Las Cruzadas
Las Cruzadas
Pasado un tiempo razonable desde la controvertida representación y comprobando que el cielo está donde corresponde, que Dios habrá puesto cruces a quien considere, que la Universidad sigue por la ruta del conocimiento, que los rosarios no son armas letales y que los condones consagrados no aumentan la virilidad me atrevo a opinar sobre “La Revelación”.
Maldita la gracia que me hace el tal Leo Bassi, parecida a la que me produce el señor Rubianes. Personajes ambos que de la provocación hacen su medio de vida. Y gracias a ella, y a los cruzados que caen en su trampa, se convierten en “mártires culturales”, individuos que manchan, tergiversan y manipulan a su antojo el significado del término libertad de expresión.
En los inicios del siglo XXI hay pocas opciones a la hora de ganarse la vida: la mejor, patrimonio de unos pocos, es ser rico de cuna; la más extendida entre los mortales es trabajar cada día, como todos ustedes saben, y llegar a fin de mes como se pueda; y la que parece más de moda es “salir en la tele”. Usted va a un absurdo concurso maquillado de experimento socio-cultural-educativo-vital, hace lo imposible por arañar minutos de cámara y la vida resuelta. También puede elegir la versión “que lo sepa toda España” y contar un lío de cama con alguno de los participantes de los concursos anteriores o hacer como nuestro protagonista buscar un colectivo y atacarle en sus principios o creencias. Eso sí, el ataque se ha de disfrazar de acto cultural, fiesta progresista, cátedra postmoderna.....
Así, a este individuo se le ha dado tal cancha que ya se cree importante llegando a afirmar que su obra está en medio de la lucha política entre PP y PSOE. Señor Bassi la respuesta es no, ni en el mejor de sus sueños; usted solo es un bufón (así se auto proclama) sin gracia, carente de importancia tanto para el teatro moderno como para la cultura en general. No pretenda ir más lejos, en unos años como la mayoría de los mortales no será ni historia y su magnifica obra yacerá en la amplia biblioteca del olvido, gracias a ese dios sobre el que ambos tenemos las mismas dudas; con una salvedad, yo respeto y admiro a quienes tienen y profesan la Fe y usted parece que no.
Por otro lado y dentro del respeto que siento por los creyentes, me resultó triste y anacrónico ver a un grupo de personas, rosario en mano, increpando a los asistentes. De aquí viene el título del artículo. Me recordaron esas películas de cruzados donde con un crucifijo en una mano, espada en la otra y el nombre de dios en la boca pasaban a cuchillo a cuantos infieles se topaban. Decía Voltaire que “la religión malentendida es una fiebre que puede acabar en delirio”. Ayer la masa, que no los individuos, deliró. Ni en nombre de la libertad (y lo afirma un liberal convencido), ni en nombre de dios se puede admitir el acoso, insulto y zarandeo a ciudadanos que asisten a una obra de teatro.
Como resultan, igualmente, inaceptables las críticas de un sacerdote al Presidente de Cantabria, advirtiendo que pediría a los católicos que no voten al PRC o la guerra montada responsabilizando a Quico Rodríguez, al rector de la Universidad, a la COPE... ¿qué es esto? Tan difícil es no ir a ver un espectáculo, o escribir una carta en un periódico dando respetuosamente una opinión contraria. ¿Es que nos hemos vuelto fundamentalistas? ¿qué diferencia hay entre los del rosario en la mano y los fanáticos que pedían la cabeza del dibujante, creo que, danés?.
Un poco de sensatez y sentido común, no nos invistamos de poderes y funciones que ni tenemos ni merecemos, porque al final si la vida se resuelve en ese famoso "Juicio" cada uno tendrá lo suyo, incluido Leo Bassi, así que tranquilos. Mientras vamos a dedicarnos a vivir y sobre todo a dejar vivir.
Fdo. Enrique Gordaliza Crespo
Pasado un tiempo razonable desde la controvertida representación y comprobando que el cielo está donde corresponde, que Dios habrá puesto cruces a quien considere, que la Universidad sigue por la ruta del conocimiento, que los rosarios no son armas letales y que los condones consagrados no aumentan la virilidad me atrevo a opinar sobre “La Revelación”.
Maldita la gracia que me hace el tal Leo Bassi, parecida a la que me produce el señor Rubianes. Personajes ambos que de la provocación hacen su medio de vida. Y gracias a ella, y a los cruzados que caen en su trampa, se convierten en “mártires culturales”, individuos que manchan, tergiversan y manipulan a su antojo el significado del término libertad de expresión.
En los inicios del siglo XXI hay pocas opciones a la hora de ganarse la vida: la mejor, patrimonio de unos pocos, es ser rico de cuna; la más extendida entre los mortales es trabajar cada día, como todos ustedes saben, y llegar a fin de mes como se pueda; y la que parece más de moda es “salir en la tele”. Usted va a un absurdo concurso maquillado de experimento socio-cultural-educativo-vital, hace lo imposible por arañar minutos de cámara y la vida resuelta. También puede elegir la versión “que lo sepa toda España” y contar un lío de cama con alguno de los participantes de los concursos anteriores o hacer como nuestro protagonista buscar un colectivo y atacarle en sus principios o creencias. Eso sí, el ataque se ha de disfrazar de acto cultural, fiesta progresista, cátedra postmoderna.....
Así, a este individuo se le ha dado tal cancha que ya se cree importante llegando a afirmar que su obra está en medio de la lucha política entre PP y PSOE. Señor Bassi la respuesta es no, ni en el mejor de sus sueños; usted solo es un bufón (así se auto proclama) sin gracia, carente de importancia tanto para el teatro moderno como para la cultura en general. No pretenda ir más lejos, en unos años como la mayoría de los mortales no será ni historia y su magnifica obra yacerá en la amplia biblioteca del olvido, gracias a ese dios sobre el que ambos tenemos las mismas dudas; con una salvedad, yo respeto y admiro a quienes tienen y profesan la Fe y usted parece que no.
Por otro lado y dentro del respeto que siento por los creyentes, me resultó triste y anacrónico ver a un grupo de personas, rosario en mano, increpando a los asistentes. De aquí viene el título del artículo. Me recordaron esas películas de cruzados donde con un crucifijo en una mano, espada en la otra y el nombre de dios en la boca pasaban a cuchillo a cuantos infieles se topaban. Decía Voltaire que “la religión malentendida es una fiebre que puede acabar en delirio”. Ayer la masa, que no los individuos, deliró. Ni en nombre de la libertad (y lo afirma un liberal convencido), ni en nombre de dios se puede admitir el acoso, insulto y zarandeo a ciudadanos que asisten a una obra de teatro.
Como resultan, igualmente, inaceptables las críticas de un sacerdote al Presidente de Cantabria, advirtiendo que pediría a los católicos que no voten al PRC o la guerra montada responsabilizando a Quico Rodríguez, al rector de la Universidad, a la COPE... ¿qué es esto? Tan difícil es no ir a ver un espectáculo, o escribir una carta en un periódico dando respetuosamente una opinión contraria. ¿Es que nos hemos vuelto fundamentalistas? ¿qué diferencia hay entre los del rosario en la mano y los fanáticos que pedían la cabeza del dibujante, creo que, danés?.
Un poco de sensatez y sentido común, no nos invistamos de poderes y funciones que ni tenemos ni merecemos, porque al final si la vida se resuelve en ese famoso "Juicio" cada uno tendrá lo suyo, incluido Leo Bassi, así que tranquilos. Mientras vamos a dedicarnos a vivir y sobre todo a dejar vivir.
Fdo. Enrique Gordaliza Crespo





