Edurne. Capítulo II
Segundo temilla en dos días, o me paso o no llego, siempre me lo dicen. A veces excesivo, a veces discreto y a veces, en apariencia, total y absolutamente ausente.
Pero no voy a hablar de como soy, dejémoslo en "complicaíto", que dice una amiga mía.
Os tengo que contar la penúltima historia de Edurne, porque ha habido más, pero vamos por partes.
Yo me pregunto: ¿Qué posibilidades había de que nos encontráramos en aquel bar?
Pues por lo visto después, bastantes. El sitio no es ninguna maravilla, pero llevaba por aquel entonces dos meses en la ciudad y le había cogido 'gustirrinín' al antro en cuestión.
Era viernes y ese día no había tenido que ir a trabajar, tampoco lo hice el jueves, y joder como echaba de menos a la niña. Dos días sin su risa, sin nuestras conversaciones absurdas, sin oir sus respuestas bordes... (es que a mi las bordes, no sé que tienen, pero me ponen).
Perversiones a parte y volviendo al asunto, salí con mi hermanito y unos amigos. Cenamos, echamos un par de cubatas en un par de sitios que no recuerdo y nos fuimos al, llamémosle... X, que sino Burbu tendrá muchas pistas. ;p
Llegamos, nos abrimos paso como pudimos (siempre me ponen a mi a abrir camino), y la cordada llegó a su destino, el fondo del bar, junto a los baños (que asco), pero el único lugar con algo de espacio para moverse.
Era día de despedidas de soltera, y no veas como nos reímos siempre con ese tipo de grupos. Mi amigo Luis aprovechó para pegarse unos bailes, siempre lo hace. Yo evité la situación, soy como un tronco y prefiero no exponerme.
Estaba en mitad de una conversación absurda, de estas llamémosle... 'preliminares' con una de las chicas de la despedida y la cosa pintaba bastante bien, hasta que... ¡NO ME JODAS! Aparece Edurne con sus amigas. La madre que me parió, creo que el estómago se me volvió del revés, qué puta montaña rusa.
Evidentemente dejé de escuchar a la chica con la que estaba hablando, una pena, porque era realmente simpática, pero joer, Edurne, ¡ERA ELLAAAAAAAAA!
Casualidades de la vida, qué pequeña es esta ciudad, con lo grande que me parecía cuando llegué, Luis conocía a Edurne. No me lo podía creer (¿cómo es que no me lo habías dicho, cabrón?). La verdad es que nos echamos unas buenas risas por la coincidencia, pero al mismo tiempo, los nervios me atenazaban. La tenía justo a mi lado, borracha perdida (jeje) y no era capaz de reaccionar.
Tengo que reconocer que 'me pudo la presión', vamos, que me acojoné, y todas mis inseguridades (pensaba que no tenía), fueron apareciendo.
El cerdo de Luis comenzó a acercarse a ella peligrosamente ¡pero qué haces chalao!, pensaba yo. No dije nada.
Me quedé a un lado, hablando con mi sabio hermano pequeño y me calmé. Estaba enloquecido.
Estaba claro qe no iba a ser el día.
La situación duró una media hora, que pareció medio año, hasta que ella y sus amigas se fueron a dormir, habílan salido "de tranqui".
Bla bla bla, noche sin dormir, sábado a trabajar (ella tenía fiesta) y llegó la noche de nuevo.
Camiseta negra 'casi' ajustada, los pantalones 'de guerra', pelos para arriba... salí dispuesto a resarcirme de la última juerga-pesadilla.
Volvimos al mismo sitio de la noche anterior y, por supuesto, allí estaba.
Hoy no te escapas, pensé yo. Me fui directo a por ella, breve saludo de cortesía a sus amigas (simpáticas por cierto) y...
P-"Hola Edurne!"
E-"Hola Pablo!"
E-"¿Cómo te ha ido el trabajo?"
Y así empezó una conversación de lo más normal. Me fijé en el detalle de que sus amigas se habían alejado dos metros, dejé de oir la música, me olvidé de mis amigos (lo siento chicos) y cuando me quise dar cuenta, las 04:30, el bar cerraba.
Sólo hablábamos, pero no quería que terminara nunca.
Sus amigas se fueron, ella quiso quedarse y fuimos caminando hacia su casa. Hablamos de todo, su vida, el trabajo (de los dos), nuestras relaciones anteriores... ahí sentaditos en la calle...
La despedida fría, un simple "hasta el lunes", pero l primer paso estaba dado.
09:00 de la mañana, fin de la conversación más larga de mi vida. Tengo un revoloteo en el estómago que no puedo controlar, ahora sí que estoy convencido de que quiero estar con ella.
Continuará (ja ja, siempre quise ponerlo).
Hasta pronto. Besos y abrazos.
