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Te lo he dicho cienes de veces
Lo que pasa por la cabeza, tronco y extremidades de un creativo que curra en y desde casa.
Acerca de
That's me! Soy asín, señores, no puedo hacer nada contra eso. Me he apuntado en esto. Anda,no seas y si te gusta lo que lees, vota.

Vótame

convocado por:
20minutos.es

Sindicación
 
Historias del mítico creativo. (1)
Un triunfo de la polla

El mítico creativo, un gran cabeza de huevo, llega con unos minutos de adelanto al parking (un descampado donde se dejan los coches, justo enfrente de la Consejería) y con tremendas ganas de mear.

Llama a sus compañeros:
- ¿Ande andáis?
- A 10 minutos.
- Joer...

El creativo se mea. Se está haciendo de pis y no puede entrar en la Consejería hasta que estén todos juntos. Está en una ciudad extraña, no hay bares a la vista; no hay ningún otro edificio que no sea el edificio de la Consejería. Por cierto, es la de Vivienda y Urbanismo. Para ser una Consejería tan importante, está en medio de ninguna parte.

Pis. El mundo es un océano de pis.

El mítico creativo otea el horizonte. Hay un cierto trasiego de coches y personas, pero en general la cosa está tranquila. Y la otra cosa, la suya, la propia, la única, nerviosa. Se mea de mala manera.

A unos 50 metros hay un gran árbol, cuyo tronco, en la base, debe tener casi metro y medio de diámetro. Peasso de árbol. Además, a un lado del árbol, un todoterreno y al otro, un gonogolumen; dos vehículos altos y robustos que pueden tapar la oronda figura del mítico creativo mientras éste se alivia. Se dirige con paso decidido y, a la vez, lo que él piensa que debe ser una actitud muy casual, no los típicos andares de uno que va a hacer un pis furtivo, sino los de un ciudadano normal. Sencillamente, anda.

Una vez entre los dos colosos de la tecnología automovilística, una última ojeada al paisaje le persuade de que puede sacar lo que le cuelga y dejar que las aguas vuelvan a su cauce, vulgo, mear. Se coloca con una buena distancia de pies, rodillas ligeramente flexionadas, nalgas en lavabo (lo contrario de “en pompa”) y ambas manos en el paquetillo. Visto desde atrás, el cuadro debe ser desalentador. Visto de frente, no me atrevo a decir lo que debe parecer. Así que la orina que produce el mítico creativo empieza a chisporrotear en la tierra seca, una sonrisa bobalicona le llena la cara, entrecierra los ojos con la mirada extraviada y echa la cabeza ligeramente hacia atrás.

Qué gustito que da mear. Unas sacudidas para terminar y ¡listo!, el creativo es ahora un hombre bien meado. Según se está dando la vuelta, a la vez que sube su bragueta, el mítico creativo oye un portazo del vehículo situado a su derecha, a la sazón, el gonogolumen. Desciende de él una señora principal, que ha visto, en primera línea, todo el proceso. La señora roza la cuarentena, es morena de piel y de pelo, está bastante buena y es de esas personas con tanta dignidad que atemorizan un poco. A su lado uno siempre se siente como con un calcetín de cada color o con la bragueta bajada. Aunque uno no lo esté.



El mítico creativo quiere decir algo ingenioso que salve la situación, pero sólo logra emitir unos tristísimos balbuceos. La señora no le ha hecho ni caso, le ha atravesado con la mirada como si no estuviera allí. Pero el mítico creativo sabe que no es así. Que la señora lo ha visto todo, pero es demasiado elegante como para evidenciarlo.

-.-

Llegan los compañeros del creativo, se reúnen brevemente, en corrillo y pergeñan la estrategia de la presentación. Tú esto, tú esto y tú esto... lo de siempre.

La presentación va bastante bien. Los miembros de la Consejería de Vivienda que ven la campaña hacen preguntas, tienen pequeñas objeciones, sonríen, hacen chistes... parece que les gusta el tema.

Personalmente, el mítico creativo parece estar contento. Ha desplegado todo su encanto en la presentación, ha estado brillante, un pelín tierno, ingenioso... El jefe de publicidad, Carlos, toma la palabra.

