Disciplina de partido
Disciplina de Partido
Tras casi quince años de trabajo y de pelea numantina en el Centro Democrático y Social ( C.D.S.) he de reconocer que no he aprendido casi nada del mundo de la política. Sigo sin entender, y sin intención alguna de acatar, la llamada disciplina de partido cuando esta entra en conflicto con las convicciones y principios del individuo. Comprendo que en una organización haya que establecer ciertas normas para que no se convierta en un ente anárquico y sin rumbo, pero no entiendo la poca o nula disposición de los partidos políticos a hacer de la discrepancia un elemento enriquecedor y una parte, probablemente la más importante, de la autocrítica necesaria en toda organización democrática.
Asistimos diariamente al acoso y derribo del pensamiento individual en pro de la masificación y la generalización de ideas y hechos, esto conduce a la sustitución paulatina del sistema democrático por un sistema partitocrático donde unos grupos cerrados toman decisiones en función de sus necesidades e intereses coyunturales. Matando con reglamentos, líneas oficiales, críticas insustanciales, etc.... cualquier atisbo de innovación, creación y progreso.
Me preocupa, por lo que se pierde en cercanía al ciudadano y por lo que se aleja de las necesidades reales de la gente de a pie, la confusión que se genera al mezclar las políticas municipales con las regionales, nacionales e incluso internacionales. Resulta terrible ver y escuchar esos ladridos, porque no tienen otro nombre, de ignorantes achacando a concejales del PP o del PSOE la guerra de Irak o la desmembración de España.
Me pregunto qué tanto por ciento de esas decisiones “tan importantes” es responsabilidad de los concejales de mi pueblo o del suyo, sin ir más lejos. Seguro que si les adjudicamos un 0% ó nada es mucho; y, sin embargo, gracias a la disciplina de partido han de aguantar cuantos chaparrones les caigan encima y defender las bonitas ocurrencias del dirigente de turno. No es ni de recibo ni democrático.
Frente a asuntos como el del pañuelo de Zapatero o sus vacaciones, la boda gay oficiada por Gallardón, por ejemplo, tengo la absoluta certeza de que muchos militantes, de sus respectivos partidos, tienen algo o mucho que decir. ¿por qué cerrar filas entorno a un asunto con el que no se está de acuerdo ?, ¿ qué ha hecho mal Gallardón al oficiar la boda ?. ¿ Se puede considerar una “deslealtad” ? Particularmente creo que quien así
piense está muy lejos de la realidad y poco abierto a los cambios.
Por eso reclamo y proclamo la libertad individual frente al interés del partido (el individuo frente a la masa), la posibilidad de que el mismo partido en una región o pueblo defienda lo que en otro no interesa sin dudas ni complejos, el derecho de un militante a decir a sus dirigentes no tenéis razón y expresarlo públicamente, a expresar un “mi partido está equivocado” sin temor a expedientes represivos.
Tras casi quince años de trabajo y de pelea numantina en el Centro Democrático y Social ( C.D.S.) he de reconocer que no he aprendido casi nada del mundo de la política. Sigo sin entender, y sin intención alguna de acatar, la llamada disciplina de partido cuando esta entra en conflicto con las convicciones y principios del individuo. Comprendo que en una organización haya que establecer ciertas normas para que no se convierta en un ente anárquico y sin rumbo, pero no entiendo la poca o nula disposición de los partidos políticos a hacer de la discrepancia un elemento enriquecedor y una parte, probablemente la más importante, de la autocrítica necesaria en toda organización democrática.
Asistimos diariamente al acoso y derribo del pensamiento individual en pro de la masificación y la generalización de ideas y hechos, esto conduce a la sustitución paulatina del sistema democrático por un sistema partitocrático donde unos grupos cerrados toman decisiones en función de sus necesidades e intereses coyunturales. Matando con reglamentos, líneas oficiales, críticas insustanciales, etc.... cualquier atisbo de innovación, creación y progreso.
Me preocupa, por lo que se pierde en cercanía al ciudadano y por lo que se aleja de las necesidades reales de la gente de a pie, la confusión que se genera al mezclar las políticas municipales con las regionales, nacionales e incluso internacionales. Resulta terrible ver y escuchar esos ladridos, porque no tienen otro nombre, de ignorantes achacando a concejales del PP o del PSOE la guerra de Irak o la desmembración de España.
Me pregunto qué tanto por ciento de esas decisiones “tan importantes” es responsabilidad de los concejales de mi pueblo o del suyo, sin ir más lejos. Seguro que si les adjudicamos un 0% ó nada es mucho; y, sin embargo, gracias a la disciplina de partido han de aguantar cuantos chaparrones les caigan encima y defender las bonitas ocurrencias del dirigente de turno. No es ni de recibo ni democrático.
Frente a asuntos como el del pañuelo de Zapatero o sus vacaciones, la boda gay oficiada por Gallardón, por ejemplo, tengo la absoluta certeza de que muchos militantes, de sus respectivos partidos, tienen algo o mucho que decir. ¿por qué cerrar filas entorno a un asunto con el que no se está de acuerdo ?, ¿ qué ha hecho mal Gallardón al oficiar la boda ?. ¿ Se puede considerar una “deslealtad” ? Particularmente creo que quien así
piense está muy lejos de la realidad y poco abierto a los cambios.
Por eso reclamo y proclamo la libertad individual frente al interés del partido (el individuo frente a la masa), la posibilidad de que el mismo partido en una región o pueblo defienda lo que en otro no interesa sin dudas ni complejos, el derecho de un militante a decir a sus dirigentes no tenéis razón y expresarlo públicamente, a expresar un “mi partido está equivocado” sin temor a expedientes represivos.





