, puesta de sol tras puesta de sol, convirtiendo su blog en un espacio cómodo para todo el mundo; es el anfitrión por antonomasia. El sentido común, que es el menos común de todos los sentidos, personificado. Con todo lo que conlleva. Si me preguntan: di, en dos palabras, qué es Doc. Yo diría: casa, inteligencia.
Asoma la cabeza, tímido, Captain, El Capitán Cerumen, uno de los grandes. Un manejador del lenguaje prodigioso, un literato que se debate entre la comedia enloquecida y la ternura, entre lo soberbio y lo sublime en su inigualable La Cotubía. Leed esto, por favor, y luego hablamos. Un abrazo, Caro Captain.
Mirad a Lola, my sweet el-ou-el-ei, que escribe, cada dos o tres días, algunas de las palabras más bellas que he leído. Lola es sublime sin levantar la voz y no tiene ni idea de lo muchísimo que vale. Ella no lo sabe, pero es una mujer extraordinaria.
Hay dos personas que dirán, ¿y por qué este tipo nos pone juntas? No lo sé, la verdad, pero si contara yo en esta relación, me pondría con vosotros. No sé muy bien porqué, pero para mí son, sencillamente, maravillosas. Son Ararat y Guistantilla, La Princesa del Guisante. Ararat y Guis son dos personas increíblemente cariñosas, aunque a ambos les guste disimularlo un poquito; mejor, a ninguno de los dos, creo, les hace mucha gracia que se les note que son dos pedacitos de cielo, dos corazones hermosos, grandes y humildes sobre la faz de la tierra. Ararat consigue siempre arrancarme una sonrisa. Me recuerda a alguien muy querido. Y Guiss... hay mi Guisantilla, ¡qué mujer, damas y caballeros, qué mujer...!
Y aquí, a mi lado, mi querida Pickles, la bruja rural, la mujer más divertida, inteligente y maravillosa que he conocido en muchos años. No sé qué tiene Pickles que me ganó desde el primer momento, pero me hace reír tantas veces... Pickles, la bruja rural: ¿alguien imagina que una mujer con un nick así (con coma y todo) pueda ser algo malo? Yo no. Pero es que, después del nick, viene todo lo demás. Y cuando viene Pickles, empieza el asunto. ¿Qué asunto? Eso, que lo diga Pickles.
Y, en fin... hay, sois, muchísimos más. Pero ellos fueron los primeros que ganaron mi corazón. Dentro de otros tres meses, seguro, habrá más referencias.
Hoy, que acaba de empezar el viernes y que me queda una larga noche de trabajo por delante, quería decir algunas cosas sobre algunas personas.
No es que sea muy interesante, pero es lo que quería decir.
Y se trata de eso, ¿no?
Ah, bueno, eso y que... ¡feliz fin de semana a todo el mundo!
Seguimos on-line
(qué ilusión que me hace decir estas cosas...)
ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE:
No tiene nada que ver, o sea que, en rigor, no actualizo nada. Quería señalar que hay que ver lo bien que juega al tenis ese chico que se llama Nadal, con esos pantalones tan largos y lo fuerte que le da a la pelota, pum, pum...
Y mañana, otra vez, el tío.
Pum, pum...
UPDATE TO 1.0.2.
Hoy es mi santo.
Greetings are welcome (¿se dice asín?)
Hay gente maravillosa en esto de escribir. Empiezas a rebotar de blog en blog y si eres capaz de separar el heno de la paja, encuentras, de tarde en tarde, gente maravillosa.
Es decir, está esto de la comunidad blogger que está muy bien, yo te leo, tú me lees, te digo algo y tú a mí, busco y rebusco, me llevas, sin saberlo, de habitación en habitación, y he descubierto que duermes del lado derecho. Pero yo digo la gente, no lo que escriben. Pero ojo: gente que es, también, lo que escribe... y lo que no escribe.
Llevo por aquí unos 3 meses, en los que, caramba, he econtrado de todo. Hace un par de días, una chica que firma Nana, me puso delante de la cara un espejo y lo que vi no me gustó. No era el alegre Wolffo, aunque tenga sus días, que todos, yo también, conocemos. Era un capullo que también habita en mí, y que de vez en cuando sale a dar una vuelta a dar la tabarra y a fastidiar al personal.
Fue una sensación extraña. Yo no sé si os pasa a vosotros, pero hay gente (en mi caso, Nana) que tiene la facultad de señalarte con el dedo, de decir, sí, sí, eso está muy bien, pero ¿y eso? y sacar a relucir el rincón más escondido. También debo decir que Nana me permitió disculparme y que en todo esto, el idiota fui yo. sin ninguna duda. Nana es un amor.
Hay otras dos personas capaces de sacar a pasear el cretino que, por días, también soy: Yambra y Roberto Zucco. Por razones bien distintas, que conste.
De Yambra me acomplejan su inteligencia, su cultura y su claridad conceptual. Me gusta como dice las cosas y las cosas que dice en sus “Te lo digo a la cara”, y me encantan sus “Te doy una canción”: y no son las canciones lo que me gusta (no siempre, quiero decir), sino que el tío ponga una canción, con 2 pelotas, y un texto, se moleste en transcribir la letra y la traducción si es en extranjero y... no sé, alucino. Yambra siempre tiene una canción y eso me encanta. Me lo imagino en el curro, tamborileando y tarareando todo el rato. Yambra es el único en esta tierra que me hace pensar tres veces antes de comentar en sus posts (normalmente escribo la primera majadería que se me ocurre), y la mitad de las veces, desisto. Yambra es, con mucho, mucho más listo que yo.
Roberto Zucco es los dos extremos. Representa, él solito, muchas cosas que me gustaría ser y, al tiempo, casi todo lo que detesto en el mundo. Le adoro y le odio; a veces le admiro, otras sólo sonrío condescendiente; a veces me parece que se mueve como un verdadero príncipe, casi flotando y otras, que se pasea por el mundo como una reina madre desfasada hasta de sí misma. Le envidio y me da risa. Si fuéramos amigos, un día le besaría y al siguiente, le estrangularía. Pero yo creo que seríamos buenos amigos. Toooodo el día reconciliándonos. Zucco, Zucco... buen tipo, el Zucco, pero también un cabroncete, no os vayáis a creer.
Otro que me acompleja es Javierdebe. Creo que, sencillamente, es la mente más explosiva que he conocido desde Tip. Como con Yambra, me cuesta muchísimo comentar sus posts porque son tan ricos, tienen tal densidad de gags por línea, que cualquier aproximación que intento está abocada al ridículo. Pero creo que he empezado mal. No me acompleja. Porque Javier posee una cercanía, una amabilidad, un rostro cálido (sobre todo en los comentarios) que lo humanizan un montón. Adoro a Javierdebe y desde que devoraba las novelas de Jardiel, no recuerdo haberme reído tanto nunca con un escrito. Brindo por ti.
Está Des. Mi dulce amiga desordenada que, cuando está en vena, produce a un ritmo tan rápido que yo no podía seguir sus sagas. Des, La Desordenada, debe tener el corazón más suave de la tierra. Des es pura pasión, sangre desbocada y, al tiempo, contenida, y yo, desde que la conozco, siempre he pensado que es incapaz de dos cosas: mentir y hacer daño a sabiendas. Un besito, Des.
Mi amigo Doc. Dockof, el jefe. Un hombre de los pies a la cabeza. De toda la gente que voy conociendo (utlizo el verbo conocer en ese plan...) yo creo que a Doc lo conservaré años. Creo que llegaré a tratarle, sin prisas, esto va así, un día nos veremos y ya no dejaremos de hacerlo. Eso es lo que creo, Doc. Doc ha ido, poco a poco, paso a paso, puesta de sol tras puesta de sol, convirtiendo su blog en un espacio cómodo para todo el mundo; es el anfitrión por antonomasia. El sentido común, que es el menos común de todos los sentidos, personificado. Con todo lo que conlleva. Si me preguntan: di, en dos palabras, qué es Doc. Yo diría: casa, inteligencia.
Asoma la cabeza, tímido, Captain, El Capitán Cerumen, uno de los grandes. Un manejador del lenguaje prodigioso, un literato que se debate entre la comedia enloquecida y la ternura, entre lo soberbio y lo sublime en su inigualable La Cotubía. Leed esto, por favor, y luego hablamos. Un abrazo, Caro Captain.
Mirad a Lola, my sweet el-ou-el-ei, que escribe, cada dos o tres días, algunas de las palabras más bellas que he leído. Lola es sublime sin levantar la voz y no tiene ni idea de lo muchísimo que vale. Ella no lo sabe, pero es una mujer extraordinaria.
Hay dos personas que dirán, ¿y por qué este tipo nos pone juntas? No lo sé, la verdad, pero si contara yo en esta relación, me pondría con vosotros. No sé muy bien porqué, pero para mí son, sencillamente, maravillosas. Son Ararat y Guistantilla, La Princesa del Guisante. Ararat y Guis son dos personas increíblemente cariñosas, aunque a ambos les guste disimularlo un poquito; mejor, a ninguno de los dos, creo, les hace mucha gracia que se les note que son dos pedacitos de cielo, dos corazones hermosos, grandes y humildes sobre la faz de la tierra. Ararat consigue siempre arrancarme una sonrisa. Me recuerda a alguien muy querido. Y Guiss... hay mi Guisantilla, ¡qué mujer, damas y caballeros, qué mujer...!
Y aquí, a mi lado, mi querida Pickles, la bruja rural, la mujer más divertida, inteligente y maravillosa que he conocido en muchos años. No sé qué tiene Pickles que me ganó desde el primer momento, pero me hace reír tantas veces... Pickles, la bruja rural: ¿alguien imagina que una mujer con un nick así (con coma y todo) pueda ser algo malo? Yo no. Pero es que, después del nick, viene todo lo demás. Y cuando viene Pickles, empieza el asunto. ¿Qué asunto? Eso, que lo diga Pickles.
Y, en fin... hay, sois, muchísimos más. Pero ellos fueron los primeros que ganaron mi corazón. Dentro de otros tres meses, seguro, habrá más referencias.
Hoy, que acaba de empezar el viernes y que me queda una larga noche de trabajo por delante, quería decir algunas cosas sobre algunas personas.
No es que sea muy interesante, pero es lo que quería decir.
Y se trata de eso, ¿no?
Ah, bueno, eso y que... ¡feliz fin de semana a todo el mundo!
Seguimos on-line
(qué ilusión que me hace decir estas cosas...)
ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE:
No tiene nada que ver, o sea que, en rigor, no actualizo nada. Quería señalar que hay que ver lo bien que juega al tenis ese chico que se llama Nadal, con esos pantalones tan largos y lo fuerte que le da a la pelota, pum, pum...
Y mañana, otra vez, el tío.
Pum, pum...
UPDATE TO 1.0.2.
Hoy es mi santo.
Greetings are welcome (¿se dice asín?)
¿Por qué chucrut, existiendo las lentejas?
¿Por qué tomar salchichas, si tenemos jamón?
¿Por qué Benedicto XVI y no Wolffus Magnanimus I?
Me has ganado, Joseph, lo admito. Quién lo diría... Todavía recuerdo a aquel chavalín gordinflón y torpe que fuiste, que eras negao al fútbol, y al que los compañeros en el cole llamábamos Pepito Mazinger, por la poca gracia que tenías al moverte. Eras un capullo, perdona que te diga. No nos caías nada bien, que lo sepas. Íbamos a tu casa porque tu hermana estaba buenísima, y por los pasteles de tu madre, pero tú, Peito, nos dabas cien patadas.
Mi lucha no acaba aquí.
Aunque tu victoria es legal, eso no significa que sea legítima.
Ese curro era mío. Tú estabas ya colocao, hombre, tantos años de cardenal, ya en la cuesta abajo, admítelo, 78 castañas... Y yo, pasándolas canutas. A mí me sienta, además, mucho mejor que a ti la ropa litúrgica, que lo sepas. ¿O no?

