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ABIERTO POR PLACER
Si quieres hacer realidad tus fantasías, frota hasta humedecer la lámpara adecuada.
Porque en grupo, puede ser muy divertido
Si quieres saber algo de nosotros, ahí tienes nuestros blogs, pero si sólo quieres divertirte, lee, imagina, seduce, pero por nada del mundo dejes de follar"

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No sólo de sexo vive el hombre.
Los Autores y algunos más
Desatan pasiones
Despiertan la lujuria
Sindicación
 
Y tú, me estás provocando, no me dejas opción. Si te dejaras....
Te recorrería entera con mi lengua, besándote todo tu cuerpo, y humedecería la cara interna de tus muslos, soplando, como te gusta. Acariciaría tu clítoris al pasar sobre él con la punta de la nariz, sólo dejando que sintieras el contacto un segundo, como aviso previo.

Tomaría tus braguitas con mis dientes y tiraría de ellas con fuerza, dando un par de tirones de furia, pero aplacándola al instante. Tomaría mis manos y acariciaría tus nalgas Suavemente, como quien acaricia una pluma e introduciendo mis manos entre tus nalgas llegaría a tu sexo.

Tus labios mayores se sentirían claramente entre tus braguitas húmedas, dando lengüetazos imprevistos, pero cuando estuvieras en el camino del placer, interrumpiría un segundo ese ritual, para acercarme a tu ombligo y, te lo besaría, viendo como te pones impaciente, ávida de placer y te haría callar subiendo a tus labios y besándote, mordiendo ligeramente tu labio inferior, para continuar besándote apasionadamente.

Después besaría tu barbilla, tu cuello, tu escote y, me detendría en tus pechos turgentes, lamiendo tus pezones y mordiéndolos suavemente. Acercaría mi pene a tus labios y los rozaría como distraído, haciéndote contraer un instante, para luego detenerme y bajar a tu vientre, acariciando tus caderas con mis manos, bajando mi cabeza hasta poder besar tus ingles, un lado y otro, una y otra vez, acercándome cada vez más a tu sexo, a la vez que mis manos te toman por detrás, y abarquen tus nalgas. Las aprieto, mientras con mis dedos acaricio tu clítoris, jugando con él, haciéndolo aumentar de tamaño…volviéndolo cada vez mayor; entonces tomo tu mano y la acerco a mi sexo, tomo mi pene y lo acerco a tu clítoris, para que seas tu quien pueda masturbarse un instante con él, usándome cual juguete, solo por un instante, mientras yo te tomo los pechos, y los aprieto, haciendo que se convierta en una dulce caricia, que termina en tus pezones. En los que me centro, apretándolos hasta el límite en el que el placer y el dolor se vuelven uno.

Me sitúo detrás de ti, te abrazo. Desde esa posición recorro todo tu cuerpo, mientras tú, sigues acariciando mi pene. Te beso te muerdo. Intentas describir lo que sientes pero no puedes; tampoco yo puedo hacerlo.

Te susurro todo lo que deseas oír, con lo cual olvidas el placer genital por un instante. Instantes que utilizo para situarme frente a ti, dejando que tus ojos me cuenten tu deseo, que me confirmen lo que me grita tu sexo. Vuelvo a acallar tus palabras. Te beso, una y otra vez, para después convertirnos en uno.
 
Gustos
Te gusta, te gusta doblegar mi voluntad a mi propia lujuria. Disfrutas oirme gemir de ganas de tí.

Te gusta ver que mi deseo me controla, y que clamo por tu sexo, y por tu lengua.

Me gusta que no quieras superar nada, ni a nadie, y solo disfrutes y me hagas disfrutar.

Me gusta que tus manos sean el latigo de mi sumisión y que mi boca sean las esposas que te atan a mis instintos.

Me gusta que la próxima vez sea distinto, o que me hagas recordar.

Me gusta como haces el amor, me gusta que siempre me guste.

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Vísteme...


...hoy seré tu regalo envuelta en seda y metal.
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Desde tu ventana.
No se desde cual ventana, pero puedo percibir esa mirada, puedo sentir en mi piel las quemaduras del deseo, puedo sentir que me observan y me inunde la humedad. Quiero creer que eres tú, y que tu sonrisa angelical de cada mañana, no es sino un disfraz de la lujuria que te impulsa a mirarme y que te mueres cambiar ese buenos días, por un te deseo Te Deseo, mientras hundes tu nariz en mi sexo, comprobando la suave y caliente que lo pones.

