APRENDER EL DESAMOR
… Esta historia se conoce como conflicto de tres generaciones.
Cuenta de un anciano internado en un geriátrico, su hijo, importante funcionario de una empresa multinacional y su nieto, adorable muchacho que ama a su abuelo.
Un día el joven va a la oficina de su padre.
La secretaria le anuncia y le hace pasar.
- ¿Qué necesitas? - le pregunta de un modo muy hostil - ¿otra vez te metiste en problemas? Porque si estás aquí…..
- Yo no necesito nada - contesta el joven - ya te dije que no pensaba pedirte nada más si lo puedo evitar. El tema es el abuelo.
- Que pasa con tu abuelo? Él debe estar bien porque si no, me hubieran avisado…
- Te llamaron tres veces del geriátrico, pero no reciben respuesta. Les dicen que estás ocupado.
- Y es la verdad… Será alguna tontería. Le diré a mi secretaria que llame.
- Ya averigüé yo - dice el joven - el abuelo quiere que le envíes un pequeño calefactor, para su cuarto.
- ¿Calefactor? - contesta el hombre a gritos - ¿Calefactor? Con el calor que hace, Por favor.
- Yo estuve ahí papá… el lugar es bastante fresco y él pasa demasiado tiempo quieto. De todas maneras es el abuelo quien lo pide.
- Mira, yo no trabajo como para tirar el dinero - dice el padre - si quiere un calefactor que se lo den en el geriátrico y si no te satisface mi respuesta, cómprale una manta con tu paga.
El joven sale de la oficina sin decir una palabra. Esa noche cuando el padre llega a la casa, ve al muchacho en el salón con una manta extendida sobre la alfombra. Para su sorpresa está cortándola al medio.
- Esa no será la manta que has comprado para tu abuelo - le dice
- Si - contesta el joven sin mirarlo
- ¿Y porqué la cortas por la mitad?
- Anticipación - contesta el joven - Una mitad es para él y la otra para ti, cuando tengas su edad.
Cuenta de un anciano internado en un geriátrico, su hijo, importante funcionario de una empresa multinacional y su nieto, adorable muchacho que ama a su abuelo.
Un día el joven va a la oficina de su padre.
La secretaria le anuncia y le hace pasar.
- ¿Qué necesitas? - le pregunta de un modo muy hostil - ¿otra vez te metiste en problemas? Porque si estás aquí…..
- Yo no necesito nada - contesta el joven - ya te dije que no pensaba pedirte nada más si lo puedo evitar. El tema es el abuelo.
- Que pasa con tu abuelo? Él debe estar bien porque si no, me hubieran avisado…
- Te llamaron tres veces del geriátrico, pero no reciben respuesta. Les dicen que estás ocupado.
- Y es la verdad… Será alguna tontería. Le diré a mi secretaria que llame.
- Ya averigüé yo - dice el joven - el abuelo quiere que le envíes un pequeño calefactor, para su cuarto.
- ¿Calefactor? - contesta el hombre a gritos - ¿Calefactor? Con el calor que hace, Por favor.
- Yo estuve ahí papá… el lugar es bastante fresco y él pasa demasiado tiempo quieto. De todas maneras es el abuelo quien lo pide.
- Mira, yo no trabajo como para tirar el dinero - dice el padre - si quiere un calefactor que se lo den en el geriátrico y si no te satisface mi respuesta, cómprale una manta con tu paga.
El joven sale de la oficina sin decir una palabra. Esa noche cuando el padre llega a la casa, ve al muchacho en el salón con una manta extendida sobre la alfombra. Para su sorpresa está cortándola al medio.
- Esa no será la manta que has comprado para tu abuelo - le dice
- Si - contesta el joven sin mirarlo
- ¿Y porqué la cortas por la mitad?
- Anticipación - contesta el joven - Una mitad es para él y la otra para ti, cuando tengas su edad.
DESPIDETE
Lo más triste no es despedirse, sino no saber hacia donde ir....
Y lo más triste no es despedir al que parte sino no saber dónde, y para qué te quedas.
Si toda la vida es un camino, y si toda la vida es una búsqueda, acéptalo aunque te duela, toda la vida es una despedida.
Y solo aprendiste a vivir cuando aprendiste a despedirte.