- Voy a hacer una llamada... – coge el teléfono y marca una extensión- ¿Lola...? estoy aquí con la agencia de publicidad, ¿por qué no vienes y miras lo que han traído? Vale la pena, sé que te va a gustar... – Cuelga el teléfono. Se dirige a nosotros- Es Lola, la jefa de gabinete del Consejero; es ella la que va a decidir y sé que le va a gustar esta campaña... una tía cojonuda, vale un huevo, ya veréis...

Pasan unos minutos en los que todos parecen amigos de toda la vida, risas, palmoteos, intercambios de teléfonos... hasta que se abre la puerta y aparece Lola.

Todos en pie, como si hubiera entrado el papa. Carlos hace de maestro de ceremonias.

- Lola, te presento a Wolffo, el director creativo de la campaña...

Estiro la mano para estrechar la suya, pero rápidamente la escondo, me la llevo a la espalda. No me atrevo a darle la mano. Porque sé que ella en este momento está pensando que acaba de verme meando junto a su coche, agarrando con mi mano derecha, la que tendría que estrechar la suya, el colgajillo que adorna mi entrepierna para dirigir el chorro. Así que en esta postura un poco idiota, con las manos en la espalda, le planto dos sonoros besos en sendas mejillas que ella, para qué engañarnos, no recibe con alborozo, precisamente.

-.-

Permanezco callado el resto de la reunión, mientras mis compañeros se cuelgan medallas legítimamente mías. Lola aprecia la campaña. Parece que le gusta mucho. Pero no puedo evitar pensar que, en realidad, su pensamiento está donde está el mío: insultándome.

-.-

Al despedirnos, me automargino voluntariamente para evitar el bochorno. Pero Lola se acerca a mí:
- La campaña es magnífica. No te preocupes por nada más. Felicidades.

Y ahora es ella la que me propina dos sonoros besos.

Y es por cosas como esas (mear en las ruedas del coche del cliente mientras éste está dentro), más que por mis campañas, por las que este creativo es mítico. Meto la pata como nadie. Es una especie de don que tengo. Aunque a veces, como esta mañana, no acaban las cosas del todo mal.

Por cierto, mientras presentaba la campaña, o tal vez mientras meaba bajo la atenta mirada de Lola, me han traído un router nuevo.

¡Stoy de nuevo on-line!

Gracias a todo el mundo.

 
Desconectado
Toy sin conexión hasta, probablemente, la semana que viene. Ya.com, que es mi proveedor, no tiene demasiada prisa en resolver mi incidencia...

Volveré.

 
El día que comí con Maiquelyasson

Un domingo del invierno del 83.

Era un buen día para rascarse las bolas. Domingo venturoso, vive dios, que seguía a un sábado formidable, que a su vez sucedió a continuación, esto es lo extraordinario, de un estúpido martes. O sea, esa semana, fue solo de 4 días: lunes, martes, sábado y domingo. Hubo huelga de de miércoles, jueves y viernes, y bueno, no sé si os acordáis, pero en Estados Unidos fue la polla. ¡Puf...!

Ese hecho sin precedentes, la semana castrada, dio lugar a un montón de confusiones con la agenda de todo el mundo. Una de esas confisiones fue la de Maiquelyasson, que se encontró un domingo por la mañana llamando a la puerta de mi apartamento en New York; un cuchitril de 1.250 metros, situado en el piso 567, sólo 99 pisos por debajo del ático, de un edificio de mierda sobre el Hudson.

Abrí la puerta y le dije a Maiquelyasson:

- Hola Lupita, pasa, hija, que estaba rascándome las bolas y ahora iba a dejarlo, pero ya que has venido, voy a seguir.

El caso es que yo pensaba que era la fiel Lupita, mi Lupita, la mujer que me vio nacer y, aun así, me seguía aguantando. Maiquelyasson se quedó sin habla, como Lupita, que nunca dice nada, así que nada me hizo pensar que fuera el astro afroamericano.

- Lupita, querida, te voy a contar algo. Soy un hombre destrozado – le dije mientras volvía mi atención y mis rascadoras manos a mi entrepierna-, un juguete roto, un ser menor... ayer, a mí, este macho español que soy, a este joven que tus ojos contemplan con tórrida y lúbrica expersión, quiso ligarme Maiquelyasson...

- Hola, ejem..., hum... – carraspeó Maiquelyasson- lo admito... quise ligarte, gran Wolffo, y lo sigo queriendo en este domingo que, sin en cambio, parece jueves.