Quiero que se te olviden todo el entorno, que la tierra desaparezca bajo nuestros pies, y tus manos y tu lengua me posean, como ahora lo hace tu mirada, deseo que te olvides de la ventana y que tus manos sean los barrotes que me separan de la realidad.

Quiero que tengas mi olor, y que lo tomes directo de mi piel, quiero que bebas de mi y que saborees toda mi miel, que me hagas tuya, como imagino cada mañana y cada noche, cuanto me visto y me desvisto para ti, cuando bajo la ducha me toco, pensando que eres tu, imaginando todo lo que me harías y como me sentiría, como jadearíamos, juntos, extasiados de placer.

Si, cada día me acaricio, me mimo y me complazco con mi ropa o sin ella, lo hago pensando sólo en ti, en tus reacciones, en el morbo que nos envuelve y nos excita: imagino que pierdes el control y que te apoderas de mi sexo, en una de las tantas veces que me agacho a fingir que busco algo, porque quiero que sepas que todos es una excusa, mis paseos, mis constantes cambios de ropa, son eso, excusas para mostrarte, para calentarme adivinando ese deseo que despierto en ti;

Mañana será distinto, porque no sólo me voy a mostrar de manera ingenua, mañana la noche será nuestra, porque incrementaré nuestro placer, lo haré para ti, y como siempre serás el único espectador, pero esta vez podrás beber esa miel, y oler ese olor, ver y oír mis orgasmos, uno a uno, alimentados por tu mirada.

 
Cada noche en mi ventana
Cada noche cierro la luz, y subo la persiana. Me acerco al cristal, oculto entre las cortinas, y noto el frescor del exterior sobre la superficie transparente.

Si respiro muy cerca, el cristal se empaña, dejando sobre la superficie un circulo de vaho, así que aguanto la cortina y me retiro un poco. Y espero.

Espero una hora. Hoy debía de haber una película interesante, porque mañana trabajas temprano, y normalmente te sueles acostar mucho antes. Si duermes menos de ocho horas, te levantas cansada y agobiada, y tus saludos no son tan hermosos como los del resto de los días.

Entras en la habitación. Vas hasta la cama y levantas la almohada. Vas a coger ese pijama de verano de tirantes, que no te tapa casi nada. Te lo pusiste anoche, y no recuerdo que lo pusieras a lavar, así que hoy debe de tener impregnado ese maravillosos olor de tus pechos, de tu entrepierna, de tu espalda.

Seria maravilloso poder robártelo ahora, ponérmelo sobre el rostro y aspirar profundamente, disfrutando con tu olor, con tu aroma.

Te veo sacar el pijama. Si, es el que yo creía. Azul claro, de tirantes, casi transparente. Empiezo a notar mi deseo, y comienzo a desabrocharme el pantalón.

Comienzas a desabrocharte la camisa, y se adivina el sujetador. Negro. El de encaje. Mi polla ya está fuera, dura, sintiéndote. Como en una obra de teatro vista mil veces, se lo que vas a hacer ahora. Te quitas la camisa y la metes en el armario. A pesar de no haber visto nunca el interior, conozco casi cada prenda de las que tienes dentro de el. Las camisas, las blusas, los pantalones. Se en que cajón guardas tu ropa interior y las camisetas de algodón para el invierno. Se donde guardas tu bolsa de maquillaje y tu maleta. E incluso se donde escondes ese vibrador que te regaló el estúpido de tu novio.

Te desabrochas el pantalón, y te lo quitas agachándote. Lástima que no te quites de la misma forma las braguitas. Sería muchísimo mas morboso verte agachada, asomando el vello de tu entrepierna por detrás. No podría resistirme a lamerte, hundiéndome, olfateándote, acariciándote.

Guardas el pantalón en una de las perchas, y te pones la bata. Sales un momento de la habitación, dejándote la puerta abierta. A través de ella, se ve el pasillo del fondo, y un horroroso cuadro (seguro que de una de tus compañeras de piso, quizá la pija de las coletas) de unas flores amarillas espantosas ocupa toda la pared visible. Aprovecho para buscar unos pañuelos de papel . Se que tardaras unos diez minutos en volver, mientras te lavas los dientes, te quitas las cremas y orinas.

