Conversaciones sin palabras
Hubo un tiempo en que la gente se comunicaba mediante símbolos: los indios nativos usaban el humo de sus hogueras y las tradiciones y costumbres se transmitían oralmente.
Los monjes antiguos pasaban horas y horas escribiendo lo que sabían en libros grandes y gordos cuando alguien les enseñó a escribir. Entonces, un hombre llamado Guttenberg, inventó una máquina con la cual las personas podían escribir más rápido y más gente aprendió a leer.
La escritura a mano se convirtió en un arte y con el nacimiento de los bolígrafos, las personas comenzaron a escribir más a menudo y las cartas volaron a través del mundo, ávidas de noticias de las personas queridas.
Palabras llenas de sentimientos que buscan alguien que las lea. Cartas que impresionan sólo con la forma de la hoja más que con el contenido. Gente que cuida todos los detalles porque entienden que una parte de ellos se escapa en cada carta, en cada sobre.
Ahora, todas estas cosas se han vuelto casi extintas. Las únicas cartas que llegan a nuestros buzones son facturas o anuncios o cosas estúpidas. Nadie recuerda ya como se escribe una buena carta; cuesta demasiado tiempo. Y también dinero.
Comenzaron a desaparecer al mismo tiempo que los “e-mails” conmenzaron a dar sus primeros pasos. E-mails encadenados que no dicen nada. O al menos nada relevante. Y ahora, también han desaparecido bajo los pies de las llamadas perdidas.
A pesar de la calidez de las palabras, preferimos usar esas conversaciones sin palabras para comunicarnos. Conversaciones que parecen decir todo con el mínimo sonido de un “ring”. Conversaciones sin palabras que nos hacen permanecer pegados al teléfono móvil:
-Riiiing!!! (Hola, ¿cómo estás?)
-Riiiing!!! (Aquí, estudiando)
-Riiiiiiiing!!! (Yo también. Pero me aburro)
-Riiiiiiing!!! (Sí, es realmente aburrido)
.....
y etcétera, etcétera.
Debo estar anticuada en comparación con la sociedad, porque yo todavía no soy capaz de usar mi mente para hablar con otros.
Los monjes antiguos pasaban horas y horas escribiendo lo que sabían en libros grandes y gordos cuando alguien les enseñó a escribir. Entonces, un hombre llamado Guttenberg, inventó una máquina con la cual las personas podían escribir más rápido y más gente aprendió a leer.
La escritura a mano se convirtió en un arte y con el nacimiento de los bolígrafos, las personas comenzaron a escribir más a menudo y las cartas volaron a través del mundo, ávidas de noticias de las personas queridas.Palabras llenas de sentimientos que buscan alguien que las lea. Cartas que impresionan sólo con la forma de la hoja más que con el contenido. Gente que cuida todos los detalles porque entienden que una parte de ellos se escapa en cada carta, en cada sobre.
Ahora, todas estas cosas se han vuelto casi extintas. Las únicas cartas que llegan a nuestros buzones son facturas o anuncios o cosas estúpidas. Nadie recuerda ya como se escribe una buena carta; cuesta demasiado tiempo. Y también dinero.
Comenzaron a desaparecer al mismo tiempo que los “e-mails” conmenzaron a dar sus primeros pasos. E-mails encadenados que no dicen nada. O al menos nada relevante. Y ahora, también han desaparecido bajo los pies de las llamadas perdidas.
A pesar de la calidez de las palabras, preferimos usar esas conversaciones sin palabras para comunicarnos. Conversaciones que parecen decir todo con el mínimo sonido de un “ring”. Conversaciones sin palabras que nos hacen permanecer pegados al teléfono móvil:
-Riiiing!!! (Hola, ¿cómo estás?)
-Riiiing!!! (Aquí, estudiando)
-Riiiiiiiing!!! (Yo también. Pero me aburro)
-Riiiiiiing!!! (Sí, es realmente aburrido)
.....
y etcétera, etcétera.
Debo estar anticuada en comparación con la sociedad, porque yo todavía no soy capaz de usar mi mente para hablar con otros.
Despertar blanco (II)
Es tan raro ver una nevada gorda en mi ciudad... Y sin embargo ayer cayó lo que nadie recuerda en mucho tiempo. Tanto, que hoy, un día después, todavía los edificios tienen un sombrero blanco de más de un palmo. Lo peor de todo es tener que salir de casa: por donde hay que pasar, la nieve quedó reducida a una fina capa convertida ahora en hielo, con lo cual tenemos una maravillosa pista de hielo. ¡Y sin necesidad de usar patines!
Pero a mí "que me quiten lo bailao". Después de parsarme toda la mañana de ayer viendo como el manto se espesaba por momentos, y de no poder disfrutarlo con nadie, me desquité por la tarde.