Pero no pienso quedarme de brazos cruzados, Josephino, que la vida no está pa olvidar. Si es que ese curro me habría apañado la vida, hombre. Con casa y coche oficial...
(Digresión imprescindible: tenía un familiar que estaba empeñado en convencerme, no sé porqué, porque a mí me la sudaba, que el Papamóvil con el que se movía Juan Pablo II en su primera visitaa España era un Seat Panda “preparao”. Yo le miraba como quien mira un fenómeno extraño y le decía que no, sobre todo porque me hacía muchísima gracia que le diera tanta importancia a la marca del papamóvil. Que, por cierto, no era un Panda. Seguimos...)
... Con cocinero, camareros y monjitas por ahí, pululando y llamándome santidad.
Mi venganza será épica. Y blasonada. Y triquiñuélica. O sea, teleñéquica.
A Zapatero vas.
Pienso chivarme de que no eres laico (él no sabe que se puede ser alemán y católico) y de que no simpatizas con el islam. Que no tienes intención de bendecir la homosexualidad; que no piensas dejar que se casen los curas; que no vas a repartir condones en los conventos.
Te vas a cagar, Joseph, no sabes la que te ha caído encima. ZP caerá sobre ti y... en fin, no se me puede ocurrir nada más cruel.
Al loro.
Wolffus Magnanimus.
Uno que no sabe perder.
P.D.: Que no, Pepe, que era broma. Felicidades, hombre, por lo menos tú tienes nombre de tío, Joseph, pero el que has elegido: Benedicto... no sé, hombre, no sé.
¿Por qué Benedicto XVI y no Wolffus Magnanimus I?
Me has ganado, Joseph, lo admito. Quién lo diría... Todavía recuerdo a aquel chavalín gordinflón y torpe que fuiste, que eras negao al fútbol, y al que los compañeros en el cole llamábamos Pepito Mazinger, por la poca gracia que tenías al moverte. Eras un capullo, perdona que te diga. No nos caías nada bien, que lo sepas. Íbamos a tu casa porque tu hermana estaba buenísima, y por los pasteles de tu madre, pero tú, Peito, nos dabas cien patadas.
Mi lucha no acaba aquí.
Aunque tu victoria es legal, eso no significa que sea legítima.
Ese curro era mío. Tú estabas ya colocao, hombre, tantos años de cardenal, ya en la cuesta abajo, admítelo, 78 castañas... Y yo, pasándolas canutas. A mí me sienta, además, mucho mejor que a ti la ropa litúrgica, que lo sepas. ¿O no?

Pero no pienso quedarme de brazos cruzados, Josephino, que la vida no está pa olvidar. Si es que ese curro me habría apañado la vida, hombre. Con casa y coche oficial...
(Digresión imprescindible: tenía un familiar que estaba empeñado en convencerme, no sé porqué, porque a mí me la sudaba, que el Papamóvil con el que se movía Juan Pablo II en su primera visitaa España era un Seat Panda “preparao”. Yo le miraba como quien mira un fenómeno extraño y le decía que no, sobre todo porque me hacía muchísima gracia que le diera tanta importancia a la marca del papamóvil. Que, por cierto, no era un Panda. Seguimos...)
... Con cocinero, camareros y monjitas por ahí, pululando y llamándome santidad.
Mi venganza será épica. Y blasonada. Y triquiñuélica. O sea, teleñéquica.
A Zapatero vas.
Pienso chivarme de que no eres laico (él no sabe que se puede ser alemán y católico) y de que no simpatizas con el islam. Que no tienes intención de bendecir la homosexualidad; que no piensas dejar que se casen los curas; que no vas a repartir condones en los conventos.
Te vas a cagar, Joseph, no sabes la que te ha caído encima. ZP caerá sobre ti y... en fin, no se me puede ocurrir nada más cruel.
Al loro.
Wolffus Magnanimus.
Uno que no sabe perder.
P.D.: Que no, Pepe, que era broma. Felicidades, hombre, por lo menos tú tienes nombre de tío, Joseph, pero el que has elegido: Benedicto... no sé, hombre, no sé.
LO QUE DEBE SABER EL AMA DE CASA MODERNA, consejos para una vida familiar sana y preponderante (¿¿¿???!!!!)
Me encantan, como a mucha gente, las actividades que se organizan en La Casa de la Cultura de mi pueblo. El otro día vino una señora estupenda a dar una conferencia. Por su interés, humano, periodístico y bancario, transcribo aquí la crónica aparecida en Valdemorillo Herald.
...
LAS CONFERENCIAS SON LA PERA
Crónica de “El Lechuga”, frutero del súper y enviado especial
En los pasillos, nerviosismo. La célebre conferenciante, anuncian, ha traído al Centro de Convenciones deValdemorillo una bomba en forma de conferencia.
Nos avisan que la sacudida de las conciencias, el mazazo al subconsciente colectivo, como dicen los piriodistas hoy, puede ser superior al provocado por El Código Da Vinci (permítanme una carcajada: ¡juas...!).
Nuestras creencias, patas abajo, digo patas arriba, o, como diría un simpático francés, ready to be fucked, moviendo con alegría y excitación los dedillos de los pies.
Allí está, al fondo. Y viene...
Atraviesa la conferencianta, con pasos sinceros y decidos, la nube de piriodistas (fuman muchísimo los dos que han venido) con la mirada fija en un punto: ¿El futuro? no, las nalgas del guarda jurado que la precede que, prietas, acorraladas, pugnan por salir de un pantalón dos tallas inferior a lo que debería ser. Una mueca en su lengua y en sus labios de estricta gobernanta (tiene un rostro, para entendernos, como el de nuestra vicepresi, pero gasta mucho menos en ropa, ella es sólo millonaria, no gobernanta) nos habla de que no se ha lavado los dientes correctamente y de que una lenteja esquiva no se deja dominar.
Continúa camiando, es un torbellino. Es pasión, es fe, es... ¡la conferencianta!
Con ustedes, Wolffa Rattcliffe, del Instituto Stúpido de Managua, fuerte aplauso, amigas y amigos,
plas, plas, plas... etc.
(Transcripción de la conferencia ofrecida por Wolffa ante un público absolutamente entregado al alcohol, en previsión del ladrillo que se les podía atizar)
Preponderemos, amigas y amigos.
Hoy, el concepto de familia, ha cambiado. O, por decirlo de otro modo, ha cambiado el concepto de famila hoy, o, incluso, el hoy cambiado de familia el concepto ha.
(Largo silencio... ... ... ... la gente empieza a animarse)
Atención, compañeros, ¿qué es lo que sucede?
...
zzz
...
zzz
...
zzz...
(se ha dormido)
No hay forma de reanimar a la célebre conferenciante.

