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JUAN SIN TIERRA
....y eso y todo... el mundo seguirá girando
Sindicación
 
NO TE ATES... ¡DESPIERTA! ...
¿Qué hace falta para despertarse? No hace falta esfuerzo ni juventud ni discurrir mucho. Sólo hace falta una cosa, la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo desconocido. Es la capacidad de movernos fuera de los esquemas que tenemos. Ser capaz de saltar sobre los esquemas y mirar con ojos nuevos la realidad.
El que piensa como marxista, no piensa; el que piensa como budista, no piensa; el que piensa como musulmán, no piensa... y el que piensa como católico, tampoco piensa. Ellos son pensados por su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología.
Vives dormido y pensado por una idea. El profeta no se deja llevar por
ninguna ideología, y por ello es tan mal recibido. El profeta es el pionero, que se atreve a elevarse por encima de los esquemas, abriendo camino.
La Buena Nueva fue rechazada por-que no querían la liberación personal, sino un caudillo que los guiase. Tememos el riesgo de volar por nosotros mismos.
Tenemos miedo a la li-bertad, a la soledad, y preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos atamos voluntariamente, llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos queja-mos de no ser libres. ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres cons-ciente de tus cadenas?
Las mujeres se atan a sus maridos, a sus hijos. Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos nos atamos a los deseos y nuestro argumento y justificación es el amor. ¿Qué amor? La realidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un amor adulterado y raquítico que sólo abarca el yo, el ego. Ni siquiera somos capaces de amarnos a nosotros mismos en libertad. Entonces, ¿cómo vamos a saber amar a los demás, aunque sean nuestros esposos o nuestros hijos? Nos hemos acostumbrado a la cárcel de lo viejo y preferimos dormir para no descubrir la libertad que supone lo nuevo.
¡Qué lío!
Mi vida es un lío. ¿Soy capaz de re-conocerlo? Necesito tener receptividad.
¿Estoy dispuesto a reconocer que el su-frimiento y la congoja los fabrico yo >mismo? Si eres capaz de darte cuenta, es que comienzas a despertarte.
Ordinariamente, buscamos alivio y no curación. Cuando sufres, ¿estás dis-puesto a separarte de ese sufrimiento lo necesario para analizarlo y descubrir el origen que está detrás? Es preferible dejar que sufras un poco más, hasta que te hartes y estés dispuesto a ver. O des-piertas tú, o la vida te despertará.
Las componendas y alivios son manejos comerciales del buen comportamiento que te ha metido en la mente tu sentido de buena educación. Si los miras, bien despierto, descubri-rás que no son más que utilización, comercio de toma y daca y chantaje, más hipocresía. Cuando ves esto, ¿quieres quitarte el cáncer, o tomar un analgésico para no sufrir?
Cuando la gente se harta de sufrir es un buen momento para despertar.
Buda dice: "El mundo está lleno de dolor, que genera sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el deseo. Si quieres arrancarte esa clase de dolor, tendrás que arrancarte el deseo."
¿El deseo es cosa buena? Es una cuestión de lenguaje, pues la palabra "deseo", en español, abarca deseos buenos, que son estímulos de acción, y deseos estériles, que a nada conducen. A estos deseos, para entendernos, vamos a llamarlos apegos.
La base del sufrimiento es el apego, el deseo. En cuanto deseas una cosa compulsivamente y pones todas tus ansias de felicidad en ella, te expones a la desilusión de no conseguirla. De no haber deseado tanto que tu amigo te acoja, te contemple y te tenga en cuenta; de no desearlo tanto, no te importaría su indiferencia ni su rechazo. Donde no hay deseo-apego, no hay miedo, porque el miedo es la cara opuesta del deseo, inseparable de él.
Sin esta clase de deseos, nadie te puede intimidar, ni nadie te puede
controlar o robar, porque, si no tienes deseos, no tienes miedo a que te quiten nada.