- Caramba, Lupita -dije yo-, si no eres Lupita, eres Maiquelyasson. Seas quien seas, se dice sin embargo, o en cambio, pero nunca sin en cambio, so merluzo – dije y le dí un cariñoso capón en lo alto e la cocorota, lo que provocó un inexplicable orgasmo en el cantante.
- ¡Uy...! – dijo como acompañamiento vocal a su éxtasis.

Maiquelyasson me amaba.
Como el recodo al camino, de Algeciras a Estambul, como si dijéramos.
Como ama el soldado a su olor de pies. Como ama el pájaro a su pájara y el caballo a su caballa, como el príncipe ama a su príncipa y la princesa a su princeso. Me amaba, en fin.

- Maiquelyasson, eres un gran idiota, perdona que te diga. Podías amar a una tía, yo qué sé, a la hija de Elvis o a Natalie Wood, que seguro que te va bien. Conmigo no tienes futuro, colega, así que esfúmate.

- Yo soy bueno rascando bolas – me dijo Maiquelyasson- podría...

Le corté en seco. Le miré como, antaño, Julio César miró a Asuracentúrix: en plan, no seas pelma, que me jodes la fiesta. Y... se me puso a llorar. Un hombre de tamaña fealdad llorando, no es un espectáculo digno de verse. Así que accedí a que pusiera unos discos y, después de rogarme durante largos y lacrimógenos minutos, a bailarle unos numeritos.

Debéis saber que yo era un gran bailarín en aquellos años. Y no lo digo yo, tengo documentación, pringaos. Lo dijo en unas declaraciones importantes mi hermano Doggo: “Debéis saber que, en aquellos años, mi hermano Wolffo era un gran bailarín” (New York Times, antesdeayer).

Total, que como ya había hecho con un rubiales menesteroso que se llamaba John Lennon el Maiquelyasson me dio penita y le compuse unas canciones y le di unas nociones de cómo mover el esqueleto. Mover el esqueleto, menuda expresión...



Fruto de aquella tarde, que nos cundió un huevo, es el duvedé cuya carátula podéis ver aquí arriba. Lo que no pude quitarle es esa irritante manía que tiene de cantar como si fuera un bebé en plena rabieta, ñiañiañiañiaaaa...., parece idiota, cuando se pone en ese plan, el tío.

...

El otro día vino a verme a Valdemorillo. Antes de la sentencia, que conste. Estaba triste. Me dijo que sabía que no iba a pasarle nada, que no le condenaban ni de coña. “No me va a pasar nada, no me condenan ni de coña” fueron sus palabras textuales.

Me dio pena. Se parecía a Lupita mucho más que el día que le confundí. Pero parecía una Lupita enferma: pálida, flacucha, frágil. Y además, tenía esa expresión de persona ida. Parecía un cretino en horas bajas. Era un cretino en horas bajas.

...

Yo no sé si es malo. Puede que sí. Pero a mí me parece que está enfermo. De dinero, de fama, de endiosamiento. Está enfermo de falta de amor. Enfermo de deidad; y lo malo, es que no se da cuenta de que es sólo un hombre.

Sólo un hombre que se parece a Lupita.


 
La estoy cagando
Me mandan esto de 20 minutos:

"Hola Wolffo,

Este es el parte semanal de las votaciones en los premios 20Blogs

Resultados de tu blog: Te lo he dicho cienes de veces

* 166º en la categoría Mejor Blog 2005 con 40 votos.
* 85º en la categoría Mejor blog personal con 42 votos.
* 37º en la categoría Mejor blog de humor con 47 votos.
* 69º en la categoría Mejor blog con contenido más original con 42 votos.
* 71º en la categoría Mejor blog inclasificable con 39 votos.


Y, con las basurillas que cuelgo últimamente, ya me parece mucho. Sigue el mensaje, claramente con la intención de desalentarme:

"Los 10 blogs más votados para mejor Blog 2005 son:

Nombre Votos
El Sentido de la Vida 1408
Pinkshines.com 580
miBrujula.com 550
Diario de una MISS intelijente 445
rikel´sblog 437
Mundos de Nepomuk 358
Semidiós 358
El Bastión de los Sueños 353
Es la libertad de expresión, idiotas 350
ALT1040 349"


O sea, creo que tengo posibilidades, ¿no?
¡Luchando hasta el final!



 
Estoy considerando seriamente, dándole vueltas, planteándome la idea de hacerme una estantería de obra para el salón.