Tumulto. Cámara... ¡acción!
Nadie sabe lo que procede en estos primeros momentos de duda y dubitación. Por fin, alguien con la mente despejada, a su pesar, ha probado todos los tratamientos posibles, se decide a dar los pasos necesarios para poner fin a tan desdichada situación.
El calvo ha puesto un disco.
Bailemos, pues. El disco es magnífico, de los buenos, buenos. De excelente factura: es perfectamente redondo y tiene un agujerito en el centro. La música, en fin...
Suenan a todo trapo por los bafles de salón de conferencias “Las monjitas del Jeep”, un grupo desconocido hoy, pero que en su momento, año 69, no tuvo éxito alguno: es más, se ganó improperios de toda la crítica musical.
Pero sucede que, en paralelo a los sagaces movimientos del calvo marchoso, el guarda jurado de nalgas prietas ha traído unas botellas del bar: ron, ginebra, crevezas y una caja de yogures yoplait para beber, caducados, pero que mezclados con ginebra tienen un sabor de lo más particular.
La conferencia es todo un éxito: las amas de casa, completamente desnudas bailan al compás del segundo disco que ha pinchado el calvo sagaz: Aurelio y su Acordeón y su bizarro hit “Máma, ande has puesto la Mirinda”, mientras la conferencianta descansa su cabeza sobre la mesa en lo que tiene todo el aspecto de ser una memorable dormida de mona.
La conferencia, lo que es la misma conferencia, ha sido buena, queridos lectores: ha tardao lo justo y luego han repartido de todo: canapies, sangüi, bebida, yogul... Lo que pasa es que no me acuerdo de cómo terminó. Ni siquiera sé porqué estoy escribiendo este artículo desde el campanario de la Iglesia. Pero la conferencia, bestial. No me pierdo la próxima.
Y recuerde: Si quiere fruta de calidá
en el súper, El Lechuga,
se la va a proporcionar.
...
(Me gustan las actividades de La Casa de la Cultura)
(La promoción de Primavera ha caducado por expreso acuerdo de las partes. Era un documento mercantil privado y... prefiero que siga siéndolo. Gracias a todos,)
...
LAS CONFERENCIAS SON LA PERA
Crónica de “El Lechuga”, frutero del súper y enviado especial
En los pasillos, nerviosismo. La célebre conferenciante, anuncian, ha traído al Centro de Convenciones deValdemorillo una bomba en forma de conferencia.
Nos avisan que la sacudida de las conciencias, el mazazo al subconsciente colectivo, como dicen los piriodistas hoy, puede ser superior al provocado por El Código Da Vinci (permítanme una carcajada: ¡juas...!).
Nuestras creencias, patas abajo, digo patas arriba, o, como diría un simpático francés, ready to be fucked, moviendo con alegría y excitación los dedillos de los pies.
Allí está, al fondo. Y viene...
Atraviesa la conferencianta, con pasos sinceros y decidos, la nube de piriodistas (fuman muchísimo los dos que han venido) con la mirada fija en un punto: ¿El futuro? no, las nalgas del guarda jurado que la precede que, prietas, acorraladas, pugnan por salir de un pantalón dos tallas inferior a lo que debería ser. Una mueca en su lengua y en sus labios de estricta gobernanta (tiene un rostro, para entendernos, como el de nuestra vicepresi, pero gasta mucho menos en ropa, ella es sólo millonaria, no gobernanta) nos habla de que no se ha lavado los dientes correctamente y de que una lenteja esquiva no se deja dominar.
Continúa camiando, es un torbellino. Es pasión, es fe, es... ¡la conferencianta!
Con ustedes, Wolffa Rattcliffe, del Instituto Stúpido de Managua, fuerte aplauso, amigas y amigos,
plas, plas, plas... etc.
(Transcripción de la conferencia ofrecida por Wolffa ante un público absolutamente entregado al alcohol, en previsión del ladrillo que se les podía atizar)
Preponderemos, amigas y amigos.
Hoy, el concepto de familia, ha cambiado. O, por decirlo de otro modo, ha cambiado el concepto de famila hoy, o, incluso, el hoy cambiado de familia el concepto ha.
(Largo silencio... ... ... ... la gente empieza a animarse)
Atención, compañeros, ¿qué es lo que sucede?
...
zzz
...
zzz
...
zzz...
(se ha dormido)
No hay forma de reanimar a la célebre conferenciante.

Tumulto. Cámara... ¡acción!
Nadie sabe lo que procede en estos primeros momentos de duda y dubitación. Por fin, alguien con la mente despejada, a su pesar, ha probado todos los tratamientos posibles, se decide a dar los pasos necesarios para poner fin a tan desdichada situación.
El calvo ha puesto un disco.
Bailemos, pues. El disco es magnífico, de los buenos, buenos. De excelente factura: es perfectamente redondo y tiene un agujerito en el centro. La música, en fin...
Suenan a todo trapo por los bafles de salón de conferencias “Las monjitas del Jeep”, un grupo desconocido hoy, pero que en su momento, año 69, no tuvo éxito alguno: es más, se ganó improperios de toda la crítica musical.
Pero sucede que, en paralelo a los sagaces movimientos del calvo marchoso, el guarda jurado de nalgas prietas ha traído unas botellas del bar: ron, ginebra, crevezas y una caja de yogures yoplait para beber, caducados, pero que mezclados con ginebra tienen un sabor de lo más particular.
La conferencia es todo un éxito: las amas de casa, completamente desnudas bailan al compás del segundo disco que ha pinchado el calvo sagaz: Aurelio y su Acordeón y su bizarro hit “Máma, ande has puesto la Mirinda”, mientras la conferencianta descansa su cabeza sobre la mesa en lo que tiene todo el aspecto de ser una memorable dormida de mona.
La conferencia, lo que es la misma conferencia, ha sido buena, queridos lectores: ha tardao lo justo y luego han repartido de todo: canapies, sangüi, bebida, yogul... Lo que pasa es que no me acuerdo de cómo terminó. Ni siquiera sé porqué estoy escribiendo este artículo desde el campanario de la Iglesia. Pero la conferencia, bestial. No me pierdo la próxima.
Y recuerde: Si quiere fruta de calidá
en el súper, El Lechuga,
se la va a proporcionar.
...
(Me gustan las actividades de La Casa de la Cultura)
(La promoción de Primavera ha caducado por expreso acuerdo de las partes. Era un documento mercantil privado y... prefiero que siga siéndolo. Gracias a todos,)
Burnout (bye, bye, so...)