Extracto del libro “Autoliberacion Interior” de Anthony de Mello
 
El hombre que se disfrazó de bailarina
Una gran fiesta se celebraba en la corte de un rey. Iba a comenzar la danza, pero sucedió que la bailarina enfermó de gravedad. Nadie quería decir al rey lo que había sucedido, pero tampoco encontraba otra bailarina para sustituir a la enferma. Entonces los colaboradores cercanos al monarca cogieron a uno de los sirvientes y le pidieron que se vistiese de bailarina y se pintase y adornase como tal. Así lo hizo el sirviente y, como una bailarina, danzó ante el rey.
La pregunta es: ¿Dejó, mientras actuaba el sirviente, de saber que era un hombre y no la mujer de la que se había disfrazado?.
No es posible responder, pero el ser humano común es como si el sirviente se hubiera creído realmente que era una mujer por una total identificación y una completa carencia de autoconsciencia. El ser humano se identifica con su cuerpo, su mente, su nombre y su forma y pierde a su Sí-mismo. Tanto se identifica con la máscara de su ego, con la vestidura de su personalidad, que se olvida de su auténtico y genuino ser interior.
 
Sufismo
• El Sufismo es menos una doctrina o un sistema de creencias que una experiencia y una forma de vida. Es una tradición de iluminación que lleva adelante la verdad esencial a través del tiempo. Tradición que, sin embargo, debe ser concebida en un sentido vital y dinámico. Su expresión no debe permanecer limitada a las formas religiosas y culturales del pasado. La verdad del Sufismo requiere reformulación y expresión nueva en cada época.

Esto no significa que el Sufismo vaya a transigir en su desafío con una sociedad obstinadamente materialista. Es y seguirá siendo una crítica al espíritu mundano- gracias al cual nace todo lo que nos hace olvidadizos de la Divina Realidad. Es y debe ser una vía de escape del laberinto de una cultura materialista en bancarrota. Más importante, sin embargo, es una invitación a lo significativo y al bienestar.

El Sufismo, tal como lo conocemos, se desarrolló dentro de la matriz cultural del Islam. La revelación Islámica se presentó a sí misma como la última expresión del mensaje esencial traído a la humanidad por los profetas de todas las épocas. El Corán reconoce la validez de 120.000 profetas, o mensajeros, que han venido a despertarnos de nuestro mezquino egoísmo y recordarnos nuestra naturaleza espiritual. Confirmó la validez de revelaciones pasadas, al mismo tiempo que aseveraba que el mensaje original fue a menudo distorsionado en el transcurso de los siglos.

Durante catorce siglos la vasta tradición Sufí ha contribuido con un cuerpo de literatura sin par en la tierra. De algún modo los principios directrices del Corán, y la heróica virtud de Muhammad y sus acompañantes generaron un ímpetu que permitió que floreciera una espiritualidad de amor y consciencia. Aquellos que siguen la vía Sufí hoy son los herederos de un inmenso tesoro de sabiduría y literatura.

Comenzando con sus raices en el tiempo de Muhammad, el Sufismo ha crecido orgánicamente como un árbol de muchas ramas. La causa de la ramificación ha sido con frecuencia la aparición de un maestro iluminado cuyos métodos y contribuciones a la enseñanza han sido suficiente para comenzar una nueva línea de crecimiento. Estas ramas generalmente no ven a las demás como rivales. Un Sufí, en algunos casos, puede ser iniciado en más de una rama para recibir la gracia (baraka) y conocimientos de determinadas órdenes.

Si hay una verdad central que el Sufismo distingue, es la unidad de ser, el hecho de que estamos integrados con lo Divino. Esta es una verdad que nuestra era está en inmejorable posición de apreciar- emocionalmente, debido a la contracción del mundo gracias a las comunicaciones y el transporte, e intelectualmente, debido a los desarrollos de la física moderna. Somos Uno: una comunidad, una ecología, un universo, un ser. Si es que hay una verdad digna de ese nombre, es que formamos un todo con la Verdad, que no estamos separados de ella. La comprensión de esta verdad tiene efectos en nuestro sentido de quienes somos, en nuestra relación con los demás y con todos los aspectos de la vida. El Sufismo tiene que ver con la comprensión de la corriente de amor que corre a través de toda forma de vida, con la unidad detrás de las formas.

