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No soy de piedra
Hasta el más cuerdo tiene su lado oculto...
Acerca de
El contenido de este blog está basado en su mayoría en hechos reales. Algunos nombres (comenzando por el de la autora) o lugares pueden haberse cambiado para proteger la intimidad de la que se escribe o de las personas aquí mencionadas (que podrían molestarse -o cobrarme derechos de autor-si por casualidad vieran fragmentos de su vida aireados en la red). Y es que Internet es un pañuelo...
Sindicación
 
A veces llega un momento en que te haces viejo de repente...
Y es que en los tiempos de mi madre (y oye, no hace tanto), era fácil saber cuándo había llegado una a la edad adulta. Ella se casó con 23 años, y fue de las más tardías de entre sus amigas y familiares. Con 24 años, me tuvo a mí. Así que a los 25, la edad que tengo yo actualmente, era una mujer casada, madre y trabajadora, situaciones todas ellas propias de una persona madura. Pero hoy en día, que muchos saltamos de trabajo temporal en trabajo temporal hasta pasados los treinta, lo cual nos dificulta enormemente conseguir una vivienda propia, casarnos y tener descendencia, ¿cómo sabemos cuándo se nos puede considerar adultos? Porque si conservamos la residencia, los amigos y hasta cierto punto las costumbres que hemos tenido toda la vida, ¿cuándo nos hace "click" la cabeza y decimos: "hala, ya está, mi juventud se ha terminado"?

De todas formas, para que no estemos tan perdidos y desorientados, la vida nos envía una serie de pistas para que nos vayamos haciendo a la idea de que la edad adulta nos persigue. A lo mejor nuestra vida no ha cambiado gran cosa desde los catorce años, aparte de que, en vez de levantarnos para ir al "insti", nos levantemos para ir a trabajar, o a sellar el paro. Puede qe nos sintamos jóvenes de espíritu, y lo que realmente nos apetezca sea vivir de noche, de fiesta en fiesta y de bar en bar, atrapados en una perpetua adolescencia cual un Pocholo Martínez Bordiu de andar por casa. Pero todo conspira en nuestra contra, y un día cualquiera, empiezan a aparecer los signos del advenimiento de la madurez, cual jinetes del apocalipsis.

El primer síntoma es que, de golpe,a tu alrededor parece que todo son parejas. Te acostumbras a nombrar a tus amigos de dos en dos, y así, a la hora de quedar, llamas a "Laura y Jose", a "Pepa y Juan", a "Gema y Juanjo"...Llega un momento en que, cuando algún amigo te dice:

-¿Sabes que me acabo de encontrar a Juanjo en el Corte Inglés?

Tú ahí te quedas pensando: "Juanjo, Juanjo, Juanjo...¡Ah, Juanjo, de Gema y Juanjo!".

Si una también tiene pareja, el paso de grupo de amigos a conjunto de parejas te resultará menos traumático. Aún así, puede resultar mosqueante comprobar que, desde hace un tiempo, todo el mundo se dirige a ti empleando la segunda persona del plural: "¿Qué vais a hacer en vacaciones de Semana Santa"? "¿Os gusta el cine?". Una de dos, o formas parte de la Familia Real (¿se sigue tratando a los reyes de Vos? Una es más bien republicana y no está al tanto del protocolo), o lo que pasa es que formas parte de una Pareja. Ya no es "jo, qué bien, tengo novio", como cuando tienes diecisiete años, no. Ahora eres parte de una Pareja, y te reúnes con otras Parejas para tener conversaciones típicas de Parejas.

Porque ésa es otra, las conversaciones. Pasad revista a vuestra última noche de sábado, o a vuestra última sesión de café con vuestros amigos o amigas. Si más de dos de las siguientes palabras: "hipoteca", "boda", "préstamo", "Hacienda", "embarazo", "suegros", o "niños", ha aparecido a lo largo de la conversación, probablemente ya estáis entrando en la edad adulta. Si todas esas palabras aparecen en algún momento de casi todas vuestras conversaciones, definitivamente, estáis hechos unos carcas. Asumidlo, cuando erais jóvenes adolescentes irresponsables no os poníais a hablar de las ventajas de la declaración de la renta conjunta mientras os tomábais unos calimochos en el parque más cercano.

Si no tienes pareja, también hay evidencias indudables de que ya se ha llegado a una edad respetable. Date por avisada el día que tu madre te diga, como quien no quiera la cosa: "¿Sabes que el hijo de Puri ha vuelto al barrio? Tiene tu edad, y también está soltero". Cuando estabas en la flor de la vida, tu madre ponía pegas a cualquier chico que le pudieras presentar. Todo era poco para la niña, así le presentaras a un ser cuasiperfecto que combinara el físico de Juan Diego Botto, el sentido del humor de Woody Allen y la inteligencia de Stephen Hawkins. Pero ahora que todas tus primas, y las hijas de sus amigas, tienen novio fijo o se casan, ella se siente incómoda cada vez que tiene que repetir que no, que su hija no tiene novio conocido. Así que ahora, el hecho de estar igual de solo que tú y haber nacido aproximadamente por la misma época ya convierte a un perfecto desconocido en tu media naranja. Cómo has bajado el listón, ¿no, madre?

Pero el momento en el que ya, definitivamente, has dejado de ser un chaval ( o chavala), es cuando tus amigos más cercanos, ésos a los que conoces desde hace siglos, con los que jugabas al fútbol o a las muñecas en el recreo, con los que fuiste por primera vez de discotecas, y fumaste el primer cigarro, y con los que hablabas de cómo sería perder la virginidad, empiezan a enviarte invitaciones de boda. ¿Hay algo que te haga más consciente del paso del tiempo que ver el nombre de algún compañero de correrías de toda la vida escrito en letras doradas sobre un tarjetón color crema en el que sus padres y los de su pareja te invitan a su boda? Todavía no me he visto en el caso, aunque sé que tengo una o dos al caer. Puedo resistir lo de ir a la boda, aunque las odio; supongo que llevaré con normalidad que alguna de mis amigas pasen de tener un novio a tener un marido. (al fin y al cabo, casi todas las ennoviadas hacen ya vida de matrimonio, poca diferencia habrá). Pero después de tantos años de fiesta por los bares más cutres, de pisos de estudiantes con vasos mangados de los pubs y cubertería del todo a cien, de cenas en el mac donalds...no sé cómo asimilaría lo de acompañarlas a elegir menús de tres platos en el restaurante, o lo de regalarles una cubertería. En el momento en que tus amigos y tú os regaláis cuberterías, juegos de sábanas, o botellas de vino que valen más de 18 euros, puedes declararte oficialmente adulto.
No