Taloshuevos.
Así me encuentro. Me he tomado muy mal esto de los blogs.
Hace tres meses, cuando empezaba a ser evidente que mi empresa iba a pique, empecé a coquetear con el mundo de los blogs.
Y. lo reconozco, me enganché.
Hola, soy Wolffo y soy bloggero. Llevo 3 horas sin conectarme.
No sé cómo empezó la cosa, pero ha llegado a un punto crítico en que va a poder conmigo. El post de ayer es un bonito ejemplo. No sabía qué napias escribir y, en vez de hacer lo que hacen las personas normales, es decir, no escribir, me pongo a las 7 de la mañana en el teclado hasta que me exprimo el cerebro y me sale... eso.
Esto ha dado buena medida de lo que habita mi cerebro últimamente. Basura pseudograciosilla. Estoy quemado. Por darle un poco de tono a este post planto aquí un enlace para que, si tienes paciencia, descubras si estás quemado. Una memez típica de nuestros días, porque, digo yo que si estás quemado, algo a chamusquina olerá, no necesitas que te lo digan en un ridículo test. Por supuesto yo he llegado hasta ver que era en inglés. No estoy de humor.
Hace unos días, Yambra escribía un interesante artículo, “Consolandos sin Fronteras” en el que, tenga derecho o no, y probablemente con paranoico sentido de la persecución sufrida que forme parte del crisol de síntomas del burnout, me sentí señalado. Pero, de hecho, hoy, sí quiero que me consuelen, estoy mendigando un poco de amor.
Ahora bien, como dicen las ONG’s profesionales, con orden. Los hombres pueden expresarme su apoyo mediante transferencia bancaria.
Ellas, basta con que se fotografíen totalmente desnudas y me manden sus fotos con procaces textos a la dirección que aparece al cliquear en la firma de este artículo. También se admiten, como muestra de amor adicional, fotos de hombres y transfusiones bancarias de mujeres. Lo acepto sin problemas.
Creo que todo esto tiene que ver, también, con la extraña situación cuasi a-laboral que padezco, que no me deja pensar con claridad (“yo” y “pensar con claridad” es un ejemplo claro de oxímoron).
En cualquier caso, toda esta verborrea, se traduce en que me tomo unas blogaciones. Seguiré viniendo un par de veces al día para leer, para fijarme en los mejores de vosotros, para ver vuestros comentarios, para ver sin ser visto.
Necesito unos días para replatearme el tema. Porque he estado a punto, a punto, de entrar en la rueda asesina. Me da miedo pensar en cómo funciona el tema. Y os juro que paso. Afortunadamente, ya voy calmándome, bajando.
Gracias a todos por todo.
Nos vemos en un par de días. Tal vez.
Gracias, en especial, a mis favoritos: Pickles, Doc, Captain, Lola. Des, Guiss, Yambra, Ararat, Mons y Grial, me habéis dado vidilla.
Nos vemos.
Charles, Charles, Charles...
(relato de la mañana de autos del mayordomo, Reginald Jeeves)

¿¡Qué has hecho, maldito Charles!?
¿¿Dónde has dejado mis támpax!?
Así empezaba el día para ese cebollino que, a partir de ahora, y según su madre, amenaza con ser el príncipe Charles, si se me permite expresarme con semejante franqueza.
Camila atronaba desde el cuarto de baño con la voz segura de quien sabe que está poniendo el dedo en la llaga y Charles, abrochándose los botines, tarea para la que hubiera necesitado una mayor sobriedad, maldecía en voz baja, sin que este mayordomo pueda discernir si maldecía por la resistencia que presentaban los botines (fabricados por Valentine & Smithers, London), o bien por la certera e incómoda manera de señalar de la que, al fin, hoy, iba a convertirse en su señora. La, dios nos proteja, futura reina.
“¡Jeeves! Necesito su ayuda, fiel amigo”, fueron las palabras textuales del príncipe. “Es este el momento en que un amigo demuestra que lo es”, decía tambaleándose mi señor, mientras la tonalidad de sus reales carrillos iban, paulatinamente, tornándose de un intenso color rojo putón, según expresión, asaz acertada y vulgar, de la reina madre.
Todo en la cara del príncipe heredero me hacía sospechar que había añadido al desayuno un par de botellas de oporto. Su sonrisa bobalicona y el intenso brillo de sus orejas desabrochadas no hacían más que confirmármelo. Y sus palabras a continuación, más aún: “Mira en ese cajón, Jeeves, viejo cabrón” me dijo el príncipe, “saca la Smith&Wesson, llégate hasta las habitaciones de la futura reina y le dices que, o deja de gritar en ese tono de vendedora de pescado, o le descerrajas 10 tiros, 10, en cada seno”.
¿Está seguro el señor de que quiere que amenace a su futura esposa en tales términos...?
Y Charles, que para mí sigue siendo el inocente niño que se escondía en el baño del servicio para ver ducharse a Dorothy, la obesa ama de cría, el que subía al campanario de la iglesia para mear las calvas de los curas en los días de viento, el simpático mozalbete que sodomizó a todas las gallinas del corral de Buckingham... ese mismo niño, hoy convertido en lamentable hombre, se puso a llorar en mi hombro. Una auténtica y genuina llantina de borracho. Mocos incluidos. Estaba a punto de empezar la exaltar nuestra vieja amistad.
Jeeves, Jeeves, viejo zorro, no me preguntes porqué, no intentes averuguar las razones... pero la amo. Amo a esa arpía, a esa mujer que, estoy seguro, va a golpearme y a humillarme...
Defiéndase, alteza, no me fastidie que se va a dejar pegar...
¿No te das cuenta, Jeeves, y ese es mi real drama, de que Camila es mucho más fuerte que yo? dijo mi pequeño Charles en un mar de lágrimas, Menos mal que tú sigues siendo mi amigo, buaaaaa... ¿por qué me odia todo el mundo...?
¿Habéis visto alguna vez un edificio derrumbado?
Así es como vi yo a mi Charlie, orejón, mejillas coloradas... pero en ruinas. Un hombre, a punto de ser rey, pero descendido a lo más necio de la condición humana.
Así que yo, que pensaba jubilarme y largarme a mi apartamento de Benidorm, ligar con alguna alemanota vieja y ordinaria pero con grandes tetas y podrida de dinero, he renunciado a mis sueños por Inglaterra. Me quedaré aquí, en palacio, para que el mundo no sepa que el rey de Inglaterra esconde los támpax de su mujer en sus clazoncillos, sólo dios sabe por qué oscura y retorcida razón.
Y es que Charles, sigue siendo un niño, tan travieso.
Y es así como yo le quiero.
Mi querido y pervertido Charles.
A lo mejor el pervertido soy yo...
ACTUALIZACIÓN
Recibo por correo esta interesante información a cerca del tema del día. Lo plasmo tal cual.

Y ya. Nas noches.

¿¡Qué has hecho, maldito Charles!?
¿¿Dónde has dejado mis támpax!?
Así empezaba el día para ese cebollino que, a partir de ahora, y según su madre, amenaza con ser el príncipe Charles, si se me permite expresarme con semejante franqueza.
Camila atronaba desde el cuarto de baño con la voz segura de quien sabe que está poniendo el dedo en la llaga y Charles, abrochándose los botines, tarea para la que hubiera necesitado una mayor sobriedad, maldecía en voz baja, sin que este mayordomo pueda discernir si maldecía por la resistencia que presentaban los botines (fabricados por Valentine & Smithers, London), o bien por la certera e incómoda manera de señalar de la que, al fin, hoy, iba a convertirse en su señora. La, dios nos proteja, futura reina.
“¡Jeeves! Necesito su ayuda, fiel amigo”, fueron las palabras textuales del príncipe. “Es este el momento en que un amigo demuestra que lo es”, decía tambaleándose mi señor, mientras la tonalidad de sus reales carrillos iban, paulatinamente, tornándose de un intenso color rojo putón, según expresión, asaz acertada y vulgar, de la reina madre.
Todo en la cara del príncipe heredero me hacía sospechar que había añadido al desayuno un par de botellas de oporto. Su sonrisa bobalicona y el intenso brillo de sus orejas desabrochadas no hacían más que confirmármelo. Y sus palabras a continuación, más aún: “Mira en ese cajón, Jeeves, viejo cabrón” me dijo el príncipe, “saca la Smith&Wesson, llégate hasta las habitaciones de la futura reina y le dices que, o deja de gritar en ese tono de vendedora de pescado, o le descerrajas 10 tiros, 10, en cada seno”.
¿Está seguro el señor de que quiere que amenace a su futura esposa en tales términos...?
Y Charles, que para mí sigue siendo el inocente niño que se escondía en el baño del servicio para ver ducharse a Dorothy, la obesa ama de cría, el que subía al campanario de la iglesia para mear las calvas de los curas en los días de viento, el simpático mozalbete que sodomizó a todas las gallinas del corral de Buckingham... ese mismo niño, hoy convertido en lamentable hombre, se puso a llorar en mi hombro. Una auténtica y genuina llantina de borracho. Mocos incluidos. Estaba a punto de empezar la exaltar nuestra vieja amistad.
Jeeves, Jeeves, viejo zorro, no me preguntes porqué, no intentes averuguar las razones... pero la amo. Amo a esa arpía, a esa mujer que, estoy seguro, va a golpearme y a humillarme...
Defiéndase, alteza, no me fastidie que se va a dejar pegar...
¿No te das cuenta, Jeeves, y ese es mi real drama, de que Camila es mucho más fuerte que yo? dijo mi pequeño Charles en un mar de lágrimas, Menos mal que tú sigues siendo mi amigo, buaaaaa... ¿por qué me odia todo el mundo...?
¿Habéis visto alguna vez un edificio derrumbado?
Así es como vi yo a mi Charlie, orejón, mejillas coloradas... pero en ruinas. Un hombre, a punto de ser rey, pero descendido a lo más necio de la condición humana.
Así que yo, que pensaba jubilarme y largarme a mi apartamento de Benidorm, ligar con alguna alemanota vieja y ordinaria pero con grandes tetas y podrida de dinero, he renunciado a mis sueños por Inglaterra. Me quedaré aquí, en palacio, para que el mundo no sepa que el rey de Inglaterra esconde los támpax de su mujer en sus clazoncillos, sólo dios sabe por qué oscura y retorcida razón.
Y es que Charles, sigue siendo un niño, tan travieso.
Y es así como yo le quiero.
Mi querido y pervertido Charles.
A lo mejor el pervertido soy yo...
ACTUALIZACIÓN
Recibo por correo esta interesante información a cerca del tema del día. Lo plasmo tal cual.