Si es que el Sufismo tiene un método central, éste es el del desarrollo de la presencia y del amor. Sólo la presencia puede despertarnos de nuestra esclavitud respecto del mundo y de nuestros propios procesos sicológicos, y sólo el amor cósmico puede abarcar lo Divino. El amor es la más alta activación de la inteligencia, pues sin él nada grande se lograría, ya sea espiritualmente, artísticamente, socialmente, o científicamente.

El Sufismo es el atributo de aquellos que aman. Los amantes son personas que son purificadas por el amor, libres de sí mismas y de sus propias cualidades y completamente atentas al Amado. En otras palabras los Sufis no están inmersos en el servicio por alguna cualidad propia, pues ellos ven todo lo que son y tienen como perteneciente a la Fuente. Un antiguo Sufí, Shebli, decía: " El Sufí no ve nada más que a Dios en los dos mundos."

Abu Muhammad Mutaish dice: “El Sufi es aquel cuyo pensamiento va al mismo paso que su pie, es decir, está enteramente presente: su alma está donde su cuerpo está, y su cuerpo donde su alma está, y su alma donde su pie está, y su pie donde su alma está. Este es el signo de la presencia sin ausencia. Otros dicen lo contrario: ‘El está ausente de sí mismo pero presente ante Dios’. No es así: el está presente consigo mismo y con Dios.”

Vivimos en una cultura que ha sido descrita como materialista, alienante, neuróticamente individualista, narcisista, y más aún, vivida con ansiedad, vergüenza, y culpa. Desde el punto de vista Sufi, la humanidad hoy en día está sufriendo la peor de las tiranías, la tiranía del ego. Adoramos innumerables ídolos falsos, pero todos ellos son formas del ego.

Hay muchas maneras en que el ego humano puede usurpar incluso los más puros valores espirituales. El verdadero Sufí es aquel que no reclama para sí ninguna virtud ni verdad, sino que vive una vida de presencia y amor abnegado. Más importante que lo que creemos es la forma en que vivimos. Si ciertas creencias conducen al exclusivismo, a la hipocresía, y al fanatismo, el problema está en la vanidad del creyente y no en la creencia. Si el remedio aumenta la enfermedad, es necesario un remedio aún más básico.

La idea de presencia con amor puede ser el remedio más básico para el materialismo prevaleciente, para el egoísmo, y la inconsciencia de nuestra era. En nuestra obsesión con nuestros falsos yoes, en nuestro darle la espalda a Dios, hemos perdido nuestro Yo esencial, nuestra chispa divina. Olvidando a Dios nos hemos olvidado de nosotros mismos. Recordando a Dios empezamos a recordarnos nosotros mismos.

 
Cada uno con su destino
Un samurai, conocido por todos por su nobleza y honestidad, fue a visitar a un monje zen en busca de consejos, No obstante, en cuanto entró en el templo donde el maestro rezaba, se sintió inferior, y concluyó que a pesar de haber pasado toda su vida luchando por la justicia y la paz, no se había ni tan siquiera acercado al estado de gracia del hombre que tenía frente a él.
- ¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? - le preguntó, no bien el monje hubo acabado de rezar. - Ya me enfrenté muchas veces con la muerte, defendí a los más débiles, sé que no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo meditando, he sentido que mi vida no tenía la menor importancia.
- Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré la respuesta.
Durante todo el día el samurai se quedó sentado en el jardín del templo, viendo como las personas entraban y salían en busca de consejos. Vió como el monje atendía a todos con la misma paciencia y la misma sonrisa luminosa en su rostro. Pero su estado de ánimo iba de mal en peor, pues había nacido para actuar, no para esperar.
Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió:
- ¿Ahora podrá usted enseñarme?
El maestro lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad.
-¿Ves esta luna, qué bonita es? Ella cruzará todo el firmamento y mañana el sol volverá a brillar. Solo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue mostrar los detalles del paisaje que tenemos a nuestra frente: árboles, montañas, nubes. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna decir "¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol? ¿es que quizás soy inferior a él?"
- Claro que no - respondió el samurai - la luna y el sol son dos cosas diferentes, y cada uno tiene su propia belleza. No podemos comparar a los dos.
Entonces, ya sabes la respuesta. Somos dos personas diferentes, cada cual luchando a su manera por aquello que cree, y haciendo lo posible para tornar a este mundo mejor; el resto son solo apariencias.
 