Los encuentro. El paquete de diez está casi vacío, y solo quedan dos. Mañana tendré que acordarme de reponer uno nuevo. Cojo uno y vuelvo a la ventana. Lo abro. Me lo cuelgo de la cintura, metiendo una punta por el borde del pantalón, y sigo acariciándome la polla.

Vuelves. Cierras la puerta, te quitas la bata y la cuelgas del perchero. Te quitas el sujetador, y te pones la parte de arriba del pijama. No sirve de nada. Es tan transparente, que tus oscuros pezones se marcan como monedas en la tela. Mi polla esta dura, enhiesta, mientras me la acaricio cada vez con mas fuerza. Si hubiera suerte, ahora irías al cajón del consolador...

...no.

Te quitas las braguitas, y vas al cajón de tu ropa interior. Aumento el movimiento de la mano, masturbándome con furia. Cuando te agachas, veo tu culo, hermoso, con las marcas del bañador claramente marcadas. Así que yo, y tu novio, somos los únicos que vemos ese culo. Me encantaría poder lamerte entera. Cuando noto que me viene el orgasmo, te giras, y te veo el coño.

Me corro. Como un disparo, mancho el cristal de la ventana. Te deseo. Te deseo como nunca he deseado a nadie.

Mientras tu te terminas de poner el pijama, de meterte en la cama y de apagar las luces, limpio como puedo la ventana, el suelo, mis manos y mi polla. Espero, mañana por la mañana, volverte a ver de nuevo.

¿Sabes que? Te quiero.
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El circulo entre tus piernas
Un círculo formaban tus labios, un círculo perfecto, rojo intenso a causa del carmín, al verlo, mi mente comenzó a volar haciendo círculos en torno a ese excitante círculo e imaginé por un instante como quemaría en torno a otro círculo mágico que yo albergaba, miento, lo mío no era un círculo, eran un sinfín de círculos puestos en extensión.

El círculo perfecto que me observaba, consiguió extender todos mis círculos a una y de repente el círculo se aplastó contra el cristal que nos separaba y los labios lo atraparon como una ventosa y una lengua sonrosada que intentaba
como no, formar otro círculo, emergió justo en el centro y yo de repente comprendí que era la lengua que venía a mitigar la quemazón que los labios me habían producido.


Tus manos formaban círculos, círculos perfectos al acariciar tus tetas que me miraban con descaro ¡que guarras! pensé sonriendo. Los círculos que dibujaban tus manos albergaban los círculos de tus tetas guarras y perfectas y concéntricos a ellos, los círculos de tus aureolas de color café con leche con unos pezoncitos tiesos como puntas de carpintero ¡que insolentes! pensé con mirada oscura.

Cuando pegaste también tus tetas al cristal, mis círculos en extensión comenzaron a expandirse. Yo esperaba que me mostrases más círculos, un tercer círculo, pero el maldito cristal se acababa a la altura de tus caderas, por eso las gotas circulares saliendo de mis círculos en extensión y en expansión, no salieron ese día, más adelante, pasado el tiempo, me lo explicaste todo, ahí, justo dónde el cristal no alcanzaba, no había un círculo, tan solo la bisectriz profunda de tus piernas
 
Espasmos.
Sentada al borde de tu cama, mirando cada movimiento, mientras me muestras todo el sitio y sigo sin poder seguirte, queriendo besarte, queriendo explicarte con palabras mudas todo cuanto deseo de este día, pero esas ganas contrastan más con la inexplicable inseguridad que siento y que me impide hacerlo.

Deseo, esa es la palabra, pero, ¿es ese sentimiento compartido y compatible con la necesidad de asirte de manera tan fuerte que siempre lleves la sensación en tu piel? Será que de esa manera me aseguro de que por estas horas seremos uno solo, y mi cuerpo construirá cada una de las sensaciones imaginadas y te sentirá de una manera única, pero repetible.


Entrecierro los ojos, te sigo mirando, pero a la vez imagino lo que estás a punto de hacer, no he podido contenerme, me levanto, camino y me detengo muy cerca de ti, me miras y acaricio mis brazos, te incito a que lo hagas, tus ojos me revelan que quieres hacerlo, no hablo, respiro y te observo. Me pierde tu mirada, me muero besarte.