Pero no voy a hablar de como soy, dejémoslo en "complicaíto", que dice una amiga mía.
Os tengo que contar la penúltima historia de Edurne, porque ha habido más, pero vamos por partes.
Yo me pregunto: ¿Qué posibilidades había de que nos encontráramos en aquel bar?
Pues por lo visto después, bastantes. El sitio no es ninguna maravilla, pero llevaba por aquel entonces dos meses en la ciudad y le había cogido 'gustirrinín' al antro en cuestión.
Era viernes y ese día no había tenido que ir a trabajar, tampoco lo hice el jueves, y joder como echaba de menos a la niña. Dos días sin su risa, sin nuestras conversaciones absurdas, sin oir sus respuestas bordes... (es que a mi las bordes, no sé que tienen, pero me ponen).
Perversiones a parte y volviendo al asunto, salí con mi hermanito y unos amigos. Cenamos, echamos un par de cubatas en un par de sitios que no recuerdo y nos fuimos al, llamémosle... X, que sino Burbu tendrá muchas pistas. ;p
Llegamos, nos abrimos paso como pudimos (siempre me ponen a mi a abrir camino), y la cordada llegó a su destino, el fondo del bar, junto a los baños (que asco), pero el único lugar con algo de espacio para moverse.
Era día de despedidas de soltera, y no veas como nos reímos siempre con ese tipo de grupos. Mi amigo Luis aprovechó para pegarse unos bailes, siempre lo hace. Yo evité la situación, soy como un tronco y prefiero no exponerme.
Estaba en mitad de una conversación absurda, de estas llamémosle... 'preliminares' con una de las chicas de la despedida y la cosa pintaba bastante bien, hasta que... ¡NO ME JODAS! Aparece Edurne con sus amigas. La madre que me parió, creo que el estómago se me volvió del revés, qué puta montaña rusa.
Evidentemente dejé de escuchar a la chica con la que estaba hablando, una pena, porque era realmente simpática, pero joer, Edurne, ¡ERA ELLAAAAAAAAA!
Casualidades de la vida, qué pequeña es esta ciudad, con lo grande que me parecía cuando llegué, Luis conocía a Edurne. No me lo podía creer (¿cómo es que no me lo habías dicho, cabrón?). La verdad es que nos echamos unas buenas risas por la coincidencia, pero al mismo tiempo, los nervios me atenazaban. La tenía justo a mi lado, borracha perdida (jeje) y no era capaz de reaccionar.
Tengo que reconocer que 'me pudo la presión', vamos, que me acojoné, y todas mis inseguridades (pensaba que no tenía), fueron apareciendo.
El cerdo de Luis comenzó a acercarse a ella peligrosamente ¡pero qué haces chalao!, pensaba yo. No dije nada.
Me quedé a un lado, hablando con mi sabio hermano pequeño y me calmé. Estaba enloquecido.
Estaba claro qe no iba a ser el día.
La situación duró una media hora, que pareció medio año, hasta que ella y sus amigas se fueron a dormir, habílan salido "de tranqui".
Bla bla bla, noche sin dormir, sábado a trabajar (ella tenía fiesta) y llegó la noche de nuevo.
Camiseta negra 'casi' ajustada, los pantalones 'de guerra', pelos para arriba... salí dispuesto a resarcirme de la última juerga-pesadilla.
Volvimos al mismo sitio de la noche anterior y, por supuesto, allí estaba.
Hoy no te escapas, pensé yo. Me fui directo a por ella, breve saludo de cortesía a sus amigas (simpáticas por cierto) y...
P-"Hola Edurne!"
E-"Hola Pablo!"
E-"¿Cómo te ha ido el trabajo?"
Y así empezó una conversación de lo más normal. Me fijé en el detalle de que sus amigas se habían alejado dos metros, dejé de oir la música, me olvidé de mis amigos (lo siento chicos) y cuando me quise dar cuenta, las 04:30, el bar cerraba.
Sólo hablábamos, pero no quería que terminara nunca.
Sus amigas se fueron, ella quiso quedarse y fuimos caminando hacia su casa. Hablamos de todo, su vida, el trabajo (de los dos), nuestras relaciones anteriores... ahí sentaditos en la calle...
La despedida fría, un simple "hasta el lunes", pero l primer paso estaba dado.
09:00 de la mañana, fin de la conversación más larga de mi vida. Tengo un revoloteo en el estómago que no puedo controlar, ahora sí que estoy convencido de que quiero estar con ella.
Continuará (ja ja, siempre quise ponerlo).
Hasta pronto. Besos y abrazos.
Os tengo que poner al día. Hasta pronto Susana.
Ha pasado bastante tiempo ya, pero no creáis que me había olvidado de vosotros, mis blogeros. He estado una temporadilla sin internet en casa, pero se ha solucionado, de momento. Os he echado de menos.