FILOSOFÍA DE LOS PLÁTANOS
Un hombre decidió pasar algunas semanas en un monasterio de Nepal. Cierta tarde entró en uno de los numerosos templos de la región y encontró a un monje, sentado en el altar, sonriendo. Le preguntó por qué sonreía.
"Porque entiendo el significado de los plátanos", fue su respuesta.
Dicho esto, abrió la bolsa que llevaba, extrayendo de ella un plátano podrido. "Esta es la vida que pasó y no fue aprovechada en el momento adecuado; ahora es demasiado tarde". Seguidamente, sacó de la bolsa de la bolsa un plátano aún verde, lo mostró y volvió a guardarlo. "Esta es la vida que aún no sucedió, es necesario esperar el momento adecuado". Finalmente tomó un plátano maduro, lo peló y lo compartió con él. "Esta es la vida en el momento presente. Aliméntate con ella y vívela sin miedos y sin culpas".
 
Un drama en un corral
¿No saben ustedes lo que ha sucedido en un gallinero?

Es horrible, ¡horrible!

La que así hablaba era una gallina que se hallaba en un lugar a donde todavía no habían llegado los ecos de la tragedia.

- Sí -decía la gallina-; ¡es horrible! Tanto que no voy a poder pegar el ojo en toda la noche. Menos mal que somos muchas; si llego a estar sola, ¡qué miedo!

Y empezó a contar la terrible historia; y al cacarear, su voz temblaba de espanto, de tal modo que a las gallinas que le escuchaban se les erizaron las plumas, y el gallo que las acompañaba se le encogió la cresta.

Pero a lo mejor tampoco vosotros que me leéis, estáis al corriente de los acontecimientos. Empecemos, pues, por el principio.

La cosa sucedió en un gallinero situado en un barrio de la ciudad muy alejado de éste en que estábamos hace un momento.

Caía la tarde; el sol se ponía y las gallinas tomaban sus posiciones para la noche.

Una de ellas, una gallina blanca, de patas cortas, que era una persona de lo más respetable que cabe, de esas que ponen su huevo con toda regularidad, en cuanto se hubo colocado en el sitio que le correspondía, se puso a rascarse, según solía hacer todas las noches antes de dormirse.

Al efectuar esta pequeña operación se le cayó una plumita.

- ¡Vaya, una menos! -dijo. Y añadió: -Aunque se me caigan algunas plumas, no por eso dejo de estar guapa.

Esto lo dijo con tono alegre, pues era una gallina de muy buen humor, siempre dispuesta a reír, a divertirse y a echarlo todo a broma, lo cual no impedía que, según ya hemos dicho, fuese una gallina perfectamente respetable.

Luego se quedó dormida.

Ya la oscuridad era profunda y las gallinas apretujadas unas contra otras, se iban durmiendo. Pero la que estaba junto a la gallina blanca, no se dormía. Había oído lo que dijo su vecina, pues ella sabía oír sin parecerlo.

Y le faltó tiempo para comunicárselo a su otra vecina; ahora que naturalmente lo varió un poco:

- ¿Ha oído usted lo que acaban de decir? -le preguntó-. Yo no quiero nombrar a nadie, pero es el caso que aquí hay una gallina que se quiere quedar sin plumas para estar más guapa. ¡Qué atrocidad!

Precisamente encima del gallinero moraba la familia búho: el papá, la mamá y los pequeños búhos.

Tenían todos los oídos tan finos, que no perdieron una palabra de lo que dijo la gallina.

Sus ojos, que ya de por sí eran redondos, se redondearon más que de costumbre, y la mamá búho exclamó, abanicándose con las alas:

- ¡No escuchéis esas cosas, hijos míos; demasiado sabéis ya. Lo he oído con mis propios oídos, y Dios sabe si en este mundo se oyen atrocidades antes de que a uno se le caigan las orejas de horror!

