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Nosoloquímico, La Libreta del Revisor
Diario de un joven Revisor con tren de vida propio y nosoloquímico
Nosoloquímico Personal

Aquí estoy, aquí mismo, con mi tren, mi tren es mi vida y mi vida soy yo. Ahora tan prontito solo puedo deciros que espero que os vaya gustando mi tren, estoy seguro de que, aunque tímido, se ira abriendo paso por las vias inevitables de la vida e ira templándose poco a poco por donde vaya pasando ;)

MÚSICA

Sindicación
 
No soy un modelo, pero tengo carcasa, ruedas y motor (1ª parte)
Un químico de la Universidad de la Tierra de los Boquerones está tras estas líneas, del 84, sí, 21 años, de Tierra de Olivos, de padres jóvenes, de situación media, de centro de ciudad donde tantos bares hay bajo las casas donde muchos de tus amigos tienen a sus abuelos viviendo por ser el casco antiguo y ser típico de estas zonas ver más señoras y señores con bastón que mujeres empujando carritos de bebé.

Mi vida está marcada por mis ojos; hasta, creo no recordar, los 2 años, estaba más tapiada que marcada; y llegaron las gafas, momento en el que aprendí a correr y que las puertas cerradas no eran continuación del pasillo; luego ya llegarían las lentillas, pero volviendo al tema, si bien a los 2 años era el ecuador de mi estancia en el piso cuyas puertas descubrí y aprendí a no tragarme con aquellas ochenteras gafas de pitufo, a los 4 años descubrí que las mudanzas existen, y a parte de tener varios metros más para correr con mi técnica algo más mejorada que a los 2 años, también me regalaron un colegio entero… o más bien edificio de preescolar solamente, para pateármelo hasta hartarme con mis cuadernillos de caligrafía bajo el brazo.

Ya establecido, empezó mi crianza infantil por aquellos céntricos lares compuesta por el Papa, la Mama, el hermano, la niñera cuidadora del anterior cocodrilo y el lagartillo servidor, los vecinos, el colegio, las “seños”, los compañeros, los scout…

Para mí creo que lo mas importante a destacar de mi primera infancia preescolaresca y EGBesca fue el saber y sobre todo el atreverme a decir bien y decididamente que queria “jubar un eh…drato con la gggaqueta” y “peddón po’ hompete el plastideco’ que se ma pa’tio sin quere’”.

Luego fueron apareciendo las cosas que uno recuerda más puntualmente de su crecimiento primero: las notas muy buenas casi siempre, las acampadas, campamentos y excursiones, los primeros mejores amigos, las primeras novias, las primeras canciones que gustan, las primeras películas que se adoran, los playmovil, los dibujos animados los sábados por la mañana, el primer beso, el segundo beso, el tercer beso… más besos… y de repente, no sabes cómo has llegado a estar empotrado en tu propia adolescencia; y con ella llega el cambio de colegio para hacer bachillerato, el cambio de amigos, más cambios de amigos, el primer suspenso, el ser más consciente de cuando te tocan las pelotas, el ¡hostias! ¡también me gustan los tíos!, las escapadas de juerga a los pueblos, el último curso en el que la cagas, el internado donde tienes puesta toda tu ilusión (y tu verano) para aprobar selectividad, la primera mudanza a “Tierras del Rocío”, los fines de semana en sitios que “tienen Color Especial”, la segunda mudanza a “Boquerolandia”, las decepciones de papá y mamá con las insatisfacciones e incongruencias estudiantiles… hasta llegar a estar hoy aquí devorando el trozo de vida que me queda o puedo mangar a la vez que devoro hoy en día lo mas decentemente que puedo cada apunte, muchas veces árido, de mi carrerita de química.

Aspiro N2 78% O2 21% bebo H2O y como muchos CHs juntos, pero no sólo de química (aire, agua y pan) vive el ser humano.
 
A partir de esta estación, este tren dejará rastro (llamémosle prólogo)
La vida es entendida por muchos como un viaje, luego ya dentro de esos muchos los hay quienes dicen que es un viaje corto o largo y también los que unas veces dicen que es corto y otras que es largo. Pues yo soy uno de esos que entienden la vida como un viaje, y el marco que más ronda por mi imaginación diariamente es el tren. A veces me siento como cercanías, como regional, como talgo, como intercity, como altaria... y no, casi nunca como ave.

El caso es que ya sea andando por la calle, por el campo, cuando voy de copiloto, en moto e incluso en tren, yo me siento como un tren independiente con mis propios raíles, que se van entretejiendo conforme alzo la vista al horizonte; ciertamente manera fantástica e imaginativa de vislumbrar y crear mi camino, probablemente fruto de la fantasía adquirida de los dibujos animados y los videojuegos.

Es curioso que esta faceta mía nunca la he compartido con nadie, seguramente por que siempre que echo a volar la mente para crear mis vías es cuando camino solo. Bien es cierto que muchos saben que me encantan los trenes desde niño. Me acuerdo de la casa de campo de mis padres a orillas del Guadalquivir donde en una antigua estación a pocos metros de la rústica casita de mis padres, decenas de trenes de pasajeros y mercancías pasaban y aún hoy pasan a toda velocidad casi limando los muros del esquelético edificio de RENFE.

Muchas son las horas que he pasado jugando, leyendo e incluso durmiendo en el andén esperando el suave zumbido que precedía a la imponente surcada del tren a través de los rectos aceros… y muchas son las noches que me desperté minutos antes de que, curiosamente, pasara el tren llenando de sueños el otro lado de mi ventana.

Así me viene la vida, pensando que puede haber una manera más positiva de plantearse las cosas, forjándome como un tren y transformando los trenes perdidos en estaciones no visitadas a las que mis raíles se puedan dirigir alguna vez, y aunque sea sin pasar, tan sólo rodearlas, observarlas y sonreír pensando que tú respiras como yo y que espero que te alegres tanto de ello como yo.

Plantilla reformada por Nosoloquímico