Mis dedos recorren como antes, los ángulos de tu cara, se posan en tus labios, y los besas de una manera tan sutil, que tocas todos los rincones de mi cuerpo, cuando tus manos se posaron en mi cintura, y me pegué a ti tanto que podía sentir tus latidos, el ritmo y el calor de tu respiración. mientras buscaba tu boca con la mía, la encontraba y disfrutaba de una lengua hambrienta que revolvía mi apetito de una manera tan íntima y tan indescriptible, que no me deja pensar sino en tu deseo, ese deseo del cual dudé y que ahora se hace tan presente que lo siento, lo palpo, así como tu
Agasajas mis pechos a través de mi sujetador.

Devoras mi cuello, con la misma intensidad que tu boca se apodera de mis pechos, lamiendo, chupando, mordisqueando mis pezones, haciéndome gemir por la exquisita mezcla de placer y dolor que inunda mis intimidades. Mi instinto se convierte en el guía, de la exploración de tu cuerpo, y con una inusual torpeza, voy liberándote de cada prenda que separa nuestras pieles, que me priva de tenerte de una vez.

Y ahora, ¿por qué me miras? besas, mi cara y acaricias mi sexo, con tus manos entre mis bragas, me complaces y torturas con tus dedos, con esos roces que prometen, y solo por instantes cumplen, obligándome a pedirte más, y atormentando tu sexo con mis movimientos, los cuales impides apoyándome contra la pared, haciendo que intente rodearte y ofrecerme entera, sólo para ti, tus ganas me reciben, y nuestros sexos coquetean, nos miramos, aspiras el aroma de mi cabello, te tiro del tuyo, y te beso con furia, me embistes y me acaricias, te siento, me gusta.

Levantas mis piernas, te aprisiono con ellas, me haces suplicarte que sigas, que no pares, no lo haces, cada vez me acaricias más dentro, oyéndote murmurar, intentando descifrar esos susurros, mientras me entrego una y otra vez a tu posesión, a la fuerza y delicadeza de tus movimientos, que cada vez aumentan mi placer y arrancan más gemidos, más suspiros, tan intenso como el escalofrío que recorre mis espalda, y que precede cada uno de los espasmos que explotan en mi sexo, y que puedo sentir en el tuyo.

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Moda.
El mundo de la moda es un negocio, una empresa que obtiene beneficios y que sabe cómo obtenerlos y cómo optimizarlos. Y esto en sí no es un problema, cualquier empresa tienes esos mismos objetivos y cualquier empresa manipula en mayor o en menor medida al consumidor, para atraerlo a él y a su cartera hacia el establecimiento más cercano. Una de estas armas es el marketing y por consiguiente la publicidad. La publicidad nos enseña a vivir, a vestir, a comer, a comprar, hasta nos enseña a cuidarnos. Pero la moda en sí es un escaparate publicitario donde a las actrices se les está pidiendo que enfermen por exigencias del guión. Qué cosas!!! Qué tiempos aquellos donde nos escandalizábamos porque una actriz enseñara una teta por esas mismas exigencias y ahora nos enfadamos porque a los tíos sólo se le ve el culito, me “cagüen en to”.

Bueno que ya me voy al tema del sexo y no!!, de eso no quería hablar, hablaba de las exigencias de un guión publicitario que está insertando un virus en nuestra sociedad. Y a la sociedad no se le ocurre otra cosa que castigar al que tiene la enfermedad en vez de poner los medios para que nadie nos contagie. No sé cómo veríais de justo vosotros, que vuestra empresa os despidiera si os pusierais enfermos. Esto que dicho así puede ser tan bárbaro es lo que se ha hecho en la pasarela Cibeles este año. Hay una serie de chicas que trabajan en una profesión donde se les “exige” no pasar de determinados volúmenes y ahora resulta que en vez de “penalizar” a estas personas que lo exigen, los empresarios de esas grandes factorías que componen la moda, pues no qué va!!! van y no les dan trabajo a ellas, es decir que si antes se morían de hambre por trabajar, ahora te vas a morir de hambre porque chiquilla!!! no vas a trabajar.

Y está claro quienes son los que necesitan y exigen a las modelos determinada forma, de hecho estos diseñadores, orondos ellos, vamos que muy en línea no están, se están quejando por el caché de las modelos que están contratadas y eso que siguen estando delgadas. Porque vamos a ver seamos sinceros, una señorita de metro ochenta ni aún gastando la talla cuarenta se la puede ver de otra forma que no sea delgada. Y teniendo en cuenta que la mayoría de las mujeres medimos del metro sesenta al metro setenta y las tallas más usadas son la cuarenta y la cuarenta y dos, me sigue pareciendo patético que se diga por la televisión que la Pasarela Cibeles utiliza chicas saludables porque éstas gastan la talla treinta y seis.

