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El hombre que quería tener novia
Acerca de
Pablo va camino de los treinta, tiene un buen trabajo, un apartamento en el centro, una amiga ninfómana, muchas ganas de juerga y... Ahora resulta que busca novia, aquí es donde se jode la historia, o se pone interesante, según se mire.
Sindicación
 
Susana siempre quiere.
¡Hola otra vez!
Tenía mono de internet. Creo que el sábado fue el último día que me conecté y acabo de leer vuestros comentarios. Muchas gracias por entrar y por vuestros consejos.

Hoy la historia es un pelín más prosaica, aunque no me olvido del "Caso Edurne", del que ya os iré contando cosillas.
La cuestión es que me apetece que conozcáis a Susana. Ya os apunté algo sobre ella en el primer artículo, hace ya cuatro días.
Susanita, como yo la llamo para mosquearla, ha vuelto a dar señales de vida después de dos semanas sin saber nada el uno del otro.

No es mi novia, ni un amor platónico, diría que ni siquiera somos amigos. Es una relación extraña porque ninguno de los dos sentimos nada especial, y creo que, precisamente eso, es lo que nos une. Conocí a Susana hace casi dos años y al escribirlo me doy cuenta del tiempo que hace y lo poco que nos conocemos.

Lo único que nos une es el sexo y tengo que reconocer que nunca me había planteado en serio tener una relación así. Yo siempre fui de los convencidos de que el sexo con amor es infinitamente mejor que el mejor de los polvos; Lo sigo pensando, pero a veces la vida te muestra cosas que no habías previsto.

Ambos sabemos que nunca habrá nada en serio, que esto nunca será una relación convencional y que terminará el día en que seamos capaces de encontrar a nuestra persona ideal, pero hasta entonces, la cosa funciona bien así. Ella dice "lo más importante de mi vida es follar". Yo nunca estaré de acuerdo, ni compartiré esos valores al cien por cien, ni siquiera al cincuenta, pero os voy a ser sincero: A mi, muchas veces, también me apetece el sexo por el sexo y siempre que se me pasa por la cabeza, allí está ella.

Al principio sentía que la utilizaba, porque sólo la llamaba cuando salía de fiesta, o tenía un calentón, o llevaba una temporadilla a 'ajo y agua'. Lo que sucede es que, andando el tiempo, me dí cuenta de que ella hacía lo mismo. Sólo me llama cuando está "cachonda como una cerda", como ella misma suele decir.

Qué se le va a hacer. Como os decía al principio, hoy he vuelto a saber de ella tras un par de semanas sin noticias. Nunca le digo que si al principio, por todo lo que os he comentado, necesito algo más, ¡mucho más! pero soy humano y se que cuando llegue la noche, le voy a llamar.

Hasta pronto blogeros.

Y gracias por pasar por aquí.
 
Me gusta Edurne
No lo puedo evitar, es tenerla a menos de dos metros y empezar a sufrir el famosísimo cosquilleo por la tripa. Es algo extraño, porque a penas nos conocemos. Ni si quiera se que edad tiene. Sé su nombre, Edurne, se donde trabaja porque se sienta a mi lado, y se que cada vez que me mira, aunque sea casual, me deja sin fuerzas para articular palabra.

Es una sensación difícil de explicar. Quizás sea su aire de artista despistada, ese genio incontenible, que le hace subir como la espuma sin perder la dulzura. Su voz es muy suave, al principio me dio la impresión de ser débil. Pronto entendí que era una pose bondadosa, porque en realidad es una luchadora incansable.

Me tiene despistado. A veces me mira de reojo, creo que le intrigan mis silencios. Soy de los convencidos de que a veces es mejor no decir nada y me reafirmo en esa idea cada vez que intento dirigirle la palabra, más allá de trabajo por aquí y trabajo por allá.

Espero nervioso el momento de acercarme a su mesa, mirarle a los ojos y pedirle un código, un archivo, preguntar cualquier gilipollez. Siempre cosas superficiales. Me da miedo pensar que ella podría no sentir lo mismo. Y me da más miedo pensar que ella podría sentir lo mismo que yo y ninguno de los dos saberlo y estar perdiendo un tiempo precioso.

