REGRESO Y REGALOS

Lo mejor de las vacaciones es desconectar de la “rutina”, visitar al menos un sitio en el que no hayas estado nunca, cuanto más diferente sea el sitio de tu lugar de residencia mejor.
Antes lo que llevaba peor eran los temibles recuerdos.
Que si que le llevo a mi madre, a mi suegra, a mi jefe, a los compañeros que les guste y no sea la típica horterada que no sabes donde colocar y acaba en el fondo del armario o de la basura, o esas camisetas horribles que no te pones ni para pintar que rezan “He estado en .... y me he acordado de ti”. Arrrrr.
Hace tiempo que encontré la solución : BEBIDA Y COMIDA TÍPICA PARA TODOS.
Así todos están contentos y con la panza llena sin tener que hacer buena cara por el cenicero o figurita típica cutre.
Lo peor de las vacaciones : el regreso. Me encanta volver a casa, volver a ver a mi gente, pero me da un bajón volver al frenesí del contrarreloj diario... levantarse temprano vuelta a sufrir colas...
¡Hacía muchísimo tiempo, años, que no me tomaba tantos días juntos de vacaciones, casi 1 mes!
Aunque mi país está tocando con España, aunque nuestras raíces culturales son casi las mismas (Cataluña), la verdad es que en su gran mayoría es una desconocida para mí. Así que en cuanto podemos, mi pareja y yo intentamos colmar esa laguna.
Este año hemos podido pisar las calles de Peñíscola, Cuenca, Toledo, Jaén, Granada y descanso en Massanet de la Selva cuando nuestros cuerpos y nuestro monedero/tarjeta de crédito echaban humo.
¿Lo mejor de cada sitio?
Hoy os hablaré de Peñíscola y de Cuenca, nuestras primeras paradas.
Peñíscola es muy tranquila, una zona ideal para descansar (aunque está muy poblada de parejas con niños, se suelen quedar en las piscinas de los hoteles por lo que su extensa playa es casi un oasis de calma).
El peñasco que alberga el castillo de Papa Luna es precioso y recorrer sus callejuelas muy agradable para luego comer en una de sus terrazas sus buenísimos arroces y fideuás.
Cuenca me encantó, su clima me recordó al mío, sus gentes tranquilas y amables, la catedral y sus calles una pequeña joya curiosamente y por suerte no explotada turísticamente.
Nos pusimos como el quico de resoli, morteruelo, ajoarriero, alajú y el colofón ya fue en la pastelería Lerma (calle Fray Luis de León 11, Cuenca). Son especialistas en merengue y milhojas y os puedo asegurar que es el mejor que he probado nunca. A mi me gusta el merengue seco y aquí lo hacen con almendras troceadas y está divino.
Allí nos alojamos en casa de unos familiares de mi pareja, un matrimonio encantador que nos mostraron el Cerro del Socorro desde el que se tienen unas vistas increíbles de Cuenca y de las casas Colgadas, el Ventano del Diablo, la Ciudad Encantada, las Torcas (una curiosidad de la naturaleza en medio de un bosque de cuento de hadas lleno de lavanda, tomillo, ajedrea, moras, té de roca...)
En el pueblo conquense de Priego, del que son originarios los abuelos de mi pareja me puso morada de zarajos (tripas de cordero cortaditas en tiras y hechas a las brasas) y de los biscochos, galletas de huevo y polvorones caseros.
Nos quedamos con las ganas de ver el nacimiento del río Cuervo y del río Mundo pero como este año se ve que no ha llovido suficientemente pues está casi seco.
Volveré seguro.
¿Dónde has estado estas vacaciones y qué sueles traer de recuerdo a tu gente?
¡Anda cuéntame!
Comentario:
Ultrasónica : volveré por Cuenca, seguro, y prometo venir a veros.
Anda, sácame el negatico...
Anda, sácame el negatico...
Comentario:
Cuenca existe.
¿Fuiste a Cuenca y no me viniste a ver? Muy mal. Te pongo un negativo.
¿Fuiste a Cuenca y no me viniste a ver? Muy mal. Te pongo un negativo.
Comentario:
Ey bienvenida de nuevo con nosotros...
;o)
;o)