Y ya. Nas noches.
LA RECETA DEL VIERNES – 1.
Para que la semana os deje un buen sabor de boca (al fin y al cabo, habéis pagado la entrada), os obsequio con una receta de mi invención que entusisamará a niños y grandes, y que podéis preparar este fin de semana toda la familia unida.

Albóndigas al Brand’aquarius con patatas cocifritas.
Por razones editoriales, he suprimido esta receta. pronto podrás leerla en un sopore mucho más cómodo.
Gracias.

Albóndigas al Brand’aquarius con patatas cocifritas.
Por razones editoriales, he suprimido esta receta. pronto podrás leerla en un sopore mucho más cómodo.
Gracias.
Mi tía, la de Kansas
Tengo una tía en América.
Sin bailes, es verdad, mi tía Rose, de Kansas City.
Tía abuela, en realidad.
Ayer me acordé de ella. ¡Jalagranputa...! Qué mujer, amigos, qué mujer. El caso es que durante esta semana, ha venido publicando una excelente y tórrida saga mi amiga Des, La Desordenada, bajo el título genérico (y particular, vamnos) de "Encuentro", y ayer, ante las portestas de sus muchos incondicionales, ponía fin a la saga y nos desafiaba a continuarla. Sólo un cretino -yo- se atrevió a proponer un final alternativo... y en estas estaba cuando me acordé de Rose, mi tía abuela, la de Kansas City.
Rose vive hoy, con su canario, Wilfred, en Kansas City, pero ha sido, detodalavida, de Alabama, donde la conocían con el apelativo cariñoso de Rose Laputa, que no significa lo que os estáis pensando, corazones, ay, qué traviesos... Laputa, en Alabama, hace referencia a ese tipo de mujeres que en el resto del mundo llamamos meretrices. Rose desarrollaba su profesión en Alabama con magnanimidad y acierto, y a ello se debió su prosperidad, insospechada en una furcia de tres al cuarto.
Rose tuvo tres clientes que se convirtieron en maridos:
Barmy, un irlandés mongoloide, borracho de cantina, jugador –malo- de monopoly hasta el vicio, y uno de los tipos más cenutrios que en el mundo han sido. ¿Qué por qué se casó con él? Preguntadselo a Rose (rose@nosigasesteenlace.com) que uno no está pa esas cosas. Barmy, además, es que no era ni medio guapo. Era bajito, poca cosa, cetrino, sucio... Recuerdo que a los niños les gustaba jugar al baseball con el tío Barmy cuando se emborrachaba. Barmy hacía muy bien de pelota, siendo esta su única virtud conocida.
Scrottal, su segundo marido, fue un episodio triste en su vida: no le dejó ni siquiera un mal recuerdo.
Y, por fin, Johnlennon YmcCartney, el tercero, un hombre insulso y con gafitas, como yo (como yo en lo de las gafitas, en lo de insulso... bueno, como yo y punto), que le dejó a mi tía Rose un mogollón de pasta y su gran casa de Kansas City.
Rose se mudó a Kansas City en busca de una nueva vida en el año... bueno, no me acuerdo en qué mierda de año, hombre, y para que la gente no la relacionara demasiado con su oscuro pasado, cambió su apellido y pasó a ser Rose Lafurcia con lo que la gente dejó de pensar de ella que era una puta y empezó a pensar si no sería, en realidad, una furcia. Tal vez por ello, Rose en seguida entró en sociedad en la gran urbe, y empezó a relacionarse de tú a tú con lo mejor de Kansas: proxenetas, traficantes de armas, publicitarios, ingenieros y asesinos a sueldo, algunos de ellos simpatiquísimos.
Poco a poco, por su especial relación con Jimmy LoFlippas, fue haciéndose un hueco en el mercado del perico, donde la recibieron en posición de firmes, con los brazos abiertos y los pantalones bajados, y Rose se hacía querer enseguida. Es que era... súpercariñosa, osea...
Hoy, Rose y Wilfred, un canario heroinómano, son pareja de hecho, viven juntos en la gran casa que les legó Johnlennon YmcCartney, hacen el amor diez veces al día (porque el canario no está especialmente bien dotado y si no, Rose ni se entera) y, para que la gente dejase de pensar mal de ella, dejó de trapichear con perico y ahora se dedica al crack al por mayor, que deja mucha más pasta y está mejor visto.
Esta es la historia de mi tía rose, la de América.
Y yo, Wolffo, su sobrino.
Te has quedao de piedra, ¿eh?
Pos ya'ssstá.
(Gracias, Des, por recordármela. Un beso)
Sin bailes, es verdad, mi tía Rose, de Kansas City.
Tía abuela, en realidad.
Ayer me acordé de ella. ¡Jalagranputa...! Qué mujer, amigos, qué mujer. El caso es que durante esta semana, ha venido publicando una excelente y tórrida saga mi amiga Des, La Desordenada, bajo el título genérico (y particular, vamnos) de "Encuentro", y ayer, ante las portestas de sus muchos incondicionales, ponía fin a la saga y nos desafiaba a continuarla. Sólo un cretino -yo- se atrevió a proponer un final alternativo... y en estas estaba cuando me acordé de Rose, mi tía abuela, la de Kansas City.
Rose vive hoy, con su canario, Wilfred, en Kansas City, pero ha sido, detodalavida, de Alabama, donde la conocían con el apelativo cariñoso de Rose Laputa, que no significa lo que os estáis pensando, corazones, ay, qué traviesos... Laputa, en Alabama, hace referencia a ese tipo de mujeres que en el resto del mundo llamamos meretrices. Rose desarrollaba su profesión en Alabama con magnanimidad y acierto, y a ello se debió su prosperidad, insospechada en una furcia de tres al cuarto.
Rose tuvo tres clientes que se convirtieron en maridos:
Barmy, un irlandés mongoloide, borracho de cantina, jugador –malo- de monopoly hasta el vicio, y uno de los tipos más cenutrios que en el mundo han sido. ¿Qué por qué se casó con él? Preguntadselo a Rose (rose@nosigasesteenlace.com) que uno no está pa esas cosas. Barmy, además, es que no era ni medio guapo. Era bajito, poca cosa, cetrino, sucio... Recuerdo que a los niños les gustaba jugar al baseball con el tío Barmy cuando se emborrachaba. Barmy hacía muy bien de pelota, siendo esta su única virtud conocida.
Scrottal, su segundo marido, fue un episodio triste en su vida: no le dejó ni siquiera un mal recuerdo.
Y, por fin, Johnlennon YmcCartney, el tercero, un hombre insulso y con gafitas, como yo (como yo en lo de las gafitas, en lo de insulso... bueno, como yo y punto), que le dejó a mi tía Rose un mogollón de pasta y su gran casa de Kansas City.
Rose se mudó a Kansas City en busca de una nueva vida en el año... bueno, no me acuerdo en qué mierda de año, hombre, y para que la gente no la relacionara demasiado con su oscuro pasado, cambió su apellido y pasó a ser Rose Lafurcia con lo que la gente dejó de pensar de ella que era una puta y empezó a pensar si no sería, en realidad, una furcia. Tal vez por ello, Rose en seguida entró en sociedad en la gran urbe, y empezó a relacionarse de tú a tú con lo mejor de Kansas: proxenetas, traficantes de armas, publicitarios, ingenieros y asesinos a sueldo, algunos de ellos simpatiquísimos.
Poco a poco, por su especial relación con Jimmy LoFlippas, fue haciéndose un hueco en el mercado del perico, donde la recibieron en posición de firmes, con los brazos abiertos y los pantalones bajados, y Rose se hacía querer enseguida. Es que era... súpercariñosa, osea...
Hoy, Rose y Wilfred, un canario heroinómano, son pareja de hecho, viven juntos en la gran casa que les legó Johnlennon YmcCartney, hacen el amor diez veces al día (porque el canario no está especialmente bien dotado y si no, Rose ni se entera) y, para que la gente dejase de pensar mal de ella, dejó de trapichear con perico y ahora se dedica al crack al por mayor, que deja mucha más pasta y está mejor visto.
Esta es la historia de mi tía rose, la de América.
Y yo, Wolffo, su sobrino.
Te has quedao de piedra, ¿eh?
Pos ya'ssstá.
(Gracias, Des, por recordármela. Un beso)
La última apuesta.
No va más.
La suerte está echada, los dados lanzados y este pobre mortal no tiene suerte ni para morirse. Va y muere cuando aún todos están pendientes de otro muerto, ciertamente más insigne, y se va así, como de puntillas, sin que nadie le haga ningún caso.
Bueno, Rainiero y yo éramos amigos, colegas, compañeros de francachela, cómplices de algún crimen menor y un apostador incorregible. En la foto estamos en mi casa, cuando vino con su hijo Albert, el memo, para ver cómo me había quedado la obra de la cocina. les encantó, claro y me copiaron la cocina.