Es sólo una idea. Por ahora.
Pero ¡qué gran idea!



(esto sí que es un post)
 
DISCURSOS POLÉMICOS: EL MATRIMONIO ENTRE CATÓLICOS (post por la jeta)
Mi amigo Eddy Rommel me ha enviado este texto en un e-mail de esos de distribución masiva. Como no tengo tiempo para postear hoy (y ya va siendo hora de colgar algo, que estoy hecho un vago) expongo en plaza pública esta cosa que tiene mogollón de gracia y que refleja exactamente mi punto de vista. Es triste que las cosas tomen esta deriva y mi madre resucitaría si me viera defendiendo esta postura: con lo que tú peleaste, mami, inútilmente, porque fuera a misa...

-.-

¿Debemos permitir a los católicos casarse entre ellos?

Estoy completamente a favor de permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.

Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas.

También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".

Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una in! fluencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.

ACTUALIZACIÓN


Esto es basura. Voy a publicar algo serio.

OTRA ACTUALIZACIÓN:

Como han dicho un par de personas, este texto es, originalmente, de un tal Psicobyte y es de justicia poner este enlace, que me facilita Guisantilla.
Al pobre Psico le han plagiado descaradamente este texto, y, en fin, a mí me sigue pareciendo muy ingenioso.
Felicidades a Psicobyte. Es un tío con coco.


 
Documentos Desclasificados: El Trío Despreciable.

Voy a desvelar un secreto que lleva atenazándome ya desde hace 6 años. Es la historia de cómo y porqué llegué a ser tan bobo como he llegado a ser. Publico, al fin, los diarios de aquellos días. Aquí se cuenta todo. Sin tapujos. Sin vergüenza. Sin dignidad.

Aquellos días. Diarios.

Lunes, 14 de diciembre de 1996.

Esta mañana, mi vida ha cambiado. Me he levantado igual que otros días, con sueño, recuperando la posición vertical desde la horizontalidad nocturna. Estoy en un hotel. Empalmado. Ella, la chica que conocí anoche en el bar Hopeless, parece, a la luz del día, bastante menos atractiva que hace apenas unas horas. Y bastante más grandullona.

Joé, qué mal rollito...

Levanto una esquinita de debajo de la funda nórdica y asoma un pie grande, demasiado grande (44 o 45) al que sigue un tobillo huesudo y una pantorrilla con gruesos pelánganos negros. Oh, oh... El pelo... El pelo es corto y peinado a raya, muy vulgar. Los hombros, anchísimos para una chica, huesudos. Ya no estoy empalmado. Está boca abajo pero me hace falta poco ya para darme cuenta de que lo que duerme como un tronco en la misma cama que yo he dormido y que acabo de abandonar es un tío... Qué flash, colega. Me he acostado con un tipo delgado y alto que se peina a raya. Sobre la silla que hay a los pies de la cama, hay un traje gris, una corbata gris, una camisa azul clarito. Calcetines eléctricos (si los viera mi madre...) gris perla, horterísimas, y zapatos marrrones de rejilla, intolerables.

Ronca como un cabrón. Me acerco a su chaqueta y toqueteo para encontrar su cartera. Está en el lugar previsible. Tiene pelas: tres billetes de diez mil, tres de cinco mil, dos de dos mil y uno de mil pelas. Un reparto equitativo, debe haberlo sacado así del cajero. 50 billetes que me voy a quedar por darme este disgusto, hombre gris de traje gris. Ya puestos, le levanto la Visa también. Y el DNI. Un rápido examen de los documentos me dan una sorpresa enorme. El tipo es diputado por León, pero no me suena de nada. Debe ser uno de esos don nadie que van a votar, a cobrar y punto. Se llama José Luis Rodríguez, un nombre que no me dice nada, un auténtico don nadie.

Me meto en el baño con cierto resquemorcillo y, esta subordinada es sólo para evitar la conjunción ”e” que no me gusta nada, instintivamente, me palpo lo que podríamos llamar “mi virtud”. Parece todo en orden. Por las trazas, sigo siendo virgen de la puerta trasera, pero no puedo evitar frotarme casi salvajemente todo el cuerpo mientras me ducho. Llego a encontrar amoniaco y me froto con eso.

Salgo del baño y el Rodríguez sigue roncando.

Me largo.

...

