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Desde el corazón...
Una ventana abierta a la imaginación...¿O no?
Acerca de
"Oí cantar a los ángeles y ellos me susurraban historias que abrían mis sentidos. Después me quedé profundamente dormida y al despertar, mi mente estaba abierta al mundo de los sueños...."
Sindicación
 
Morir viviendo un sueño (Y final)
El hecho de que haya dividido la historia en tantas partes se debe a que era muy larga para ponerla de golpe y porque así me cubría las espaldas durante varios días. Vamos, para que no pasaran dos semanas entre un post y otro como pasó una vez. Ahora tengo dos cositas en la recámara y ya que me voy de puente, pues os dejo ya el final y así se me queda todo en los archivos de abril.

Espero que os haya gustado. Es un poquito infantil, me parece, pero como la escribí hace años, tampoco me importa mucho. (Ya véis que cutre soy: abro un blog y como no sé sobre qué escribir me sirvo de cosas pasadas)

Un beso a todos y que lo paséis bien estos tres diítas.

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(...)

Invocaron a los cuatro elementos y a las atalayas de todos los puntos.


-Fuerza, espíritu, razón y ser nos unen. Belleza y perfección para el bien nos aman. Por las cuatro potestades y los cuatro principados, acude a nuestra llamada dios Mano -decían las cuatro a la vez.

Así se pasaron hasta que llegaron las brujas, que hacían sus propios conjuros cargados de todo el mal posible. Ocultaron el sol, agitaron el mar, enfurecieron al viento y de las profundidaes de la tierra, surgían ruidos extraños que podían atemorizar a cualquiera.

-¿Por qué nos engañaste, Milca? ¿Acaso pensabas que no nos íbamos a enterar? Has cavado tu propia fosa amiguita, y la de tus compañeras.

-Si estás tan segura de vencer, ¿por qué hay miedo en tus ojos? -Salira salió en defensa de su nueva amiga.

-Ja, ja. Miedo dice. Ja, ja, ja. No sabes que terreno estás pisando. Es mucho más fuerte de lo que piensas. No conoces este tema tan bien como te crees. Nada podrá sacarte de tu inevitable final.

Seguido empezó la batalla. Rayos y truenos surgían de la nada y se estrellaban en el suelo, agrietándolo. Las brujas gritaban cada vez más fuerte, y el viento soplaba cada vez con más fuerza. Salira, Milca, Torila y Barbala invocaban a los cuatro elementos mientras unían sus fuerzas.

-Orbi latin, orbi lata. Orbi latin, orbi lata. Orbi latin, orbi lata. Orbi latin, orbi lata. -Las cuatro amigas repetían esto sin cesar, comprobando que a cada vez se encogían más sus contricantes.

Al final, éstas se redujeron a polvo, pero cuando pensaban que todo había acabado, aparecieron otra vez, más fuertes, feas y grandes que antes.

-Brujas del mal, me temo que ha llegado vuestro final -gritó Torila

-¿Eso crees? Mira y aprende -dijo la que parecía la jefa, a la vez que un rayo salía de sus huesudos dedos.- Nadie podrá vencernos. Ja, ja, ja.

El rayo cayó a los pies de las jóvenes hechiceras, haciendo un enorme agujero. Creían tener todo perdido, pero en el último instante, los cuatro elementos se pusieron de su parte. Juntaron sus manos y repitiendo una y otra vez "orbi latin, orbi lata", unieron todas sus fuerzas y una bola de luz salió de sus manos, para estrellarse directamente contra las brujas, que murieron para siempre.

Parecía como si todo hubiera sido un mal sueño, pero los árboles destrozados y las grietas en el suelo, demostraban que no.

De repente se oyeron voces y vieron con terror, que toda la aldea se dirgía hacia ellas con palos y garrotes. Las apresaron y las ataron a las cuatro en medio de la plaza a un poste de madera, al que,acto seguido, prendieron fuego para quemarlas. El dolor se hizo cada vez más fuerte, peri ni siquiera el poder de Mano las salvó.