Ahora eso sí estas chicas que ha sido rechazadas han sido discriminadas de una forma injusta e ilegal, simplemente porque es más fácil dar palos al "peón" que enfrentarse con ese negocio tan fructífero que es la moda y que no sólo da de comer (claro a ellos que están bien hermosos), sino que tiene un poder inmenso.

Ejmmmm qué tais descolocaillos.......que no todo en la vida es sexo o sí??? jajajajaj. Pues según los tantras las mujeres que más aptas son en temas amatorios son a las que no puedes contar sus costillas y es que los tantras sí saben definir el término de saludable y saben con quienes se acuestan y hastan con quiénes deben follar (pero ya estamos otra vez discriminando no?). ¿Qué!!, alguien se presenta al casting??? Pues yo sí ;).
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Tres son compañía...
Ahí, estaba ella, más por curiosidad que por complacerle, envuelta en el morbo que produce lo desconocido. Nunca se había arriesgado a tanto, pero ahí estaba, mirando con descaro a aquella mujer que lentamente se quitaba la ropa, ante su propia sorpresa, y la de su marido. Él no se limitaba a mirar a aquella extraña, con quien apenas acababan de mediar palabras, y tomar un par de copas. Ella también sentía y disfrutaba de su mirada, y de la lascivia que brotaba de sus ojos, mientras la otra dejaba al descubierto unos pechos, muy distintos a los suyos, en cuanto a forma, y si, mucho más grandes.

La invitada no era una mujer muy guapa, definitivamente no, pero es su favor hay que decir que poseía un cuerpo bien definido, y que sus maneras desinhibidas causaban un efecto inmediato en ambos. Tampoco era una prostituta, eso habría sido mucho más fácil sin duda, pero prefirieron conquistar a alguien, tal vez porque esa conquista les producía más morbo, aún así, ambos estaban sorprendidos de lo rápido que estaba resultando todo.

Ella seguía observando con deleite aquellos pechos, sentía ganas de acariciarlos, era la primera vez que se sentía atraída por un cuerpo de mujer, la primera vez que estaría con una mujer, y no sabía que hacer. Sus ganas la incitaban, pero su embeleso la paralizaba y su marido lo notó, se acercó, acarició sus hombros, y la miró de la manera que ella sabía quería decir: “¿aún quieres hacerlo?”. Asintió, rozó con sus dedos, su cara, besó sus labios, y guió sus manos, hasta su pecho, en el que el sujetador, rápidamente fue sustituido por sutiles caricias.


Una invitadora boca se apoderó de sus labios, mientras sentía en sus manos la dureza de aquellos pezones, que tanto la habían provocado segundo antes. Estaba siendo desvestida por una desconocida que la besaba, palpaba sus intimidades, y en cuyo cuerpo se restregaba sin pudor.


Sus bocas se confundían y las lenguas se mezclaban. Ya no era la única que estaba siendo agasajada por los dedos de su marido, los veía buscando un sexo que no era el de ella, mientras ella le ofrecía sus senos, en esas caricias tampoco había exclusividad, parecía que la extraña lo abarcaba todo, era la fuente y el objeto de todo el placer, de él y de ella.

Ella se excitaba, se encelaba, disfrutaba, por instantes se arrepentía pero no quería parar; pasaron minutos, algunos muy rápidos otros eternos, y se sentía suspendida de un placer inimaginable, un placer nuevo, intenso, pero que temía que pudiera romperse en cualquier momento, durante el cambio de una nueva posición, sin embargo, mientras esto no ocurría, vivía el exquisito placer de sentirla entre sus piernas, lamiendo y haciéndola gemir, a medida que se movía al ritmo de la penetración que él estaba ejecutando, quería ocupar ese lugar sentir a su marido dentro, pero la entrega a aquellas caricias de mujer, eran más fuertes que el sentido de pertenencia, que hasta ahora había prevalecido.

La chica susurraba, gemía, acompasaba los movimientos de sus dedos, con los de sus caderas, ante cada embestida que precedía aquel orgasmo. Ella tiraba de sus pezones, mientras una boca conocida se encargaba de su sexo, porque la anterior lamía el poco semen que no estaba en el preservativo.

