Vacío mental
Llevo días intentado escribir algo. Sé de lo que quiero escribir, pero no como.
Espero que a la vuelta de Semana Santa, tenga más ideas.
Y también más ganas. Para empezar de nuevo. Para estudiar. Para aprovechar el tiempo.
Besos y ¡pasarlo bien!
Espero que a la vuelta de Semana Santa, tenga más ideas.
Y también más ganas. Para empezar de nuevo. Para estudiar. Para aprovechar el tiempo.
Besos y ¡pasarlo bien!
Sin palabras
Desde el primer día que empecé aquí, avisé de que no soy una persona constante en lo que escribir se refiere. (En otros ámbitos pues no lo sé, pero tampoco viene a cuento)
Así que cualquier persona que entrara antes de ayer, no se extrañaría de que no hubiera un post nuevo.
Sin embargo, ese día fue premeditado. Al pasear por diferentes blogs, he leído que cada uno rindió homenaje a su manera.
Yo no quise hacerlo.
LLevan toda la semana poniendo reportajes de todos los puntos de vista. Recordándonos la terrible situación que se vivió el año pasado. Y no digo que esté mal. Pero no lo apoyo. Parece que sólo se acuerdan de las desgracias cuando se celebran sus aniversarios. ¿No se dan cuenta el dolor que provocan? En general, parece que acordándonos en esos días, justifica que no lo hagamos el resto del año. Y sin embargo, para los supervivientes y también para los familiares, el recuerdo de aquello es algo que viven día tras día, hora tras hora, minuto a minuto. Celebrando los aniversarios no hace más que intensificar el dolor que quizás se haya mitigado un poco.
Por eso mi homenaje lo hago hoy, dos días después del aniversario. Porque no debemos olvidarnos nunca, sea el día que sea. Porque cada día ocurren tragedias de las que no se hacen aniversarios al ser menos impactantes, pero no por ello menos importantes.
Hoy quiero dedicar este mensaje a todos aquellos que perdieron la vida en el terrible día del atentado de Madrid. Pero también a todos aquellos que diariamente la pierden y no son recordados. A los seres queridos que no perdieron su vida, pero sí un trozo de ella. A los que con su vida, dedicaron varios días a atender a todo el que lo necesitaba.
Hoy no hay imágenes ni dibujos. Sólo respeto en silencio y lágrimas.
(P.D.Hubiera querido poner este mensaje más adelante para que hubiera más espacio entre el aniversario. Pero quizá otro día no sepa escribirlo)
Así que cualquier persona que entrara antes de ayer, no se extrañaría de que no hubiera un post nuevo.
Sin embargo, ese día fue premeditado. Al pasear por diferentes blogs, he leído que cada uno rindió homenaje a su manera.
Yo no quise hacerlo.
LLevan toda la semana poniendo reportajes de todos los puntos de vista. Recordándonos la terrible situación que se vivió el año pasado. Y no digo que esté mal. Pero no lo apoyo. Parece que sólo se acuerdan de las desgracias cuando se celebran sus aniversarios. ¿No se dan cuenta el dolor que provocan? En general, parece que acordándonos en esos días, justifica que no lo hagamos el resto del año. Y sin embargo, para los supervivientes y también para los familiares, el recuerdo de aquello es algo que viven día tras día, hora tras hora, minuto a minuto. Celebrando los aniversarios no hace más que intensificar el dolor que quizás se haya mitigado un poco.
Por eso mi homenaje lo hago hoy, dos días después del aniversario. Porque no debemos olvidarnos nunca, sea el día que sea. Porque cada día ocurren tragedias de las que no se hacen aniversarios al ser menos impactantes, pero no por ello menos importantes.
Hoy quiero dedicar este mensaje a todos aquellos que perdieron la vida en el terrible día del atentado de Madrid. Pero también a todos aquellos que diariamente la pierden y no son recordados. A los seres queridos que no perdieron su vida, pero sí un trozo de ella. A los que con su vida, dedicaron varios días a atender a todo el que lo necesitaba.