Murieron quemadas como si fueran brujas, porque para el pueblo no había distinción entre magia blanca o negra. Todo era igual de malo y peligroso.

EPÍLOGO

A la mañana siguiente de que Barbala y Salira visitaran a la vidente, apareció la casa de ésta cerrada y ruinosa, como si no hubiera vivido nadie en mucho tiempo, y en las portadas de todos los periódicos de la comarca se leía la siguiente noticia:
"Mueren calcinadas dos chicas de 16 años en el inexplicable incendio del viejo molino"

Nadie supo explicar cómo sucedió.

 
Morir viviendo un sueño (Todavía III)
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(...)

Caminaron un buen rato por el subsuelo, hasta que llegaron a un recodo donde se se veía luz y se oían gritos.

-¿Qué es eso? Parece un aquelarre maligno.

-Las cosas sólo parecen lo que realmente son. Acerquémonos un poco más, pero con cuidado.

Delante de ellas había cuatro mujeres mayores, vestidas de negro. Tenían el pelo blanco y alborotado y los ojos rojos. Decían cosas que parecían no tener ningún significado y se encontraban dentro de un círculo de velas negras que ardían con viveza.

-Están aquí -dijo una de ellas- Noto su presencia y su fuerza es muy fuerte.

-Bien, acabemos con ellas.

Acto seguido, las cuatro brujas, que es lo que eran, se giraron en dirección a Salira y Barbala. En ese preciso instante una joven que apareció de improviso, las empujó hacia el interior del pasaje para que no fueran vistas.

-Marchaos rápido, os buscan a vosotras. Sois las dos hechiceras que quieren acabar con ellas. -dijo la muchacha.

-¿Cómo te llamas? ¿Y cómo sabes todo eso?

-No hay tiempo para explicaciones. Debéis actuar rápido. Id al bosque que hay junto a la orilla del río. Allí encontraréis un círculo de piedras con leña dentro. Encended una hoguera y esperad. Yo iré luego.

-¡Milca! ¿Dónde estás? -La voz de las brujas sonaba fuerte.

-¡Rápido! Si no os vais, os encontrarán y os harán pedazos.

-¡Milca! ¿Por qué te escondes? ¿Acaso nos ocultas algo?

-Aquí estoy mi señora.

-Estaban aquí. Las he notado y tú les has ayudado a escapar, ¿verdad? -Rugió la mayor de las cuatro brujas.

-¿Quién estaba aquí? Yo no he visto a nadie, mi señora.

-No importa. Si me ocultas algo, me enteraré y entonces te mataré.

Salira y Barbala corrieron todo el camino hasta la casa. Estaban asustadas. Se habían dado por aludidas a las palabras de la bruja. También ellas habían notado un fuerza rara.

-No sé quien es ni lo que sabe esa Milca, pero creo que debemos confiar en ella -dijo Barbala.

-¿Estás segura? ¿Y si es una trampa de las brujas?

-No lo creo. ¿Para qué iba entonces a ayudarnos?

-¿Crees que ha llegado ya el día que tanto temíamos?

-No lo creo. Lo sé.

Metidas en sus pensamientos, llegaron al bosque y encontraron las piedras. Hicieron lo que les había dicho Milca y al poco apareció ella con otra chica. Se hicieron las presentaciones y las explicaciones debidas. Milca era también hechicera, al igual que Salira, Barbala y Torila, la otra joven. Eran, pues, las cuatro elegidas por Mano, dios de la magia, para combatir a las brujas, sirvientes del mal y la magia negra.

Se sentaron rodeando la hoguera, y cada una en un punto cardinal: Milca al norte, Torila al sur, Barbala al este y Salira al oeste. Juntaron sus manos y leyendo un libro gordo de magia que había traído Milca, empezaron a conjurar el poder de Mano. Invocaron a los cuatro elementos y a las atalayas de todos los puntos.

(...)
 
Morir viviendo un sueño (II)
fotos.miarroba.com(...)
Muchos días les sucedió este fenómeno, y siempre con el mismo sueño. Como estaban muy extrañadas, decidieron ir a ver a una vidente.