Deseaba lamerle también, por eso lo hizo, y a pesar de saber que no era una competencia, ante los atentos ojos de su nueva amante, se apoderó del glande húmedo, chupándolo y acariciándolo, como ella sabía que le volvía loco, como ella sabía que podía arrancarle sonidos de gozo, y estímulo para una nueva erección.
 
Tus besos.
Hay placeres que se han identificado tanto que han resurgido como metáforas de su propia descripción y es que no sé si será por el uso insaciable de nuestras bocas pero tanto en la sexualidad como en la alimentación se utilizan vocablos que nos pasean por ambos placeres para avivarlos, confundirnos para así llevarnos mejor a sus lados oscuros, a sus lados claros, a esos rincones que pulsan los resortes de nuestra sensibilidad. Podemos afirmar que no es lo mismo comer hambrientos, que comer deleitándose en cada bocado, pero no cabe duda que en ambas situaciones se nos sacian las ganas, esas ganas enormes de disfrutar con los sabores o con las formas y colores. Hay veces que se aúnan sexo y comida como ha ocurrido siempre con los afrodisíacos y ya no es la metáfora que intercambia poéticamente palabras y conceptos sino que lujuria y bula se alían para conseguir que nuestros cuerpos dejen de pertenecernos en tan bellos momentos.

Y hay afrodisíacos por excelencia que la naturaleza nos ofrece con reservas inagotables y al alcance de la boca….los besos…mmmm….los besos. Besos que damos, recibimos, robamos, encarcelamos, liberamos, regalamos, vendemos …besos que encienden y abren la veda de la pasión. Mi primer novio me daba besos que hiperventilaban, se dedicaba a soplar despacito mientras me besaba y eso hacía que llegara hasta marearme, y es que sus besos me hacían perder el sentido de forma literal. Mi primer beso lo di mirando a unos ojos verdes, ojos que me enseñaron a besar sin miedo a descubrirnos más allá de nuestras bocas. Hay tantos besos que recordar y tantos que te hicieron sentir que se me queda la mirada perdida pensando en aquel beso que dejó que sus manos me llevaran a un orgasmo de vivencias, vibraciones y gemidos que absorbía su boca, cálida, suave, gruesa. Luego vinieron otros muchos, provocados, otros que jugaban y otros de los que aprendía. Aquel primer beso de esa persona que se uniría a ti y aquellos besos que te señalaron el final. Besos de arena, salados, presionaba con sus dedos mi labio inferior mientras su lengua acariciaba suavemente toda esa piel interior que a veces ni sabemos que existe, eso sí fue un beso increíble, tomas conciencia de la palabra deseo de una forma permanente que se extiende por todos los poros de piel que quedan esperando a que llegue su turno. Incluso besos escritos de la forma menos usual que llegan a proclamarse electos y secretos, ilegales y discretos, revolucionarios y buscados.

Los besos son ese barco que navega en la tempestad y que jamás naufraga, los besos son ese tren que no descarrila ante la velocidad, los besos aceleran nuestras ganas, alargan nuestra excitación y jamás frenan ante la pasión. Los besos nos visten, nos desnudan, nos hidratan y sobre todo abren ese apetito por el placer….de comernos……. ¿Cómo son tus besos?.
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Ahora
Voy a abrirte con mi lengua, despacio y suave, desde abajo hacia arriba. Voy a ir lubricando tus paredes subiendo poco a poco mientras las abro. Descubriré tus pliegues separándolos delicadamente, llegaré a tu clítoris y no lo tocaré, lo rodearé despacio. Después lo lameré suavemente, sintiendo que está ahí y notando que se ha puesto duro. Lo rodearé mansamente mientras imagino cómo te vas a estremecer cuando lo presione con mi lengua, dejando caer todo su húmedo y cálido peso. Volveré a bajar y empezaré a jugar con mi nariz: rodeándolo, apretándolo, tratando de atraparlo pero no consiguiéndolo.