Y añadió, dirigiéndose a su esposo, el señor búho:

- ¡Ya ves tú qué cosas pasan! Hay en el gallinero de abajo una gallina que se ha olvidado de la educación y de las conveniencias, hasta el punto de arrancarse las plumas para estar más guapa, sin duda para ver si así logra llamar la atención del gallo y que se case con ella.

- Ten cuidado -dijo el papá búho-; no son cosas para hablarlas delante de los niños.

- Tienes razón -dijo la mamá búho-; pero al menos se lo iré a contar a la lechuza del frente; también ella me viene a contar todo lo que oye.

Y se fue volando.

- ¡Huuuuuuu! ¡Huuuuuu! Estuvieron charlando las dos comadres cerca de un palomar.

- ¡Huuuuuu! ¡Huuuuuu! ¿Se ha enterado usted?

Allí hay una gallina que se ha arrancado las plumas para ver si así pesca marido. ¡De fijo que lo que así pesca será una pulmonía! ¡Si es que no se ha muerto ya de frío! ¡Huuuuuu!

- ¡Rrrrrrucu! ¡Rrrrrrrucu! -dijeron unos pichones al oírlas-. ¿Dónde ha sido eso? ¿Dónde, dónde?

- Ha sido en el corral del vecino -contestaron unas palomas que también habían oído-. Tan seguro es, ¡como si lo hubiéramos visto con nuestros ojos! Da vergüenza contarlo, y sin embargo no cabe duda de que así es.

- ¡Ah! ¡Claro que no cabe duda! ¡No cabe duda ninguna! -dijeron los pichones.

Y se fueron con el cuento a otro corral; pero con el cuento un poquito corregido, naturalmente.

- Allí hay una gallina, y puede que sean dos, que han tenido la desvergüenza de arrancarse todas las plumas para distinguirse de las demás, llamar la atención del gallo y casarse con él. ¡Han caído enfermas de frío!

- ¡Kikirikí, ¡kikirikí! -dijo el gallo de este gallinero; y volvió a encaramarse a lo alto de la tapia. Desde allí se puso a cantar:

- ¡Tres gallinas se han muerto por haberse arrancado todas las plumas para agradar al gallo! ¡Qué horror! ¡Es preciso que todo el mundo se entere de esta historia!

- ¡Sí, sí, que se enteren, que se enteren! -silbaron los murciélagos. Y los gallos y las gallinas corearon.

- ¡Que se enteren, que se enteren! -De este modo la historia circuló de corral en corral, y cada vez aumentada un poco.

Así volvió al lugar de donde había salido.

Pero en qué forma llegó, Dios santo.

-Cinco gallinas -decían- se habían propuesto cada una casarse con un gallo. Tan enamoradas de él estaban las cinco, que se arrancaron las plumas para demostrar lo flacas que se habían quedado. Cuando estuvieron completamente desplumadas, se pelearon, se hirieron a picotazos, se ensangrentaron y se mataron unas a otras. Sus respectivas familias están desesperadas; y más desesperado todavía está el dueño del corral, que ha perdido de un golpe cinco hermosas gallinas.

La gallina blanca a la que se le había caído una pluma, oyó esta trágica historia. Naturalmente como estaba "algo" desfigurada no la reconoció.

- Qué cosas pasan en el mundo, Señor -exclamó juntando sus patitas con indignación. ¡Qué gallinas más locas! Gracias a Dios, en este corral nuestro no pueden suceder atrocidades semejantes. Pero es preciso que se entere todo el mundo de esta historia para que sirva de ejemplo. Y, tal como ella lo había oído, se lo refirió todo a cierta cotorra, que era la encargada de redactar la Gaceta del Corral.

 
LA CARRETA VACIA
Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?
Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:
- Estoy escuchando el ruido de una carreta.
- Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.

Pregunté a mi padre:
- ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aun no la vemos?