Y no habrás aprendido a caminar en libertad, buscando lo no alcanzado, mientras no te hayas despedido de lo andado y lo logrado.
Despedirse es condición de todo lo que se mueve en el tiempo.
¿Cómo estarías viviendo hoy sin haberte despedido del ayer?
¿Como quisieras vivir tu mañana, sin despedirte de tu hoy?
Pero presta atención, que no es lo mismo dejar que despedirse.
Todos vamos dejando, pero no todos nos despedimos.
Los animales se dejan, se separan.
Las personas podemos hacer algo más... despedirnos.
Lo dejado sin despedida, puede estar ausente o alejado en el espacio, pero sigue adherido al corazón, quitándote la libertad que necesitas para vivir tu presente.
Tu primer alejamiento sucedió cuando naciste; es lo primero que perdiste o dejaste, el seno de tu madre, cuando todavía no estabas capacitado para despedirte.
Por eso dicen por ahí que mientras no te hayas despedido, guardas en lo profundo una secreta nostalgia y un oculto deseo por regresar.
Y el camino de la vida así comenzado, con una pérdida y una despedida se hace un largo peregrinar con llegadas y partidas.
Si, eso es crecer. Hermoso desafío el de acercarte a la madurez y la plenitud de ser tú mismo.
Pero crecer es doloroso, como lo fue tu nacimiento. Por eso, cuántas personas se detienen y no quieren crecer, porque les cuesta despedirse.
Dejar de ser el niño protegido, para entrar en las aguas turbulentas de la adolescencia conflictiva.
Duele dejar la adolescencia descomprometida, para asumir la juventud con exigencias y responsabilidades.
Duele aceptar la madurez adulta, renunciando a la juventud eterna.
Duele envejecer sintiendo que se acerca el momento de lo último, para celebrar festivamente el encuentro final.
La despedida que no cerraste con una buena despedida, es como una herida abierta, que sangra cada vez que la golpeas con una nueva pérdida.
Deja un hueco de ausencia, que buscarás llenar sin darte cuenta, y que te hará llorar con desmesura toda nueva despedida.
Los consultorios psicológicos, son salas de auxilio y talleres de reparación, puestos a la vera del camino para que sean socorridos los que no pueden continuar su marcha, por el peso de las despedidas inconclusas.
La libertad y la valentía que no tienes para despedirte de todo lo dejado y lo perdido, son la libertad y la fuerza que te faltan para seguir andando.
Despídete:
De los padres que ya no necesitas, y cuídate de ti mismo, haciéndote responsable de tu vida.
Despídete:
De los hijos que ya no te necesitan, y déjalos ser libres
Despídete:
De lo bueno que viviste, sin apegarte al tiempo que pasó, por temor del presente y el futuro.
Despídete:
Del mal que cometiste, sin atarte por culpas y reproches perdonándote a ti mismo.
Despídete:
De los que muriéndose partieron.
Para que dejes de esperar su regreso, y camines tu camino en la esperanza de encontrarte tú con ellos....
Despídete:
Deja correr el río de la vida, llevándose las aguas que estás viendo para que tengan lugar ante tus ojos las aguas que no viste todavía, y que ya están viniendo...
Despídete:
Del ayer, empieza hoy...
Despídete:
De tus lagrimas y sonrié a la vida.
Y lo más triste no es despedir al que parte sino no saber dónde, y para qué te quedas.
Si toda la vida es un camino, y si toda la vida es una búsqueda, acéptalo aunque te duela, toda la vida es una despedida.
Y solo aprendiste a vivir cuando aprendiste a despedirte.
Y no habrás aprendido a caminar en libertad, buscando lo no alcanzado, mientras no te hayas despedido de lo andado y lo logrado.
Despedirse es condición de todo lo que se mueve en el tiempo.
¿Cómo estarías viviendo hoy sin haberte despedido del ayer?
¿Como quisieras vivir tu mañana, sin despedirte de tu hoy?
Pero presta atención, que no es lo mismo dejar que despedirse.
Todos vamos dejando, pero no todos nos despedimos.
Los animales se dejan, se separan.
Las personas podemos hacer algo más... despedirnos.
Lo dejado sin despedida, puede estar ausente o alejado en el espacio, pero sigue adherido al corazón, quitándote la libertad que necesitas para vivir tu presente.
