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¡ NO SIN MI RIMEL !

PoRqUe CoN uN pOcO dE rImEl tE vEs MuChO mEjOr...
Acerca de
Mu Arae/Dead4U

El mejor cosmético para la belleza es la felicidad”.
Condesa de Blessington.


"La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz".

Proverbio escocés
Sindicación
 
MIRAGE
Nos tienen engañados.

Nos gusta ser engañados.

Solo queremos ver rostros bellos, cuerpos perfectos.

Fuera la fealdad, las arrugas, la couperosis, la celulitis, las estrías, las varicosidades, las piernas cortas, las orejas grandes, las líneas de expresión, los pelos, el bello superficial, las manchas, las ojeras, las patas de gallo.

Todo debe alejarnos de la imperfección, de la enfermedad, del defecto : de la MUERTE.

Y para muestra un botón.

TRANSFORMANDO

 
SÍ QUIERO


Sí quiero probar cosas nuevas, reírme, pasarlo bien.



La verdad es que me decepcionó un poco porque me habían comentado varias amigas que era la monda, pero bueno, yo suelo pasármelo bien siempre así que para nosotros fue una diversión más pero no una panacea.
Pero lo recomiendo vivamente a las chicas que no sientan a menudo el orgasmo ya que este anillo estimula el clítoris y aunque su chico no se haya entretenido en el botón del placer el anillo sí que lo hará.

Y es que hay anillos que te hacen más feliz que otros.
 
OBSESIÓN


No puedo parar de escuchar esta canción de los "YEAH YEAH YEAHS".
 
MI RELACIÓN CON LOS POTINGUES


Me explica mi madre que a los 3 años ya me subía en las sillas para llegar al grifo y poder lavarme las manos durante horas, enjabonándome, oliendo la espuma, sintiendo el agua.

Que a los 5 ya pedía mi colonia y mi crema corporal.
Que a los 10 años ya había probado las delicias del maquillaje y las sombras y pintalabios.

Unas Navidades pedí para el Papá Noel una cara para maquillar de la “Señorita Pepis”
Y mi padre nos regaló a mi hermana y a mí una mascara preciosa de latex con maquillaje del bueno que nos volvió locas a las 2.

En la adolescencia me empecé a cuidar mucho la cara porque me empezaron a salir muchos granitos en la frente, me hice entonces amiga del jabón Biactol, del Antebor B6, y descubrí el placer de las mascarillas, de los tónicos.



Mi amor por el maquillaje vino más tarde, a los 17- Empecé a maquillarme muy tímidamente, solo un poco de rimel translucido, la raya negra en los ojos y un poco de brillo de labios.

Las colonia siempre me han gustado y empecé a comprarme con las “pagas” por ayuda en el hogar las cremas de cuerpo con la fragancia de la colonia, los geles de baño. ¡Adoro los baños laaaargos y espumosos!



Desde pequeña me han encantado las muestras que dan en las perfumerías y no paraba de probarlas todas de oler todos los perfúmenes, sobretodo en casa de mi yaya que tenía una verdadera colección en su baño, una delicia.

Mi relación con el maquillaje fue más complicada. No me gustaba el color anaranjado que dejaban la mayoría ni el brillo y los poros que me provocaban los maquillajes baratos. ¿Os acordáis las treintañeras de que se solía llevar solo maquillada la cara dejando el cuello blanco como la leche a partir del mentón?
Yo me maquillaba también el cuello un poco pero odiaba las marcas de maquillaje en los cuellos de la ropa así que solo me maquillaba en ocasiones especiales, o sea, para salir los sábados por la noche y los domingos por la tarde.



En mi época de soltera me gastaba fortunas en potingues, cremas anticelulíticas, geles para los pechos, mascarillas de todo tipo, cremas relajantes, parches para las ojeras, geles efecto lifting para la cara, rimeles de perfumería de las mejores marcas, khol en pincel, en rotulador, iluminadores de la cara, cremas para la zona “T”, cremas autobronceadoras, peelings corporales y faciales, cremas de pies, manos, sprays vigorizantes, relajantes, sombras de distintos colores para coordinar con la ropa, antiojeras, brillos de uñas…

Iba muy a menudo a la estheticienne y me hacía depilaciones, peelings, masajes, drenajes linfáticos, permanentes y tintes de pestañas…
Para el pelo nunca me faltan mascarillas, espumas, geles, cera, laca, champús pata hidratar, controlar la caspa, nutrir…

Pero ya no estoy sola, ahora vivo con otra persona y tengo MUCHOS MÁS GASTOS y claro, ya no puedo dejarme el monedero en mis casas favoritas, LANCÔME, CHRISTIAN DIOR, SHISEIDO, KANEBO, CARITA…



Sigo teniendo un montón de potingues y sigo cuidándome porque me gusta, me relaja y disfruto. Pero solo puedo comprarme alguna crema buena, no toda la gama y hago que las sombras y los lápices de labios me duren mucho más.