Entonces mi padre respondió:

- Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido.
Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace. Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace "La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Y recuerda que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero. Y nadie está mas vacío que aquel que está lleno de sí mismo
 
No dejemos anidar a los cuervos, más bien plantemos flores
En muchas ocasiones pensamos y -digo bien pensamos- que nos encontramos en un camino que no es el nuestro, que estamos haciendo lo que no nos gusta, que las personas que nos rodean no son las correctas, que nuestros jefes nos imponen una forma de hacer que no es la nuestra. Resumiendo: nos parapetamos detrás de una multitud de excusas para sentirnos limitados.
En realidad, son muy pocas las personas que analizan objetivamente los motivos para buscar los miedos que subyacen y que nos hacen ver la vida de esta forma y porque detrás de toda limitación imaginada, o incluso algunas enfermedades, está oculto el miedo. Del mismo modo, podemos pasarnos toda nuestra vida buscando culpables de aquello que nos ocurre, aunque tarde o temprano, en el momento menos pensado, la vida se encarga de hacernos ver que somos nosotros mismos quienes atraemos y creamos nuestras limitaciones.
Es necesario que aprendamos a ser transparentes y honestos con nosotros mismos, y reconocer que así como creamos nuestras limitaciones, también somos capaces de trascenderlas sin necesidad de negarlas ni reprimirlas, simplemente aprendiendo a observarlas y, por qué no, a amarlas. Nuestras limitaciones nos desvelan todo aquello que todavía no hemos aprendido a valorar ni amar en nosotros mismos. Es sencillo, aunque nos cuesta mucho el hecho de que somos únicamente nosotros mismos los que, con nuestros pensamientos y percepciones, creamos no solamente nuestra vida sino también nuestras propias limitaciones. Percibimos el mundo tal como nos percibimos nosotros mismos.
Si aprendemos a observar nuestros pensamientos y ver incluso qué lenguaje empleamos para comunicarnos veremos, primeramente, que ésta es la forma en que nos hablamos a nosotros mismos. Porque, aunque no lo creamos, nuestro primer interlocutor es siempre nuestro yo interno. Si observamos nuestros pensamientos podremos descubrir nuestras propias limitaciones y aprender de ellas, amándolas para trascenderlas, y avanzar en el camino en que nos encontremos. Muy frecuentemente nos intentamos convencer de que ese camino no es el correcto, que no es el nuestro. Pues bien, sí que lo es, porque aunque nos intentemos convencer de lo contrario, nosotros lo hemos elegido, y si estamos ahí es porque estamos aprendiendo y caminando por la única vía que nos está llevando a nuestro desarrollo y evolución como seres humanos. Tampoco hay que olvidar que muchas veces creemos que somos seres humanos intentando vivir una experiencia espiritual cuando la realidad es que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. Esto no lo he inventado yo, es algo sabido desde hace muchos siglos y que solamente hay que recordarlo. Si lo hacemos nuestra visión de nosotros mismos se agranda.
Recuerdo el caso de una secretaria. Ella se quejaba de casi todo, llegaba tarde, se mostraba apática, desganada, era la reina del “pero”, y continuamente veía el reloj demostrando que no veía la hora de regresar a casa… su jefe la observaba durante muchos días, en sus conversaciones intentaba descubrir qué era lo que le pasaba hasta que un día le preguntó directamente: ¿Qué es lo deseas hacer de tu vida? le contestó inmediatamente que quería dedicarse a escribir. Comprendio entonces lo que le pasaba y le sugerio que buscara en todas las tareas que hacia todos los días como secretaria, cuáles eran las cosas que ella podría vincular con su deseo de ser escritora. Le dijo que hiciera esto durante una semana y que al cabo de ella se sentarían a comentarlo. Cumplido el plazo vino con una lista de las cosas que ella hacia todos los días. En ella se podía ver que se encontraba ya escribiendo. Fue entonces que se reconoció a sí misma que, sin darse cuenta, ya estaba en su camino. Lo que le había pasado era que ella no vinculaba su valor más alto, que era el de escribir, con las tareas que se encontraba haciendo todos los días informes, notas de prensa, presentaciones de campañas de cursos de formación, etc. Cuando decidió irse agradeció diciéndo que, después de lo que había descubierto, se sentía mucho más cerca de poder de hacer realidad su sueño..
Todos tenemos la creatividad y el poder de elevarnos por encima de nuestra limitaciones y de ver como éstas nos sirven para estar en el camino que nos lleva a hacer lo que nosotros deseamos hacer en nuestra vida.
Es por eso que en vez de dejar que aniden los cuervos podemos plantar flores, de modo que nuestros pensamientos nos lleven a realizar con mayor facilidad nuestros sueños. Es sencillo, es dedicarnos a observar nuestros pensamientos y cada vez que nos vengan a la mente afirmaciones como:
Este trabajo no me gusta, no me siento realizado, estoy haciendo lo que otros quieren, no lo que yo deseo, podamos decirnos:
Esto que no me gusta de este trabajo, en qué está contribuyendo a que yo crezca y aprenda? ¿Qué es lo que todavía no he aprendido a amar de mí?
¿Qué me están revelando, acerca de mí, mis percepciones de los otros?
Nuestra visión acerca de nuestra vida y nosotros mismos no hará entonces sino agrandarse y así creceremos y viviremos la vida que deseamos, llevando menos carga en nuestras mochilas y descubriendo los colores de la vida porque no todo es blanco o negro.
 