Tu primer alejamiento sucedió cuando naciste; es lo primero que perdiste o dejaste, el seno de tu madre, cuando todavía no estabas capacitado para despedirte.
Por eso dicen por ahí que mientras no te hayas despedido, guardas en lo profundo una secreta nostalgia y un oculto deseo por regresar.
Y el camino de la vida así comenzado, con una pérdida y una despedida se hace un largo peregrinar con llegadas y partidas.
Si, eso es crecer. Hermoso desafío el de acercarte a la madurez y la plenitud de ser tú mismo.
Pero crecer es doloroso, como lo fue tu nacimiento. Por eso, cuántas personas se detienen y no quieren crecer, porque les cuesta despedirse.
Dejar de ser el niño protegido, para entrar en las aguas turbulentas de la adolescencia conflictiva.
Duele dejar la adolescencia descomprometida, para asumir la juventud con exigencias y responsabilidades.
Duele aceptar la madurez adulta, renunciando a la juventud eterna.
Duele envejecer sintiendo que se acerca el momento de lo último, para celebrar festivamente el encuentro final.
La despedida que no cerraste con una buena despedida, es como una herida abierta, que sangra cada vez que la golpeas con una nueva pérdida.
Deja un hueco de ausencia, que buscarás llenar sin darte cuenta, y que te hará llorar con desmesura toda nueva despedida.
Los consultorios psicológicos, son salas de auxilio y talleres de reparación, puestos a la vera del camino para que sean socorridos los que no pueden continuar su marcha, por el peso de las despedidas inconclusas.
La libertad y la valentía que no tienes para despedirte de todo lo dejado y lo perdido, son la libertad y la fuerza que te faltan para seguir andando.
Despídete:
De los padres que ya no necesitas, y cuídate de ti mismo, haciéndote responsable de tu vida.
Despídete:
De los hijos que ya no te necesitan, y déjalos ser libres
Despídete:
De lo bueno que viviste, sin apegarte al tiempo que pasó, por temor del presente y el futuro.
Despídete:
Del mal que cometiste, sin atarte por culpas y reproches perdonándote a ti mismo.
Despídete:
De los que muriéndose partieron.
Para que dejes de esperar su regreso, y camines tu camino en la esperanza de encontrarte tú con ellos....
Despídete:
Deja correr el río de la vida, llevándose las aguas que estás viendo para que tengan lugar ante tus ojos las aguas que no viste todavía, y que ya están viniendo...
Despídete:
Del ayer, empieza hoy...
Despídete:
De tus lagrimas y sonrié a la vida.
Los chimpancés las prefieren maduras, según un estudio
Los chimpancés machos prefieren principalmente acoplarse con hembras maduras, según un artículo que publica este martes la revista Current Biology de un grupo de investigadores estadounidenses que observaron a estos grandes simios en África.
El antropólogo Martin Muller de la Universidad de Boston y sus colegas basan su conclusión en el análisis de varios años de observaciones de los chimpancés en el bosque de Kibale (Uganda).
Al contrario de lo que pensaban inicialmente a partir del comportamiento de la especie humana, en la que las mujeres jóvenes se benefician generalmente de un poder de seducción muy superior al de las mujeres mayores, en los chimpancés ocurre a la inversa.
Los autores del estudio reconocen que las razones son difíciles de conocer "por el momento".
Una hembra chimpancé alcanza su madurez sexual a los 10 años (el macho lo hace aún más tarde) y lo manifiesta con una protuberancia rosa alrededor de sus genitales. Durante el celo, exhibe un gran globo rosa cuya vista excita a los machos.
Cada macho puede, en principio, reproducirse con cualquiera de las hembras, que no dudan en conceder sus favores a hasta media docena de compañeros sucesivos, durante unos 15 ó 20 segundos cada uno, que se colocan en fila india para esperar su turno.
En esta competición, la única oportunidad para un macho de convertirse en padre parece residir en... la cantidad de espermatozoides producidos en estos encuentros por sus testículos, cuatro veces más voluminosos que en el ser humano.
Pero Martin Muller y sus dos colegas, Melissa Thompson y Richard Wrangham, de Harvard, demuestran que las relaciones sociales, muy complejas en general, tienen un papel más importante de lo que se piensa, incluso en las relaciones entre macho y hembra.