-Buenas tardes. Nos gustaría preguntarle algo señora...

-Milca. Me llamo Milca, como una pariente mía muy lejana. Bueno, ¿qué queréis?. Pero por favor, acomodaos.

-Gracias. Nos gustaría saber si los sueños que se repiten constantemente significan algo -preguntó Salira.

-Ah, querida, todos los sueños significan algo, se repitan o no.

-¿Y dos personas pueden tener exactamente el mismo sueño y a la vez, en lugares diferentes? -esta vez fue Barbala quién preguntó.

-Oh, hacía mucho que no oía semejante cosa. La verdad, es que eso sólo les ocurre a los o las que están destinadas a ser sirvientes de la magia blanca, las elegidas del dios de la magia. ¿Por qué lo preguntáis?

-Es que nos ha pasado -dijeron las dos muy serias.

-Contadme vuestro sueño, por favor.

Salira y Barbala se lo contaron y la vidente hizo una mueca de sorpresa.

-¿Cómo habéis dicho que os llamáis?

-No se lo hemos dicho. Yo soy Barbala y ella es Salira.

-¡No puede ser! ¡Me estáis engañando! -gritó nerviosa la mujer.

-¿Por qué íbamos a mentirle? Este es un tema del que hablamos muy en serio. ¿Acaso pasa algo malo?

-¿Lo sabe alguien más? -La mujer estaba muy excitada- Tomad, tomad estos papeles, leedlos y seguid las instrucciones que indican. Ahora os tenéis que ir de aquí rápido.

-¿Pero qué le ocurre? ¿Es que ha visto un fantasma? Debería ver a un médico. Está usted muy pálida -sugirió Salira.

-No os podéis quedar más, eso es todo.

Las dos chicas se vieron en la puerta empujadas por la mujer. Ya no tenían nada que hacer. Milca no las dejaría volver a entrar.

-¿Qué le habrá pasado? Bah, no importa. Seguro que está chiflada. ¿Por qué no nos vamos al viejo molino a leer esto? -propuso Salira.

-Es una buena idea.

Cuando llegaron, se pusieron a leer los papeles que les había dado la vidente. Eran indicaciones para utilizar la mente y poder ir a cualquier parte. Decidieron entrar en su sueño y ver qué pasaba.

fotos.miarroba.comEsa sería la última vez que irían juntas al viejo molino.

Cuando Salira se despertó, se encontraba en el mismo sitio, pero a su lado ya no estaba su amiga. En su lugar había sacos de harina. Arriba, las aspas del molino giraban sin cesar.

-¡Salira! -Alguien la llamaba al otro lado de la puerta. Ella acudió donde estaba la voz.

Sintió que algo había cambiado, pero no sabía el qué. Seguía siendo ella misma y el lugar era el mismo de siempre: la caseta del molino donde ella vivía. Era su madre, la molinera, quien la llamaba.

-Ya voy, madre.

-Hija, ¿puedes acercarte a la aldea a llevar este saco? Cuando termines, te puedes quedar un rato y visitar a tu amiga Barbala.

-Sí, claro.

-Pero no vengas muy tarde.

-No madre, no lo haré.

El saco era para la señora Belius, una antipática mujer que vivía sola. Tenía su casa enfrente de la de Barbala, pasada la calle de las Mercaderías, llamada así por estar siempre llena de puestos ambulantes de comerciantes.

Cuando terminó su recado, Salira se dirigió al número 8, la casa de su amiga. Abrió la puerta la misma Barbala.

-¡Hola! ¿Qué tal? -preguntó Salira

-Bien, ahora estaba leyendo un libro de magia blanca.

-¡Chist! ¡Calla! ¡Que te pueden oír! Y ya sabes lo que pasaría si lo hicieran.

Nuestras dos amigas vivían en tiempos difíciles, en plena crisis de la Edad Media, donde las palabras "magia" y todo lo relacionado con ella, era visto como algo peligroso, venido de las profundidades.

-¿Te acuerdas del pasadizo del que te hablé? -preguntó Barbala a Salira, ya dentro de la casa- Pues hoy podíamos echarle un vistazo. Además, si encontramos algo anómalo, llevamos nuestros amuletos puestos.