Me hace temblar el pensar en ella ahora mismo, el cosquilleo no cesa. Hoy nos veremos de nuevo. Su pelo, su leve sonrisa, su mirada, esa forma de girarse disimuladamente para aseverarse a sí misma, una vez más, que sigue teniendo mi atención. Eso podría significar que ella siente lo mismo, o siemplemente se divierte viendo como un 'no niño', de casi treinta años, está a punto de perder la cabeza por una casi desconocida.

Hoy es un día feliz a medias, y la sensación, casi inexplicable, es de esperanza. Supongo que la esperanza de que pase algo que fuerce las cosas, para bien o para mal. Hoy voy a volver a verla después de dos largos días. Su pelo, su leve sonrisa, su mirada y el sueño de sentirla muy cerca, excesivamente cerca, no me dejan pensar.

Que pase algo, pero que pase ya. Yo no tengo valor.

Hasta pronto.
 
¡Que voy!
Empezaré por presentarme. Mi nombre es Pablo y voy camino de los treinta. Aún me faltan unos años, pero después de superar el cuarto de siglo, la treintena es mi siguiente hito imaginario. Siempre me he marcado ese tipo de barreras , supongo que para no sentir el vértigo que produce lo inevitable, que es el paso del tiempo. Si lo digieres a poquito resulta menos agobiante, al menos para mí.

No me puedo quejar de como me va. Trabajo en lo que me gusta, pago el coche de mis desvelos con el sudor de mi frente, a parte del alquiler abusivo de mi apartamento en el centro, para que mi casero siga engordando su temblorosa papada.
Lo sé, es mi culpa, me pasa por sibarita y por pijo, pero qué le voy a hacer. Bueno, quizás pijo no sea la palabra, solamente es que me gusta vivir bien.

Hace poco que cambié de ciudad por temas laborales. Del curro te iré contando cosas, pero otro día. Poca gente lo entiende, pero es lo que tienen las vocaciones. El dinero justo, las interminables horas extras y las vacaciones cuando te dejan. Aún así, disfruto como un niño.

Ya viví aquí durante cinco años, en mi época de estudiante, pero todo era muy distinto. Por aquel entonces, yo tenía novia. Con ella compartí prácticamente todos los años de universidad, y claro, descubrimos millones de cosas juntos, pero nos perdimos varios millones más.

Dos años después todo ha cambiado mucho. Las calles que tengo a mi espalda son las mismas de entonces. Mirando al edificio del otro lado de la acera de enfrente veo la ventana del último piso que compartí, en el que lloré como un niño cuando todo terminó y en el que decidí que nunca más confiaría en nadie. Menuda gilipollez, pero en aquel momento lo veía así, el mundo se hundía. Lo he recordado porque a veces la vida y la casualidad te hacen volver a lugares que habías olvidado. Algún día os hablaré de ella. Tiene para varios capítulos, pero hoy me siento rencoroso, así que lo dejamos para mejor ocasión, ¿ok?. je je je.

Aunque no soy nuevo por estos lares, ha pasado mucho tiempo y mi carácter, puede que excesivamente despistado, no me ha permitido mantener el contacto con mi gente de entonces, salvo con alguna excepción. He conocido a gente nueva, que os voy a ir presentando poco a poco. Todos son bastante peculiares, como reza el dicho, "Dios los cría y ellos se juntan".

Susana es ninfómana y me está 'ayudando' bastante en los momentos bajos. ¡Yo a ella también eh!(jiji); Isidro es un 'maquinero' de la vieja guardia venido a menos, aunque no lo aparenta; Manuel es otro compañero de correrías, es buen chaval, pero siempre se enamora de quien no debe y vive en un 'sinvivir'; Míchel es la estrellita del grupo, él quiere ser famoso a toda costa, y todos estamos convencidos de que lo acabará consiguiendo, por ganas no será; Laura y Marta son hermanas, tremendas ellas... y del PP, 'mecagon' la leche, quién me lo iba a decir. Pero son tan buena gente, que hasta eso se les puede perdonar.
Estos son algunos de ellos, pero hay más, irán viniendo poco a poco, para no saturarte más de la cuenta en nuestra primera vez.

Por cierto, yo soy un neurótico que busca una chica con la que compartir sueños, me autoconvencí de que bastaría con desearlo, como en Mary Popins, pero me voy dando cuenta de que va a ser más complicado de lo que pensaba.

Escuchando los desgarradores alaridos de los amigos del botellón, os dejo hasta otro día, espero que hasta pronto.
No sé quién eres, pero ya necesito volver a escribirte. Buenas noches.