"Dando por hecho que el hombre y el chimpancé evolucionaron a partir de un antecesor común, la preferencia masculina por las hembras jóvenes es un rasgo humano derivado, debido probablemente a la tendencia a formar parejas a largo plazo", afirman.
El antropólogo Martin Muller de la Universidad de Boston y sus colegas basan su conclusión en el análisis de varios años de observaciones de los chimpancés en el bosque de Kibale (Uganda).
Al contrario de lo que pensaban inicialmente a partir del comportamiento de la especie humana, en la que las mujeres jóvenes se benefician generalmente de un poder de seducción muy superior al de las mujeres mayores, en los chimpancés ocurre a la inversa.
Los autores del estudio reconocen que las razones son difíciles de conocer "por el momento".
Una hembra chimpancé alcanza su madurez sexual a los 10 años (el macho lo hace aún más tarde) y lo manifiesta con una protuberancia rosa alrededor de sus genitales. Durante el celo, exhibe un gran globo rosa cuya vista excita a los machos.
Cada macho puede, en principio, reproducirse con cualquiera de las hembras, que no dudan en conceder sus favores a hasta media docena de compañeros sucesivos, durante unos 15 ó 20 segundos cada uno, que se colocan en fila india para esperar su turno.
En esta competición, la única oportunidad para un macho de convertirse en padre parece residir en... la cantidad de espermatozoides producidos en estos encuentros por sus testículos, cuatro veces más voluminosos que en el ser humano.
Pero Martin Muller y sus dos colegas, Melissa Thompson y Richard Wrangham, de Harvard, demuestran que las relaciones sociales, muy complejas en general, tienen un papel más importante de lo que se piensa, incluso en las relaciones entre macho y hembra.
"Dando por hecho que el hombre y el chimpancé evolucionaron a partir de un antecesor común, la preferencia masculina por las hembras jóvenes es un rasgo humano derivado, debido probablemente a la tendencia a formar parejas a largo plazo", afirman.
La ley del desapego
Esta ley dice que para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. Esto no significa que renunciemos a la intención de cumplir nuestro deseo. No renunciamos a la intención ni al deseo; renunciamos al interés por el resultado.
Es grande el poder que se deriva de esto. Tan pronto como renunciamos al interés por el resultado, combinando al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguimos lo que deseamos. Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza incuestionable en el poder del verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad y la necesidad de sentir seguridad emana del desconocimiento del verdadero yo.
La fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio. Es algo que produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro, porque cambiamos el yo por los símbolos del yo.
El apego es producto de la conciencia de la pobreza, porque se interesa siempre por los símbolos. El desapego es sinónimo de la conciencia de la riqueza, porque con él viene la libertad para crear. Sólo a partir de un compromiso desprendido, podemos tener alegría y felicidad.
Entonces, los símbolos de la riqueza aparecen espontáneamente y sin esfuerzo. Sin desapego somos prisioneros del desamparo, la desesperanza, las necesidades mundanas, los intereses triviales, la desesperación silenciosa y la gravedad, características distintivas de una existencia mediocre y una conciencia de la pobreza.
La verdadera conciencia de la riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos, cada vez que lo deseamos, y con un mínimo de esfuerzo. Para afianzarnos en esta experiencia es necesario afianzarnos en la sabiduría de la incertidumbre. En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos.
La gente busca constantemente seguridad, pero con el tiempo descubriremos que esa búsqueda es en realidad algo muy efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad.
Quienes buscan la seguridad la persiguen durante toda la vida sin encontrarla jamás. La seguridad es evasiva y efímera porque no puede depender exclusivamente del dinero. El apego al dinero siempre creará inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el banco. De hecho, algunas de las personas que más dinero tienen son las más inseguras.
La búsqueda de la seguridad es una ilusión. Según las antiguas tradiciones de sabiduría, la solución de todo este dilema reside en la sabiduría de la inseguridad o la sabiduría de la incertidumbre. Esto significa que la búsqueda de seguridad y de certeza es en realidad un apego a lo conocido. ¿Y qué es lo conocido? Lo conocido es el pasado. Lo conocido no es otra cosa que la prisión del condicionamiento anterior. Allí no hay evolución, absolutamente ninguna evolución. Y cuando no hay evolución, sobrevienen el estancamiento, el desorden, el caos y la decadencia.