Teníamos clase, pero no vinieron, así que nos fuimos a dar un paseo hasta las 5 por el canal y al volver, tuvimos hora y media de guerra. Primero atacando a los 3 que venían a clase y después, defendiéndonos de los 15 que empezaron a bombardearnos mientras hacíamos un muñeco de nieve de ¡mi altura! Lo pasamos bien. Y lo interrumpimos porque uno esperaba en la puerta. Así que foto de rigor y colacao caliente.
Lástima que al salir, ya hubieran destrozado el muñeco

Pero a mí "que me quiten lo bailao". Después de parsarme toda la mañana de ayer viendo como el manto se espesaba por momentos, y de no poder disfrutarlo con nadie, me desquité por la tarde.
Teníamos clase, pero no vinieron, así que nos fuimos a dar un paseo hasta las 5 por el canal y al volver, tuvimos hora y media de guerra. Primero atacando a los 3 que venían a clase y después, defendiéndonos de los 15 que empezaron a bombardearnos mientras hacíamos un muñeco de nieve de ¡mi altura! Lo pasamos bien. Y lo interrumpimos porque uno esperaba en la puerta. Así que foto de rigor y colacao caliente.
Lástima que al salir, ya hubieran destrozado el muñeco

Despertar blanco
20-02-04
Hoy me he levantado con los copos acariciando las calles. ¡Qué bonito! ¡Y qué raro!, porque nunca la nieve se atreve a pasear por mi ciudad.
Ha sido como tener de nuevo siete u ocho años, ilusionada y emocionada. Dando botes por la casa, aplaudiendo como si repentinamente me hubiera vuelto loca.
Pero la alegría y la ilusión han durado poco. Tras dos horas más o menos, los copos se han convertido en llanto de ángeles y se ha llevado consigo los pocos vestigios de una navidad blanca.
Mañana será otro día. Mañana el sol inundará las calles, lo más probable. Y la nieve, no volverá hasta dentro de dos años como mínimo.
Como la última vez.
Así empezaba el día el 20 de febrero de 2004. Hoy día 22 de febrero de 2005, el despertador gruñía por tercera vez que las nueve ya habían pasado hacía rato. Y al subir la persiana, todavía dormida, la nieve revoloteaba en todas direcciones, cubriendo el suelo con 10 cm o más de espesor.
Me resulta hipnótico. Podría pasarme horas viendo a los copos volar, empujándose unos a otros por ser el primero en besar el suelo con sus fríos labios.
Han pasado 3 horas y todavía sigue. Y el césped estaba precioso, todo inmaculado. Inmaculado hasta que dos niñas lo han pisado, persiguiéndose con una bola en la mano y una sonrisa de satisfacción en la cara. Han destrozado toda la esquina con sus pisadas. ¡Y qué bien se lo han pasado! También han hecho un muñeco. Un poco extravagante, por cierto. Con sus brazos estirados, sus botones y sus ojos. Sólo le faltaba el sombrero.
Luego una se ha tumbado en el suelo y con las piernas y brazos estirados ha empezado a moverlos de un lado a otro para dejar, al levantarse, la figura evocadora de un ángel.
No había nadie más. Su madre haciéndoles fotos y dos hombres que las miraban. Los que iban de paso también las miraban. A lo mejor porque desearían hacer lo mismo pero se ven demasiado adultos para hacer el ridículo. O porque tienen tanta prisa que no tienen tiempo ni para pararse unos minutos a disfrutar de lo que nos regala nuestra madre naturaleza.
O a lo mejor, porque estas dos niñas, de 23 y 32 años respectivamente, eran un poco mayorcitas para estar haciendo guerra de nieve.
Sigue nevando. Hasta las pisadas se ven menos. Pero yo, ¡yo me lo he pasado en grande!
P.D. No hay mal que por bien no venga: lo bueno, es que los niños (y no tan niños) disfrutan; y lo malo, los peligros que la nieve en sí misma entraña. Desde que me he levantado se oyen sirenas de ambulancias.
Hoy me he levantado con los copos acariciando las calles. ¡Qué bonito! ¡Y qué raro!, porque nunca la nieve se atreve a pasear por mi ciudad.
Ha sido como tener de nuevo siete u ocho años, ilusionada y emocionada. Dando botes por la casa, aplaudiendo como si repentinamente me hubiera vuelto loca.
Pero la alegría y la ilusión han durado poco. Tras dos horas más o menos, los copos se han convertido en llanto de ángeles y se ha llevado consigo los pocos vestigios de una navidad blanca.
Mañana será otro día. Mañana el sol inundará las calles, lo más probable. Y la nieve, no volverá hasta dentro de dos años como mínimo.
Como la última vez.
Así empezaba el día el 20 de febrero de 2004. Hoy día 22 de febrero de 2005, el despertador gruñía por tercera vez que las nueve ya habían pasado hacía rato. Y al subir la persiana, todavía dormida, la nieve revoloteaba en todas direcciones, cubriendo el suelo con 10 cm o más de espesor.Me resulta hipnótico. Podría pasarme horas viendo a los copos volar, empujándose unos a otros por ser el primero en besar el suelo con sus fríos labios.