Cuando creas que he empezado a aburrirme, quiero que abras aún más las piernas para dejar que te entre más placer. Apoyaré mi mano en tu pelvis, justo a la altura en la que comienza tu coño. Me gusta apoyarla porque te sentiré respirar, porque te sentiré cada vez que bese, chupe y lama tu coño. Cuando sienta que no puedas esperar más subiré para apoyar mi pelvis en la tuya, pero antes pasaré mi mano por tu coño y la subiré completamente mojada a tu boca para que la chupes. Colocaré mi poya al borde de tu rajita y jugaré a mantenerla allí, quieta, dura, ansiosa. Quiero verte sentir como deseas que te la meta, quiero verlo y no hacerlo. Me dejaré caer sobre tu cuerpo para que sientas mi peso, mi calor y mi olor. Miraré tu cara deseosa de “¡qué me la metas de una maldita vez!”. Cuando ya estés aburrida, cuando empieces a pensar que has perdido un poco la excitación, te la meteré hasta el fondo. Firme al principio y suave a medida que noto como se estrechan tus paredes. Llegaré al fondo, la volveré a sacar y la volveré a meter para que notes que no le queda ningún rincón que explorar. Hasta el fondo, te la meteré bien dura de nuevo hasta el fondo, y la dejaré allí quieta mientras muevo el resto de mi cuerpo apretándolo contra el tuyo. Quiero tenerte así, a mi merced.

Cuando no puedas más con mis juegos querré que me des la vuelta, que te sientes a horcajadas sobre mi poya y que me cabalgues como una posesa. Cuando sienta que estás a punto de correrte, te cogeré por las caderas para que te sientas segura de que te la estás metiendo bien, para que no te quepa la menor duda de que cuando te corras mi poya va a estar bien dentro de tu coño. Cuando te note venir pondré de nuevo mi mano en tu pelvis para ayudarte a contener la explosión de placer que estarás a punto de tener. Perderás el control, empezarás a retorcerte alrededor de mi poya mientras gritas de placer y me miras con ojos asustados. Acariciaré tus pechos para contener el placer dentro de tu cuerpo un poco más de tiempo, acariciaré tu barriga, tu pelvis y el interior de los muslos hasta que exhausta caigas sobre mi, con la respiración alterada, en silencio, rendida y completamente mojada. Así quiero follarte. Ahora.
 
Déjame tocarte.
No se si me convertí en tu sumisa, tu esclava, o sencillamente una mujer muy caliente que se dejaba manipular por el grado de tu deseo, porque aunque me volvían loca mis ganas, eras las tuyas las que demandaban y ordenaban, las que me hacían suplicarte con palabras y sin rodeos que hicieras conmigo cuanto quisieras, siempre que continuaras con la deliciosa tarea de calentarme, de llenarme de tus manos, de tu olor, de las escenas que desfilaban por mi mente, mientras intentaba controlar el frenesí que sentía al saberme indefensa, vulnerable a ti.



Imaginaba tu cara reflejando el placer de tenerme ahí, aunque de pie, rendida a los tuyos, ofreciéndote mi boca, mis pechos, mi abertura, cada palmo de mí para que lo llenaras de ti, de tu ser, de esa lujuria que haces despertar en mi, aunque el sexo no estuviera presente.

Por eso estaba ahí, perdiéndome tu mirada, la visión de la amenaza de tus labios sobre los míos, de todos mis labios, porque todos te desean, pero se debían conformar con los ligeros roces de tu lengua, tan deseosa como la mía. Preferí volver al principio y dejarme poseer sólo por tu voz, como antes, cuando eras capaz de llevarme a donde querías, con tan sólo oírte. Esa vez, también pude sentirte, sentirte rozarme, sentir tus ganas de tenerme toda, pero sigues tu juego y no lo haces, prefieres torturarme, hacerme gritar, obligarme a pedir, disfrutas y te diviertes con el clamor de mi vagina, con sus jugos, con sus latidos, con su textura, prefieres contemplar como doblego mi voluntad a tus deseos.

Sentía mis instintos más desarrollados. y aunque tampoco podía tocarte, hábilmente me descubrías tu excitación, y notaba lo difícil que estaba resultando para ti contenerte.

También sentía tu mirada. Se que contemplabas mis facciones, poseídas por mis ganas, abandonadas al placer de saberte cerca, y me atrevía a animarte con mi voz, con mi lengua, deseando que intuyeras lo que te esperaba luego, cuando deje de interpretar mi rol.

Me gusta, me excitaba sentirme como en un juego infantil, así vendada, intentando adivinar lo que hacías con mi sexo, lo que ponía en el, de verdad no me importaba, porque era indescriptible, saber como le dabas placer, y como tus susurros, parecían hipnotizarme, como intentaba abrirme más, como me movía contra ti, o lo que fuera que rozaba mi clítoris, pero sabía que no debía equivocarme, no quería hacerlo, porque eso significaba que te detendrías, y eso si era un castigo, no poder tocarte y dejar de recibirte dentro, cliente, duro, húmedo.