La incertidumbre, por otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de ayer.
Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas las posibilidades. La sabiduría de la incertidumbre jugará un importante papel en nuestro deseo de entrar en lo desconocido. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, misterio; que experimentaremos la alegría de vivir: la magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de nuestro propio espíritu.
Cada día podemos buscar la emoción de lo que puede ocurrir en el campo de todas las posibilidades. Si nos sentimos inseguros, estamos en el camino correcto, no nos demos por vencidos. En realidad no necesitamos tener una idea rígida y completa de lo que haremos la semana próxima o el año próximo, porque si tenemos una idea clara de lo que ha de suceder y nos aferramos rígidamente a ella, dejaremos por fuera un enorme abanico de posibilidades.
Una de las características del campo de todas las posibilidades es la correlación infinita. Este campo puede orquestar una infinidad de sucesos espacio-temporales con el fin de producir el resultado esperado. Pero cuando hay apego, la intención queda atrapada en una forma de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la espontaneidad inherentes al campo de todas las posibilidades. Cuando nos apegamos a algo, congelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el proceso total de la creación.
Esta ley no obstaculiza la fijación de metas. Siempre tenemos la intención de avanzar en una determinada dirección, siempre tenemos una meta. Sin embargo, entre el punto A y el punto B hay un número infinito de posibilidades, y si la incertidumbre está presente, podremos cambiar de dirección en cualquier momento si encontramos un ideal superior o algo más emocionante. Al mismo tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los problemas, lo cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunidades.
La ley del desapego acelera el proceso total de la evolución. Cuando entendemos esta ley, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los problemas. Cuando forzamos las soluciones, solamente creamos nuevos problemas. Pero si fijamos nuestra atención en la incertidumbre y la observamos mientras esperamos ansiosamente a que la solución surja de entre el caos y la confusión, entonces surgirá algo fabuloso y emocionante.
Cuando este estado de vigilancia, nuestra preparación en el presente, en el campo de la incertidumbre, se suma a nuestra meta y a nuestra intención, nos permite aprovechar la oportunidad. ¿Qué es la oportunidad? Es lo que está contenido en cada problema de la vida. Cada problema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran beneficio. Una vez que tengamos esta percepción, nos abriremos a toda una gama de posibilidades, lo cual mantendrá vivos el misterio, el asombro, la emoción y la aventura.
Podremos ver cada problema de la vida como la oportunidad de algún gran beneficio. Habiéndonos afianzado en la sabiduría de la incertidumbre, podremos permanecer alerta a las oportunidades. Y, cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la solución aparecerá espontáneamente.
Lo que resulta de esto es lo que denominamos comúnmente «buena suerte». La buena suerte no es otra cosa que la unión del estado de preparación con la oportunidad. Cuando los dos se mezclan con una vigilancia atenta del caos, surge una solución que trae beneficio y evolución para nosotros y para todos los que nos rodean. Ésta es la receta perfecta para el éxito, y se basa en la ley del desapego.
Es grande el poder que se deriva de esto. Tan pronto como renunciamos al interés por el resultado, combinando al mismo tiempo la intención concentrada y el desapego, conseguimos lo que deseamos. Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza incuestionable en el poder del verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad y la necesidad de sentir seguridad emana del desconocimiento del verdadero yo.
La fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico es el yo; es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad. Todo lo demás es un símbolo. Los símbolos son transitorios; llegan y se van. Perseguir símbolos es como contentarse con el mapa en lugar del territorio. Es algo que produce ansiedad y acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro, porque cambiamos el yo por los símbolos del yo.
El apego es producto de la conciencia de la pobreza, porque se interesa siempre por los símbolos. El desapego es sinónimo de la conciencia de la riqueza, porque con él viene la libertad para crear. Sólo a partir de un compromiso desprendido, podemos tener alegría y felicidad.
Entonces, los símbolos de la riqueza aparecen espontáneamente y sin esfuerzo. Sin desapego somos prisioneros del desamparo, la desesperanza, las necesidades mundanas, los intereses triviales, la desesperación silenciosa y la gravedad, características distintivas de una existencia mediocre y una conciencia de la pobreza.
