¡Qué poca solidaridad!
Me he pasado los tres días de puente enclaustrada en casa, porque a mis amigas, por segundo fin de semana consecutivo, no les apetecía nada salir. Así que aquí me he quedado yo, rumiando mi indignación por esta actitud tan poco solidaria.
Porque, vamos a ver: no hace ni un mes que he pasado por una ruptura amorosa. Se supone que esta es la fase en la que las amigas de una intentan animarla sacándola de fiesta una noche sí y otra también, para que disfrute de las ventajas de la soltería.
Me imagino que quien más quien menos sabe cómo son ese tipo de juergas "post-separación", en las que el recién abandonado o recién abandonada pasa por una serie de fases: al principio de la noche, lo habitual es estar algo mustio, así en plan "salgo por no quedarme en casa viendo Salsa Rosa, pero no os creais que estoy para mucha fiesta". Tal estado dura hasta que algún amigo decide intervenir como buenamente sabe para hacerte olvidar tu dolor, y te suelta algo del tipo: "¡ven, anda, tómate una copa aquí conmigo, que no quiero verte tan triste!"
A la primera copa, el recién dejado(o recién dejada) se siente más reconfortado y empieza a sonreir; a la tercera copa, ha llegado a la fase "happy" de la borrachera, bromea con todos, ríe los chistes y parece haber olvidado sus penas ("¡baaaaah, en casa me iba a quedar yo! si dónde me voy a animar mejor que aquí, de copas con los colegas?"); a la quinta copa, empieza a darle el bajón, y da la chapa al incauto que se haya situado junto a él ("en el fondo no le sshuuuperado, sab-bes tío?¡hip! sssstoy jo-hip!-dido"). Y si supera esa cantidad, algún sufrido compañero de fatigas acabará quitándole el móvil para impedir que realice llamadas nocturnas al (o la) ex, con llorosas (y alcoholizadas) súplicas de una nueva oportunidad.
Al haber vivido en varias ciudades, me he relacionado con diversos grupos de gente, y la mecánica de este tipo de rutinas no variaba demasiado de un círculo de amigos a otro, así que pensaba que era un principio inmutable, una de esas reglas no escritas de la amistad, como la de "los ex de mis amigas son intocables". ¿Soy yo la única pardilla que sigue esas normas? Porque después de las innumerables noches que he pasado distrayendo, consolando, o convenciendo a mis allegados con mal de amores de que llamar a un ex a las 7 de la mañana llorando y borracho no es la mejor manera de reconquistarle, resulta que cuando soy yo la que está pasando el mal trago me tengo que quedar en la soledad de mi cuarto, a solas con mi desdicha y con "Amor se llama el juego" de Sabina sonando una y otra vez en el equipo de música.
He de ser justa: en horario diurno, delante de un café, han sido amables y comprensivas y me han dicho todo lo que se suele decir a una amiga que está pasando por este trance: desde "no te agobies y dale tiempo que lo que tenga que ser, será" a "pasa de él que hay muchos peces en el mar". Sólo que hay veces en que una no quiere tópicos. Quiere vodka.
Porque, vamos a ver: no hace ni un mes que he pasado por una ruptura amorosa. Se supone que esta es la fase en la que las amigas de una intentan animarla sacándola de fiesta una noche sí y otra también, para que disfrute de las ventajas de la soltería.
Me imagino que quien más quien menos sabe cómo son ese tipo de juergas "post-separación", en las que el recién abandonado o recién abandonada pasa por una serie de fases: al principio de la noche, lo habitual es estar algo mustio, así en plan "salgo por no quedarme en casa viendo Salsa Rosa, pero no os creais que estoy para mucha fiesta". Tal estado dura hasta que algún amigo decide intervenir como buenamente sabe para hacerte olvidar tu dolor, y te suelta algo del tipo: "¡ven, anda, tómate una copa aquí conmigo, que no quiero verte tan triste!"
A la primera copa, el recién dejado(o recién dejada) se siente más reconfortado y empieza a sonreir; a la tercera copa, ha llegado a la fase "happy" de la borrachera, bromea con todos, ríe los chistes y parece haber olvidado sus penas ("¡baaaaah, en casa me iba a quedar yo! si dónde me voy a animar mejor que aquí, de copas con los colegas?"); a la quinta copa, empieza a darle el bajón, y da la chapa al incauto que se haya situado junto a él ("en el fondo no le sshuuuperado, sab-bes tío?¡hip! sssstoy jo-hip!-dido"). Y si supera esa cantidad, algún sufrido compañero de fatigas acabará quitándole el móvil para impedir que realice llamadas nocturnas al (o la) ex, con llorosas (y alcoholizadas) súplicas de una nueva oportunidad.
Al haber vivido en varias ciudades, me he relacionado con diversos grupos de gente, y la mecánica de este tipo de rutinas no variaba demasiado de un círculo de amigos a otro, así que pensaba que era un principio inmutable, una de esas reglas no escritas de la amistad, como la de "los ex de mis amigas son intocables". ¿Soy yo la única pardilla que sigue esas normas? Porque después de las innumerables noches que he pasado distrayendo, consolando, o convenciendo a mis allegados con mal de amores de que llamar a un ex a las 7 de la mañana llorando y borracho no es la mejor manera de reconquistarle, resulta que cuando soy yo la que está pasando el mal trago me tengo que quedar en la soledad de mi cuarto, a solas con mi desdicha y con "Amor se llama el juego" de Sabina sonando una y otra vez en el equipo de música.
He de ser justa: en horario diurno, delante de un café, han sido amables y comprensivas y me han dicho todo lo que se suele decir a una amiga que está pasando por este trance: desde "no te agobies y dale tiempo que lo que tenga que ser, será" a "pasa de él que hay muchos peces en el mar". Sólo que hay veces en que una no quiere tópicos. Quiere vodka.
Comentario:
Gracias, me alegro de que te haya gustado! yo también haré alguna visita a tu blog, que me gusta descubrir bitácoras nuevas :-)
Comentario:
"Sólo que hay veces en que una no quiere tópicos. Quiere vodka."
Hay frases que al leerlas una quisiera robarlas y salir corriendo. Me gustas. Creo que te enlazaré.
Hay frases que al leerlas una quisiera robarlas y salir corriendo. Me gustas. Creo que te enlazaré.