Hoy no hay imágenes ni dibujos. Sólo respeto en silencio y lágrimas.
(P.D.Hubiera querido poner este mensaje más adelante para que hubiera más espacio entre el aniversario. Pero quizá otro día no sepa escribirlo)
Las que nunca vieron (ni verán) la luz...
Quizá la luz la vean, sí, la que entra por la ventana desde la estantería pero lo que en realidad quería decir con ello es que nunca encontraron un final.
Hace tiempo, cuando escribir no me costaba tanto como ahora, cada poco tiempo escribía un poema o una texto cortito.
También empecé algún cuento o historia que se quedaba estancada nada más empezarla. Y esas historias siguen en la carpeta de los proyectos por escribir.
De todas maneras, espero que os guste.
Recuerdo aquellos días en que los zombies y el vudú dominaban mi pueblo, cuando las mentes pérfidas y despiadadas realizaban cada noche sus oscuros rituales para la conquista del mundo.
Nadie salía de su casa entonces. Las calles y plazas quedaban desiertas. Sólo aquellos que se reunían en las sombras de la noche, salían de sus casas sin temor alguno.
Para entonces, contaba con tan sólo doce años, pero conocía bien aquellas prácticas fetichistas. Muchas noches, me escapaba de casa y deambulaba por las calles a la luz de la luna.
Había oído muchas cosas del vudú por mi familia. Hablaban de ello para meternos miedo a los niños y nos amedrentaban con ello cuando nos portábamos mal. Decían cosas, como que si seguíamos siendo malos, los zombies nos llevarían con ellos y cosas de ese estilo.
Los zombies eran aquellos que ya habían abandonado el mundo y que despertaban de su eterno letargo, llamados de nuevo por quienes codiciaban el poder. Se levantaban de su tumba y se les extirpaba el cerebro, y obececían a su amo y señor.
La mayoría de ellos empezaban a descomponerse por la acción del tiempo. Tenían los ojos desencajados y su mirada era vacía y hueca. Poseían una fuerza sobrehumana, sacada de las malignas artes del vudú....
Lo malo de releer todo lo que he escrito hasta ahora (no aquí, si no hace años), es que me deprime. Me doy cuenta que antes escribía más y, aunque no lo creáis, mejor.
¡Feliz fin de semana!
Hace tiempo, cuando escribir no me costaba tanto como ahora, cada poco tiempo escribía un poema o una texto cortito.
También empecé algún cuento o historia que se quedaba estancada nada más empezarla. Y esas historias siguen en la carpeta de los proyectos por escribir.
De todas maneras, espero que os guste.
Recuerdo aquellos días en que los zombies y el vudú dominaban mi pueblo, cuando las mentes pérfidas y despiadadas realizaban cada noche sus oscuros rituales para la conquista del mundo.Nadie salía de su casa entonces. Las calles y plazas quedaban desiertas. Sólo aquellos que se reunían en las sombras de la noche, salían de sus casas sin temor alguno.
Para entonces, contaba con tan sólo doce años, pero conocía bien aquellas prácticas fetichistas. Muchas noches, me escapaba de casa y deambulaba por las calles a la luz de la luna.
Había oído muchas cosas del vudú por mi familia. Hablaban de ello para meternos miedo a los niños y nos amedrentaban con ello cuando nos portábamos mal. Decían cosas, como que si seguíamos siendo malos, los zombies nos llevarían con ellos y cosas de ese estilo.
Los zombies eran aquellos que ya habían abandonado el mundo y que despertaban de su eterno letargo, llamados de nuevo por quienes codiciaban el poder. Se levantaban de su tumba y se les extirpaba el cerebro, y obececían a su amo y señor.
La mayoría de ellos empezaban a descomponerse por la acción del tiempo. Tenían los ojos desencajados y su mirada era vacía y hueca. Poseían una fuerza sobrehumana, sacada de las malignas artes del vudú....
Lo malo de releer todo lo que he escrito hasta ahora (no aquí, si no hace años), es que me deprime. Me doy cuenta que antes escribía más y, aunque no lo creáis, mejor.
¡Feliz fin de semana!