Hijo de la princesa Carlota Luisa Grimaldi, una tía estupenda, y de Pierre Melchior, conde de Polignac, en su casa nunca estuvieron el pan bimbo y la coca-cola racionados como artículos de lujo, como ocurría en muchos hogares de antaño. Educado en las más reputadas aulas de enseñanza de Inglaterra, Suiza y Francia , a nadie extraña el lío monumental que tenía en la cabeza. Nunca perdonó a sus padres esa capullada, pudiendo haber estudiado en la escuela pública de Valdemorillo junto a mí, su gran amigo.
Rainiero fue soldado, luchando como voluntario extranjero en el ejército francés (posible explicación de la inoperancia de este ejército en la II Guerra Mundial) y es en este momento, al verle tan guapo con su uniforme, cuando su madre renuncia a sus derechos al trono en su favor, si bien hasta que en 1949 su abuelo palma, no sube al trono monegasco.
En 1955, Rainiero se pasa un día por mi casa sin avisar y muy tempranito, y me sorprende desayunando con Grace Kelly (huevos con panceta y pimientos), se la presento al ver cómo se le cae la baba, y le aconsejo que se case con ella, que es muy buen partido. Me hace caso, claro, porque la Kelly está para mojar pan y además es muy fina y muy limpia.
Se casan. Como la Kelly es hija de un millonario, Rainiero tiene dificultades para llegar a fin de mes, pues a Grace no le gustan los croasanes del pryca, a ella le van más los frescos, de croasantería, y en ese momento, el matrimonio tiene gustos de champán e ingresos de cerveza. Le aconsejo que apueste fuerte, con dos cojones y el tio lo hace. Convirtió a su pequeño país en una especie de gran casino con derecho a ciudadanía para millonarios, mafiosos y chusma en general.
Fruto del matrimonio son los tres hijos de los que voy a ahorrar epítetos. Estoy seguro de que basta con poner sus nombres en el Google y empezar a compadecer a Rainiero con los resultados. En 1982, dos disgustos: España es eliminada a las primeras de cambio en su mundial de fútbol (the naranjito year) y Grace se la pega en coche y viaja (pasando por “La Paradinha”) a la eternidad.
A mí no me extraña que a partir de entonces le haya fallado el corazón.
Mirando a sus hijos, añorando a su Grace... ¿a quién le apetece seguir?
Rainiero, hombre, con lo bien que me hubiese venido que me dieras un currito apañao...
Descansa en paz, hombre, descansa en paz.
Tibio y Lánguido Abril
Tibio y Lánguido se lo montan en abril
Tibio Cabezabuque es un industrial malagueño. Le va fatal. Así que, en realidad, a lo que se dedica, es a repartir el correo en Valdemorillo, mi pueblo. Tampoco esto se le da bien, es un desastre, para ser honestos, pierde cartas, equivoca las direcciones constantemente y, para colmo, es un peligro rodante en su Vespa amarilla. Vive cerca de mi casa, en una casita de madera, preciosa, propiedad del ayuntamiento, y que éste cede al cartero municipal y su familia, a la orilla del embalse.
Lánguido Sobrasada es un hombre sin perfiles destacables, no tiene demasiada personalidad, carece, casi por completo, de sentido del humor, no tiene malas palabras para nadie, pero tampoco destaca por sus buenas acciones, compra el pan, ya sabes, hace la colada y sigue tirando como su limitada cabecita le da a entender. Lánguido vive al otro lado del embalse, en una casa mucho más grande que la de Tibio, pero más sosa, también; ahora bien, es de su propiedad y es el bien más preciado de Lánguido.
Tibio y Lánguido mantinen una relación a distancia por ADSL (A Donde Se Llegue), que es el nombre en clave de la paloma mensajera del servicio postal de Valdemorillo, últimamaente en desuso, cosa que no nos extraña por el nombre que se le dio, y esa relación empieza a llegar al punto de inflexión en que la cosa tiene que avanzar. Tienen nostalgia de sus distancias, anhelos de sus sentimientos, frustración por la carnalidad no dada... Por decirlo en palabras llanas y populares: están hartos de matarse a pajas.
---
El tema es: Tibio quiere a Lánguido, y viceversa, pero una considerable extensión de agua les separa. Tibio tiene, de vez en cuando una idea, no excesivamente brillante, pero bueno, mientras que Lánguido se limita a lamentarse.
Ideas de Tibio:
1. En el pequeño garaje de la casa hay un par de viejos motores de 200cc de antiguas Vespas municipales. Si fuera capaz de aplicar esos motores a una vieja canoa, podría cruzar el embalse y listos. Lo malo es él sabe de motores lo mismo que yo de los toros: que existen. Y ya. Lánguido suspiró.
2. Ha diseñado un complejo (e inútil) mecanismo de alas, hecho con las plumas de dos edredones fuertemente tejidas, con la idea de aplicar los dos motores de vespa al mismo. Cuando terminó de trenzar plumas y construyó el complejo mecanismo, con un esqueleto de bambú, recordó que no sabía nada de motores y que sería incapaz de aplicar éstos a su mecanismo. Lánguido suspiró.
3. Leyendo la Biblia (propiedad del ayuntamiento de Valdemorillo) le impresionó el pasaje en que Jesús andaba sobre las aguas y dijo, joder, si es cuestión de fe... y durante 10 días y diez noches estuvo intentando cruzar a pie el embalse, y los diez días con idéntico resultado. Lánguido se llevó el dorso de la mano a la frente y suspiró con desesperación.
4. Después de pasar diez días en la cama como consecuencia de un enfriamiento severo, Tibio se enganchó a un libro -“Grandes Inventores que en el Mundo han sido” - que tenía bonitas ilustraciones e intentó emular a Leonardo y sus ingeniosas armas de asalto y asedio, construyendo una catapulta para sí mismo. El diseño no estaba mal, salvo el detalle de que cuando se ponía en la plataforma de lanzamiento, no podía accionar el mecanismo y, cuando se ponía en el lugar en el que podía hacerlo, la catapulta funcionaba de miedo, pero no le lanzaba a él, que era de lo que se trataba. Lánguido suspiró y se puso en la tele un duvedé de Isabel Pantoja.
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Un día, un delfín despistado llamado Obtuso Pez apareció por allí y descubrió que una dieta a base de palomas arreglaría sus problemas estomacales.
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Tibio tomó una decisión. Escribió a Lánguido una nota que enviaría por ADSL en la que le decía: lo he intentado todo, y ha sido inútil. Ahora te toca a ti: o coges el autobús que te deja a cincuenta metros de mi casa y vienes a que nos demos un revolcón, o me suicido.
Lánguido, extrañña coincidencia, tomó otra decisión: o me manda más fotos suyas desnudo por ADSL o me suicido. Tiene hasta mañana.
Tibio escribe la nota, con fotografías explícitas, la hace un rollito y se la pone amorosamente en la patita a ADSL, le da unos toquecitos en el trasero (lo cual le excita, este Tibio es un pervertido) y le dice: anta, japuta, llévaselo al guarrete del Languis.
Y allá que va la paloma.
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Obtuso Pez, el delfín despistado empieza a estar, además, obeso, pues las palomas lo que menos se esperan es que haya un delfín en la sierra de Madrid y que, encima, coma palomas y palomos al por mayor. Pero aún puede saltar.
Por el rabillo del ojo ve a ADSL volar confiada y de un majestuoso salto con doble tirabuzón, ¡hops!, se zampa a la sorprendida paloma mensajera sin darle opción alguna.
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Obtuso Pez es un poco más gordo.
ADSL ya no es.
Tibio y Lánguido se suicidaron al mismo tiempo, cada uno en su orilla y, flotando, se encontraron muertos en el centro del embalse.
Moraleja: pa que te fíes de los delfines.
Y eso.
Tibio Cabezabuque es un industrial malagueño. Le va fatal. Así que, en realidad, a lo que se dedica, es a repartir el correo en Valdemorillo, mi pueblo. Tampoco esto se le da bien, es un desastre, para ser honestos, pierde cartas, equivoca las direcciones constantemente y, para colmo, es un peligro rodante en su Vespa amarilla. Vive cerca de mi casa, en una casita de madera, preciosa, propiedad del ayuntamiento, y que éste cede al cartero municipal y su familia, a la orilla del embalse.
Lánguido Sobrasada es un hombre sin perfiles destacables, no tiene demasiada personalidad, carece, casi por completo, de sentido del humor, no tiene malas palabras para nadie, pero tampoco destaca por sus buenas acciones, compra el pan, ya sabes, hace la colada y sigue tirando como su limitada cabecita le da a entender. Lánguido vive al otro lado del embalse, en una casa mucho más grande que la de Tibio, pero más sosa, también; ahora bien, es de su propiedad y es el bien más preciado de Lánguido.
Tibio y Lánguido mantinen una relación a distancia por ADSL (A Donde Se Llegue), que es el nombre en clave de la paloma mensajera del servicio postal de Valdemorillo, últimamaente en desuso, cosa que no nos extraña por el nombre que se le dio, y esa relación empieza a llegar al punto de inflexión en que la cosa tiene que avanzar. Tienen nostalgia de sus distancias, anhelos de sus sentimientos, frustración por la carnalidad no dada... Por decirlo en palabras llanas y populares: están hartos de matarse a pajas.
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El tema es: Tibio quiere a Lánguido, y viceversa, pero una considerable extensión de agua les separa. Tibio tiene, de vez en cuando una idea, no excesivamente brillante, pero bueno, mientras que Lánguido se limita a lamentarse.
Ideas de Tibio:
1. En el pequeño garaje de la casa hay un par de viejos motores de 200cc de antiguas Vespas municipales. Si fuera capaz de aplicar esos motores a una vieja canoa, podría cruzar el embalse y listos. Lo malo es él sabe de motores lo mismo que yo de los toros: que existen. Y ya. Lánguido suspiró.
2. Ha diseñado un complejo (e inútil) mecanismo de alas, hecho con las plumas de dos edredones fuertemente tejidas, con la idea de aplicar los dos motores de vespa al mismo. Cuando terminó de trenzar plumas y construyó el complejo mecanismo, con un esqueleto de bambú, recordó que no sabía nada de motores y que sería incapaz de aplicar éstos a su mecanismo. Lánguido suspiró.
3. Leyendo la Biblia (propiedad del ayuntamiento de Valdemorillo) le impresionó el pasaje en que Jesús andaba sobre las aguas y dijo, joder, si es cuestión de fe... y durante 10 días y diez noches estuvo intentando cruzar a pie el embalse, y los diez días con idéntico resultado. Lánguido se llevó el dorso de la mano a la frente y suspiró con desesperación.
4. Después de pasar diez días en la cama como consecuencia de un enfriamiento severo, Tibio se enganchó a un libro -“Grandes Inventores que en el Mundo han sido” - que tenía bonitas ilustraciones e intentó emular a Leonardo y sus ingeniosas armas de asalto y asedio, construyendo una catapulta para sí mismo. El diseño no estaba mal, salvo el detalle de que cuando se ponía en la plataforma de lanzamiento, no podía accionar el mecanismo y, cuando se ponía en el lugar en el que podía hacerlo, la catapulta funcionaba de miedo, pero no le lanzaba a él, que era de lo que se trataba. Lánguido suspiró y se puso en la tele un duvedé de Isabel Pantoja.
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Un día, un delfín despistado llamado Obtuso Pez apareció por allí y descubrió que una dieta a base de palomas arreglaría sus problemas estomacales.
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Tibio tomó una decisión. Escribió a Lánguido una nota que enviaría por ADSL en la que le decía: lo he intentado todo, y ha sido inútil. Ahora te toca a ti: o coges el autobús que te deja a cincuenta metros de mi casa y vienes a que nos demos un revolcón, o me suicido.
Lánguido, extrañña coincidencia, tomó otra decisión: o me manda más fotos suyas desnudo por ADSL o me suicido. Tiene hasta mañana.
Tibio escribe la nota, con fotografías explícitas, la hace un rollito y se la pone amorosamente en la patita a ADSL, le da unos toquecitos en el trasero (lo cual le excita, este Tibio es un pervertido) y le dice: anta, japuta, llévaselo al guarrete del Languis.
Y allá que va la paloma.
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Obtuso Pez, el delfín despistado empieza a estar, además, obeso, pues las palomas lo que menos se esperan es que haya un delfín en la sierra de Madrid y que, encima, coma palomas y palomos al por mayor. Pero aún puede saltar.
Por el rabillo del ojo ve a ADSL volar confiada y de un majestuoso salto con doble tirabuzón, ¡hops!, se zampa a la sorprendida paloma mensajera sin darle opción alguna.
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Obtuso Pez es un poco más gordo.
ADSL ya no es.
Tibio y Lánguido se suicidaron al mismo tiempo, cada uno en su orilla y, flotando, se encontraron muertos en el centro del embalse.
Moraleja: pa que te fíes de los delfines.
Y eso.
Buen viaje, pues.
El tiempo está cambiando. El campo, de acuerdo, necesita estas lluvias dadivosas, pero mi alma, que algo tiene de sureña, se alimenta de energía solar. ¡Lorenzo, no nos olvides...!
Estoy pasando la escoba por el local antes de abrir porque ayer, a la hora de echar el cierre, no me quedaban ya fuerzas.
Trabajo en “La Paradinha”, un bar de carretera. El sitio predilecto de la gente que viaja porque no le queda otra. Gente en tránsito, como si dijéramos.
Oigo que alguien hace toc-toc en la puerta. Levanto la vista y no es el clásico jovenzuelo en busca de una última copa. Es un hombre mayor, con una especie de boina blanca –sin pitorro- y completamente vestido de blanco. Hoy nadie viste de blanco salvo, tal vez, algún novelista estrafalario y genial. Tiene cara de buena persona. No sé qué hace un hombre tan mayor a estas horas llamando a la puerta de un bar así.
Hago un gesto inquisitivo con la cabeza que él interpreta como un saludo y se ilumina su cara ancha de labriego honrado. Voy a abrirle, caramba, igual me cuenta algo divertido.
Abro la puerta y me hago a un lado para que entre.
- Vuenos días – le digo -, adelante.
- Buenos con be –dice él, con un fuerte y simpático acento eslavo- y tú dicho con uve.
Qué raro es este tío, pienso, pero no sé muy bien porqué.
- Continúa con escoba, yo sirviendo café – dice él, y el tipo, con más agilidad de la que da a entender su viejísimo corpachón, se mete detrás de la barra y se pone a trastear en la cafetera -. Barra sucia, no barrido aquí – dice y, si no fuera por ese algo gentil que hay en su sonrisa del este, diría que empieza a tocarme las narices, el eslavo de los huevos.
Pero en vez de mosquearme, lo que hago es sentarme a la barra, como si fuera un cliente y le digo:
- Con leche, largo de café con la leche templada.
Pone los cafés –el suyo, solo- y se pone de codos en la barra, mirándome.
- Como va negocio
Es una pregunta pero, debido a su acento peculiar, no lo parece. Hablamos mucho y resulta un tipo divertido. Es polaco, pero ha viajado toda la vida. Como la Piquer, lo menos, por lo que cuenta el tío. No consigo que me diga a qué se dedicaba exactamente pero deduzco, por mis preguntas, que llevaba una especie de representación de alguna empresa importante. El tío debió ganar pasta, fijo.
Según hablamos, su mirada, que parece más ya del otro mundo que de este, se hace más acuosa, como si estuviera a punto de romper a llorar.
- Oye, colega – le digo- tendrías mejor pinta si te quitaras esa boina, no es un drama quedarse calvo, te lo juro, menos a tu edad...
El tipo se ríe y me dice que tiene que marcharse ya. Me pregunta que cuánto le debo. Joder, el tío se lo ha currao, ha hecho y servido él mismo los cafés, así que le digo que nada, que la casa invita.
- Adiós, pues, continúo carretera – dice.
Entonces, me doy cuenta de que me apetecería saber su nombre.
- Perdone, ¿cómo se llama?
- Perdonando. Llamo Carol.
- ¿¡Carol...!?
- Carol, sí, por qué cara idiota?
- Joder, tío, Carol es nombre de mujer, de rocanrol, si quieres, pero no de viejecillo...
- ¡Carol nombre mío y yo macho! – dice el tío blandiendo un dedo índice atemorizador. Caray, el tipo parece acostumbrado a mandar. Y algo me dice que si sigo tocándole las bolas, va a acabar dándome un mandoble con esas manazas que tiene.
- Vale, no te mosquees, socio...
Para que se vaya más contento, le hago un regalito. Es lo que regalo a algunos clientes especiales, y este viejales me ha caído de lujo. Un libro mítico.
Lo pilla, lo mira un poco y levanta la vista.
- On the road, Kerouak...
- ¿Te mola?
- Basura beatnik, pero agradezco detalle...
Y se va.
Qué espalda tiene. Le espera un hombre vestido de negro. Le echa por los hombros un manto púrpura. Carol se sube a la moto y arranca. Antes de engranar la primera, me mira, compone un gesto curioso con las manos en su cara, y suelta una sonora carcajada.
- ¡Ahí os quedáaaaaiiiis....! – grita mientas acelera la moto y se aleja.
Y es verdad. Aquí nos quedamos, Carol.