-De acuerdo, pero que sea rápido. Tengo que volver a mi casa antes de que se haga muy tarde.

Cogieron una antorcha cada una y un chal. Levantaron la moqueta y abrieron la trampilla que había en el cento de la habitación.

Caminaron un buen rato por el subsuelo, hasta que llegaron a un recodo donde se veía luz y se oían gritos.

(...)


 
Ideologías
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Impotencia.
Miedo.
Ira.
Desasosiego.
Frustración.

Todo esto sentí cuando vi estamparse su mano en la cara de mi amigo.

Se acercó a nosotros hablando por el móvil y le preguntó algo a P. P. contestó que sí y al ver la cara del otro, rectificó rápidamente y dijo no. Pero ya era tarde: le dio el móvil y le dijo que convenciera a su amiga para que los colores rojo, amarillo y morado se convirtieran en rojo, amarillo y rojo. Yo no sabía lo que le había preguntado pero supuse que se refería a una chapa que suele llevar mi amigo en la gorra. Mi amigo cogió el móvil que le ofrecían y le dijo a quien estuviera al otro lado que eran de esos colores porque cuando fue a comprarlas no había otros colores.

Me giré porque venía el otro chico con el que habíamos quedado pero al volver a girarme hacia P., vi como el otro le pegaba una sonora bofetada que le dejaba la cara y la oreja rojas. A. con un gesto le había dicho que entre los dos podían con él, pero P. dio a entender como que daba igual. Yo le dije que no le habíamos hecho nada y que se tranquilizara. Me contestó que nos habíamos metido con su ideología.

Se marchó y al rato vi que volvía, así que insistí en entrar en la estación a esperar nuestro autobús. Allí P. nos explicó a A. y a mí lo que nos habíamos perdido en unos segundos: el tío, que iba bastante pasado de alcohol, le había preguntado que si los colores de sus mazas de malabares eran republicanos. Al decirle primero que sí y ver su cara, se apresuró a decir no, pero el otro quería que convenciera a su amiga o le pegaba. Luego en un descuido durante esta "animada" charla vio la chapa republicana en su pantalón y le dio un tortazo. Después se la pidió pero P. le había contestado que no podía porque era un regalo. Así que el otro le volvió a dar otro tortazo y se la dio para que lo dejara en paz.


-Nunca nos ha dado igual, tío (A.)

-Ya lo sé, pero pasaba de montarla a plena mañana por una chapa. Además el tío iba mal. (P.)

Ahí quedó la cosa y poco a poco nos tranquilizamos los tres.

Hubo un momento que pasé realmente miedo y creí que a mí me pegaba también cuando le dije que no le habíamos hecho nada. A. y P. me dijeron que si llega a tocarme, si que no se lo piensan.

No soy de ideas políticas. No me interesan y no las entiendo. Pero no hay derecho a que cualquiera pueda pegarte por el mero hecho de llevar unos colores que no le gustan.

Nosotros no dijimos nada pero sin embargo "ofendimos a su ideología". Y no es el único. Son muchos los que por desgracia se creen con derecho a pegar una paliza a los que no comparten sus ideas. Y lo peor es que la mayoría, ni siquiera saben lo que defienden.

¿Dónde vamos a ir a parar?



Ya lo siento, pero os dejo un poquito más con la intriga, jaja
 
Morir viviendo un sueño (I)
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Esta es una historia de brujas y hechiceras, de conjuros y aquelarres, de pócimas y ungüentos mágicos. Es en definitiva, una leyenda mágica.

Nadie sabe lo que verdaderamente pasó, pero todos han oído hablar de ella. Ahora tú tienes ocasión de conocerla, pero sólo si estás dispuesto a creerla. ¿Te atreves a leer?

LA BATALLA DE LA MAGIA


Hace muchos años, cuando todavía existían las brujas y querían dominar el mundo, vivieron dos jovencitas consagradas, desde su nacimiento, al servicio de la magia blanca.

-¡Oye! ¡Que te estás equivocando!