La verdadera conciencia de la riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos, cada vez que lo deseamos, y con un mínimo de esfuerzo. Para afianzarnos en esta experiencia es necesario afianzarnos en la sabiduría de la incertidumbre. En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos.
La gente busca constantemente seguridad, pero con el tiempo descubriremos que esa búsqueda es en realidad algo muy efímero. Hasta el apego al dinero es una señal de inseguridad.
Quienes buscan la seguridad la persiguen durante toda la vida sin encontrarla jamás. La seguridad es evasiva y efímera porque no puede depender exclusivamente del dinero. El apego al dinero siempre creará inseguridad, no importa cuánto dinero se tenga en el banco. De hecho, algunas de las personas que más dinero tienen son las más inseguras.
La búsqueda de la seguridad es una ilusión. Según las antiguas tradiciones de sabiduría, la solución de todo este dilema reside en la sabiduría de la inseguridad o la sabiduría de la incertidumbre. Esto significa que la búsqueda de seguridad y de certeza es en realidad un apego a lo conocido. ¿Y qué es lo conocido? Lo conocido es el pasado. Lo conocido no es otra cosa que la prisión del condicionamiento anterior. Allí no hay evolución, absolutamente ninguna evolución. Y cuando no hay evolución, sobrevienen el estancamiento, el desorden, el caos y la decadencia.
La incertidumbre, por otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de ayer.
Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas las posibilidades. La sabiduría de la incertidumbre jugará un importante papel en nuestro deseo de entrar en lo desconocido. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, misterio; que experimentaremos la alegría de vivir: la magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de nuestro propio espíritu.
Cada día podemos buscar la emoción de lo que puede ocurrir en el campo de todas las posibilidades. Si nos sentimos inseguros, estamos en el camino correcto, no nos demos por vencidos. En realidad no necesitamos tener una idea rígida y completa de lo que haremos la semana próxima o el año próximo, porque si tenemos una idea clara de lo que ha de suceder y nos aferramos rígidamente a ella, dejaremos por fuera un enorme abanico de posibilidades.
Una de las características del campo de todas las posibilidades es la correlación infinita. Este campo puede orquestar una infinidad de sucesos espacio-temporales con el fin de producir el resultado esperado. Pero cuando hay apego, la intención queda atrapada en una forma de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la espontaneidad inherentes al campo de todas las posibilidades. Cuando nos apegamos a algo, congelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el proceso total de la creación.
Esta ley no obstaculiza la fijación de metas. Siempre tenemos la intención de avanzar en una determinada dirección, siempre tenemos una meta. Sin embargo, entre el punto A y el punto B hay un número infinito de posibilidades, y si la incertidumbre está presente, podremos cambiar de dirección en cualquier momento si encontramos un ideal superior o algo más emocionante. Al mismo tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los problemas, lo cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunidades.
La ley del desapego acelera el proceso total de la evolución. Cuando entendemos esta ley, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los problemas. Cuando forzamos las soluciones, solamente creamos nuevos problemas. Pero si fijamos nuestra atención en la incertidumbre y la observamos mientras esperamos ansiosamente a que la solución surja de entre el caos y la confusión, entonces surgirá algo fabuloso y emocionante.
Cuando este estado de vigilancia, nuestra preparación en el presente, en el campo de la incertidumbre, se suma a nuestra meta y a nuestra intención, nos permite aprovechar la oportunidad. ¿Qué es la oportunidad? Es lo que está contenido en cada problema de la vida. Cada problema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran beneficio. Una vez que tengamos esta percepción, nos abriremos a toda una gama de posibilidades, lo cual mantendrá vivos el misterio, el asombro, la emoción y la aventura.
Podremos ver cada problema de la vida como la oportunidad de algún gran beneficio. Habiéndonos afianzado en la sabiduría de la incertidumbre, podremos permanecer alerta a las oportunidades. Y, cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la solución aparecerá espontáneamente.
Lo que resulta de esto es lo que denominamos comúnmente «buena suerte». La buena suerte no es otra cosa que la unión del estado de preparación con la oportunidad. Cuando los dos se mezclan con una vigilancia atenta del caos, surge una solución que trae beneficio y evolución para nosotros y para todos los que nos rodean. Ésta es la receta perfecta para el éxito, y se basa en la ley del desapego.