Buen viaje, pues.
(pero sigues teniendo nombre de tía, que lo sepas...)
Estoy pasando la escoba por el local antes de abrir porque ayer, a la hora de echar el cierre, no me quedaban ya fuerzas.
Trabajo en “La Paradinha”, un bar de carretera. El sitio predilecto de la gente que viaja porque no le queda otra. Gente en tránsito, como si dijéramos.
Oigo que alguien hace toc-toc en la puerta. Levanto la vista y no es el clásico jovenzuelo en busca de una última copa. Es un hombre mayor, con una especie de boina blanca –sin pitorro- y completamente vestido de blanco. Hoy nadie viste de blanco salvo, tal vez, algún novelista estrafalario y genial. Tiene cara de buena persona. No sé qué hace un hombre tan mayor a estas horas llamando a la puerta de un bar así.
Hago un gesto inquisitivo con la cabeza que él interpreta como un saludo y se ilumina su cara ancha de labriego honrado. Voy a abrirle, caramba, igual me cuenta algo divertido.
Abro la puerta y me hago a un lado para que entre.
- Vuenos días – le digo -, adelante.
- Buenos con be –dice él, con un fuerte y simpático acento eslavo- y tú dicho con uve.
Qué raro es este tío, pienso, pero no sé muy bien porqué.
- Continúa con escoba, yo sirviendo café – dice él, y el tipo, con más agilidad de la que da a entender su viejísimo corpachón, se mete detrás de la barra y se pone a trastear en la cafetera -. Barra sucia, no barrido aquí – dice y, si no fuera por ese algo gentil que hay en su sonrisa del este, diría que empieza a tocarme las narices, el eslavo de los huevos.
Pero en vez de mosquearme, lo que hago es sentarme a la barra, como si fuera un cliente y le digo:
- Con leche, largo de café con la leche templada.
Pone los cafés –el suyo, solo- y se pone de codos en la barra, mirándome.
- Como va negocio
Es una pregunta pero, debido a su acento peculiar, no lo parece. Hablamos mucho y resulta un tipo divertido. Es polaco, pero ha viajado toda la vida. Como la Piquer, lo menos, por lo que cuenta el tío. No consigo que me diga a qué se dedicaba exactamente pero deduzco, por mis preguntas, que llevaba una especie de representación de alguna empresa importante. El tío debió ganar pasta, fijo.
Según hablamos, su mirada, que parece más ya del otro mundo que de este, se hace más acuosa, como si estuviera a punto de romper a llorar.
- Oye, colega – le digo- tendrías mejor pinta si te quitaras esa boina, no es un drama quedarse calvo, te lo juro, menos a tu edad...
El tipo se ríe y me dice que tiene que marcharse ya. Me pregunta que cuánto le debo. Joder, el tío se lo ha currao, ha hecho y servido él mismo los cafés, así que le digo que nada, que la casa invita.
- Adiós, pues, continúo carretera – dice.
Entonces, me doy cuenta de que me apetecería saber su nombre.
- Perdone, ¿cómo se llama?
- Perdonando. Llamo Carol.
- ¿¡Carol...!?
- Carol, sí, por qué cara idiota?
- Joder, tío, Carol es nombre de mujer, de rocanrol, si quieres, pero no de viejecillo...
- ¡Carol nombre mío y yo macho! – dice el tío blandiendo un dedo índice atemorizador. Caray, el tipo parece acostumbrado a mandar. Y algo me dice que si sigo tocándole las bolas, va a acabar dándome un mandoble con esas manazas que tiene.
- Vale, no te mosquees, socio...
Para que se vaya más contento, le hago un regalito. Es lo que regalo a algunos clientes especiales, y este viejales me ha caído de lujo. Un libro mítico.
Lo pilla, lo mira un poco y levanta la vista.
- On the road, Kerouak...
- ¿Te mola?
- Basura beatnik, pero agradezco detalle...
Y se va.
Qué espalda tiene. Le espera un hombre vestido de negro. Le echa por los hombros un manto púrpura. Carol se sube a la moto y arranca. Antes de engranar la primera, me mira, compone un gesto curioso con las manos en su cara, y suelta una sonora carcajada.
- ¡Ahí os quedáaaaaiiiis....! – grita mientas acelera la moto y se aleja.
Y es verdad. Aquí nos quedamos, Carol.