-¿Qué dices?

-Que la historia no empieza así. Te has saltado la primera parte.

-Entonces, ¿cómo empieza?

Salira y Barbala eran dos chicas de 16 años, amigas desde la infancia. Las dos se parecían mucho, tanto física como psíquicamente. Barbala tenía el pelo rizado y rojizo, y muy largo. Sus ojos eran de un color verde intenso, alegres y brillantes. Salira tenía el pelo más corto y legeramente ondulado, recogido siempre en un trenza. Sus ojos eran muy juguetones, y alegres y brillantes como los de su amiga, pero del color del ámbar. Las dos eran de mediana altura y con unas intensas ganas de vivir. Estaban muy interesadas en temas sobrenaturales, el poder de la mente y la magia blanca. Desde pequeñas, siempre habían soñado con tener poderes para frenar la maldad del mundo, lo típico de todos los niños, pero en su caso se cumplió.

A los 15 años, fue cuando se enteraron de su verdadera identidad: eran dos hechiceras, es decir, personas destinadas a utilizar la magia para bien (magia blanca) y, además, lo eran desde su nacimiento.

-Barbala, hoy he tenido un sueño un poco raro- comentó Salira

-¿Cómo de raro?

-Estábamos tú y yo en el lindero de un bosque con dos chicas más, sentadas en círculo. En el centro había una hoquera y de repenten venían unos hombres, nos cogían y nos ataban a un poste al cual prendían fuego.

-Es extraño. Yo he soñado exactamente lo mismo -dijo Barbala.

-¿En serio? ¿Tendrá algo que ver con lo que somos?

Muchos días les sucedió este fenómeno, y siempre con el mismo sueño. Como estaban muy extrañadas, decidieron ir a ver a una vidente.

(....)


 
Redada
Era sábado y yo había quedado con mis colegas para salir por ahí como siempre. Iríamos al Royo o al Casco* o a ambos. Ninguno nos podíamos imaginar que ese sería uno de los peores días de nuestras vidas.

Nos encontrábamos en una discoteca (de la cual no recuerdo el nombre)** jugando al futbolín. ¡Pim, pam, pum, gol! La música era ensordecedora y no nos escuchábamos muy bien, pero no hacía falta. Por los gestos se adivinaba fácilmente lo que el murmullo de la gente y la música no nos dejaban oír.

fotos.miarroba.comDe repente se abrió la puerta y un montón de policías entraron por ella.

Nosotros seguíamos jugando: la mesa del futbolín quedaba al otro lado y no se podía apreciar si la gente entraba o dejaba de entrar, así que no nos dimos cuenta de lo que pasaba hasta que la gente empezó a correr de un lado a otro y los altavoces se quedaron mudos.

Había una sola mujer policía que se llevó a todas las chicas al baño, supongo que para hacer que se desnudaran una a una.

“¡Esto no pinta nada bien!”- pensé. Pero ya no pude pensar nada más. Un policía alto y robusto escupía órdenes a todos los presentes:

-¡Todo el mundo contra la pared, con las manos en alto!
Allí en fila , nos fueron cacheando de uno en uno, de arriba abajo.

Tuvimos que sacar todo lo que lleváramos en todos los bolsillos, siempre uno por uno y bolsillo por bolsillo, quitarnos la chaqueta y también las zapatillas y calcetines. Después nos volvieron a ordenar que nos pusiéramos de cara a la pared, supongo que hasta que terminaran de registrar a todos.

Fue una noche interminable y la última vez que estuvimos allí, porque por supuesto, cerraron la discoteca y ya no la han vuelto a abrir.

Menos mal que aquel día me olvidé de coger la poca María que suelo llevar encima para echar unos porrillos con los amigos.


* Zonas de marcha de Zaragoza

** Un amigo mío me contó esto pero no presté atención al nombre y por eso no lo recuerdo. Aparte de que le he aplicado “mi toque personal”, por lo que sólo es totalmente segura la parte en que los registran a todos. (Ni siquiera tengo claro si lo de las chicas era del mismo “relato” o de otra cosa que me contaron)