Han pasado 6 meses.
Estoy tomando un café en La Sombra de una Duda y Segundo, el barman, lee el Marca y con la mano derecha, en un gesto tan espontáneo como carente de gracia, se rasca las bolas.

A mi derecha, esa piriodista rubia, de piel cancerígenamente morena, que cree estar buena pero que le pasa como a nuestro planeta, que está achatada por los polos y ligeramente inclinada sobre su vertical (el efecto anís); tiene las piernas cruzadas y un zapatito blanco se balancea en la punta del pinrelillo moreno, cubriendo sólo los fingers, mientras fuma un pitillo tras otro.

- Sé cómo te sientes... sí. Lo sé – me dice afectadamente la falsa rubia y le da una chupada pretendidamente sensual a su pitillo (fuma More, en fin...)

Entonces yo la miré. Fue un poético momento: quería estrangularla, pero del centro de la tierra surgió un estertor que me avisó: no es el momento. O, dicho en otras palabras: me dio el apretón.

Allí, en la soledad del water, con los calzoncillos en los tobillos y la cabeza despejada, meditaba sobre esto y aquello, cuando la piriodista entró con una libretita, y empezó a hacerme preguntas sin tener en cuenta mi posición de desventaja. Fue una entrevista desagradable, pero supe vadear el tema y salí airoso del percance.

No sé como sucedió, pero la piriodista y yo nos hicimos inseparables. No conseguía despegarla de mí y, a los tres meses, el diputado Rodríguez se había unido al rampante grupúsculo. Éramos tres. Éramos libres. Éramos verdad.

Rodríguez se operó las tetas, lo que hizo que mi mala conciencia por aquélla noche disminuyera. La piriodista olvidó operarse el cerebro, lo que hizo que me siguiera pareciendo igual de mema. Y yo, sencillamente, profundicé en mi estupidez y vivimos días felices, días absolutos de enanez mental y amistad.

Rodríguez era simpático, cortés y tremebundo, pero sus pies seguían siendo igual de grandes. No volvimos a enrollarnos, si es que aquella noche ya lejana llegamos a hacerlo. La piriodista intentó en varias ocasiones hacerme una interviú, pero mis respuestas eran tan poco sagaces que nos entraba la risa y acabábamos emborrachándonos.



En esos días montamos nuestro espectáculo teatral, cuyo cartel, graciosamente, cuelgo para vuestro solaz. Fue un ito. O sea, un ex – ito. Suscitó una rara unanimidad y un enorme, global y circular consenso: todos hablaron tan mal de ella que empezamos a pensar si no tendrían razón. Surgieron las envidias y los desacuerdos.
Centrémonos en TODOS HABLARON MAL DE LA OBRA y en cómo afectó a nuestros héroes.

La piriodista se fijó en “TODOS HABLARON” y se largó satisfecha. Su trabajo estaba hecho.
El diputado Rodríguez, más práctico, se fijó en “TODOS” y empezó su historia deamor con el consenso.
Yo me fijé en “mal” y en “obra” y en mi mente se metió la idea de reformar mi cocina.

Sí amigos: este es mi pasado. Mira que es mala suerte...
 
La alcaldesa Piffany
Pifanny es la alcaldesa que todo administrado desea tener. Y sus administrados, todos, la desean. Piffany, cuyo nombre oficial es Epifanía Yebra es alcaldesa de Tomateras, el pueblo donde pasé los mejores veranos de mi vida.

Axioma:

Piffany está buenísima.
Tomateras carece de votantes homosexuales.
El último recuento del ayuntamiento arrojó la cifra de 25 tomaterianos o tomaterienses; a todos ellos, hombres, en edad de merecer, les apetecería una cena, un bailecito y una noche de amor con su alcaldesa.

Meollo histórico-geográfico-cultural:
Tomateras es un pueblo de Ávila. Uno de esos pueblos difíciles de encontrar, perdido entre pueblos de nombre difícil y castellano, en los que prefieren quedarse al margen de los listillos de ciudad. Prefieren una buena tarde de fresco y silencio junto a la vaca que esta locura que nos traemos de tener prisa para no llegar tarde a ningún sitio. De Tomateras se fueron hasta los viejos. Luego, por una iniciativa de esas raras de la diputación, se entregaron 25 fincas para 25 jóvenes con ganas de trabajar.

