FANATISMO
Fanatismo
Se asaltan embajadas, se disparan ametralladoras, se queman banderas, se despide a directores de medios, se califica de crimen injustificable, se arma, con perdón, la de Dios o Alá, en este caso. Y todo por unas caricaturas, que no niego y hasta estoy de acuerdo, ofenden sus creencias y son de mal gusto. Bien, hasta aquí podemos entendernos pero ya basta. Ningún gobierno occidental debe disculparse por lo que su prensa dice, pues esta es libre e independiente; ningún ciudadano occidental es responsable de lo que puedan expresar sus medios de comunicación y en el ejercicio de la libertad de expresión cualquier persona que se sienta ofendida tiene el derecho a la réplica. Por supuesto, con las armas de la razón y el diálogo, no como salvajes.
Nos dicen que intentemos comprenderles, en este caso creo más adecuado que el esfuerzo se debe realizar desde su lado. En nuestro entorno hay películas como la Vida de Brian, publicaciones como El Jueves que caricaturizan el cristianismo y a su Dios y ningún cristiano, que yo sepa, a atacado provisto de espadas liberadoras cines o kioskos en el nombre de Dios. Evidentemente, han podido no gustar y habrán generado discusiones pero la tolerancia siempre se ha impuesto a la violencia.
Me gustaría saber qué consideran estos individuos fanáticos más pecado, más crimen injustificable, más ofensa a Dios o Alá: unos dibujos caricaturescos, un video degollando a un ser humano o un suicida volando un autobús en el nombre de Alá. Desde mi perspectiva, la de un agnóstico, creo que si ese Ser Supremo existe no iba a ser el dibujo lo que le iba a hacer pensar ¿qué he creado?.
Siendo pequeño, allá en los Agustinos del Alcazar de Toledo, el padre Pedro me enseñó que Dios es amor. Más tarde de la mano de D. Jesús y Aristóteles profundicé algo más en el asunto, con poco fervor y ánimo que todo hay que decirlo. Hoy, y supongo que fue por esos maestros y mis padres, respeto y admiro a quienes profesan, practican y viven la fe cristiana, que es la que conozco y que yo no tengo. Y entonces me pregunto que enseñan esos imanes, o como se llamen, en las mezquitas y escuelas para que nazca tanto odio, tanto fanatismo. Quiénes son los responsables de que la razón y el sentido común desaparezcan para dejar paso a la más absoluta indigencia de intelecto.
Para un liberal es difícil de comprender tanto lío por algo tan insignificante, lo digo disculpándome pero convencido rotundamente desde mi óptica occidental, cuando hay cosas mucho más importantes y preocupantes sobre las mesas de políticos, principes, monarcas, papas, ayatolas e imanes. Si unas caricaturas ponen en pie de guerra a medio mundo Dios me libre de ser religioso y de paso me conceda la ciudadanía danesa.
Se asaltan embajadas, se disparan ametralladoras, se queman banderas, se despide a directores de medios, se califica de crimen injustificable, se arma, con perdón, la de Dios o Alá, en este caso. Y todo por unas caricaturas, que no niego y hasta estoy de acuerdo, ofenden sus creencias y son de mal gusto. Bien, hasta aquí podemos entendernos pero ya basta. Ningún gobierno occidental debe disculparse por lo que su prensa dice, pues esta es libre e independiente; ningún ciudadano occidental es responsable de lo que puedan expresar sus medios de comunicación y en el ejercicio de la libertad de expresión cualquier persona que se sienta ofendida tiene el derecho a la réplica. Por supuesto, con las armas de la razón y el diálogo, no como salvajes.
Nos dicen que intentemos comprenderles, en este caso creo más adecuado que el esfuerzo se debe realizar desde su lado. En nuestro entorno hay películas como la Vida de Brian, publicaciones como El Jueves que caricaturizan el cristianismo y a su Dios y ningún cristiano, que yo sepa, a atacado provisto de espadas liberadoras cines o kioskos en el nombre de Dios. Evidentemente, han podido no gustar y habrán generado discusiones pero la tolerancia siempre se ha impuesto a la violencia.
Me gustaría saber qué consideran estos individuos fanáticos más pecado, más crimen injustificable, más ofensa a Dios o Alá: unos dibujos caricaturescos, un video degollando a un ser humano o un suicida volando un autobús en el nombre de Alá. Desde mi perspectiva, la de un agnóstico, creo que si ese Ser Supremo existe no iba a ser el dibujo lo que le iba a hacer pensar ¿qué he creado?.
Siendo pequeño, allá en los Agustinos del Alcazar de Toledo, el padre Pedro me enseñó que Dios es amor. Más tarde de la mano de D. Jesús y Aristóteles profundicé algo más en el asunto, con poco fervor y ánimo que todo hay que decirlo. Hoy, y supongo que fue por esos maestros y mis padres, respeto y admiro a quienes profesan, practican y viven la fe cristiana, que es la que conozco y que yo no tengo. Y entonces me pregunto que enseñan esos imanes, o como se llamen, en las mezquitas y escuelas para que nazca tanto odio, tanto fanatismo. Quiénes son los responsables de que la razón y el sentido común desaparezcan para dejar paso a la más absoluta indigencia de intelecto.
Para un liberal es difícil de comprender tanto lío por algo tan insignificante, lo digo disculpándome pero convencido rotundamente desde mi óptica occidental, cuando hay cosas mucho más importantes y preocupantes sobre las mesas de políticos, principes, monarcas, papas, ayatolas e imanes. Si unas caricaturas ponen en pie de guerra a medio mundo Dios me libre de ser religioso y de paso me conceda la ciudadanía danesa.