Bueno, ¡al barro!
Han cambiado las cosas en estas dos semanas. Se me hace difícil elegir el punto en el que voy a empezar a poneros al día, aunque la noche del 24 de mayo podría ser un buen momento.
Era miércoles y tengo que reconocer que el calentón que sufría en aquel momento, era considerable.
Llamé a Susana, sí, lo hice.
Ella, por supuesto, acudió a mi llamada, pero aquella noche todo fue diferente. Mientras esperaba el sonido del timbre estuve reflexionando un poco, ya os dije que la situación no terminaba de convencerme.
El caso es que llegó, y tengo que reconocerlo, el polvo fue increíble. Sólo uno, porque después pasó algo extraño, algo que no había sucedido nunca antes entre nosotros.
Nos quedamos tumbados sobre la cama y Susana me abrazó. Me sentí raro, sobre todo cuando empezó a hablarme cerca del oído y a besarme. Estaba "muy bien" conmigo, eso dijo ella. Después, siguió explicándome: "nunca voy a encontrar a un chico con el que pueda ser feliz totalmente". Yo permanecí en silencio.
¿Qué coño iba a decir? A lo mejor tú habrías dicho lo necesario en ese momento, pero a mí no se me ocurrió nada.
Siguió diciéndome que quería que nos viéramos todas las semanas... seguí sin saber qué decir, el silencio volvió a ser la mejor respuesta y ella lo entendió perfectamente.
Se dio cuenta de lo que estaba pasando, de que se había saltado las reglas, sus propias reglas, las que ella marcó cuando nos conocimos y que yo respeté.
Consciente de la situación cogió su ropa y se largó con un simple adiós que yo le devolví.
No hemos vuelto a hablar y, probablemente, eso sea lo mejor.
Solamente espero no haberle hecho demasiado daño. Las reglas del juego estaban claras, pero por lo visto eran difíciles de respetar. Yo lo sabía, ella lo sabía, sucedió y nada más que decir.
Supongo que, desde ya, encajo perfectamente en la definición de cabrón, pero solamente seguí las reglas. Muy frío, lo sé.
Hasta pronto Susana, espero que seas muy feliz. Lo siento.
Plus plis plas, dentro de un rato más, que tengo mono de vosotr@s y con la resaca que llevo, no creo que salga de casa.
Besos y abrazos.
Bueno, ¡al barro!
Han cambiado las cosas en estas dos semanas. Se me hace difícil elegir el punto en el que voy a empezar a poneros al día, aunque la noche del 24 de mayo podría ser un buen momento.
Era miércoles y tengo que reconocer que el calentón que sufría en aquel momento, era considerable.
Llamé a Susana, sí, lo hice.
Ella, por supuesto, acudió a mi llamada, pero aquella noche todo fue diferente. Mientras esperaba el sonido del timbre estuve reflexionando un poco, ya os dije que la situación no terminaba de convencerme.
El caso es que llegó, y tengo que reconocerlo, el polvo fue increíble. Sólo uno, porque después pasó algo extraño, algo que no había sucedido nunca antes entre nosotros.
Nos quedamos tumbados sobre la cama y Susana me abrazó. Me sentí raro, sobre todo cuando empezó a hablarme cerca del oído y a besarme. Estaba "muy bien" conmigo, eso dijo ella. Después, siguió explicándome: "nunca voy a encontrar a un chico con el que pueda ser feliz totalmente". Yo permanecí en silencio.
¿Qué coño iba a decir? A lo mejor tú habrías dicho lo necesario en ese momento, pero a mí no se me ocurrió nada.
Siguió diciéndome que quería que nos viéramos todas las semanas... seguí sin saber qué decir, el silencio volvió a ser la mejor respuesta y ella lo entendió perfectamente.
Se dio cuenta de lo que estaba pasando, de que se había saltado las reglas, sus propias reglas, las que ella marcó cuando nos conocimos y que yo respeté.
Consciente de la situación cogió su ropa y se largó con un simple adiós que yo le devolví.
No hemos vuelto a hablar y, probablemente, eso sea lo mejor.
Solamente espero no haberle hecho demasiado daño. Las reglas del juego estaban claras, pero por lo visto eran difíciles de respetar. Yo lo sabía, ella lo sabía, sucedió y nada más que decir.
Supongo que, desde ya, encajo perfectamente en la definición de cabrón, pero solamente seguí las reglas. Muy frío, lo sé.
Hasta pronto Susana, espero que seas muy feliz. Lo siento.
Plus plis plas, dentro de un rato más, que tengo mono de vosotr@s y con la resaca que llevo, no creo que salga de casa.
Besos y abrazos.