Tu polla lo recorría todo, no paraba de acariciar, desde el clítoris hasta mi culo, y no podía evitar retorcerme al imaginar, como azotarías mis nalgas y mis tetas con ella, después de tu eyaculación, en medio de lo que tú y yo, sabíamos que era en absoluto, un castigo. Visualizar tu semen encima de mi cuerpo me hizo acercar cuanto pude, cuanto tus ataduras lo permitían, y a pesar de tus órdenes entrecortadas, pude gritarte que me follaras de una vez, por todos lados, que te dieras prisa en poseer cada milímetro, y aprovecharas cada segundo de mi sumisión, de la misma manera como yo sacaría partido de los instantes, en los que serías nuevamente mi esclavo.
 
Armas


Aquella noche tenía mis instintos despiertos. Sí, precisamente esa es la palabra, despiertos. Era la tercera noche que no dormía y me inundaba la sensación de estar despertando cada célula de mi piel al mundo de los sentidos. Eso mismo pensaba él, aquel chico delgado que me miraba desde ese plano donde se admira aquello que no puedes alcanzar. Me sedujo su atención, pero no estaba dispuesta a sucumbir sino que me interesaba ser yo la que lo sedujera, a ocupar una situación diferente en esa atracción hombre y mujer que tanto nos gusta. Sus ojos no perdían un solo movimiento de mi cintura, mis caderas, podía sentir la mirada lasciva con la cual me devoraba, hasta que se atrevió a hablarme:

-Creo que nunca vi a nadie moverse así.

(sonrío)

-Pareces una profesional…..

(No lo sabes tú bien…)

Aquella contestación creó confusión, aquella frase lo trasladó ante una mujer diferente, ante el morbo irreverente de alguien que se burlaba del mundo y no ocultaba su condición de mujer de la vida resurgida en un no tan inocente juego de palabras. Sus ojos me pedían, y mi cuerpo, mis pechos, mi sexo respondían sin dudar. Aún asi, me sentí con armas en mis manos, con armas que desataban besos en mis labios. Mi posición en lo alto de aquella escalera me daba una ligera ventaja sobre su cuerpo, mis brazos lo llevaron a aquel hueco entre la pared y mi cuerpo y mis labios saciaron esa inquietud que devoraba mi pensamiento.

Aquel beso hizo cambiar el escenario, la gente desapareció, las luces cambiaron de intensidad, el local quedó a oscuras y solo nosotros estábamos iluminados, seguía encima de aquella escalera y sujetándome con las manos, mis piernas saltaron aquel obstáculo y se abrazaron a su cuerpo mientras mis besos dibujaban un plano de su cara. Sus manos me sujetaban con fuerza. Sentía como su polla ejercía mucha presión debajo de su pantalón, sus manos empezaron a buscar mi sexo debajo de mi falda y sus dedos lo recorrían acariciándolo, deslizándose en la excitación de mi cuerpo.

De repente bajé mis piernas y mientras mis manos desabrochaban su pantalón lo miré a los ojos, fijamente y mis besos empezaron a bajar hasta llegar a su sexo, mi lengua empezó a lamerlo, acaricié y chupé su glande despacito y subí mi vista para mirarlo otra vez directa, descaramente, mis dedos y mi lengua, empezaron a acariciar sus testículos y se perdieron tras encontrar otro orificio. Veía cómo se estremecía, sentía como palpitaba y oía cómo me pedía que terminara aquello que había empezado, mi boca estaba hambrienta y mi deseo encendido, así empecé a recorrerla de arriba a abajo, a introducirla dentro de mi, a chupar su glande con cierta presión y juguetear sobre él con mi lengua, a dejarla entrar y salir de mi boca y a mirar a aquel extraño ahora desde la sumisión de mi postura. Sintió un placer inmenso cuando me excité al sentir aquel fluido blanco y caliente estallar en mi garganta y sentí la necesidad de seguir lamiendo aquel helado que se derretía por momentos.

Si embargo las luces se encendieron, yo volvía a estar encima de aquella escalera, la gente seguía bailando y sus deseos por un momento habían ocupado mi mente.

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Decorando el despacho.
Gracias por venir, como pueden ver estamos muy liados decorando. pero si gustas, puedes hablar , beber, comer...


...pero si sólo deseas mirar, hazlo con confianza, porque nos gusta.