El amor
Hoy día, donde el cientificismo tiende a escrutar descaradamente todo aquello que le rodea, desvistiendo a toda realidad de poesía y dejándola en las vergüenzas de sus principios y causas, parece ser que el amor también es una ciencia. Así es como lo ha definido recientemente la investigadora estadounidense Helen Fisher, en un estudio donde testosteronas, serotoninas, estrógenos y oxitocinas, confabulan contra nuestro romanticismo para dejarlo a los pies de una invencible bioquímica capaz de simplificar nuestras pulsiones de enamorados a tres simples estados: deseo, atracción y acoplamiento. Es decir, que según esto cumplimos las mismas pautas amorosas que, por ejemplo, el melopsittacus undulatus, esto es, un periquito. Menos mal que, todavía, para una gran mayoría y como escribía la escritora norteamericana Emily Dickinson, todo lo que sabemos (y necesitamos saber) del amor es que éste es todo lo que hay. Esto, quizá, es lo que a intentado transmitir, hace unos días, el profesor Pedro-Juan Viladrich, cuando ha dicho en la lección inaugural de la apertura del año académico de la Universidad de Piura (Perú), titulada Secreto del buen amor, que al final de nuestros días no será precisamente de Derecho, ni de Ingeniería, ni de Química, ni de Comunicación... de lo que nos examinaremos, sino más bien de ese amor que según sus propias palabras encuentra “en lo ordinario y cotidiano la chispa de lo profundo y permanente en el otro”; o sea, que si no hemos sido capaces de entregarnos a la infinitud del alma del amado desde nuestra finita historia, no habremos sabido amar. Aunque lo peor de todo no será esto, sino el habernos perdido la inmortalidad del amor de cuya mística tan buena cuenta dio Santa Teresa de Jesús en estos versos: “Estando ausente de ti, ¿qué vida puedo tener, sino muerte padecer la mayor que nunca vi? Lástima tengo de mí, por ser mi mal tan entero, que muero porque no muero”.
 
El duende
Existen obras maestras en literatura, arquitectura, música, pintura que son perfectas, que trascienden los tiempos y forman parte del patrimonio de la humanidad, algunas consideradas como maravillas del mundo. Cito algunas: las Pirámides de Egipto, la Torre Eiffel, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, la Última Cena, Turandot, Nietsche, Freud, Wagner, Joyce, que, repito, son perfectas, pero a mí me parece que les falta algo intangible que se llama Duende... ese toque mágico, con algo de locura, ironía, travesura, malicia, que es indefinible y va más allá de la estética pura.
Personalmente prefiero las cosas con Duende... como el Jardín de las Delicias de El Bosco, los personajes inasibles de Pirandello, los juegos eróticos de El Decamerón de Bocaccio, La Primavera de Boticelli, los Cien Años de García Márquez, las aventuras de El Quijote, los puentes etéreos de Calatrava, la arquitectura de Gaudi, la pasión flamenca de Antonio Gades, los poemas de García Lorca, las notas traviesas de Mozart, las canciones pegajosas de la Piaff o Ives Montand, los pucheros de Marilyn Monroe que nos inundaron el alma de mariposas amarillas, de molinos de viento, de amores impredecibles, de taconeos pasionales, de notas aladas. El Duende es algo que existe o no existe. No se adquiere con cultura, viajes, enciclopedias, clases, academias. Se tiene o no se tiene. Es una especie de cromosoma loco que se incrusta en los genes de algunas personas escogidas caprichosamente. Llega de improviso a la cuna del recién nacido y marca su sello eterno. Como los gnomos y las hadas, como la alquimia en la sangre, como las quimeras en pos de las estrellas, el Duende se mete en los poros y le da un toque mágico a todo lo que toca. Tengo amigos con Duende. Otros a lo mejor más cultos y viajados, pero que carecen del toque de locura y permanecen en la trascendencia y la razón. Prefiero los primeros. Me río. Me contagio. Me atraen de forma inconsciente. Comparto sus códigos.. Cuando los encuentro siento que me he ganado una lotería espiritual, porque no abundan. En este mundo competitivo, monetizado y tosco se están volviendo una especie en vía de extinción.
A muchos ni siquiera los conozco personalmente, pero a través de sus páginas o de sus cuadros o de sus notas los considero como si hubiéramos nacido juntos. Otros son de carne y hueso.
 