Pero eso sí, para mi, uno de mis sueños sigue siendo quedarme encerrada en una perfumería y poder quedarme con todo lo que se me antoje, probar, untar, oler… Siempre serán para mi autenticas cuevas de Ali Babá donde los productos se visten de gala y me llaman con sus brillos nacarados desde sus envases y celofanes.



Sigo rociándome con un poco de perfume o colonia cuando estoy estresada en el trabajo y de vez en cuando disfruto dejando que unas manos expertas devuelvan a mi cuerpo el placer de un buen masaje.
¡Sigo sintiendo un placer muy sensual cada vez que me pinto los labios, me doy rimel en las pestañas porque no me digáis que con un poco de rimel no se ve una mejor

¡¡¡¡NO SIN MI RIMEL!!!!

 
EL ÚLTIMO DE LA FILA


Todos tenemos nuestra propia banda sonora. Canciones que nos han acompañado durante nuestra vida. Canciones que han marcado épocas, etapas. Que con solo escucharlas te hacen viajar de nuevo en el tiempo. Canciones que te hacen sonreír y otras que te encogen el corazón.

Para mí el “El último de la Fila” y sobretodo el disco de mezclas me recordarán para siempre el verano del 87 y a Toni.

Fue uno de los chicos que más me han marcado.
No fue mi “primer amor” pero sí uno de los que más me marcó, por su sinceridad, su profundidad.
Pero no bailábamos al mismo ritmo, mientras él bailaba un lento con marcha nupcial incluida yo quería bailar “vive la vida loca”.
Él era muy maduro para su edad y ya me hablaba de nuestra vida en pareja, viviendo juntos, casándonos, teniendo hijos. Y yo le escuchaba asustada. Yo quería viajar, estudiar fuera, vivir.

¡Queríamos lo mismo pero no al mismo tiempo. Yo quería lo mismo pero con treinta y pico de años, no con 19 o 20!
Él quería que estuviéramos siempre solos y yo tenía ganas de estar con él pero también con todo el grupo.



Cuando suena “aviones plateados” vuelvo a trasportarme a una noche de ese verano, en un lugar de la montaña desde donde se divisaba nuestro valle iluminado como un belén.
Recuerdo mi cabeza descansando en su regazo, adormilada en el coche mientras sonaba esa canción. Recuerdo el aroma de su colonia y de repente sus lágrimas cayendo en mi brazo.
Sabía que me estaba distanciando. Que lo nuestro se estaba acabando. Yo ya no sabía si lo que sentía por él era amor o amistad. Mis amigas me decían que lo dejara yo solo le pedí un poco de tiempo pero no me lo quiso dar porque no lo entendía.

Se volvió posesivo y no paraba de llamarme y de seguirme porque no entendía nada.
De repente desapareció y pensé que lo había entendido y pude reflexionar y saber lo que sentía de verdad por él.
Cuando quise reanudar el contacto con él, la indiferencia, el orgullo.

Aún nos saludamos cada muchos años, cuando nos encontramos por casualidad.
Ya no queda nada, ni siquiera un poco de cariño.

“Aviones plateados” es para mi una canción agri-dulce pero será siempre la banda sonora del verano del 87.

Aviones Plateados
Veo tu casa desde mi balcón...
chimeneas y tu ropa al sol.
Aviones plateados
rozando los tejados.
Vestido y en la cama
vigilo tu ventana;
miro libros de pintura que robé.
No tengo hambre. Hoy, no comeré.
No sé de qué me quejo,
ya tengo lo que quiero.
Soy libre ante el espejo.
No salgo ahora que puedo.
Y tú siempre dices que soy un alma del averno.
Tendré que darte la razón, quizá sea cierto.
Siempre suelo querer lo que no tengo.
Y ahora que ya no estás aquí me voy consumiendo.
Ropa sucia, cuadros que he "pintao",
discos viejos, "to" por ahí "tirao".
Barba de quince días...
no me levantaría.
Desorden en campaña.
Ahora sé que me engaña.
Credenciales de posesión, qué tontería...
estos celos me han "abrasao". No sé qué me creía.
Y yo que decía, por fin, ahora la tengo,
y ya estaba a la vuelta de "tó". A ver si aprendo...
Y tu carta me confundió.
Ahora lo entiendo.
Tu mirada me lo advirtió:
nunca mas vuelvo.