No hubo final feliz
Al final, naturalmente, ganó Bush. Como una es realista (o pesimista, que dirían algunos, aunque ya dice el refrán que el pesimista es un optimista bien informado), ya se lo veía venir. Aunque reconozco que en el fondo conservé hasta el final un resquicio de esperanza de que hubiera un cambio de última hora.
Supongo que es la huella que han dejado en mi subconsciente todos esos telefilmes "familiares" de sobremesa que me tragaba de pequeña, en los que, al final de la peli resultaba que Santa Claus sí que existía, y ayudaba al niño que había creído en él a pesar de las risas de sus amiguitos para reconciliar a sus padres divorciados la mañana de Navidad; o que, cuando ya parecía inevitable que el chico del que estaba enamorada la prota se iba a casar con la arpía siliconada y rubia de bote que sólo quería quedarse con su fortuna y enviar a sus niños a un internado en europa, se descubría el malvado plan tramado por la maléfica prometida y alguien interrumpía el enlace cuando el cura ya iba por el "yo os declaro..."
Sin embargo, una vez más, la vida ha demostrado que no se parece a las películas. Al contrario de lo que pasa en el cine, en el mundo real las cosas suelen ser lo que parecen, y lo que empieza mal, mal acaba. (Y en muchas ocasiones, también lo que empieza bien).
Supongo que es la huella que han dejado en mi subconsciente todos esos telefilmes "familiares" de sobremesa que me tragaba de pequeña, en los que, al final de la peli resultaba que Santa Claus sí que existía, y ayudaba al niño que había creído en él a pesar de las risas de sus amiguitos para reconciliar a sus padres divorciados la mañana de Navidad; o que, cuando ya parecía inevitable que el chico del que estaba enamorada la prota se iba a casar con la arpía siliconada y rubia de bote que sólo quería quedarse con su fortuna y enviar a sus niños a un internado en europa, se descubría el malvado plan tramado por la maléfica prometida y alguien interrumpía el enlace cuando el cura ya iba por el "yo os declaro..."
Sin embargo, una vez más, la vida ha demostrado que no se parece a las películas. Al contrario de lo que pasa en el cine, en el mundo real las cosas suelen ser lo que parecen, y lo que empieza mal, mal acaba. (Y en muchas ocasiones, también lo que empieza bien).