LA CRISIS

"No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo". La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar "superado". Quien atribuye a la crisis sus fracasos y
penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el
conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.
ALBERT EINSTEIN

APRENDER ES DESCUBRIR LO QUE YA SABES. ACTUAR ES DEMOSTRAR LO QUE SABES.
R. Bach
 
Despedidas
Si me preguntasen donde las personas se abren verdaderamente de corazón diría que eso solo ocurre en las despedidas. Como en un pequeño instante pueden llegar a decirse las cosas más hermosas que habitualmente uno no dice a la persona amada o a un buen amigo al que posiblemente jamás se vuelva a ver... Las despedidas son momentos en que el corazón te da un vuelco y sientes una presión en el pecho como si todo tu interior estuviese a punto de explotar. Solo hay silencio.. estáis tu, tu corazón y la persona a quien diriges tu mirada, lo demás no importa, el momento de decir adiós se acerca y todo surge espontáneamente.
Pienso que siempre los aeropuertos me han llenado de mucha tristeza pues están cargados por las penas de las despedidas que allí se acumulan, gente que marcha, sin billete de vuelta, llevándose un rastro de vida tras de si.
Como si se tratase de una película, una vez me vi despidiéndome en el avión en el que huía una persona que jamás iba a volver. Dolido y roto prometí no dejar marchar a nadie más, una promesa que se pierde como tantas otras, como la de retirarme a tiempo antes de caer prendido de los sentimientos más dulces que un ser humano puede llegar a vivir, como la de no dejarla ir sin antes prometer que no me olvidaría, como la de levantarme cada día sobreviviendo a un amanecer sin tenerla cerca, como no sentir el tacto de sus manos y el calor de su piel, como...
Tras la despedida llegan las cartas puntualmente en donde te escribo desde la distancia, contándote que siempre estás en mi mente, se que estás lejos y no te veré en algún tiempo, pero te cuento que es mentira que la distancia me hace olvidarte, es también mentira el dicho ojos que no ven corazón que no siente,
porque yo no te veo y cada día te quiero mas, quizás en otra vida hice algo malo y ahora estoy pagando esta condena de no tenerte en mis brazos hoy, pero tendré mi libertad dentro de unos meses y cuando vea la luz, será cuando te mire a los ojos y diga, aquí estoy para estar siempre. Cuento mis días en esta condena de no estar contigo, pero he aprendido una cosa muy importante y es que a pesar de la distancia que nos separa cada día te amo mas.

Yo no era tan dulce como la protagonista de aquella película, creo que se llamaba Casablanca, ni era tan duro como lo sería cualquier galán de ensueño... Así que el final de aquella despedida quizá no fuera como el de Casablanca, con su niebla y un beso antes de ver como gira sobre sus talones y se pierde en el pasillo, hacia el gran pájaro blanco, que levantará su vuelo llevándose un cacho de alma que me arrancaron, el mismo día en que me dijiste que te marchabas para no volver. Quizá la niebla se disipe y deje ver el final del aeropuerto mientras que el sol vuelve a brillar mientras las lágrimas internas salpican mi corazón.