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la vida es muy corta para estar siempre cabreado
pensamientos y cotidianidades sin importancia
Acerca de
No me gusta el fútbol. No me gustan las prisas. No me gustan las mascotas ruidosas en los balcones por la noche. No me gustan las reuniones de vecinos. Por supuesto que no me gustan las prisas. No quiero una segunda residencia. Me gusta reposar y tomarme las cosas con calma, aunque no pueda. Me gustaría vivir sin horarios.
Sindicación
 
DULCE NAVIDAD
Llega la Navidad.
Vamos a gastar: en regalos para todos, hasta para la vecina de arriba, que siempre nos está molestando con los ruidos, para ver si este año se porta mejor; en comida, que parece que estas cosas no las comemos en todo el año; en ropa, para ponérnosla el día de fin de año y manchárnosla del suquito de las gambas (que hemos comprado a sesenta euros el kilo) y de algo del segundo plato, que ya no se come nadie y no te digo nada de los turrones, mazapanes, orejones, marquesinas, polvorones, hojaldres, hojaldrinas, etc. Bueno íbamos por las manchas y hemos derivado en las variedades navideñas por excelencia, perdón, es que se me hace la boca agua (añadir tono de sarcasmo).
Seguiremos hablando de tan preciosa fiesta más adelante, conforme nos vayamos hartando de comer y cuando nos hayamos pulido las pagas extras y nos preguntemos en dónde y cómo ha sido tan rápido si yo no he hecho ni he comprado nada fuera de lo habitual.
 
EL CABREO COTIDIANO
Qué harto estoy. Todo Dios cabreado, con prisas, todo lleno de coches, todo lleno de gente, toda la gente sin tiempo, o eso dicen. No hay tiempo para nada. Me pongo a hacer cualquier cosa y se me pasan las horas, y no hago ni la mitad de las cosas que quiero hacer. A lo mejor es que quiero hacer demasiadas cosas y el problema no es que me falte tiempo. Entonces cuál es el problema, la falta de tiempo, el exceso de actividad, el exceso de tareas. Qué follón. Acabo que no tengo más tiempo.