Han pasado 3 horas y todavía sigue. Y el césped estaba precioso, todo inmaculado. Inmaculado hasta que dos niñas lo han pisado, persiguiéndose con una bola en la mano y una sonrisa de satisfacción en la cara. Han destrozado toda la esquina con sus pisadas. ¡Y qué bien se lo han pasado! También han hecho un muñeco. Un poco extravagante, por cierto. Con sus brazos estirados, sus botones y sus ojos. Sólo le faltaba el sombrero.
Luego una se ha tumbado en el suelo y con las piernas y brazos estirados ha empezado a moverlos de un lado a otro para dejar, al levantarse, la figura evocadora de un ángel.No había nadie más. Su madre haciéndoles fotos y dos hombres que las miraban. Los que iban de paso también las miraban. A lo mejor porque desearían hacer lo mismo pero se ven demasiado adultos para hacer el ridículo. O porque tienen tanta prisa que no tienen tiempo ni para pararse unos minutos a disfrutar de lo que nos regala nuestra madre naturaleza.
O a lo mejor, porque estas dos niñas, de 23 y 32 años respectivamente, eran un poco mayorcitas para estar haciendo guerra de nieve.
Sigue nevando. Hasta las pisadas se ven menos. Pero yo, ¡yo me lo he pasado en grande!
P.D. No hay mal que por bien no venga: lo bueno, es que los niños (y no tan niños) disfrutan; y lo malo, los peligros que la nieve en sí misma entraña. Desde que me he levantado se oyen sirenas de ambulancias.
Aspirantes a trabajadores
Hoy he salido de la escuela de idiomas como todos los lunes para dirigirme a la otra punta de la ciudad a continuar con mi formación y en el camino me he encontrado con muchos estudiantes. Algo totalmente lógico si se tiene en cuenta que paso por el medio del campus universitario más o menos: futuros médicos, enfermeros, fisioterapeutas, abogados, jueces, historiadores, etc, cargados con sus carpetacios de apuntes mientras charlan animadamente con sus amigos y/o conocidos.Por desgracia, conozco bastante gente que empezó con la misma ilusión y malgastaron 2, 3 o incluso 4 años para luego no terminar: aspirantes a abogados que se meten a policías, estudiantes de químicas que necesitan una talla menos de carrera y se meten a magisterio, filólogos sin título que también prueban suerte con la educación primaria, futuros maestros que acaban en un módulo y etcétera, etcétera, etcétera.
Sin embargo, no todo iba a ser malo. También hay muchos que terminan su carrera y cuelgan orgullosos su orla y su título en el salón de su casa. Algunos han terminado a su tiempo y han conseguido meterse de lleno en el mundo laboral, viviendo para y por lo que les gusta. Otros se retrasan unos años más, pero terminan igualmente para continuar, a veces, estudiando.
¿Y todo para qué? Existen demasiados médicos, abogados, maestros..., y no todos podrán vivir de sus estudios. La mayoría acabarán reponiendo estanterías en un carrefour, haciendo de cajeras en un sabeco o si tienen suerte, trabajando en un banco o en una caja de ahorros.
Los más afortunados montarán su propia empresa o encontrarán un trabajo estable, con condiciones normales que les permita seguir adelante aunque no tenga nada que ver con lo estudiado, bien porque no hay otro o porque su carrera no ofrece demasiadas salidas. (Un historiador acabará siendo profesor en secundaria de su especialidad y lo mismo ocurre con un filólogo).Lo que está claro es que el que es bueno consguirá lo que quiera mientras que el mediocre, conseguirá lo que pueda, sino tiene el espíritu para luchar por sus sueños.
Otros preparan oposiciones para entrar de funcionarios, pues está claro, que aunque no tenga mucho o nada que ver con lo estudiado, una vez dentro, el trabajo ya es seguro. De esos, muchos empezarán a trabajar con ganas, pero irán dejándose cada vez más cuando sus compañeros les recriminen que trabajan demasiado y les dejan en mal lugar. (Esto es totalmente verídico).
Sea como sea, lo importante es NO rendirse y luchar por aquello que queremos
Sinsentidos a la madrugada
La cabeza hueca, la imaginación muda y la pluma seca.Regueros de tinta invisible e ideas que se apagan sin haber sido encendidas.
Musas dormidas e inspiraciones perdidas.
Páginas olvidadas en silencios llenos de palabras.
Habitaciones vacuas, vacías de vida.
Ecos de un pasado no vivido.
Y los ojos luchando por un descanso que no será eterno.
La espalda duele y la silla incomoda.
Y la mente piensa, deambula, sueña.
Las palabras sueltas y el corazón radiante, mientras el pensamiento te recuerda todavía entre mis brazos.