Tomateras, pues, renació con la particularidad de carecer de mujeres. Quisieron hacer una caravana de esas patéticas pero, finalmente, les dio muchísima vergüenza. También les daba mucha vergüenza a todos presentarse a alcalde y no se les ocurrió otra cosa que montar una gran fiesta y anunciarla por toda la parte septentrional de la provincia. El fin de fiesta era un sorteo en el que el premio era ser candidato a alcalde y poder elegir a tus dos concejales. El trato era que los tres cargos (alcalde y concejales) eran obligatorios.

Piffany es negra, la tía. Más negra que el carbón, es casi azul. Piffany vino del Perú, se pasó dos meses en Barcelona (tuvo suficiente y huyó), luego tres mese en Madrid (tuvo más que demasiado y huyó) y, por casualidad fue a caer en Tomateras.

Piffany acudió a la fiesta, como muchas otras mujeres de la provincia de Ávila, que les encantaba lo bien que las trataban en Tomateras. Naturalmente, en cuanto vieron a Piffany, decidieron que una alcaldesa así les consolaría de todos sus males. Le dieron, fraudulentamente, la papeleta ganadora.

Piffany no sabía qué hacer con los puestos de concejal que debía elegir. Llegó a un acuerdo con los Tomaterienses de que serían cargos rotativos: irían cambiando cada mes, porque todos los del pueblo querían trabajar junto a la alcaldesa.

-.-

Acción de Gobierno
El sábado pasado estuve en Tomateras. Es increíble lo que ha cambiado el pueblo. Ahora es muchísimo peor. Se toman medidas rarísimas, y de difícil aplicación, como no permitir, los jueves y los viernes, que las vacas campen a sus anchas por el pueblo. Llevan haciéndolo toda la vida y nadie parece capaz de convencerlas de que los jueves y los viernes no se puede circular por el pueblo. Nadie sabe, tempoco, a qué responde esta medida.

Otra medida de esas difícilmente explicables que han tomado es que los sábados huela bien y que los domingos se vaya en bici. El equipo de gobierno no termina de ponerse de acuerdo en qué es oler bien. Eso dificulta la aplicación de la medida. Una medida, por otra parte, tremendamente progresista. Que los domingos se vaya en bici es más fácil, pero para eso sería necesario que todos tuvieran bici, pero sólo tiene bici el concejal que hace las veces de cartero, quien, dado que los domingos descansa, dice que pasa de ir en bici precisamente ese día.

Pero la medida estrella de esta munícipe ejemplar ha sido nombrar a Tomateras Capital Mundial Sin Discusión Del Ringorrango y organizar, anualmente, un Festival de Cine Independiente, un premio literario y una Feria Ganadera. Todas estas actividades alcanzan este año su tercera edición.

El Festival de Cine, el primer año se suspendió porque llovía. El segundo, se organizó en la Casa de La Cultura (un establo) y consistió en la proyección del deuvedé que regalaban esa semana con el ABC. Fue un éxito. Fueron 3, además del concejal de cultura (de cultura, festejos, economía, seguridad, vacas y basurillas).

El premio literario se ha declarado desierto en los dos años pero Tomateras persevera en ello. Se dice que para 2008 la propia alcaldesa presentará el original de un cuento de unas 3 páginas, y podrá llevarse el premio.

La feria ganadera consiste en que los jueves y viernes de la semana de fiestas se permite a las vacas vagar a su aire por la zona metropolitana, dándoles, incluso, prioridad sobre los semáforos. Esto está muy clarito en las Normas Para El Gobierno de Tomateras, una especie de Constituciónde Tomateras:

Art. 156.: En Fiestas, las vacas preponderan sobre los semáforos.

Es otro de esos artículos de difícil aplicación, porque en Tomateras no hay semáforos. Pero ello no me impide reconocer que la medida es ciertamente progresista, adelantando el futuro, como si dijéramos. Cuando a la alcaldesa alguien, un incordio, sin duda, como yo, le pregunta sobre estas cosas, ella sonríe y me dice:

-Pero las vacas sí se enteran, se sienten especiales, y eso es lo que importa.

Tomateras va lanzada hacia el futuro. Tiene una alcaldesa negra a la que todos desean. Es boba, pero eso da igual. Porque el 100% de su electorado es mucho más bobo todavía. Y están encantados con su alcaldesa.

Conclusión sesuda tras profundo análisis:

Una legislatura más de Piffany y a Tomateras no la reconoce ni la madre que la parió.