Buen viaje, pues.
(pero sigues teniendo nombre de tía, que lo sepas...)
Viva la gente (viernes de resurrección)
Debe haber algo, escondido y latente, que se enchufa en cuanto te ves al borde del precipicio y que te hace despertar.
Eso es lo que diría un pedante como yo.
Pero, lo que en realidad hay... es gente.
Y hoy quiero ser yo el que dé tres vivas, tres mil, tres millones, por todos y cada uno de vosotros.
Si fuese Yambra, si fuese la mitad de hábil de lo que es él, pondría aquí un enlace mágico de esos que pinchas y ¡zas!, escuchas o te bajas Viva la Gente, como hace él en sus impagables “te doy una canción”.
Como no lo soy, ustedes se lo pierden, amigos, me limito a hacer la ola a cada uno de los que ayer se pasó por aquí, hizo comentario o no, y a los muchos que por allí, por otros lares de esta mágica blogosfera se acordaron de mí, y menciono con especial cariño el Sunset de Doc, un sitio para visitar y tomarse algo; el típico… no, nada de típico, un lugar singular donde todo el mundo se encuentra a gusto. Doc ha conseguido un lugar maravilloso, y es urgente conocerlo.
Me habéis hecho reír, llorar, llorar, llorar… y llorar por reír.
Y no vais a salir de rositas.
Preparaos, pandilla de seres encantadores, porque la semana que viene es la de la explosión mediática y estoy preparando un bombazo en tres partes que va a marcar un antes y un después en la vida mundial.
He resucitado, me he limitado a matizar el subtítulo de esta página y voy a por todos y cada uno de vosotros.
No tengo curro (hoy) pero tengo una familia que no sé cómo me aguanta, tengo a Dotty, y tengo un millón de amigos entre la bendita gente de la blogosfera.

Sólo se me ocurre dar tres hurras por vosotros.
Y gritar ¡viva vosotros!
¡Viva la gente!
(el final ha quedao un poco hortera, pero uno es asín, pelín hortera)
Eso es lo que diría un pedante como yo.
Pero, lo que en realidad hay... es gente.
Y hoy quiero ser yo el que dé tres vivas, tres mil, tres millones, por todos y cada uno de vosotros.
Si fuese Yambra, si fuese la mitad de hábil de lo que es él, pondría aquí un enlace mágico de esos que pinchas y ¡zas!, escuchas o te bajas Viva la Gente, como hace él en sus impagables “te doy una canción”.
Como no lo soy, ustedes se lo pierden, amigos, me limito a hacer la ola a cada uno de los que ayer se pasó por aquí, hizo comentario o no, y a los muchos que por allí, por otros lares de esta mágica blogosfera se acordaron de mí, y menciono con especial cariño el Sunset de Doc, un sitio para visitar y tomarse algo; el típico… no, nada de típico, un lugar singular donde todo el mundo se encuentra a gusto. Doc ha conseguido un lugar maravilloso, y es urgente conocerlo.
Me habéis hecho reír, llorar, llorar, llorar… y llorar por reír.
Y no vais a salir de rositas.
Preparaos, pandilla de seres encantadores, porque la semana que viene es la de la explosión mediática y estoy preparando un bombazo en tres partes que va a marcar un antes y un después en la vida mundial.
He resucitado, me he limitado a matizar el subtítulo de esta página y voy a por todos y cada uno de vosotros.
No tengo curro (hoy) pero tengo una familia que no sé cómo me aguanta, tengo a Dotty, y tengo un millón de amigos entre la bendita gente de la blogosfera.

Sólo se me ocurre dar tres hurras por vosotros.
Y gritar ¡viva vosotros!
¡Viva la gente!
(el final ha quedao un poco hortera, pero uno es asín, pelín hortera)