SUEÑOS
Todos nuestros sueños, sobre todo aquellos que tenemos sin cerrar los ojos y en medio de nuestra vida cotidiana, son la materia prima de nuestras ilusiones y fantasías. Estas dos compañeras fieles sirven para construir sobre ellas nuestros deseos. Un vez que tenemos claros nuestros deseos y antes de ponernos en acción debemos transformarlos en proyectos.
¿Qué sería de nuestra vida, si nos privaran de proyectos?
¿Qué sería de nuestros proyectos si nos priváramos de soñar?
Había una vez un gusano que vivía en un jardín y que estaba enamorado de una flor.
Cada noche el gusano soñaba que se acercaba a su amada y la besaba larga y amorosamente. Cada mañana cuando despertaba miraba a la flor, tan alta en la punta de su tallo.
Cansado de resignarse a soñar, el gusano decidió empeñarse en cumplir su sueño. Cada mañana al despertar trepaba con todas sus fuerzas por el tallo de su flor. Claro, pobre gusano, el tallo era tan largo que al hacerse la noche exhausto solo había recorrido una pequeña porción de todo el recorrido.
Lo desmedido del esfuerzo nunca lo hubiera frenado. Lo peor era que durante la noche el pobre gusanito resbalaba en el talo humedecido por el rocío y amanecía cada mañana en el punto de partida.
Sus amigos los escarabajos se apenaban de él y le decían:
- Olvida ya esa flor. Tú eres un gusano y vives en la tierra, ella es una belleza y vive en los cielos. Basta ya de sacrificios inútiles.
El gusano escuchaba y sabía que sus amigos le decían la verdad porque lo querían de verdad. Pero él siempre contestaba:
- Ya sé que es imposible, pero si renuncio a mis sueños, ¿como podré despertar cada mañana?
El gusano siguió así durante semanas y semanas. Trepando de día y resbalando de noche. Y mientras resbalaba alejándose de la flor soñaba que se acercaba a ella y la besaba larga y amorosamente.
Una noche pasó algo maravilloso. Mientras el gusano dormía, sus sueños se volvieron alas y el gusano se despertó mariposa. Más contento que sorprendido y más sorprendido que contento, el enamorado voló hasta la flor y la besó… larga y amorosamente.
¿Qué sería de nuestra vida, si nos privaran de proyectos?
¿Qué sería de nuestros proyectos si nos priváramos de soñar?
Había una vez un gusano que vivía en un jardín y que estaba enamorado de una flor.
Cada noche el gusano soñaba que se acercaba a su amada y la besaba larga y amorosamente. Cada mañana cuando despertaba miraba a la flor, tan alta en la punta de su tallo.
Cansado de resignarse a soñar, el gusano decidió empeñarse en cumplir su sueño. Cada mañana al despertar trepaba con todas sus fuerzas por el tallo de su flor. Claro, pobre gusano, el tallo era tan largo que al hacerse la noche exhausto solo había recorrido una pequeña porción de todo el recorrido.
Lo desmedido del esfuerzo nunca lo hubiera frenado. Lo peor era que durante la noche el pobre gusanito resbalaba en el talo humedecido por el rocío y amanecía cada mañana en el punto de partida.
Sus amigos los escarabajos se apenaban de él y le decían:
- Olvida ya esa flor. Tú eres un gusano y vives en la tierra, ella es una belleza y vive en los cielos. Basta ya de sacrificios inútiles.
El gusano escuchaba y sabía que sus amigos le decían la verdad porque lo querían de verdad. Pero él siempre contestaba:
- Ya sé que es imposible, pero si renuncio a mis sueños, ¿como podré despertar cada mañana?
El gusano siguió así durante semanas y semanas. Trepando de día y resbalando de noche. Y mientras resbalaba alejándose de la flor soñaba que se acercaba a ella y la besaba larga y amorosamente.
Una noche pasó algo maravilloso. Mientras el gusano dormía, sus sueños se volvieron alas y el gusano se despertó mariposa. Más contento que sorprendido y más sorprendido que contento, el enamorado voló hasta la flor y la besó… larga y amorosamente.