Somos educados

Educación. Esa palabra que va quedando relegada en el olvido. Y no me refiero a lo que los maestros y padres se supone deben hacer. Esa palabra que hace referencia a las habilidades sociales de las personas y que tiene relación con el respeto.
Es muy común oír que cada vez más la juventud se está echando a perder. Y no digo que no sea verdad, pero ni todos los jóvenes tenemos la misma edad ni todos los que hablan de esa juventud son tan educados.
A mí por ejemplo, desde pequeña, me han enseñado que hay que dejar salir antes de entrar, que hay que ceder el asiento o que hay que esperar a que sea tu turno para subir al autobús. También me han enseñado que no se debe señalar, que se debe saludar educadamente y que hay que ser amable.
Por otro lado, nunca hemos esperado a que estén todos a la mesa para comer porque yo era muy lenta y siempre me hacían empezar antes. Pero gracias a alguien cercano también he aprendido que es de mala educación. Y así podría seguir, pero no es mi intención hablar de mí.
Ahora es bastante común ver, por desgracia, a niños y adolescentes que contestan, vacilan o no toman en serio a sus maestros, que no respetan ni nada ni a nadie o que simplemente escupen porque les apetece. No obedecen cuando se les dice o no meten la silla debajo de la mesa cuando se levantan. ¿Pero de quién es la culpa?
Seamos serios. Somos lo que vemos, oímos o vivimos y ellos no van a ser menos. Debido a mis estudios, me relaciono mucho más con niños y adolescentes y sé de lo que hablo. Es mi pan de cada de día. Y os aseguro que la mayoría son maravillosos. Pero porque sus padres también lo son y han sabido enseñarles.
Un chico que no ve nunca a sus padres, que cuando los ve es en la cena y que tampoco se preocupan por él, pues normal que pase de todo, se salte clases y se acueste a las cinco de la mañana porque está jugando al ordenador. O si se cría en la puerta del bar porque es la segunda residencia de sus padres, ¿cómo va luego a ir bien en el cole?
Y lo peor de todo es que los que más hablan de la mala educación, son los primeros que no respetan nada.
Incluidos los mayores de 70 años, que se supone han recibido una educación más estricta, o los no tan mayores.
Silencio a gritos
Una vez oí en alguna película o leí en algún libro (ya no me acuerdo) una explicación de porqué las personas nos gritamos cuando estamos enfadados o porque susurramos cuando estamos con la persona que queremos. Y la explicación me encantó.Nos gritamos porque al estar nuestro corazones alejados, necesitamos elevar cada vez más la voz para poder oírnos. Y al revés, cuando más enamorados, más cerca se encuentran nuestros corazones y por eso con un susurro nos basta para entendernos. Por supuesto, es un círculo vicioso, por lo menos en cuanto a los gritos se refiere: cuanto más nos gritamos más se alejan y más tenemos que gritar y así indefinidamente.
Y yo he llegado a la conclusión de que en mi casa, alguién se dedicó a construir muros muy anchos para impedir que nos oigamos.
Se que no lo debería haber dicho. No sé porque lo he hecho, pero lo he soltado. Y eso es lo malo de las palabras, que una vez fuera, ya no se pueden sujetar. Nada más decirlo, me he arrepentido.
Pero aunque debiera, no pienso pedir perdón. Esta vez no. O por lo menos no por el momento. (seguro que hasta que la mala conciencia me pese tanto que no me deje pensar en nada)
Estoy harta de tener que ser siempre yo la que lo hace. No siempre es mi culpa, o al menos no sólo mía.
Pero una se cansa de vivir día tras día las mismas rutinas. De aguantar día sí, al otro también las mismas frases de crítica, aunque no se dirijan a mí.
Sed felices. Yo lo intentaré también